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Boss Mafia

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— ¡Nagi! ¡Ya sal de ahí! ¡Estamos retrasados con la grabación!
— "Qué molesto"

Debían terminar de grabar el MV de su nueva canción, ser un idol era toda una molestia. Con seguridad lo dejaría si no fuera tan popular y, sobre todo, si su empresa no lo amenazara con un lío legal. Grabar era agotador y más cuando debía repetir escenas porque no le gustaban al director.

— Fue un día agotador Nagi, pero ya acabó, tienes unos días antes de empezar las presentaciones.
— Si — miraba atento al juego en su celular.

A mitad de la carretera unos autos comenzaron a seguirlos, el manager no quiso alarmar al peliblanco, por lo que tomó una ruta alterna.
Grave error.
De pronto varios autos estaban detrás de ellos, una persecución inició hasta que casi chocan con una fila de autos esperándolos a pocos metros.

— ¡Esperen! ¡Sí es dinero lo que quieren, yo puedo arreglar eso! — soltó nervioso cuando unos hombres abrieron las puertas del auto — ¡No toquen a Nagi! — Cuando giró a verlo estaba en los brazos de dos personas completamente inconsciente, lo más probable es que lo durmieron antes de que reaccionara.
— El asunto no es contigo, tranquilo — habló uno de ellos — el jefe tiene asuntos con el chico. Dulces sueños — sonrió.

Su cabeza daba vueltas, se sentía mareado y algo apretaba sus manos impidiéndole moverse. Ajustó su vista a la tenue luz del lugar. Era húmedo y frío, se vió amarrado y sentado en una silla. Escuchó unos pasos cerca.

— Vaya vaya, parece que la princesa despertó — se acercó un hombre alto fumando un cigarro — El jefe quiere verte chico — sopló humo en su cara — Pórtate bien.

 

Cubrieron su cabeza con una bolsa y fue trasladado. ¿El jefe? ¿Quién sería el estúpido que lo secuestró? Y talvez lo más importante, ¿por qué lo hizo?
Lo volvieron a sentar en algo blando y le quitaron la bolsa.
Ahora estaba en una habitación enorme, se veía bastante lujosa. Por lo menos el sillón en el que estaba era cómodo.

— "¿A qué rayos están jugando?" — vió por todas partes, pero no había nadie más. Intentó safarse de las cuerdas que lo sujetaban para poder irse.
— No te molestes, es difícil deshacer el nudo — alguien había entrado — Así que tú eres Seishiro Nagi — veía serie de papeles mientras fumaba.
Nagi lo miraba atento, era alto, de complexión delgada, tenía los ojos y el pelo morado, sujetado en una coleta. Era guapo, no lo negaría, pero ¿qué tiene que ver él en todo esto?

— Quién eres — soltó altanero.
El pelimorado sonrió exhalando el humo — Soy el que ordenó tu secuestro.
— No me digas, ¿Van a pedir dinero a cambio de devolverme?
— Claro que no, eso ya lo cobramos. Te quedarás aquí hasta que nuestro cliente decida soltarte — se acercó hasta él y se agachó — Tómalo como unas vacaciones obligatorias — pasó su lengua por su labio y salió del lugar.

Nagi estaba furioso por ser tratado así, pero entonces, ¿ Por qué se puso duro?

— "Estúpida verga, no es momento" — era la primera vez que tenía ese tipo de tensión con alguien. ¿Quién era ese tipo?

Los días se hacían largos y no dejaba de balbucear para cansar a los tipos que lo vigilaban. Ellos, cansados de los "berrinches" del albino, decidieron ponerle un bozal para que se callara. Lo cual solo empeoró el asunto, ya que descubrió que podía hacer ruidos menores pero igual de molestos teniendo esa cosa en su cara.

— Apenas tienes una semana aquí y ya hartaste a todos mis subordinados — se acercó aquel ojivioleta.
— ¿Tienes un nombre?
— Reo — lo miró divertido — Te pido que ya no molestes a mis hombres, de lo contrario no podré evitar que te golpeen — miró su entrepierna — Pórtate bien.

En cuanto Reo salió de aquella habitación lúgubre, miró abajo, la tenía dura. "Maldición". Era involuntario, no entendía porque quería someter a ese tipo a sus deseos. Tendría que pensar en otra cosa para que no le doliera después.
Horas más tarde la puerta se abrió.

— Retírense — ordenó Reo con un tono serio y cerró la puerta con seguro.
— ¿Reo? — estaba confundido.
— Voy a calmar esa molestia tuya — se sentó a horcajadas sobre él — Tranquilo — abrió su pantalón y sacó el ya duro miembro del albino. Tragó saliva. No estaba seguro de que entrara todo — No lo he hecho en mucho tiempo — comenzaba a dudar, introdujo dos dedos en su boca mojándolos por completo y los bajó hasta su trasero. El ritmo fue subiendo y metió un tercer dígito en él, provocando gemidos tímidos — Creo que ya está — puso la punta de aquel falo en su entrada, con ese roce, Reo comenzó a temblar.

Fue bajando poco a poco hasta que no aguantó más y de un sentón, todo de Nagi estaba dentro de él haciéndolo soltar un gemido fuerte y exhalado. Nagi estaba fascinado con las expresiones que Reo tenía, estaba completamente sonrojado y con los ojos llorosos, miró a su vientre, un bulto sobresalía. Era la muestra de cuan adentro estaba, no pudo evitar mover su cadera hacia arriba, haciendo gemir más a Reo.
Comenzó a brincar sobre él acompañado del choque de sus cuerpos y la sinfonía sus gemidos, resonando en toda la habitación.

— ¡Ah! ¡Sei! ¡Carajo, se siente tan bien! — clavó sus uñas en los hombros del albino — ¡Tan bien!
Nagi gruñía desesperado por soltarse de su amarre y tomar a Reo como es debido. Sentía su interior apretado y caliente, eso combinado con las caras tan bonitas que ponía el pelimorado, lo estaban volviendo loco.

— Tranquilo — se detuvo — no puedes tocarme porque estas castigado — acarició sus cabellos — Por hoy está bien así — continuó con movimientos circulares de su cadera viendo a los ojos al albino. El ritmo subió en cuestión de segundos, terminando antes él — Tú aún no acabas ¿verdad? — sonrió al escuchar el leve gruñido de Nagi, decidió contentarlo y fue subiendo y bajando pausado pero fuerte.

Nagi no aguantó la estimulación y terminó corriendose dentro de Reo, era demasiado. Se sentía extraño, pero Reo estaba muy agotado para pararse y ver, así que solo se apoyó en Nagi y estabilizó su respiración.
Después de unos minutos se levantó y vió que no sólo chorreaba semen de su interior, un líquido transparente también bajaba.

— Parece que te exitaste mucho — le sonrió, se vistió y le acomodó la ropa a Nagi — Descansa Sei — le dió un beso en la frente y se fué.