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Kim Taehyung no estaba enamorado.
Solamente disfrutaba de Min Yoongi a su lado, cada día de su vida desde que lo conoció.
Le gustaba su nariz de botón y el sonrojo en sus mejillas cada que se besaban. Le gustaba acariciar sus manos y enredar sus dedos; también le gustaba la manera en la que Yoongi pronunciaba su nombre, jadeando, cada que lo tocaba por las noches, dejando dulces mordidas sobre su cuello.
Pero Taehyung no estaba enamorado. No.
Eso era imposible.
Lo pensó una y otra vez, sin dejar de mirar el rostro de Yoongi, mientras este dormía abrazado de su cuerpo, aferrado a su pecho como si temiera que en cualquier momento el más joven se esfumara.
Taehyung sonrió, quitando unos mechones rubios del rostro de Yoongi. Admiró su perfil, dándose cuenta que llevaba tanto tiempo detallando sus rasgos, que había memorizado cada centímetro de su piel de porcelana; desde sus labios naturalmente rosas, hasta lo tupidas que eran sus pestañas.
Pasó el dedo por su nariz y sobre sus labios, luego bajó hasta su mano, donde acarició el dorso con su pulgar. Después, simplemente enredó sus dedos con los de Yoongi y se dedicó a escuchar la tranquila respiración de su hyung.
No, no estaba enamorado. Pero le gustaba estar al lado de Yoongi, escuchando su voz naturalmente ronca y las risas, ligeramente agudas, que soltaba cuando estaba contento.
Se quedó así un rato más, solo acariciando la mano de Yoongi, mientras él dormía profundamente. Estaban en completo silencio, y se estaba tan cómodo que podía sentir una cálida sensación en su pecho. Como una efervescencia que subía y bajaba por todo su cuerpo, pero que era más fuerte ahí, en donde se encontraba su corazón.
—Me gustan tus latidos —el mayor soltó de repente, con la voz más ronca que de costumbre. Yoongi comenzaba a desperezarse, restregando su cara contra el pecho del más alto, como un gatito.
Taehyung rio por la acción, enterrando sus dedos en su cabello, revolviendo un poco de manera cariñosa.
—Mi corazón late así solo cuando estoy contigo —respondió con calma, pero coqueto. Tomó con suavidad el rostro del mayor y lo obligó a incorporarse, para poder unir sus labios en un beso lento y calmado.
Tras separarse, encontró a Yoongi demasiado bonito, con sus ojos ligeramente hinchados, pero con una pequeña sonrisa tímida, una sonrisa que era solo para Taehyung.
Su corazón palpitó más rápido y no pudo evitar atraer a Yoongi en un fuerte abrazo que provocó risas en su hyung.
—¿A qué viene eso? —preguntó, con su rostro contra el pecho de Taehyung.
—Es que me gustas mucho, hyung.
Sí, era eso. Debía serlo, le gustaba mucho, muchísimo, pero no estaba enamorado.
Entonces Yoongi se separó y se sentó correctamente, apoyando parte de su cuerpo sobre un brazo, mientras le daba una larga mirada a Taehyung. El más joven le sostuvo el contacto visual y, por un par de segundos, ninguno supo qué pasaba por la mente del otro.
Cuando se dio cuenta, Taehyung solo podía pensar en Yoongi: Yoongi sonriendo. Yoongi caminando. Yoongi comiendo. Yoongi durmiendo. Yoongi desnudo. Yoongi. Yoongi. Yoongi. Le gustaba tanto que el rubio viviera en su mente, al mismo tiempo que podía tenerlo descansando entre sus brazos.
Se animó a tomar entre sus manos el rostro del mayor y se inclinó solo un poco, dejando que entre sus labios y los labios de Yoongi, hubieran solo milímetros de separación que el rubio tendría que acortar si quería completar la acción.
Oyó a Yoongi refunfuñar, quejándose de que Taehyung siempre le hacía lo mismo, mientras que el acusado solo pudo atinar a reír, después terminó por inclinarse totalmente sobre su hyung y apresó sus belfos rosados con suavidad y cariño que detrás escondía una inmensa pasión que siempre le hacía buscar más allá de un contacto tradicional.
Después era Yoongi quien daba besitos cortos y rápidos, uno tras otro, con una gran sonrisa mientras perdía la cuenta de cuántos besos le había dado ya. Era delicado, como si temiera que los labios de Taehyung fueran de papel y corrieran el riesgo de romperse por tanto uso. Cuidaba a su dongsaeng de todas las formas posibles, y eso incluía repartir caricias sobre sus mejillas y cerca de la nuca mientras el contacto se intensificaba.
Esa misma atención era la que Taehyung extrañaba cuando estaban separados porque, cada que estaba con Yoongi, había una inexplicable e intensa felicidad en su interior.
—Te amo —susurró Yoongi un tiempo después, juntando sus frentes y buscando entrelazar sus manos—. Te amo tanto, Taehyung.
Entonces Taehyung sintió que en ese preciso momento podría conocer el cielo y lo rechazaría, porque su verdadero lugar estaba junto a Min Yoongi y ni la eternidad prometida podría alejarlo de su lado. Porque para Taehyung no existía felicidad si no podía compartirla con Yoongi todos los días. Porque en ese momento entendió que también amaba a Min Yoongi, de todas las formas posibles y de todas las que le faltaban por descubrir.
Lo besó nuevamente, esta vez solo para poder sentirlo a su lado, disfrutando su aroma y tocando su piel que tanto lo volvía loco, sintiéndose el hombre más afortunado de todo el universo.
Era cierto: Kim Taehyung amaba con locura a Min Yoongi.
—Creo que estoy demasiado enamorado de ti, hyung.
