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Suguru se ha ido.
Y Gojo no puede dejar de pensar que, si esto fuera una película de amor, Suguru lo esperaría en medio de la lluvia incluso si odiaba empaparse, y estaría dispuesto a arreglarlo, a que sus vidas puedan seguir como antes. Si esto fuera una película.
Era terrible la sensación de que alguien con quien compartió tantos momentos no estaba junto a él de pronto.
Si hubiesen hablado, si lo hubiese podido leer mejor, si Suguru se hubiera sincerado y dejado de pretender que puede lidiar con el dolor solo; entonces quizás Satoru lo salvaría. Si esto fuera una película.
Con Suguru todo parecía perfecto, pero ahora solo puede ver oscuridad cuando mira hacia arriba y resplandece el sol, ya nada se veía como antes.
Gojo usualmente empieza a pensar en cómo sería su vida si su situación fuese diferente, se arrepentía de tantas cosas y quizás era una mala manía despertarse en las madrugadas, pero no podía dejar de pensar en Suguru.
Las personas cambiaban, pero aún podía recordar a la perfección todos los buenos momentos que vivieron juntos.
Cuando Satoru le pidió salir a Suguru.
Fueron encomendados a una misión, ambos tontos enamorados que conocían bien sus sentimientos, pero por alguna razón, no sabían cómo comunicar mutuamente el hecho de que estaban completamente enamorados del otro.
Satoru se quedaba noches pensando en cómo declararse a Suguru, y pensando cómo sería si empezaran a salir como una pareja. La primera cosa que haría sería besarlo hasta que no pudiesen respirar más y sus corazones latirían al unísono de los pajarillos cantando, como en una película.
Pasaron horas caminando hasta que oscureció y Satoru no pudo soportar más ver la sonrisa de Suguru y saber que su corazón no era suyo.
Era una tortura, simplemente el hecho de que Suguru no tenga idea que su corazón también late tanto por él. Porque Satoru sabía cómo Suguru lo miraba, cómo le prestaba tanta atención cuando estaban en una sala llena de gente, cómo lo acariciaba cuando estaba “dormido” y realmente no lo estaba.
Su corazón no mentiría.
"Te amo, Suguru"
Satoru dijo sin procesamiento previo cuando Suguru acomodó su abrigo por el frío, sus ojos oscuros se veían tan lindos cerca suyo y sus manos rozando contra su mejilla se sentía cálido.
Y era lógico que Suguru no haya reaccionado al instante después de una confesión espontánea.
Satoru agarró las manos contrarias como una chica enamorada de manga, miró fijamente a la persona que le gustaba y se abalanzó a un beso, un beso que Suguru no batalló con corresponder, le siguió el ritmo a Satoru mientras apretaba sus manos que sostenían las suyas firmemente, y en ese instante, Satoru apretó más las manos de Suguru al sentir que podría huir de su agarre, escapar sin razón, pero no lo hizo, se quedó allí mismo.
Sus labios se balanceaban uno contra el otro, sus alientos calentaron sus cuerpos en la fría noche, les importaba poco el exterior.
Satoru abrió un poco los ojos y observó cómo Suguru parecía tan tranquilo bajo su toque. Su mechón rozaba su mejilla por el viento, era agradable y cosquilloso, “lindo” pensó.
En cuanto intentó profundizar el beso, Suguru se separó y rápidamente lo abrazó con fuerza y con una voz susurrando pudo hablarle contra su cuello, escondiendo su cabeza allí mismo.
"Te amo igual, Satoru"
Su nombre se escuchó tan suave, tan suave cómo solía pronunciarlo hasta el día en que se despidió de él, esa voz sería la más linda y angelical que escucharía.
"Sé mi novio Suguru, no puedo esperar más"
En ese momento, Satoru estaba seguro de que su vida brilló mientras contenía su euforia con las manos en los labios.
"Por supuesto, ya te estabas tardando, tonto"
Y después de ello, Satoru no dejaba de abrazar a Suguru, de rodear sus brazos en él cuando estaban con sus amigos mientras Suguru solo permanecía en silencio, secretamente abrazándolo por atrás, devolviéndole el gesto.
Y aunque Shoko se reía usualmente de su inexperta relación por ser unos tontos en el tema del amor, creía que los dos podrían hacerlo bien.
El susurro de Suguru y los dedos entrelazados con los de Satoru era uno de sus hábitos más íntimos antes de romper.
Recostados en la cama de Suguru después de que Satoru se colara.
Después de todo, era algo que solo ellos dos conocían de su relación cuando ambos estaban solos y nadie más alrededor, sus promesas de amor, sus delirios de vivir juntos, su presupuesto para mudarse en una casa con todas las comodidades y adoptar tantos gatos como pudieran. Era todo tan íntimo y especial, así lo sentía Satoru al ver a Suguru disfrutar de sus charlas nocturnas.
Le encantaba como era tratado por Suguru. Cuando nadie lo veía, Satoru sentía cómo el corazón de Suguru se ablandaba y se daba la oportunidad de ser sincero con el otro.
Esa era la manera en que las cosas deberían haberse mantenido.
"Nada va a cambiar si somos los más fuertes"
Satoru recuerda muy bien haberlo escuchado, pero efectivamente, ahora no eran los más fuertes y ya no había necesidad de que las cosas se mantuvieran igual a antes, no después de lo sucedido con Toji.
Pero joder, lo extrañaba con su alma.
No sabía qué tanto perdería.
Cuando Suguru fue suyo y adoró su cuerpo con inexperiencia.
La primera vez fue terriblemente inexperto, Satoru aún lo recuerda con diversión cuando no sabían realmente cómo comenzar, ya que nunca lo habían experimentado con mujeres.
Aunque tuvieron pretendientes y un par de novias de días, no tenían tiempo ni fuerza para mantener una relación fuera de la academia de hechicería, así que, el sexo era realmente lo menos importante, hasta ese momento.
Satoru intentó tocar con delicadeza a Suguru, sus caderas, su clavícula, su cabello largo suelto que lo hacía verse más sexy en la cama, sus piernas duras y lampiñas, sus mejillas de un tono carmesí al igual que sus orejas y su pecho. Su ser entero le encantaba.
Pero su parte favorita eran los sensibles pezones rosados de Suguru, lindos, pequeños y apetecibles. Lamerlos y succionarlos con dureza era indispensable durante el sexo, y se volvió adicto a ellos en poco tiempo.
Y aunque usualmente era regañado por esta práctica, Satoru no podía parar de dejar sus marcas de amor, incluso en partes visibles, era parte de su “lenguaje de amor”, solía decir.
Pero
¿Suguru ya se había olvidado de esos momentos de intimidad?
Porque él jamás podría olvidar cuándo hacían el amor y Suguru pronunciaba su nombre con dulzura.
Más aún, no podía olvidar la última vez que lo hicieron y sintió la pérdida de peso en Suguru al moldear su cuerpo. Aunque ya le había preguntado varias veces sobre el tema, Suguru solo parecía desviar la conversación.
“Sigues delgado, ¿qué sucede?”
Recuerda haberlo preguntado y Suguru solo cerró los ojos y pidió más contacto corporal, deslizando las manos de Satoru por su cuerpo.
“No es tan fácil”
“Pero te amo más de lo que crees, Satoru”
Debió haber prestado atención a esas palabras, días antes que lo dejara en frente del restaurante que aún solía recorrer, aún lo seguía buscando allí, aunque no esté.
Ahora deseaba que Suguru lo esperara bajo la lluvia, hasta que Satoru salga.
Quisiera eso porque ahora se encontraba en la miseria, su alma no podía volver a sonreír como antes lo hacía, no sin Suguru, porque no había ningún día que no pensara en él, y ya pasaron seis meses.
Vuelve. Vuelve.
Todo lo que necesitaría Satoru es que Suguru le diga que pueden solucionarlo de alguna manera, intentarlo, arreglarlo, podría ser posible.
Aunque Satoru estaría dispuesto a dejarlo todo por él en aquellas noches solitarias donde su mente se sofocaba de pensamientos negativos.
¿Suguru aceptaría seguir con su relación?
¿Por qué no le ofreció unirse a él?
¿Era tan malo seguir juntos?
Se sentía avergonzado de sus sentimientos porque debería haberlo superado, pero no pudo, aún lloraba hasta quedarse dormido anhelando que todo fuese un sueño y Suguru lo abrazara desde atrás.
Además, después de recordar todos los momentos juntos no quería quedarse sin hacer nada. Necesitaba saber si Suguru también lo está extrañando como él lo está haciendo, se pregunta si ya lo superó o si está intentando hacerlo porque Satoru no quiere superarlo, no quiere olvidarse de él, se rehúsa a olvidar su sonrisa y su voz.
Solo quiere que vuelva a ser como antes.
Satoru sabía bien donde se encontraba Suguru, tampoco es que hayan perdido la comunicación completamente, aunque lo había bloqueado de las redes, no podía parar el círculo vicioso de desbloquearlo y volverlo a bloquear.
"Quiero hablar contigo, Suguru"
Satoru no esperó mucho para que Suguru llegase a su lugar de encuentro, después de todo, sus corazones aún conocían los lugares que les pertenecían.
"Un tiempo, Satoru"
Era de noche, y Suguru apareció frente suyo.
Para Satoru, Suguru se veía distinto, claro, llevaba nuevo peinado y diferente atuendo, pero su alma le decía que allí aún seguía una parte suya, la parte adolescente no podría esfumarse tan rápido, ¿cierto?
"Suguru, estas hecho mierda"
"Realmente no es malo como crees", dijo Suguru mirando a Satoru y soltando una pequeña risa, entrecerrando los ojos e intentando no conectar con los ojos del contrario, a los hermosos ojos de Satoru en los que solía perderse.
"¿Por qué no me pediste que fuera contigo?”
Solo deseaba arreglar las cosas que no pudieron ser arregladas, no quería pelear, no quería luchar, no quería matarlo.
" Déjame unirme a ti"
Quizás una decisión tomada sin pensar en las consecuencias costaría millones de vidas, pero todo lo haría para Suguru, porque en todas las vidas, está mil veces seguro que volverían a encontrarse, ¿es tan difícil ser felices en esta realidad?
"Mi deseo es alejarte de la mierda de este mundo"
"Hagámoslo juntos", Satoru agarró las manos ardientes de Suguru, podía sentir su pulso, aún estaba vivo, quería ser suyo de nuevo. "Aún te amo, y haría todo por ti"
Su vista empezó a nublarse y algunas lágrimas cayeron por su rostro, pero Suguru lo abrazó, podía sentir su calidez igual a la de antes, y su abrazo no había cambiado, aún rodeaba sus manos alrededor de su espalda baja, otorgando espacio para que Satoru lo abrazara y no lo deje ir.
Y no lo dejó ir más.
"Siempre he sido tuyo, Satoru"
Ambos pudieron ocultar su dolor frente al resto, pero ya no necesitaban hacerlo ahora.
Se abrazaron y besaron como si ya fuese el final. Pero era solo el comienzo.
“Pensé en que vendrías a buscarme algún día”
Satoru sabía que esto no sería cómo una película, quizás sería difícil, pero ahora tenía a Suguru y era todo lo que necesitaba.
