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Language:
Español
Series:
Part 2 of Vida en Latam
Stats:
Published:
2023-08-15
Words:
4,139
Chapters:
1/1
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2
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1
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1
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19

En el mar la vida es más sabrosa

Summary:

Nada mejor para la resaca luego de una larga noche de fiesta que ir a la playa muy temprano por la mañana…

O: Shiki, nacido en las montañas, aún no conoce el mar… Rikka tiene que hacer algo con eso ahora mismo.

Notes:

Qué ilu, ¡Este es mi shrk #99! no puedo creer que en serio haya llegado hasta aquí.

Esta historia sirve como continuación de mi "El corazón nunca se equivoca" que escribí hace unos meses atrás, donde los involucré en toda una vida latina. Tenía muchas ganas de seguir experimentando con este universo, inspirado en mi propia tierra natal, esta vez llevándolos a visitar el mar (donde la vida es más sabrosa, como lo dice cierta canción de antaño)

La verdad esto me tomó un poco de tiempo, queriendo incluso aplazarlo por alguna otra idea, pero no me rendí hasta tenerla terminada, porque de verdad quería que se quedaran con el lugar 99.

Sin más, ¡A la historia!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

.

.

La luz del atardecer se cuela por el ventanal que fue olvidado cubrir unas horas atrás. Rikka despierta poco después, quedándose en su lugar. Demasiado cansado todavía, ya no tiene veinte años, y también muy a gusto entre los brazos de su amante. Oh , sí que fue una buena noche.

Una de las chicas del barrio cumplió sus memorables quince años. Como la primera hija, nieta y sobrina se tiró la casa por la ventana con su celebración y Rikka, por supuesto, hizo realidad su vestido soñado. Raso y organza de verde aqua, pomposo y llamativo, fue su composición. Rikka está orgulloso de esta creación, como de cada una que ha caído en sus manos, en especial por la alegría de la homenajeada cuando se lo probó… Realmente, ama su trabajo. 

Todo el barrio fue invitado, y el tan estimado modista y amigo de toda la vida no podía faltar. Incluso, se llevó a Shiki con él deseoso de disfrutar de esta gran fiesta juntos. Los vecinos no tardaron en notarlo, otros ya lo reconocían de sus tantas visitas, y sabiendo lo especial que es para Rikka, quien es además muy querido entre la gente, pronto lo integraron. Las mujeres le ofrecieron de la comida, los hombres de las mejores bebidas y otros le hicieron mover el esqueleto al ritmo de canciones pegadizas en la improvisada pista de baile iluminada por luces de colores. Rikka sí que disfrutó verlo siendo ya querido entre los suyos… Qué gusto.

Comieron, bebieron y bailaron toda la noche. Los ánimos no disminuyeron y ellos se dejaron llevar, como si fueran muchachitos despreocupados otra vez. Ni siquiera a las cinco de la mañana había indicios de terminar, hablándose de preparar una comida para compartir, pero Rikka se despidió ya en sus últimas, llevándose a Shiki con él. Para su suerte, su casa está en la misma calle y una vez ahí se tiraron a la cama a la vez, demasiado agotados. 

Dos horas después, Rikka ya está despierto como buen madrugador (y el sol envidioso que no lo dejaba seguir descansando) aunque compensa el hecho de que Shiki siga profundamente dormido a su lado.

Han sido unos meses increíbles. Si bien Shiki le atrajo desde el primer momento, y cómo no, Rikka no imaginó que alguna vez compartirían una relación así de especial. Le encantan sus visitas, sus gestos y compañía, lo cariñoso que se vuelve cuando están a solas, sus besos embriagantes y caricias electrizantes … Ah , Rikka está muy enamorado. 

Le llena de una inexplicable satisfacción verlo dormir junto a él, acompañándolo en su habitación que ya no es tan solitaria. Por eso, ni todo el cansancio del mundo, ni las escasas dos horas que apenas durmió, son un obstáculo para disfrutar de esta vista de la que nunca se cansaría. Bueno, más que ver, no se contiene en pasar sus dedos por esas hebras sedosas que tanto le gustan. 

Shiki es un hombre que ha trabajado muy duro. Dejó su tierra natal, recóndita en las montañas más altas, persiguiendo sus sueños y un futuro mejor. Se fue lejos a una ciudad completamente diferente, ha luchado solo en lo personal y profesional llenándose de fuerzas con su voluntad inquebrantable. Rikka lo admira y lo envidia a la vez, pero por sobre todo lo ama. Realmente, está contento de que sus caminos se cruzaran… De cierta forma, se complementan mutuamente. 

Y en la comodidad de las sábanas, el día calentando la habitación poco a poco, y el rastro fiestero en su cuerpo Rikka tiene una idea fugaz…

—Hace un gran día para ir a la playa. 

Rikka deja salir una risita ante el pensamiento que comparte en voz alta, recordando esas veces en la que hizo precisamente eso en su juventud ya lejana. Noches de fiestas y luego derechito a la playa, qué tiempos. 

—Nunca he ido a la playa. 

La voz adormilada y más profunda de lo usual de Shiki comparte un dato importante, los iris violetas apenas se abren y se encuentran con los suyos rosados. Meses de conocerse, otros estando juntos, y Rikka no podía creer que había obviado este detalle… Tiene que remediarlo. 

—Hasta hoy —el entusiasmo se cuela en su voz ya más despierta con una clara intención —, ¿Me dejarías llevarte a conocer el mar, Shiki? 

Una sonrisita se dibuja en esos labios traviesos y el corazón de Rikka se agita en su pecho, ¿Cuánto más puede provocarle este hombre? 

—Hazme el honor, Rikka.

.

Toman el primer autobús hacia el terminal a las siete en punto. Llevan lo necesario en una mochila; toallas, bebidas y aperitivos (sándwiches rellenos de jamón endiablado, práctico y todo un clásico para estos viajes) 

Por lo general la ciudad se activa temprano, pero en los sábados puede demorarse un poquito más y esto ayuda que pronto estén en el terminal, alcanzando el primer autobús para la zona costera. En su viaje, Rikka le habla un poco del lugar al que pretende llevarlo (sin darle demasiados detalles para no arruinar la sorpresa) y Shiki parece un niño pequeño que es llevado a un paseo prometido, tan lindo

A Shiki le parece curioso como aparecen montañas durante el camino, y Rikka le cuenta que es parte de la rica diversidad de su región. El centro, donde viven, está a cierta altitud y para llegar a la costa deben descender. Una maravilla, claro que sí.

Entonces, el descenso termina y el primer rastro de azul intenso aparece… La reacción de Shiki es todo un poema y Rikka solo puede sonreír, incapaz de quitarle la mirada de encima. Y contrario a una pronta llegada, el viaje continúa más allá.

Rikka le sigue contando de esta zona que ha visitado desde su infancia, siempre siendo el destino ideal para sus paseos en familia. Aunque es hijo único, la pasó muy bien en compañía de los mayores, especialmente con su abuelita que hizo de cada experiencia aún más inolvidable. Le habla de los lugares pintorescos para desayunar en plena carretera (donde comerían una próxima vez, promesa), de los primeros mares que pueden ver (playas feroces y poco favoritas de Rikka, la verdad) y a dónde se dirigirán después. Y Shiki lo escucha atentamente, cada vez más entusiasmado con esta nueva experiencia. 

El viaje sigue y dejan atrás la parte más poblada de la ciudad, transitando por calles rodeadas de muy altas palmeras y acompañados del azul del mar. Shiki, desde la ventanilla que se le fue cedida, no se pierde de lo que hay afuera y Rikka, cómodo sobre su hombro, admira esa ilusión única que ha aprendido a distinguir en la expresión usualmente estoica… está tan contento de haber incentivado este viaje.

Oh, así que se ha escapado a la playa con su atractivo novio… Qué placer.

Finalmente, llegan a su destino… O al que lo sería por ahora, porque aún falta un pequeño viaje más. 

Las olas golpean con fuerza, haciéndose notar, y las aves cantan. No hay arena, salvo un suelo de tierra bastante firme. En este pequeño y algo deteriorado muelle hay muchas personas tomando botes a distintos destinos, y ellos no serán la excepción. Shiki se paraliza por un momento ante las imágenes y Rikka, siempre a su lado, lo deja por un momento. El sol ya es más fuerte a estas horas y piensa que tendrá que aplicar una cantidad considerable de protector en la piel pálida de este montañés. Bueno, será otro verdadero placer. 

—¿Listo para seguir? —minutos más tarde, Rikka consulta con una sonrisa, incapaz de apurarlo.

—¿Adónde? — Shiki luce extrañado, mirándolo por primera vez desde su llegada.

Entonces, Rikka señala hacia los botes en el agua, donde la gente sube, como respuesta. 

—Ya veo —Shiki comprende pronto —. Creí que nos quedaríamos aquí —da otro vistazo a los niños que chapotean en el muelle, risueños y llenos de energías. 

Rikka niega con la cabeza, la sonrisa picándole ya en las mejillas, y agrega —: El paraíso que quiero mostrarte está solo un poquito más allá, ¿Vamos?

Se toman de la mano y siguen su camino. 

Shiki no es precisamente un hombre miedoso, siendo hasta inmune a terrores comunes, pero sostiene con más fuerza de la necesaria la mano de Rikka mientras el bote cruza las aguas con rapidez. Rikka lo atribuye más a la emoción y le devuelve el apretón con cariño. 

Quince minutos después, finalmente llegan a su destino.

Una isla pequeña y tranquila, donde pueden ver un rastro de la ciudad que dejaron atrás. Es sábado, pero no días de cobro y tampoco feriado, así que el lugar tiene el número ideal de visitantes. El oleaje disminuyó considerablemente su fuerza, la arena es casi blanca y las aguas se cristalizaron hasta volverse transparentes, haciendo un contraste impresionante con los mares que han visto hasta ahora. 

Rikka ha estado en esta isla muchas veces, siendo de sus destinos favoritos más cercanos para disfrutar del mar, pero hoy se siente como si fuera la primera vez por su compañía tan especial, que está totalmente maravillado con la estancia… Rikka también se maravilla por como esos ojitos violetas brillan ante los destellos del sol. 

Avanzan por el muelle ya viejo, pero aún firme, y en la arena Rikka incentiva a su acompañante a descalzarse, sintiendo la suavidad y la calidez en sus pies. Y sin soltarse de las manos, entrelazadas sin importar las miradas, Rikka lo guía hacia los mejores lugares para instalarse. En su paseo Rikka señala los sitios de interés (el restaurante sencillo, los aseos y los pocos puestos de bebidas y aperitivos) y rodean una cuarta parte de la isla hasta finalmente conseguir refugio entre arbolitos que ofrecen sombra, frescura y comodidad. 

—Y aquí estamos.

Rikka se deja caer en un trozo de tronco húmedo, aspirando el aire salado con sumo gusto. Shiki se sienta en un espacio a su lado, todavía hechizado con las imágenes, y Rikka lo deja una vez más, admirandolo desde cerca.

Sabe que Shiki ha tenido unas semanas difíciles en el trabajo, él tampoco la ha pasado mejor, y definitivamente se merecen este descanso. Sí, un viaje a la playa también es agotador, pero vale la pena para desconectarse así sea un ratito de las responsabilidades, ocupaciones y problemas.

—Ahora… — habiéndose recargado, Rikka hurga en su mochila —. Protejamos esa piel pálida por el frío de la montaña—cuando el bloqueador está en sus manos, lo muestra con una sonrisa. 

.

Bien se dice que el tiempo vuela cuando se la pasa tan a gusto.

Se refrescaron en las aguas poco profundas, ideales para simplemente sentarse a conversar acompañados del sonido de las suaves olas, y pronto el sol del mediodía está sobre sus cabezas. Aún no es tiempo para pensar en almorzar, considerando sus últimos bocadillos de hace rato, ¿Qué tal husmear un poquito por los alrededores?

Oh , el túnel del amor…

No muy lejos se halla en el mar un pequeño espacio resguardado por ramas delgadas y firmes, muy llamativo e intrigante para los viajeros. Los resguarda del intenso sol, dejando pequeños destellos a su alrededor, y el aroma a sales y flora se intensifica. Rikka había olvidado por un instante este espacio pintoresco, sin razón alguna, y ahora recuerda de golpe las historias que ha escuchado en sus distintas visitas a la isla, pero hay una en especial que lo marcó…

—Muchos creerían que hay una conmovedora historia de amor vinculada a este lugar, dándole su nombre, pero la verdad es que no es del todo así —sumergido en memorias, Rikka le comparte a su acompañante. 

Se dice que este lugar fue un refugio que distintas criaturas desconocidas construyeron para resguardarse de las miradas y la violencia humana. Sin embargo, llegó una tormenta feroz que lo destruyó por completo, llevándose sus almas con ello, dejando este túnel del que su historia ha sido distorsionada con el paso de las épocas. Aún así, a sus dieciséis Rikka escuchó su historia real de un hombre que muchos creían loco. En ese entonces él le creyó y hoy lo sigue haciendo. 

—Al final, si es una historia de amor —Shiki da su opinión cuando la explicación termina, sereno y convencido —. Levantaron este refugio para protegerse a sí mismos y a sus seres queridos. 

Rikka se queda en silencio por un momento, considerando que tiene mucho sentido, conmovido ante la conclusión genuina del hombre a su lado. 

—Es una linda forma de mirarlo —y no calla en halagarlo. Así es Shiki, aunque poco expresivo es bastante sentimental. 

Comparten sonrisitas gemelas y Shiki no desaprovecha la ocasión para alcanzar una mano y venerarla con un pequeño beso, diciendo más que las palabras. Ante las cálidas sensaciones, ese amor que sigue creciendo en su corazón, Rikka tiene un deseo que puede cumplir aquí mismo, en el túnel del amor. Así que atrae a Shiki para un beso, aprovechando la soledad de la estancia para este acto inocente entre dos adultos que se quieren. Húmedo y salado, pero no menos placentero por la persona a quien pertenecen esos labios. 

Hoy, Rikka le ha dado un nuevo significado a este lugar especial.

El hambre se manifiesta poco después. Si bien comer en los restaurantes es costoso, la mayoría optando por llevar su propia comida, Rikka no puede pasar por alto que Shiki pruebe el platillo tradicional. Pescado fresco, plátanos verdes fritos con queso, ensalada rallada y limón para acompañar, además de una refrescante bebida de jugo de la caña de azúcar. 

Comen bajo las sombras, devorándose el platillo compartido, y luego descansan. Rikka de piernas cruzadas sobre la arena y Shiki sobre su regazo, con los párpados cerrados bajo los mimos de Rikka en su cabello. Esas hebras violetas injustamente suaves a pesar de la sal, nada que ver con las suyas que permanecen hechas un desastre ocultas bajo su sombrero pescador. 

—Duerme un rato —propone Rikka en un susurro.

—¿Y perderme esta vista? —Los iris violetas se abren y lo miran fijamente, como si de verdad fuera lo más bonito de la estancia.

Rikka, tímido, reacciona como lo haría un hombre de su edad; pellizcando con cariño una mejilla a su alcance. 

—Cuando era niño, mi abuela siempre me hacía dormir al menos media hora. Decía que debía reponer energías para seguir divirtiéndome —pronto indaga en más memorias que no calla.

—La quieres mucho —la voz de Shiki es un cálido y reconfortante abrazo.

Rikka asiente y confiesa: 

—Tengo buena relación con mis padres, pero con mi abuela siempre sentí mayor confianza y comprensión, especialmente cuando viví con ella.

Aún a su edad, Rikka no sabe con exactitud qué le llevó a ser más cercana a ella que a sus propios padres, pero siempre agradecerá de todo corazón haber contado con una persona tan especial e incondicional. Aunque hoy ya no esté físicamente, sabe que lo está mirando y cuidando desde donde quiera que se encuentre.

—Me hubiese gustado que la conocieras, estoy seguro que te tendría mucha estima —a Rikka se le escapa este anhelo en el que no deja de fantasear —. De hecho, muchas veces la imaginé empujándome a confesarte lo que siento — aunque es algo que no habría esperado decir, demasiado vergonzoso para admitir, esto simplemente se escapa de su boca.

Shiki se incorpora y permanece muy cerca de su rostro, esa mirada intensa de su primer encuentro destella en sus ojos y Rikka no puede evitar mirarlo de la misma manera. Han sido meses desde entonces, pero la llama entre los dos no deja de crecer.

—Lo hiciste bien — y la voz profunda menciona, el cálido aliento haciéndole cosquillas, serio e insinuante. 

Rikka se rompe en una carcajada de mejillas coloradas, más tímido que antes, y reacciona dándole un golpecito en el brazo. Eso sí, no niega nada. 

—No conocí a mis abuelos —al cabo de un momento, Shiki le cuenta esta vez —, pero tengo un montón de tíos mayores que me trataron y consintieron como si fuera su nieto, especialmente en mis travesuras —la sonrisita nostálgica decora su expresión. 

—¿Fuiste un niño travieso? —Rikka está intrigado y enternecido.

—Si supieras…

—Cuéntame. 

Shiki le habla de distintas anécdotas, como aquella vez en la que se perdió en el bosque buscando una supuesta estrella fugaz perdida y casi todo el pueblo estuvo horas buscándolo. Y como esas, hay cientos más, siendo conocido como el Takamura más inquieto entre su gente. 

—Suena muy hermoso tu pueblo —no es la primera vez que Shiki le habla de este, pero siempre le deja muy buena impresión. 

—Ven conmigo en las próximas vacaciones y te lo mostraré —como siempre, las intenciones de Shiki no tienen filtro. 

Conocer la tierra natal de Shiki y a sus familiares, ir a sus lugares favoritos y, por sobre todo, compartir juntos sus primeras vacaciones… Rikka no puede esperar. 

—Será un placer.

.

—Esto es… Impresionante. 

Poco después de su descanso bajo las sombra, dieron un pequeño paseo por los alrededores. Caminaron por la orilla, viendo a los niños jugar y a los adultos pasaron el rato, e hicieron una pausa para un refrescante cóctel de piña que compartieron. Siguieron adelante, encontrándose con la otra cara de la isla…

Contrario a la calma del mar colmado de visitantes, este otro lado es bastante feroz. Grandes olas golpean sin piedad las piedras firmes, el viento es fuerte y el ruido ensordece. Es alucinante y Shiki no ha dejado de ser sorprendido en este paseo. Qué increíble es la diversidad de su país. 

Cuando regresan a su lugar están tan distraído que Shiki, sin querer, tropieza con un montón de arena, si no fuera por la mano que Rikka sostiene probablemente habría caído delante de la gente… En especial ante los niños molestos por su arruinado castillo. 

—Nuestro castillo de arena… —jadea uno.

—Destruído —este otro realmente luce molesto.

Shiki parece apenado, sin saber qué decirles a cambio, pero Rikka le dará una mano.

—¿Qué tal si… castigamos al culpable enterrándolo en la arena? 

Y funciona, pues su idea ilumina los ojitos de los infantes, divertidos y traviesos. Sí, Rikka quiere ayudar a su chico, pero también es travieso con él. 

—¡A la carga!

Niños de unos ocho derrumban sin dificultades al Shiki de treinta y dos sobre la arena. Toman sus juguetes, con los que hace nada armaron su castillo ya derrumbado, y usan sus escombros para enterrar a este criminal.  Por supuesto, Rikka no se queda de brazos cruzados y disfruta también de llenar de arena a Shiki, una gran sonrisa ilumina su rostro ya más bronceado por el sol.

Bastan unos pocos minutos para que apenas se vea la cabeza de Shiki, siendo todo un verdadero éxito. Los niños se ríen, conformes y divertidos, dejando atrás el incidente de su castillo. 

—¡Es un monstruo de arena! —exclama la única chica del grupo con falso terror. El resto grita y se ríe, encantados con la idea.

Y Shiki, como pocos lo esperarían, les sigue el juego. Se remueve en su lugar hasta que logra levantarse, la arena cayendo a su alrededor. Bastante intimidante la verdad.

—Y secuestrará a esta doncella.

Entonces, realmente se apodera de Rikka, levantándolo en sus brazos. Lo toma muy desprevenido, se movió muy rápido para el montón de arena que tenía encima, y entre risas intenta forcejear para liberarse sin mucho éxito.

Y sin más, Shiki va hacia el agua y lo deja caer.

—¡Shiki! 

Cuando Rikka sale del agua, quitándose el cabello del rostro, Shiki se está riendo por su travesura. Por los dioses que no lo deja así, lo jala hacia él y pronto comienzan una pequeña guerra de agua. Y entre la gente, dos hombres se divierten inocentemente.

Sin duda, estas son las pequeñas cosas que le dan a Rikka el sentido más bonito a su vida. 

.

Sobre las cinco, muy a su pesar, dejan la isla. Ha sido un día muy agradable y diferente, lo que sus mentes cansadas necesitaban, pero es tiempo de regresar. Sin embargo, Rikka tiene todavía algo más en mente antes de tomar el bus.

Consigue algunas latas cervezas en uno de los tantos negocios del muelle y se ubican los dos en un banco frente al mar, donde tienen una bonita vista del descenso del sol. En su juventud Rikka quería admirar este espectáculo, pero su familia siempre insistió en volver pronto mientras fuera de día. Hoy, puede cumplir esta ilusión… Y junto a este acompañante que ha hecho de cada instante aún mejor. 

Las latas chocan en un brindis, por hoy y por el porvenir, y beben a la vez un largo trago.

—¿Y? ¿Cómo la pasaste? — Rikka indaga. Es casual, pero también está un poquito ansioso por la respuesta. 

—Cuando decidí dejar mi pueblo natal, en mi mente solo estaba el trabajar duro, seguir adelante y cumplir mis objetivos. Sin embargo, la vida es más que eso… — los iris violetas, suaves y vivaces, buscan los rosados —. Y lo empecé a ver cuando te conocí. 

No es la primera vez que Shiki lo deja sin palabras, siempre sincero y directo, pero esto… Es demasiado. Rikka ha tenido una buena vida, sin carencias ni falta de cariño, pero la verdad es que cuando este amor tocó las puertas de su corazón todo ha sido más bonito. Será cursi y cliché, pero este hombre (no menos sentimental, tan encantador) despierta estas sensaciones y mucho más.

—Yo… Me sentía muy solo — cuando mi abuela falleció , pero no pudo decirlo —. Fue un cambio drástico y al principio no supe cómo sobrellevarlo, pero intentaba mostrar una sonrisa para no preocupar a mi familia —es la primera vez que Rikka habla de esto con alguien, guardándolo para sí mismo desde entonces. Fueron días difíciles, el dolor y la resignación como su única compañía, hasta que… —. Y un día, un hombre bastante guapo tocó mi puerta, logrando que esa sensación fuera desapareciendo poco a poco.

Hoy, Rikka puede finalmente dejar salir esto sin dolor, como una historia dura del pasado que logró afrontar y superar.

—Porque ya no estamos solos —y con una sonrisita, Shiki no dice nada innecesario y a cambio incentiva otro brindis. 

—Porque nos tenemos el uno al otro. 

Las bebidas se encuentran una vez más, beben el resto y admiran el atardecer apoyados el uno al otro, cómodos y a gusto. 

.

.

Qué día. 

Rikka está agotadísimo, la fiesta de la noche anterior pasándole factura también, pero complacido como nunca. Y mientras caminan hasta su hogar, donde espera que Shiki lo acompañe hoy también, piensa en lo que sigue. Un baño largo y relajante, acurrucarse juntos en la cama probablemente hasta el siguiente día…

Muy bonito .

Pero Rikka obvió un detallito… Eichi, con quien suele trabajar de vez en cuando, y su importante reunión fijada para esta tarde.

Sin embargo, Eichi no se ve para nada molesto cuando los ve regresar de su obvio paseo tomados de la mano, todo lo contrario. 

—¡Rikka, Shiki! — los gemelos los saludan con grandes sonrisas.

—¿Quieren jugar? —es Issei quien ofrece con la pelota en sus manos. 

—Eichi está perdiendo — e Ichiru está bastante orgulloso por la victoria que sostiene con su hermano.

Y Rikka lo entiende, Eichi ha estado pasando el día con sus gemelos vecinos… ¿Y su padre, soltero por cierto, también? Cuando mira a Shiki, justo a su lado, sabe que está pensando en lo mismo. 

—Bienvenidos de vuelta.

Hablando del rey de roma, Shu hace acto de presencia llevando cuatro vasos de heladitos caseros, para la alegría de sus pequeños. Al parecer, Ecchi estaba siendo muy bien atendido en su ausencia. 

—Lo siento —Rikka da su disculpa, aunque para nada arrepentido. 

—Que no se repita, ¿Está bien? —Eichi intenta parecer molesto, pero le sale mal mientras come del helado que Shu le ofreció —. No es lindo que te dejen plantado por irse de paseo con su novio.  

Hay risas entre los cuatro, Eichi tiene ese efecto agradable en la gente, y a Rikka le da gusto que, a pesar de su descuido, Eichi haya tenido una buena tarde con buena compañía… En su siguiente reunión le hará muchas preguntas, quiere todo los detalles. 

—¿Adónde fueron? ¿Nos trajeron algo? —los gemelos, no muy ajenos a su conversación, indagan con ilusión.

—Isse, Ichi… —su padre da esta suave advertencia.

Por supuesto, Rikka no puede llegar con las manos vacías, trayendo algunos dulces típicos de las tierras costeras para compartir.

Rikka tenía planes diferentes al llegar a casa, pero estos pueden esperar un poquito más. Por ahora, disfrutará un rato más con su chico y sus amigos. 

La vida es como una montaña rusa, con sus altos y bajos, y mientras se esté arriba hay que disfrutarlo y atesorarlo, creando memorias preciadas con los seres queridos. Sí, Rikka la tuvo difícil cuando perdió a su familiar más especial, la vida no prepara a nadie para estos momentos, pero hoy puede seguir adelante gracias a las personitas que lo quieren… Es muy feliz.

.

.

Notes:

La aparición de los chicos de quell fue una idea de último momento, ¡Y cómo me gustó! incluso tengo ganas de escribir lo que fue esa linda tarde entre los cuatro.

Mi siguiente shrk ya será el 100... Y desde inicios de año tengo una super idea que me muero por darle este honor, ¿Cuánto tiempo me tomará? ya lo veremos.

Gracias por leer.

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