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Coruscant era hermoso por la noche, las luces de edificios y naves hacían del planeta, un espectáculo magnífico. Eso, claramente, si se tenía el privilegio de vivir en los niveles más altos de este. Por otro lado, en los niveles bajos del planeta, las cosas eran peores: oscuridad casi en su totalidad, el ambiente era hostil y la gente más vulnerable vivía con miedo, otros se adaptaban al ambiente, generando sus propias defensas. Aquí es donde Barriss Offee, antes padawan en el templo jedi del planeta, había terminado después de renunciar a este.
Aún desanimada y disociada de la realidad, Offe se encontraba en aquel transporte que alguna vez había abordado con Ahsoka, su amor a quien después de una serie de eventos, también dejó atrás. Con la cabeza abajo, sus defensas casi nulas y las lágrimas cayendo por su rostro, la joven seguía un camino sin dirección. De lo que no se había percatado, es que un hombre la seguía desde hace ya unos minutos, tambaleandose y balbuceando mientras la miraba a lo lejos del vagón.
Cuando el transporte se paró en una de las estaciones, Barriss se bajó casi al instante, a pesar de no estar consciente de a dónde debería ir, su cuerpo seguía un camino. El hombre la siguió casi al instante en que se percató que no estaba ahí. La joven salió a las calles del bajo Coruscant, oscuras y casi vacías, ahora podía sentir una corriente de miedo por su cuerpo. Fue cuando su mente volvió a ella misma y sintió a lo lejos la presencia del otro. Intentó seguir caminando, pero cada vez más notaba que este la seguía, su corazón se aceleraba y su respiración era irregular, tenía miedo. Apresuró su paso en busca de un lugar con gente, pero era inútil, no había casi nadie cerca y dudaba mucho de que alguien quisiera ayudarla.
Mientras corría, se metió a una calle que desafortunadamente no tenía salida, era un callejón. Estaba cansada y deshidratada. Por un momento pensó que había perdido a aquel hombre e intentó calmarse, pero no fue así.
– Parece que estás perdida, cariño – dijo aquel hombre –. Y sola. Yo puedo ayudarte.
Barriss caminaba de reversa, intentando alejarse del tipo. No sabía qué hacer, su mente estaba bloqueada, a pesar de todas esas batallas que había peleado, era como si su cuerpo no pudiera recordarlo y actuar. El hombre se acercaba cada vez más, hasta que una voz lo hizo detenerse.
– ¡Ella no está sola, idiota! – dijo una voz de mujer que se encontraba en la oscuridad de uno de los techos –. Ahora déjala o esto terminará mal para ti – agregó para después saltar de aquel punto alto hasta en frente de Barriss.
– Puedo manejarlas a las dos – respondió el hombre.
– Oh no, no puedes.
La mujer tomó un pequeño impulso para después dirigir un perfecto golpe con su puño en la cara del hombre, que lo llevó a retroceder varios centímetros, para después de eso salir huyendo del lugar.
– ¡Y que eso te enseñe a no molestar a las mujeres, patán! – gritó para después voltearse a Barriss, quien seguía temerosa por lo que acababa de pasar –. ¿Estás mejor? No eres de por aquí, ¿cierto?
Barriss solo asintió las dos veces.
– Bueno, debes ser precavida. A estas horas es muy peligroso estar por aquí sola – dijo la mujer, que seguidamente comenzó a caminar para salir del callejón.
Barriss no hizo nada al inicio, hasta que se sintió capaz de moverse y siguió a la chica. Era extraño, algo en ella le parecía familiar, una cara que seguramente había visto antes.
– ¡Hey! ¡Oye! – gritó, logrando que la otra se detuviera –. Ni siquiera sé tu nombre… pero, gracias por lo de allá atrás.
– No es nada, siempre es un placer patear algunos hombres – dijo con una sonrisa traviesa –. Y, es Ventress, mi nombre.
– Offe, Barriss Offee – le dijo.
¡Eso era! Assaj Ventress, pero, ¿Tan diferente? Barriss nunca había tenido la gracia de pelear contra ella, pero Ahsoka siempre le contaba lo escalofriante que era, por lo que ahora se sentía algo intimidada. Aún así, su aspecto era demasiado diferente, más luminosa, ¿entonces era cierto que había sido abandonada por Dooku y ahora estaba por su cuenta?
– Oye, niña. Parece que estás muy perdida y desconcertada. ¿Tienes dónde quedarte? – dijo Ventress al notar a Barriss muy distante.
– No, en realidad… no tengo a nadie – tardó en responder.
Algo en Ventress hizo que se compadeciera de Offee, ofreciéndole finalmente que fuera con ella y pasará la noche en su nave en lo que encontraba un lugar donde quedarse.
El camino fue algo largo, pero afortunadamente Barriss no tuvo que responder nada de su vida, incluso escondió el sable que aún traía consigo por alguna razón. Ventress no hizo preguntas, más que si tenía hambre. Fuera de aquello, solo se encontraban dos almas solitarias y lastimadas por lo que creían servir, aquellas que ahora se habían encontrado y que tal vez un destino las esperase en un futuro.
