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Una experiencia común para los humanos adinerados y dramáticos es hacer un viaje luego de una separación, Crowley, luego de tanto tiempo siguiendo costumbres humanas, no tuvo otra opción que hacerlo.
Era de las opciones más sensatas después de todo, ya que las primeras iban desde explotar en el medio de la calle, seguir sufriendo a dentro de su bentley hasta que este lo echase y no dejara que abra su puerta, o morir de un coma etílico (si es que era posible).
Asi que esta era su vida, si Aziraphale llegará a necesitarlo, iba a tener que ser él quien lo busque. Crowley una vez escucho algo sobre sanar y el tiempo lo cura todo y un montón de idioteces más que ahora tenía que tomar en cuenta para no volver a dormir por un milenio
Otra de las razones por las cuales decidió irse de Soho era porque todo le recordaba a aziraphale, todo. Para empezar obviamente la biblioteca, luego seguía la cafetería, el bar al que fueron una sola vez pero el momento en el que el ángel tocó por un micro segundo su pecho vive continuamente en su cabeza, la plaza donde alimentaban patos cual pareja de ancianos, TODO. Que mejor idea que irse a un lugar sin memorias de ojos azules, nada podría traerle recuerdos y de esa forma, nada podría deprimirlo.
Pero Dios, el diablo y tal vez todo el universo no estaba del lado de Crowley. Es por eso que mientras pensaba en no recodar nada sobre épocas donde todo era mejor, camino sin darse cuenta al barrio de la capital más similar a Soho: San Telmo.
Crowley ya había estado en Argentina en tiempo anterior, cerca de los 60-70 aunque no recuerda muy bien, solo conciertos y un hombre con bigote bicolor. También al infierno dándole crédito por un hecho histórico que él no estuvo involucrado. Detalles.
El punto es que conocía muy bien San Telmo, más de una vez había paseado por su calles imaginado que a Aziraphale le encantaría vivir ahí. De las cosas que más hubiera amado era el Ateneo, una biblioteca-teatro gigante con una edificación de ensueños, podía ver al ángel sonreír y hacer sonidos de felicidad de tan solo pensarlo. Lo segundo hubiera sido las personas bailando tango, Aziraphale nunca le contó, pero Crowley una vez lo vio tratando de aprender otro tipo de baile (luego que nadie siguiera con el gavotte), ese era el tango. Seguramente lo había leído de algún libro y pensó que era romántico. Crowley pensó que hubiera sido romántico si bailaban un tango ellos dos, pero ellos no bailaban, bueno, ahora no bailaban.
Y otra vez se encontraba pensando y sufriendo por Aziraphale, tal vez era mejor ir a otro localidad, o tal vez era mejor ir al bar de la esquina que milagrosamente abrió más temprano e ir a tomar al menos cinco botellas de vino.
