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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-08-19
Words:
1,252
Chapters:
1/1
Kudos:
5
Hits:
59

Sunflower

Summary:

La fría llovizna de la mañana chocaba con su abrigo, empapándolo y enfriándolo hasta los huesos, pero no lo sintió. La ansiedad y la tristeza burbujeaban en su interior. El Rocío se impregnaba en cada pétalo de los girasoles del ramo que sostenía en su mano. Admirando las vibrantes flores, un sentimiento de profundo anhelo ardió en sus venas como fuego.

Odiaba sentirse así, pero más odiaba el causante de estos sentimientos.

Realmente me has arruinado a fondo. ¿No lo crees dobe?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

"Eres la respuesta a todas mis plegarias: eres una canción, un sueño, un susurro. Eres mi luz en un cuarto oscuro". -Nicholas chispas

La fría llovizna de la mañana chocaba contra su abrigo, empapándolo y enfriándolo hasta los huesos. La ansiedad y la tristeza burbujeaban en su interior. El rocío se impregnaba en cada pétalo de los girasoles del ramo que sostenía en su mano. Al contemplar las vibrantes flores, un profundo anhelo ardió en sus venas como el fuego. Las gotas de lluvia se aferraban a los delicados pétalos como pequeños diamantes. Su color vivaz era hermoso y lleno de vida, como la luz del sol: exuberante, cálido, radiante.

Exactamente como él.

Sasuke caminó por el sendero rocoso, ignorando el familiar paisaje que lo rodeaba. Avanzaba distraído, con la mente entumecida, hasta que una ráfaga de viento lo arrancó de su ensueño, despeinando sus largos mechones azabaches y devolviéndolo súbitamente a la conciencia de su entorno.

Había llegado a su destino.

Sus ojos se posaron en el imponente y viejo árbol que coronaba la pequeña colina. Sus hojas naranjas y rojas se mecían al compás del viento, todavía húmedas por la llovizna, mientras los primeros rayos del sol comenzaban a abrirse paso entre las nubes.

—Hoy pasé por esa tienda de mal gusto que te encanta —murmuró el Uchiha, acercándose lentamente al tronco del árbol y posando una mano sobre la retorcida madera—. A pesar de los años, el restaurante sigue igual. Hasta hicieron un platillo con tu nombre, como homenaje.

Sasuke respiró profundamente, conteniendo las lágrimas que se acumulaban en las esquinas de sus ojos. Exhaló, se dio la vuelta hasta quedar de espaldas al tronco y se deslizó por la madera áspera, sentándose en el pasto entre las raíces del árbol.

—La vida es bastante tranquila sin ti alrededor, pero todos se las están arreglando. Sakura fue ascendida a médica en jefe del hospital. Tsunade finalmente se jubiló y Kakashi-sensei terminó aceptando el puesto de Hokage. Aunque estoy seguro de que preferiría estar leyendo esos libros pervertidos suyos en algún lugar.

Una sonrisa tenue apareció en sus labios, tan fugaz que desapareció casi al instante.

—Todos viven felices y en paz… justo como tú querías.

El viento agitó las ramas sobre su cabeza.

Sasuke esperó, como si de verdad pudiera llegarle una respuesta.

Solo las hojas le contestaron.

Cerró los ojos.

—Te odio —murmuró entre dientes.

Su rostro permaneció extrañamente sereno, pero su voz lo traicionó.

—No puedo aceptar que ya no estés conmigo.

Sus hombros comenzaron a temblar. Sasuke apretó la mandíbula, intentando contener los sollozos que amenazaban con escapar. Cada respiración parecía detenerse a mitad de camino, pesada, dolorosa.

—Eres un bastardo injusto, Naruto. Entraste en mi vida como si fuera tu maldita casa, me salvaste, recogiste cada maldito pedazo de mí y me arreglaste… ¿solo para luego irte?

La rabia lo inundó como una ola. Un odio feroz le quemó las entrañas y, durante un instante, sintió el impulso de destruir todo cuanto lo rodeaba. Sus emociones se desbordaron, encendiendo el Sharingan.

Apretó los dientes con cólera.

Los tallos cedieron entre sus dedos.

Sasuke bajó la mirada.

Había aplastado los girasoles.

Los pétalos arrugados se asomaban entre sus dedos y los tallos rotos derramaban su savia sobre su palma. Permaneció inmóvil, observándolos. Poco a poco, el rojo de sus ojos comenzó a apagarse.

Sonrisas como el sol.

Cabellos como el oro.

Ojos color cielo.

—Ya no sé cómo vivir sin ti, Naruto —susurró—. Entraste en mi vida con la delicadeza de un tornado y la llenaste de tu vivacidad, de tu luz. Y cuando te fuiste…

Su voz se quebró.

—Te llevaste lo mejor de mí.

Las horas transcurrieron sin que Sasuke pareciera advertirlo. La humedad de la mañana desapareció lentamente de las hojas. El sol ascendió sobre el cementerio, desplazando las sombras alrededor del viejo árbol, y el frío fue sustituido por la tibieza tranquila del mediodía.

Sasuke permaneció allí.

A veces hablaba; otras veces simplemente contemplaba la lápida en silencio.

Le contó cosas insignificantes que jamás habría considerado dignas de mencionar cuando Naruto estaba vivo: una discusión absurda que había escuchado en el mercado, lo mucho que había cambiado la aldea, lo insoportablemente silenciosa que resultaba su casa algunas noches, cuando el eco de sus propios pasos era la única compañía entre esas paredes.

Y otras veces no decía nada.

Porque durante aquellos silencios podía cerrar los ojos y fingir, aunque solo fuera por unos segundos, que Naruto estaba sentado a su lado, con ese calor imposible que siempre desprendía, como si llevara el sol metido bajo la piel.

El sol continuó su recorrido.

Las sombras se alargaron.

Sasuke perdió la cuenta de cuánto tiempo llevaba allí.

En algún momento de la tarde, levantó la mirada hacia el cielo, teñido ahora de suaves tonos naranjas, amarillos y rosas.

—Cuando estaba contigo, tu presencia era tan embriagadora que me llenabas por completo. Me hacías olvidar todo el dolor.

Su mirada descendió hasta sus manos, donde todavía descansaban los maltratados girasoles. Con cuidado, casi como si temiera dañarlos aún más, los levantó y los apoyó contra la lápida. Sus dedos permanecieron unos segundos sobre los pétalos.

—Dime, Naruto… ¿cómo puedo dejarte ir cuando tu ausencia me quema, cuando me desgarra, cuando sigo viéndote en cada atardecer naranja, en cada puesto de ramen, en cada silencio de esta aldea que tú llenabas de ruido?

Su respiración tembló.

—Te amo como jamás podré amar a nadie. Te entregué todo de mí y te volviste una parte de mí. Entonces… ¿por qué te fuiste, maldito imbécil?

No hubo respuesta.

Sasuke bajó la cabeza y se abrazó las rodillas.

Esta vez no intentó detener las lágrimas.

Las dejó caer.

Durante mucho tiempo, eso fue todo cuanto existió bajo aquel árbol: el murmullo distante del viento, el roce de las hojas y el llanto silencioso de alguien que todavía no sabía cómo despedirse.

—Mira en lo que me convertiste, dobe —murmuró finalmente, con la voz ronca—. Estoy aquí hablando con tu tumba, rogándole respuestas a una persona muerta. Es realmente patético.

Una risa breve y amarga escapó de sus labios.

—Dejaste en mí una huella que nunca podré borrar. Así que más te vale esperarme, idiota. No importa cuánto tarde. Algún día voy a abandonar este lugar y nuestros caminos volverán a cruzarse.

Levantó la mirada hacia la lápida.

Por primera vez en todo el día, una pequeña sonrisa consiguió permanecer en su rostro.

—Y prepárate, porque cuando te vea de nuevo voy a patear tu patético trasero, dobe.

El tiempo continuó avanzando.

El naranja del atardecer se convirtió lentamente en rosa y luego en violeta. Las primeras estrellas aparecieron sobre el cementerio mientras el azul profundo de la noche devoraba los últimos restos de luz.

Solo entonces Sasuke pareció darse cuenta de cuánto tiempo había pasado.

La luna comenzaba a elevarse sobre el horizonte.

Miró una última vez la lápida.

—Hasta la próxima, Naruto.

Se levantó con lentitud. Tenía el cuerpo entumecido después de tantas horas bajo el árbol y el rostro helado por el viento y las lágrimas secas. Se alejó de la lápida sin mirar atrás, y sus pasos fueron perdiéndose poco a poco entre los senderos del cementerio hasta que finalmente desapareció.

El viento volvió a soplar.

Las hojas del viejo árbol se estremecieron.

Y allí, recostado contra el tronco, junto a los maltratados girasoles, Naruto observó el lugar por donde Sasuke se había marchado.

Había lágrimas en sus ojos.

Pero sonreía.

—Siempre te esperaré —susurró—. Teme.

Notes:

Nota del autor: Hola chicos, en primer lugar gracias por leer mi fanfic. Esta es mi primera vez escribiendo algo de este tipo, así que si tienen alguna sugerencia o crítica, serán bien recibidas. Al principio no iba a publicar esto, pero gracias a mi amigo perezin que me animo esto está aquí XD.
De todas formas muchas gracias por leerlo ^^