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Birthday Gift

Summary:

Toji Fushiguro es el maestro del joven Satoru Gojo. Llevan una relación algo particular a espaldas de la esposa del más viejo, conllevando algunas implicaciones importantes en la vida de ambos, desencadenando fuertes discusiones que colman la paciencia de Toji.

Work Text:

El cómo empezó su relación es poco relevante a esas alturas, lo que realmente interesa es cómo va a terminar. Toji tiene alguien quien lo espere todos los días en casa después del trabajo, Satoru es un joven a punto de llegar a adultez temprana que está por terminar la preparatoria. 

 

Para haber acordado algo carnal, los sentimientos entre ellos empezaban a ser problemáticos, desencadenando fuertes discusiones. El problema es que ambos quieren tener la razón, cuando ninguno la tiene.

 

—¡Te dije que mientras estuviera con mi esposa no me escribieras, ni me llamaras! ¡¿Tu pequeño cerebro no puede entenderlo, Satoru?!

 

—¡Cierra la boca, Fushiguro! ¡Lo que entiendo es que tu linda esposa cree que un gusano como tú la ama y hace extras cuando realmente está follando a su alumno en algún callejón o motel de mala muerte, pobre zorra, ¿no?!

 

—¡Deja a mi esposa fuera de tu sucia boca!

 

El fuerte impacto de Satoru contra la pared hizo que las decoraciones baratas se movieran, amenazando con caerse al suelo. 

 

Su relación en algún punto se volvió agresiva. Se disculpaban, arrepentían de lo que hacían y decían, volvían a lastimarse y repetían el mismo círculo vicioso, siendo incapaces de terminar. Porque en el fondo se aman. Aunque su concepción de la palabra "amor" esté distorsionada.

 

El menor lo tomó del cuello molesto. 

 

—¿Qué vas a hacer? ¿Golpearme solo porque dije la verdad? Es irónico porque estamos en un motel de mala muerte, podrías matarme y quién se molestaría en venir a ver.

 

Toji con molestia le escupió en el rostro. ¿En qué momento sus sentimientos por ese niño llegaron a tanto?

 

—Deja de decir idioteces, nadie te va a matar.

 

—¿Entonces me vas a follar? Digo, no me quejaría. Si voy a pagar esta vez al menos un oral no vendría mal, ¿no?

 

Las palabras del albino suenan surreales, acaban de estamparlo contra una pared, le escupieron en la cara, miran con odio y desprecio y su única preocupación es no perder el dinero de la habitación. El chico es un joven de buena clase. Estar con alguien tan mísero como su maestro es caer bastante bajo, por lo que es un capricho a escondidas.

 

—Cierra la puta boca.

 

Toji se sienta al borde de la cama y desabrocha su pantalón para sacar su verga y llamar al joven alumno hacia él. Es un chico obediente, a veces quiere actuar rebelde pero sabe que con unas buenas nalgadas se le pasa y se arrastra como la zorra necesitada que es.

 

El menor se arrodilla frente a él y sin preámbulo mete el miembro en su boca. El azabache prende un cigarrillo y observa en silencio cómo Satoru chupa su verga. La lengua del joven rodeando su piel es una sensación inigualable. Desgraciadamente su esposa no lo hace como Satoru sabe hacerlo. La diferencia es que a ella la ama. A Gojo no una pizca. Solo está obsesionado con él, y no es como si fuera un caso distinto con el chico.

 

—Qué lento. Mételo todo. No tengo toda la noche.

 

—Entonces chúpate tú mismo la polla, bastardo.

 

Una risa burlesca sale de los labios de Fushiguro. Satoru es una perra. Y eso le fascina. Que intente actuar rebelde y sea contestón solo le prende más. Pues sabe que pronto lo tendrá rogando y llorando de manera patética. Así siempre ha sido.

 

Agarró con fuerza los cabellos blancos y lo levantó del suelo para tirarlo a la cama sin nada de cuidado. El albino lo entiende y empieza a quitarse la ropa. Ver como su maestro hace lo mismo le encanta, siempre ha fascinado cómo se marcan sus brazos y pectorales bajo la camisa blanca del traje. Toji no lo hace intencional, y esa falsa sensación de ingenuidad es lo que encantó a Satoru.

 

—Levanta el culo.

 

—¿Ni un "por favor"?

 

—Estoy siendo paciente, Satoru. No me hagas arrepentirme.

 

Sin querer intercambiar más palabras el mencionado obedece y usa sus manos para separar sus nalgas. Siente la fría mirada del hombre sobre su entrada. Y, poco después, dos de los dedos de este empapados de lubricante de sensación caliente metiéndose sin consideración en sí.

 

—El lubricante de este motel siempre será mi favorito.

 

—Como no te alcanza para uno de la farmacia prefieres este.

 

Toji solo sonrió en silencio y metió otros dos dedos de golpe, haciendo al chico quejarse en voz alta.

 

—No sigas probando suerte, Gojo. Va a salir mal para ti.

 

La preparación es aburrida. Prefiere cuando su amante llega ya preparado con un plug metido en el culo o cuando es él mismo quien lo hace y solo observa. Pero tiene algo de prisa para ese día y Gojo es despacioso, le gusta tomarse su tiempo.

 

—Tu piel empezó a ponerse rosada, ¿no es lindo? 

 

Sacó sus dedos cuando consideró que ya estaba dilatado. Le divierte ver cómo se contrae involuntariamente debido a la estipulación. Después de todo, el cuerpo de Satoru no se acostumbra a la forma en que Toji hace las cosas. Y probablemente jamás lo haga.

 

Acomodó su verga en medio de sus nalgas y se hizo paso de manera lenta para finalizar con un fuerte golpe contra su trasero. Enterró sus dedos en la pálida piel para moverse en un lento pero fuerte compás. El sonido de sus testículos chocando contra su culo le gusta. Y los gemidos de Satoru le dicen que a él igual le gusta.

 

—¿Qué pasa, putita, te comió la lengua el gato? No tienes mi verga en la boca para estar tan callado.

 

—Te la mordería si la tuviera en la boca.

 

Se siente más compasivo que otras veces. Así que toma el cuello de Gojo y lo atrae hacia él mientras aprieta con fuerza.

 

—Repítelo —ordena.

 

Sus embestidas no se detienen. Además de ser fuertes, ahora incrementan su velocidad. 

 

—Repítelo —vuelve a decir.

 

—Muérete.

 

Toji con bastante fuerza aprieta el cuello de Satoru y se mueve con más rudeza. Importando poco si le duele o lastima. Había sido demasiado compasivo y considerado hasta ese momento.

 

Sus dedos se marcan en la suave piel del cuello del albino. Encaja sus dientes en el hombro de él, su diestra va hacia su vientre y entierra sus uñas con fuerza allí. 

 

No entiende la manera en que Gojo le colma la paciencia tan fácilmente. Pero lo logra. Para bien o para mal lo hace.

 

—Parece que se te va a cumplir lo que dijiste de matarte aquí. 

 

El menor entierra sus uñas en el antebrazo de su maestro. Quiere golpearlo, no respira y siente que va a desmayarse. Toji solo ríe al ver las lágrimas desesperadas bajar por las mejillas de su amante. Decide soltarlo. No es un asesino. Solo juega a probar suerte con el cuerpo de Satoru.

 

—Bastardo de mierda.

 

—Y ruegas por la verga de este bastardo de mierda, Gojo. No busques que la próxima vez no suelte tu cuello aunque lloriquees de esa manera patética. 

 

El albino solo ríe mientras limpia las pequeñas lágrimas que aún posan en sus pestañas. Las grandes manos del mayor toman su cintura y lo cambian de posición. Ahora está con la espalda en las sábanas mirando el rostro excitado del hombre.

 

—De este ángulo veo mejor cuando lloras.

 

Toji toma los antebrazos del contrario con fuerza y empieza a mover su cadera de manera fuerte y agresiva. No lo suelta aunque Satoru se retuerce contra la cama. Siente su excitación aumentar cuando lo ve tan desesperado. 

 

Gojo aprieta las manos y mira con el ceño fruncido a su maestro. Él sólo le mira confundido y espera que el más joven pronuncie alguna oración coherente en medio de sus ahogados gemidos. Pero son interrumpidos por el sonido del teléfono de Toji. Está por contestar pero el joven e ingenuo estudiante toma el teléfono primero y lo tira al suelo.

 

—Esa zorra no puede dejarte ni cinco segundos en paz. 

 

Esas once palabras son más que suficientes para hacer que Toji le de un fuerte golpe en la mejilla a Satoru. Toma su rostro con fuerza, importando poco las súplicas del menor porque lo suelte. Escupe en su rostro y toma una de sus piernas para sostenerlo y volver a embestirlo, esta vez con rabia y coraje en sus movimientos. 

 

—Te dije que mantuvieras su nombre fuera de tu sucia boca, maldita ramera.

 

—S-Sí… —responde con un hilo de voz.

 

Como una "buena lección de modales", Fushiguro se mueve hasta correrse en el interior del más alto. Pero no se detiene ahí y sigue moviéndose. El semen escurre y se desliza por la entrada de Satoru, manchando así las sábanas rojas de ese viejo motel.

 

Se separa una vez se siente satisfecho y observa con una sonrisa el tembloroso cuerpo del menor. Se levanta de la cama y busca su ropa para empezar a vestirse. 

 

—Hoy es el cumpleaños de mi esposa. Así que me iré ya. No quiero que piense que no estaba en el trabajo.

 

Se regresa a acariciar uno de sus muslos. Satoru está demasiado cansado para responder y solo asiente. Siente su mejilla arder y doler.

 

Solo ve al mayor salir del cuarto en silencio y suspira. Ni siquiera se molestó en preocuparse por su estado, si estaba bien o demasiado cansado para levantarse. Pero él es así. Y no está dispuesto a acostumbrarse a ello y chantajear es algo agotador. 

 

Prefiere solo mandarle a su esposa evidencia de que se lo coge. Y así hizo. El pobre Fushiguro no tiene idea del sobre con fotos de ellos cogiendo y besándose que su esposa tiene en manos. Gojo no tenía idea de que fuese su cumpleaños, pero qué más daba, le dio de regalo saber la clase de marido que tiene. 

 

Más temprano que tarde volverá a saber de Toji. Sea por las fotos o por otra cosa. Los dos son capaces de destrozarle la vida al otro sin titubear.