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Rating:
Archive Warning:
Fandom:
Characters:
Language:
Español
Series:
Part 5 of SLY Shorts
Stats:
Published:
2023-08-17
Words:
5,421
Chapters:
1/1
Kudos:
4
Hits:
55

SLY Shorts 5/10: Yo viviré

Summary:

Miriam estaba segura que una mujer de su edad ya había perdido todas las oportunidades... con su familia, con el amor... y con la vida

Notes:

- - - - - - - - - - - -
Esta historia se relaciona con los hechos ocurridos en mi otro Fanfic: Still Loving You
Contiene spoilers de esa historia xD así que sería mejor no leerlo a menos que hayas terminado ese fanfic

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Uno, dos, tres, pausa, cinco, seis, siete, pausa...  

La alegre melodía de la salsa con sus rítmicos tambores, se mezclaban con la entusiasta voz del instructor de acento colombiano, los golpes de los tacones en el suelo y las risas y bromas de estudiantes. 

–Quiero ver esas caderas moviéndose... así... cinco, seis y siete, ¡Con energía!... uno, dos y tres, giro, uno, dos y tres, salgan... cinco, seis, siete, pase... manos, extiendan los brazos... muy bien. Vamos de nuevo... desde el comienzo 

El piano que abría la siguiente canción animó el ambiente. Algunas de las mujeres de origen latino intercambiaron miradas y cantaron sin dudar. 

–Mi voz puede volar, puede atravesar... – se escuchó desde varios puntos del salón mientras la potente voz de Celia Cruz contagiaba a todos con su alegría y sabor.  

Los pies se movieron siguiendo la secuencia de pasos aprendidos, entre meneos cargados de pasión por la danza y anhelo por la vida, coreando palabras que la mayoría conocía de memoria. 

–Y listo – el volumen de la música disminuyó hasta ser casi imperceptible antes que el hombre siguiera hablando–. Un aplauso para ustedes, lo hicieron muy bien. Recuerden practicar en casa y nos vemos la próxima semana 

Suzie agradeció a su compañero de baile antes de despedirse. Era un muchacho a finales de sus veinte, alto, atlético, dulce y algo arrebatado. 

Le parecía guapo, pero nada más. Nunca le importaba mucho con quien ensayaba. Le hubiera gustado tanto que Oskar la acompañara, pero estaba resignada a que ya no era ese hombre que quería verla feliz. 

cualquier herida, cualquier tiempo, cualquier soledad  

La risa alegre de su amiga la distrajo de esos pensamientos. 

–Ah, Carlos, solo lo dices para hacerme sentir mejor, podría ser tu madre... de hecho tengo una hija de tu edad 

Miriam charlaba entusiasmada con otro de los jovencitos que iba a la clase. 

sin que la pueda controlar, toma forma de canción  

Las dos mujeres se despidieron del grupo y luego de cambiarse ropa salieron para comer juntas, como cada jueves. 

Un año atrás, Suzie pasó por afuera del estudio de baile y decidió inscribirse sin pensarlo. Miriam empezó con el grupo de novatos poco después, pero se le daba tan bien que en un par de meses el instructor la pasó al grupo intermedio. 

En cuanto se encontraron, las dos mujeres recordaron los días que compartieron en la playa: cada una sin el lastre de su respectivo marido, divirtiéndose entre tragos y bailes con un galán latino. 

Así es mi voz que sale de mi corazón  

Eso fue a mediados de marzo y la conversación entre ellas fluyó de forma tan natural que añadieron a la rutina las comidas de los jueves.  


En esa ocasión Suzie notó de inmediato que Miriam pidió algo sin alcohol. 

–No sabía que conducías– comentó. 

–Oh, no, no tengo auto – respondió la mujer. 

–¿Y por qué no pediste otra cosa? Que aburrida ¿Ya no te gustan los cócteles? 

Miriam bajó la mirada, jugando con el borde de la mesa, sopesando la respuesta. 

–Dejé de beber 

–Eso suena demasiado sano para mí – dijo Suzie en broma. 

–Perdí a mi familia por el alcohol – añadió Miriam con un tono triste. 

Y volará, sin yo querer  

La mujer de cabello rizado no esperaba algo así y no pudo disimular la sorpresa. 

Llamó al mesero. 

–¿Sí, madame

–Cambié de opinión, tráigame una limonada

–No tienes que hacer eso – dijo Miriam, estupefacta. 

–No, está bien, debiste decirme, sé que debe ser difícil 

–Pero... 

–Además ya debería empezar a cuidarme para el verano, me ayudará, no te preocupes 

Miriam medio sonrió, mientras el mesero se llevaba el vaso. 

–Lamento mucho lo de tu familia – dijo Suzie cuando estuvieron solas otra vez. 

Miriam suspiro. 

Por los caminos más lejanos  

–Mi hija mayor sigue resentida porque dejé a su padre 

–Espera… entonces tu familia... 

–¿Sí? 

–Creí que hubo un accidente o algo 

Miriam dejó escapar una risita incómoda y suave al tiempo que el mesero llegaba con los vasos. 

–Lo siento. No me expresé bien. Tenía problemas con el alcohol y servicios sociales se llevó a mi hija pequeña 

–Eso suena terrible – comentó Suzie. 

Por los sueños que soñé  

–Lo fue. Bob y yo discutíamos, culpándonos el uno al otro. Cuando él se dormía, iba a la habitación vacía, lloraba y bebía hasta quedarme dormida. Me despertaban sus gritos exigiendo el desayuno. No era vida. Sin las niñas ya no había razón para seguir con él. Así que le pedí el divorcio y volví a casa de mi madre 

–Suena difícil 

–Debes pensar que soy una fracasada 

–Claro que no 

Suzie miró su vaso. La amargura atravesaba su semblante. 

–Sería hipócrita de mi parte. Admiro que tomaras esa decisión. Saliste de un matrimonio miserable, en cambio yo… a veces ni sé por qué sigo con Oskar 

Será reflejo del amor  

–¿Ya no lo amas? 

–Lo amo, pero el amor no es suficiente para sostener una vida en común. Es un vago y un inútil. Aunque... a veces hace cosas que me hacen creer que ha cambiado. Por ejemplo, ahora está estudiando para graduarse de la preparatoria 

–¿Tu esposo no había terminado la escuela? – Miriam ajustó sus lentes y la miró con sus ojos bien abiertos. 

–No ¿Qué hay del tuyo? 

de lo que me tocó vivir  

–Nos conocimos en la universidad... y dejé mis estudios para casarme y tener familia 

–Entiendo 

–Tal vez ese fue mi error 

Las dos suspiraron. 

–Debe haber algo más que valga la pena de seguir con tu esposo, ¿no? – dijo Miriam, intentando retomar la conversación. 

–Estamos cuidando a una niña 

–¿Tuvieron una hija? 

–No – Suzie medio sonrió –. Nos inscribimos en un programa de acogida. La recibimos de forma temporal. Su familia prácticamente la abandonó 

–Suena a que no lo pasó muy bien – Miriam bebió un sorbo – ¿Es muy complicado lidiar con ella? 

Será la música de fondo  

–Para nada. Es independiente, madura y muy dulce. Solamente quería atención, afecto y apoyo. Ella convenció a Oskar de volver a estudiar 

A Miriam le pareció que Suzie realmente se habían encariñado con esa niña. 

–¿Temes que se vaya? – preguntó. 

–¿Oskar? Claro que no 

–La niña 

–No. Parece estar mejor desde que se mudó con nosotros 

–Me alegra que encontrara a alguien como tú – dijo con sinceridad. 

Suzie sonrió de vuelta. 

–¿Entonces cuándo dejaste de beber? 

–Después del divorcio. Me hubiera gustado parar antes, entender a tiempo que mi familia se estaba derrumbando. Intenté ser una buena esposa y una buena madre, pero el fracaso de Bob, su desinterés, el vacío de mi hija mayor en la universidad, todo fue demasiado. Vivía cansada, me dormía en cualquier momento y lugar, olvidaba cosas. No conseguía hacer lo que se suponía que hiciera, pero Bob tenía su trabajo, Olga, la mayor, sus estudios y no me necesitaban. No vi que Helga todavía era una niña 

de lo mucho que sentí  

Suzie se congeló un segundo. Pero Miriam estaba tan abstraída en sus recuerdos, que no notó su sorpresa. 

–¿Sabes dónde está tu hija? – logró decirlo en un tono que parecía casual. 

–Sí, pero no podemos acercarnos 

–¿Por qué? 

Oye mi son, mi viejo son  

–Olga, intentó convencerla de ser su tutora legal, pero las cosas se salieron de las manos y tenemos una orden de restricción. Pronto cumplirá catorce… y me gustaría tanto volver a verla, pero no puedo acercarme hasta que cumpla los dieciocho 

Tiene la clave de cualquier generación  

Suzie asintió, comprensiva. Le preguntó muchas cosas a Miriam, cuanto tiempo llevaba sin beber, qué más estaba haciendo como terapia y como iba su nuevo trabajo, memorizando cada detalle. 

El fin de semana le comentó a Helga que conoció a su madre. Nada más. 

Una semana después fue la pequeña quien comentó sarcásticamente si acaso seguía igual de somnolienta. Y cuando Suzie le dijo que había dejado de beber, llegaron las preguntas: cuidadosas, lentas, elegidas de forma estratégica. La mujer sabía que la adolescente se esforzaba por no dejar ver cómo se sentía y era mejor dejarla creer que no lo notaba. 


Quedaba un mes para el verano, por las tardes el calor era agradable. Estaban en el mismo restaurante, el que se volvió su favorito. Tranquilo, música ligera, comida fresca y excelente atención. 

Suzie molestaba a Miriam respecto al interés de Carlos, entre bromas y risas. 

–Es la tercera lección que corre a bailar contigo – decía Suzie –. Le gustas 

En el alma de mi gente, en el cuero del tambor  

–Claro que no – contestó Miriam, pero sintió algo parecido a palpitaciones nerviosas – ¿Cómo le va a gustar una mujer de mi edad? Es tan joven 

–Ya salió de la universidad, no es un niño. Trabaja, baila divinamente, tiene un cuerpo soñado... ¿Por qué no? 

–Solo es amable, sabe que a las mujeres nos encantan los cumplidos 

En las manos del conguero  

–Escucha. Estás soltera, no muerta, ni acabada. Deberías tomar la oportunidad y divertirte. No tiene por qué ser serio. Puedes tener la atención de las primeras citas, su compañía, sus halagos y todo lo divertido de una relación fresca  

en los pies del bailador  

Arqueó las cejas y ambas soltaron carcajadas. 

Miriam pensaba que eso no era posible, después de todo era una mujer mayor con dos hijas grandes. Sus mejores días quedaron atrás, en su noviazgo con Bob. 

–Apenas recuerdo cómo es tener citas – confesó. 

–¿No tenías citas con tu marido? 

Yo viviré, allí estaré  

–Bob no fue precisamente el más romántico después que tuvimos a las niñas 

–Típico, creen que cuando te dan el anillo ya cumplieron y no tienen que seguir esforzándose 

Mientras pase una comparsa con mi rumba cantaré  

–¿Cierto? Como si el amor no muriera con el tiempo y el descuido 

–¿Amabas a Bob? – preguntó una voz detrás de Miriam. No la había escuchado en mucho tiempo. 

Seré siempre lo que fui  

La mujer volteó con temor. Detrás de ella estaba Helga, de pie, con una mirada fría y apretando los puños a su costado. Evitaba su mirada. 

–Hija…  

con mi azúcar para ti  

Miriam temblaba, segura de que no podía abrazarla sin echarse a llorar. 

Yo viviré  

–Que hay, Miriam – dijo Helga, sin moverse. 

Suzie consiguió otra silla y la acercó a la mesa. 

–Querida, siéntate – le dijo a Helga –. Pide lo que quieras, yo invito 

–¿Estás segura? ¿No... interrumpo...? 

–Claro que no 

–¿Qué haces aquí? – dijo Miriam, viendo cómo la chica tomaba asiento. 

–Suzie me dijo que venían aquí los jueves después de las clases de salsa y ya que andaba por aquí, pensé pasar a saludar 

 yo viviré  

Miriam miró a la mujer y luego a Helga. 

–Pero ustedes, ¿Cómo es que se conocen? – dijo Miriam – ¿Ella es la niña de la que me hablaste? 

Suzie asintió con una sonrisa. 

–He estado cuidando a tu hija 

–Hillwood es un pañuelo – añadió Helga, con indiferencia. 

Pidieron la carta y Helga se tomó unos minutos para decidir. Luego que el mesero se retiró, la joven miró a Miriam. 

–Es-Escuché – continuó la chica – que ya no bebes ¿Es verdad? 

La mujer asintió. 

Y ahora vuelvo a recordar  

–Dejé de beber cuando supe que tu padre se había ido de la ciudad – explicó. 

–¿Lo amabas? – insistió Helga. 

aquel tiempo atrás  

–Lo amé 

Helga abrió mucho los ojos. Parecía creerle, pero casi al instante bajó la mirada y cambió el tema. 

Hablaron de cosas superficiales. Cómo iba la escuela, qué tal estaban las cosas con sus amigos, de cómo Phoebe seguía siendo la chica más lista de la clase y otros chicos y chicas cuyos nombres Miriam apenas logró asociar. Luego sobre los planes de vacaciones. 

–Podrías ir a la playa conmigo – dijo de pronto Miriam. 

–No, gracias – dijo Helga – Estaré ocupada, tengo planes

–Estar en tu habitación esperando el día que Arnold regrese no es un plan– comentó Suzie en broma. 

–¡Ey! 

–¿Arnold? ¿Ese jovencito rubio de tu clase? ¿Es tu novio? 

Suzie y Helga intercambiaron una mirada. 

–Lo siento, querida – comenzó a disculparse la mujer –. Creí que... 

– Está bien, Suzie. Si voy a retomar mi relación con Miriam, tal vez debería contarle algo sobre mí 

Cuando me fui buscando el cielo de la libertad  

La chica tomó aire y volteó a mirar a su madre. 

–Arnold era mi novio cuando me fui de casa – explicó. 

–Eras muy joven…– dijo Miriam –. No imaginaba que salías con alguien 

Cuantos amigos que dejé  

–Sorpresa. ¿Dónde pensabas que pasaba todo el tiempo que no estaba en casa? Phoebe tiene su propia vida, ¿Sabes? 

Miriam parecía triste. Pensar que apenas le puso atención a su hija. Casi no hablaban cuando estaban en casa, apenas la veía y ella no era precisamente abierta respecto a cómo se sentía, lo que pensaba o siquiera lo que le pasaba. Saber que su hija tuvo toda una vida desconocida para ella era difícil. 

cuantas lágrimas lloré   

La chica volvió a cambiar el tema, hablando de lo que su clase haría al terminar la secundaria y Suzie le preguntó si quería ir de compras para elegir algo para la fiesta. 

Yo viviré  

Verla interactuar con Suzie era doloroso. Helga parecía confiar en ella. Lucía incluso contenta a pesar de lo incómoda de la situación. 

para volverlos a encontrar  

Cuando Suzie fue al baño, Helga le contó a Miriam un poco sobre Arnold, los padres del chico y el viaje a San Lorenzo. Su hija esperaba que el chico volviera ese verano para empezar juntos la preparatoria, después de pasar esos dos años enviándose cartas. 

Y seguiré  

Y mientras más hablaba de ese muchacho, más notaba lo poco que conoció a su hija. No eran solo los dos años que estuvieron lejos, también notó que apenas sabía de ella. ¿Cuántas veces olvidó recogerla de la escuela? ¿O siquiera llevarla? ¿Cómo se las arreglaba para estudiar? ¿Cuántas veces salió sin siquiera desayunar, con una lonchera vacía o con cosas para cambiar? 

con mi canción  

Siempre fue tan parecida a Bob, que pensó que jamás podría comprenderla, pero ahí estaba, hablando con ilusión acerca de un chico que le gustaba, ahora un amigo por correspondencia que pronto volvería a formar parte de su vida y que de alguna forma hacía brillar su mirada. 

Bailando música caliente como bailo yo  

Le hubiera gustado ser la clase de madre que escucha a su hija hablando de su primer amor, con angustia o anhelo y esa ilusión infantil. Le hubiera gustado aconsejar y ayudar. Llevarla de compras por algo bonito para sus primeras citas, prestarle algún perfume y ayudarle a maquillarse mientras comparte secretos de conquista. 

Y cuando suene una guaracha   

Y tal vez una que otra advertencia sobre cómo son los chicos, aunque, claro, su hija le hubiera asegurado que éste no era como los demás, que era especial. 

Le hubiera gustado ser la madre que necesitó esa niña. 

Y cuando suene un Guaguancó  

Podía recordarla enojada y sarcástica. Quejándose por mucho, disfrutando muy poco. Y sabía que en buena parte era su responsabilidad. 

En la sangre de mi pueblo, en su cuerpo estaré yo  

Ella había fallado. Helga era apenas una niña cuando se fue y ahora estaba ahí, junto a ella.  

Parecía bien y en una pieza, mientras ella todavía luchaba por recuperarse. 

Suzie regresó y pidió la cuenta. 

–Hija – dijo Miriam, temiendo que fuera su única oportunidad. 

Helga la miró con un rostro serio y arqueó un lado de su ceja. 

–¿Volveré a verte? 

La chica pestañeó con lentitud. 

–Puedo venir una vez al mes, si te parece bien… 

Miriam asintió. 

–Gracias – dijo y abrazó a su hija. 


Incluso queriendo apartarla con todas sus fuerzas, Helga reprimió el impulso. Notaba que Miriam necesitaba ese abrazo para sentirlo real. Y, en cierto modo, también ella. 

En todo el camino hacia La Casa de Huéspedes, Suzie no dejó de sonreír y la chica sabía lo que le esperaba. 

–Fue una linda sorpresa – comentó cuando entraron. 

–Como dije, estaba por ahí 

–¿La extrañabas? 

Helga cruzó los brazos y le dio la espalda. 

–¡Por supuesto que no! Tenía que comprobar por mí misma lo que dijiste. ¿Miriam sobria? No lo creería si no lo hubiera visto 

–Ella se está esforzando 

–Lo sé 


–¿Por qué no lo hizo antes? – se quejaba la adolescente en la consulta de Bliss al día siguiente. 

No podía decidir si ese encuentro con Miriam la ponía furiosa o triste y las dos emociones eran complejas de manejar. 

Había elegido ese día intencionalmente. Sabía que sin importar como fuera, no sería fácil volver a ver a su madre y necesitaría de todo el tiempo que su terapeuta le pudiera dar para entender el caos que era. Deseaba gritar, maldecir, llorar y reclamar. A Miriam, a Bob, a Olga, al universo. 

–Bueno, Helga, a veces las personas necesitan salir de su zona de confort para tomar la decisión de hacer algo por sus vidas 

–¡Vivíamos en una maldita tienda! ¿Qué tan incómoda debía estar para notarlo? ¿Bajo un puente? ¿En una alcantarilla? 

–No siempre es el lugar, para tu madre pudo ser la estructura familiar. Cuando te sacamos de la casa… 

–La tienda – corrigió rodando los ojos, mientras cruzaba los brazos y se dejaba caer en el sillón. 

–Cuando te sacamos de la tienda, se dio cuenta que falló en su rol de madre. Y al separarse de tu padre, su rol de esposa también se vio cuestionado. Tendrías que hablar con ella para saberlo con certeza, pero es posible que eso haya sido lo que necesitaba para cambiar ¿Entiendes lo que intento decir? 

Helga cerró los ojos y bufó. 

–¿Entonces lo que quiere decir es que tenía que romper a mi familia para que Miriam dejara de ser una alcohólica? 

–No, Helga, tú no rompiste a tu familia. Eras una niña, tus padres debían cuidar de ti, hacerse cargo de tus necesidades. Su trabajo era guiarte y demostrarte afecto. Y como no lo hicieron, mi trabajo fue ayudarte a salir de ahí y enseñarte a lidiar con todo lo que aprendiste a reprimir. Tú no eras responsable, solo sufriste las consecuencias 

–Pero… ¿Miriam hubiera dejado sus vicios si hubiera esperado un poco más? ¿Bob hubiera vendido la tienda si hubiera aguantado un par de meses? 

–No hay forma de saberlo, Helga… sé que lo entiendes. No hay cómo saber qué hubiera pasado, pero si te sacamos de ahí fue porque la situación lo ameritaba. No había señales que indicaran mejoría en el comportamiento de tus padres 

La chica se levantó y dio vueltas por la habitación. 

–¿Y qué hago ahora? – dijo finalmente. 

–¿Qué quieres hacer? 

–Ahora que la vi… ¿ella puede buscarme? 

–Sí, pero podemos tomar medidas si no quieres verla otra vez 

–¿Y qué hay de Olga y Bob? 

–Tus padres están separados, no tienes que ver a uno si ves al otro. Olga es otro asunto, ella no puede acercarse a la escuela o a La Casa de Huéspedes, pero si vas a casa de Miriam, ella podría verte allí 

–¿Y en el restaurante? 

–También 

–No quiero verla 

–Habla con tu madre. Ya hiciste bien en decirle que puedes verla una vez al mes, puedes poner otras reglas. ¿Sabes si Olga la visita? ¿Si está en la ciudad? ¿O siquiera en el país? 

Helga negó a cada pregunta. 

–¿Qué garantía tengo de que cumpla? 

–Ninguna, Helga. No puedes controlar las acciones o decisiones de tu madre, pero ahora puedes elegir qué es lo que vas a soportar y qué no. No tienes ninguna obligación de acercarte a ella si no te sientes lista. Además, ya no estás sola. Me tienes a mí y tienes a los Kokoshka... y los abuelos de Arnold... 

–Lo sé, siempre puedo contar con Suzie, Gertie y Phil... incluso con Arnold... sé que... sé que cuando vuelva tendremos muchas conversaciones al respecto – Helga medio sonrió –. Sé que intentará... animarme y me apoyará 

Bliss sonrió. 

– Entonces… – continuó la chica – ¿Está bien que le dé una oportunidad? 

–Sí, fue muy maduro de tu parte acercarte a ella. Y elegiste bien. Un lugar público, con una persona adulta de tu confianza presente. Te felicito

–Gracias 

Helga la miró con cierto orgullo y reflexionó un momento. 

–¿Y es normal que tenga miedo? 

–¿Eso es lo que sientes? 

Helga bajó la mirada y asintió. 

–Es normal, Helga ¿De qué tienes miedo? 

–¿Qué pasa si me arrepiento? 

–También es normal y puedes volver a distanciarte de Miriam si sientes que las cosas no están bien 

–¿No sería cobarde de mi parte? 

–No, Helga. Requirió valor que decidieras ir – Bliss sonrió  

La chica miró a su terapeuta. 

–¿Lo dice en serio? – murmuró. 

–Por supuesto. También requiere valor admitir que no puedes continuar. Has cambiado. Por otro lado, tu madre debe estar obteniendo ayuda en algún lugar, dejar de beber no es sencillo 

Helga asintió y el resto de la sesión estuvo un poco más relajada, intentando comprender lo que sentía y cómo lidiar con todo eso. 


Pasó otro mes y volvió a reunirse con Miriam.  

Oye mi son, mi viejo son 

Hablaron de cosas irrelevantes, rieron con incomodidad y acordaron verse el mes siguiente. 

Tiene la clave  

La comida con Suzie, Miriam y Helga se volvió una tradición. 

de cualquier generación  

Miriam parecía contenta de poder ver a su hija, aunque fuera tan poco tiempo. 

En el alma de mi gente, en el cuero del tambor  

Las disculpas llegaron eventualmente, junto con algunas lágrimas, luego las anécdotas, los recuerdos, las fotografías, las confesiones y las invitaciones. 

En las manos del conguero, en los pies del bailador  


Helga estuvo enferma para navidad y Miriam tuvo que resignarse a esperar semanas para verla. Cuando lo hizo, su hija parecía distinta. Algo había cambiado en su mirada, como si ocultara una especie de herida invisible, pero no se imaginaba qué pudo haber pasado.

Algo en esa adolescente le recordaba demasiado a la niña enojada. Temía que si presionaba demasiado desaparecería de su vida, así que decidió ser paciente y seguir su ritmo. 


Otro año pasó entre reuniones, cuando Helga dejó caer una bomba:

–Vi a Bob– le dijo –. Volvió a casarse y tendrá un bebé 

Yo viviré  

Miriam no sabía cómo se sentía al respecto. Fue ella quien lo dejó. Ella pidió el divorcio. Y aun así le parecía que no era justo. Su ex marido estaba rehaciendo su vida, mientras ella seguía atrapada. Pero en menos de un minuto se dio cuenta que nada de eso era importante. El asunto primordial era otro: 

–¿Te irás con él? – quiso saber. 

La mirada de Helga era entre triste y molesta. 

–Por supuesto que no – dijo. 

allí estaré  

–¿Entonces por qué lo viste? 

–Negocios – bebió de la botella la soda que había pedido ese día. 

Mientras pase una comparsa   

La chica frente a ella tenía una actitud distinta a la de un año atrás. Parecía más rebelde, un poco más madura y fría. Desde el verano que el cabello lo llevaba rapado a un lado y tenía nuevas perforaciones en sus orejas. Su aspecto era un poco agresivo para el gusto de Miriam, pero no quería decirle nada que la alejara. Tal vez era solo una etapa. 

–Empezaré el curso de conducción – dijo Helga –. Así que ya no podré reunirme con ustedes 

Con mi rumba cantaré  

Su madre la observó. ¿La estaba perdiendo otra vez? ¿Cómo podía evitar que su hija se alejara de nuevo? 

Seré siempre lo que fui  

–Pensé... – continuó Helga – que podría visitarte donde la abuela y almorzar allí los sábados y quizá los domingos... 

con mi azúcar para ti  

La sonrisa en el rostro de Miriam era la respuesta que la chica necesitaba. 

Yo viviré, yo viviré  


Poco después, Miriam se enteró que Olga no solo sabía del matrimonio, sino que también conocía a la nueva pareja de Bob y había apoyado a su padre con todos los planes. Otro golpe bajo de su hija adorada. 

 Oye mi son  

–Temí que si te contaba, interferirías con su felicidad. Papá estuvo muy triste y solo cuando las dos lo dejaron – fue la explicación de Olga. 

Cuando escuchó eso Miriam dejó escapar una carcajada. No era una chiquilla que haría locuras por un amor idealizado. Era una mujer adulta que había tomado una decisión. Claro que era extraño que Bob hubiera encontrado a alguien y que fuera a ser padre otra vez, pero ¿por qué habría de impedirlo? 

Mi viejo son  

–¿Piensas que quiero volver con él? – preguntó en un instante de comprensión.  

–¡Claro! No has salido con nadie en todos estos años – dijo Olga. 

Tiene la clave  

–No es tan fácil para una mujer de mi edad conseguir citas 

–¿Por qué? No tienes hijos pequeños que necesiten atención, yo tengo mi vida y mi hermanita la suya, eres libre de buscar a alguien 

de cualquier generación  

Miriam reflexionó tratando de recordar las conversaciones de los últimos meses con Olga. El cambio de opinión de su hija tenía que ver con el matrimonio de Bob, pero discutir con ella no llevaría a nada. 

–Tienes razón 

  

Le contó a Helga y ella estuvo de acuerdo. Después de todo, era alegre, divertida, guapa y las clases de baile se notaban. 

En el alma de mi gente  

Suzie también la animó a buscar pareja. Y el asunto se volvió sencillo cuando una de las chicas de salsa las escuchó hablando del tema y se ofreció a presentarle a un amigo de su esposo. 

en el cuero del tambor   

Miriam sintió que era un fracaso, como si no hiciera nada correcto, como si no debiera estar ahí. 

En las manos del conguero  

Le tomó tiempo habituarse a preocuparse de su aspecto, comprar ropa favorecedora y volver a conocer gente. 

En los pies del bailador  

  

Entonces comenzó a coincidir en el trabajo con un hombre que se estaba divorciando. 

Yo viviré  

Lo vio una vez mientras tomaba café y charlaron un rato. Unos días más tarde almorzaron juntos, con otros compañeros, y una semana después a solas. 

 allí estaré  

El hombre la invitó un café después del trabajo. 

Su divorcio estaba en proceso, pero a Miriam le pareció de lo más interesante: amable, divertido, simpático. Decidió esperar. 

Mientras pase una comparsa   

Empezaron a salir cuando él estaba libre. 

con mi rumba cantaré  

Le regalaba flores o chocolates todas las semanas. Nada demasiado costoso, pero era un detalle que siempre le entregaba con una tarjeta, deseándole un lindo día y recordándole que la vería para comer, luego empezaron las visitas sorpresa y unos meses después la llevaba a casa o la recogía para ir juntos al trabajo. 

Seré siempre lo que fui  

Lo presentó con Olga y a él le encantaba como era y cómo actuaba la chica. Le repetía constantemente que, de haber tenido una hija, estaría orgulloso que fuera una ganadora como ella. 

Con mi azúcar para ti  

Pero no le agradaba Helga y ella no lo soportaba a él. 

Olga se lo recalcó en la cena de navidad. 

Helga no respondió. La dejó desahogarse, se levantó de la mesa y se despidió. 

Yo viviré  

Su novio la siguió para convencerla de quedarse. 

Miriam escuchó golpes y una discusión, luego el motor de la motocicleta y él regresó con la nariz rota. 

Olga y ella corrieron a atenderlo. 

Helga solo le envió un mensaje de texto para avisar que había llegado bien a casa. 

Yo viviré  

Olga le envió varios mensajes a su hermana, exigiéndole disculparse con el novio de mamá. 

Pero Miriam sabía que no iba a resultar. Helga era demasiado obstinada. 

(Sobreviviendo)  

Tal vez ella había cometido un error al aceptar su aspecto rebelde sin criticarla o cuestionarla. 

Tal vez su desesperación por volver a tener a su hija hizo que omitiera su agresividad y sus malos modales. 

En esta vida lo que estoy haciendo  

Ya no había comidas con Helga y Suzie, porque no había más clases de salsa. 

 Sobreviviendo  

La chica aparecía cuando tenía tiempo libre. 

Estoy sobreviviendo, estoy sobreviviendo  

Después de esa pelea no volvería a visitarla los fines de semana. 

 (Sobreviviendo)  

Miriam la perdió.  

Para que la gente me siga oyendo  

¿Cuánto le tomaría recuperarla si desaparecía de nuevo? 


Pasaron semanas hasta que una noche sonó su celular. Era un número desconocido. Cerca de media noche. Estuvo a punto de no contestar. 

–¿Diga? – su voz sonó temblorosa. 

–¿Estás en casa? – contestó una voz triste del otro lado. 

(Rompiendo barreras)   

–Sí 

–¿Olga está ahí? 

–No 

–¿Y tu novio? 

–Tampoco 

–¿Puedo... quedarme contigo? 

(Voy sobreviviendo)  

–Claro que sí, querida 

–Llegaré en diez minutos 

(Cruzando fronteras)  

Miriam estaba nerviosa y corrió a abrir la puerta en cuanto escuchó el motor de la motocicleta. 

La chica descendió quitándose un casco que parecía nuevo. 

(voy sobreviviendo)  

–¿Estás bien? 

Helga asintió. 

Doy gracias a Dios por este regalo  

–Tenemos que hablar – dijo. 

–Entra. Está helando – contestó Miriam haciéndose a un lado de la puerta. 

Ambas se sentaron en el comedor. 

El me dio la voz  

–¿Qué pasa, hija? – dijo la mujer. 

–¿Te importo? 

y yo te la he dado  

–Claro que sí, querida 

–¿Qué tanto te importo? 

–Muchísimo 

Helga la observó. Parecía evaluar si mentía o no. Miriam sintió que era horrible saber que su hija no confiaba en ella. 

–Tienes que dejarlo – ordenó –. Es un imbécil 

–Helga, sé que no se llevan bien, pero tienes que entender, es un hombre mayor, te ve como una delincuente rebelde 

¡Con gusto!  

–No, Miriam, no entiendes. Realmente es un completo imbécil 

(Rompiendo barreras)  

–¿Y por eso lo golpeaste en la nariz? ¿Por ser un imbécil? 

(voy sobreviviendo)  

–¡Claro que sí! ¡Intentó destruir mi motocicleta con un martillo! Tuve suerte que estuviera demasiado borracho y le diera al casco 

(Cruzando fronteras)  

–¿Qué hizo qué? 

–¡¿No escucharon la pelea?! 

(voy sobreviviendo)  

La mujer negó. 

–Rayos 

Para ti mi gente  

–Miriam, escucha, ese idiota bueno para nada es peligroso – Helga comenzó a dar vueltas.  

Siempre cantaré  

–Desde que estás con él dejaste las clases de baile – continuó, enumerando –, volviste a usar esos feos y aburridos vestidos, apenas ves a Suzie y cada vez que vengo pareces triste. Hace bromas a costa tuya, te critica por tu comida y lo peor de todo es que sabiendo por lo que pasaste, bebe alcohol en tu presencia. Pero si nada de eso te convence, me siguió al garaje, tomó un martillo y trató de destruir mi motocicleta cuando yo solo quería irme para no discutir ¿Quién en su sano juicio hace eso? Apuesto que se divorció porque agredía a su familia 

La mujer se dejó caer en el sillón. 

–Sabía que esto no era buena idea 

–¿Qué? 

–No sirvo para esto 

–Miriam 

–Las cosas no resultaron con tu padre. Tampoco con Dick y ahora Jason. Siempre elijo al equivocado ¿no es cierto? 

El llanto la ahogaba por completo. Era difícil respirar y ver cualquier cosa se tornó imposible. 

–Soy... un... desastre... – dijo entre sollozos. 

La angustia hizo temblar su cuerpo. 

Te daré mi azúcar   

–No, mamá, no eres un desastre 

Caramba  

La voz de su hija llegó al mismo tiempo que un abrazo cálido y apretado. 

Y sobreviviré  

–No voy a negar que fuiste un desastre – dijo la chica –. Pero ya no eres un desastre y no tienes que volver a ser un desastre. Tu novio es un imbécil, pero no tienes por qué soportarlo. Pudiste dejar a Bob, puedes dejarlo a él y seguir buscando hasta dar con alguien... 

(Rompiendo barreras)  

–Alguien – continuó – que disfrute verte bailar salsa, aunque no baile contigo, que adore la forma cuadrada de tus lentes, que vea experiencia en las arrugas de tu rostro y que no le tema a tu loca hija motociclista, porque jamás haría nada que amerite que le rompa la cara... y que soporte el esnobismo de Olga, claro 

(voy sobreviviendo)  

Las dos rieron y luego Helga se levantó para buscar pañuelos mientras su madre se calmaba. 

(Cruzando fronteras)  

–No lo dejes por mí... hazlo por ti, mamá

Esa noche se quedaron despiertas, hablando de cientos de cosas que guardaron, algunas felices y otras dolorosas.  Y aunque una debía ir a la escuela y la otra a su trabajo, ninguna sintió el cansancio en la mañana cuando se despidieron. 

(voy sobreviviendo)  

Miriam terminó con su novio y lo peor de él salió en el trabajo. La empresa decidió trasladarlo al otro lado de la ciudad, cerca de su casa. Fue suficiente para que no volviera por Miriam.  

Yo viviré  

Retomó las clases de salsa y con eso las comidas con Suzie y su hija. 

yo viviré  

Para la siguiente primavera Helga le presentó a su novio, Arnold. 

Yo viviré  

Suzie convenció a Oskar de ir a las clases de salsa. 

y sobreviviré...  

Y Miriam le dio una oportunidad al joven que parecía querer bailar solo para ella.  

Notes:

Y con esto se completan los oneshot de la familia Pataki

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