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A su manera, Takeru siempre ha tratado de cuidar a Hikari. Parte de su racionalidad y sentido común le dice, y suelen decirle, acorde a cómo se desarrollan los eventos y a cómo se suceden las cosas, y en parte también, pues, a cómo su madre —e incluso su padre también— le han enseñado además; que ha de tomar en cuenta. Que pasa que Hikari es una niña.
Pero, no solo se trata de que Hikari sea una niña, sino que Hikari, además, es pequeña y Hikari, también, como el hermano de Hikari, Taichi, suele recalcar y mencionar, acorde a sus propios traumas y sus propias ansiedades y los castigos recibidos luego de no salvaguardar con el suficiente cuidado a su pequeña hermana menor, resulta que Hikari es enfermiza.
Por lo que, Hikari es una niña que es pequeña y es enfermiza. Y…
En principio, de eso se trata. De que Hikari es una niña pequeña y es una niña enfermiza y es una niña. Y hay que cuidarla. Y hay que protegerla y ayudarla y hay que.
No obstante, Takeru no cuenta solo con sentido común. Y no es alguien que se la viva de racionalidades o de realidades sin sustancia. Y Takeru tiende a la observación. Tiende a observar y a imaginar y a pensar y a dejar a su imaginación volar.
Así que, cuando Takeru lo piensa, tan solo un poco más. Cuando Takeru imagina y se deja llevar por lo que su instinto le cuenta y su instinto le informa y le afirma.
Takeru sabe que Hikari no tiene necesidad alguna de ser salvaguardada.
Sin embargo, el instinto es una cosa rara. Algo que, te da la sensación. Guía unas acciones u otras, unos pensamientos u otros.
Al principio, Takeru no está seguro de porqué, pero. Al mismo tiempo que algo le dice que Hikari no necesita protectores, otro algo guía a sus ojos que se fijan y comprueban lo que sea en lo que se encuentre ahora Hikari.
Y Hikari es… difícil de precisar.
Hikari no suele tener miedo. A menudo, Hikari suele tener curiosidad. Hikari es… fácilmente arrastrada por esa curiosidad objetiva. Hikari se atrae con un brújula integrada hacia los lugares en los que necesita estar. Hikari, también, se ve atraída por los lugares en los que no debería de estar.
Y Takeru solo puede observarla y, a su manera, y en la medida de lo posible, cuidarla.
Incluso cuando, de manera instintiva, Takeru entiende que puede que no llegue a ser tan necesario. Porque Hikari, aún en su faceta más preciosa de fragilidad, no parece demasiado cerca de ir a quebrarse; porque Hikari, aún en el camino más rodeado de penumbras, no parece cerca de ir a consumirse; porque Hikari… Hikari es luz.
Y los ojos de cielo de Takeru están muy enamorados de esa luz…
