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La chica, Neytiri, no estaba en la hamaca de al lado cuando despertó.
Jake salió de aquella vaina sintiéndose como un guisante maduro, para bajar hasta la base del enorme árbol.
Todos los na’vi le parecían iguales o muy parecidos. Algunos lo esquivaban y otros se acercaban curiosos. Parecía que iba a tardar un rato en encontrarla. Observó el árbol desde esa perspectiva.
Derribar aquello les iba a costar lo suyo. Unos niños lo persiguieron y Jake se hizo el interesante, los ignoró unos segundos y luego se giró hacia ellos fingiendo ser peligroso.
Manos a la obra. El coronel le había pedido informes sobre la gente que habitaba aquel sitio y Selfridge necesitaba un escáner de todo el entramado del árbol para proceder a su derribo.
Pero no tenía que hacerlo todo en aquel momento y tampoco podía con tantos ojos observándolo. Tenía tres meses para proporcionar toda la info necesaria a la base, la que le haría ganar unas piernas nuevas, y también para convencer a aquellos indígenas de largarse echando leches de allí antes de que llegaran los mineros. Tenía tiempo suficiente. Y tenía hambre.
-Tawtute. ¡Tawtute!-Jake se giró y vio que quien lo llamaba era Neytiri. Iba acompañada de uno de esos enormes animales parecidos a caballos que montaban. Jake se acercó a ella. De día era tan guapa como de noche.
-Buenos días, Neytiri-le sonrió. Ella no le devolvió la sonrisa.
-Ven-le ordenó cortante. Jake la siguió y Neytiri pensó que con la luz del día parecía aún más enclenque y estúpido que en la oscuridad de la noche Se sentía muy fastidiada.
-Tengo algo de hambre-le dijo caminando tras ella. Delgada y atlética, la chica era un pivón. Interceptó a unos niños que llevaban frutas en unas cestas, cogió algunas y se las lanzó. Jake las cogió al vuelo, mordió una y gimió. Vale, la fruta de Pandora era deliciosa. Y las mujeres tampoco estaban nada mal, pensó mientras caminaba tras ella.
-La tsahik quiere que te enseñe nuestras costumbres. Escucha, observa y aprende si puedes, JakeSully.
-Jake-la corrigió-Me llamo Jake.
-Jake-hasta el nombre le resultaba desagradable de pronunciar-Hoy montarás. Sube y une tu kuru al suyo.
-Tranquilo, bonito.
-Pal es una hembra-El caminante de sueños logró subirse a la grupa. El animal se revolvió inquieto-Eso es tsaheylu, el vínculo-le explicó. Jake Sully intentó cabalgar, pero sólo consiguió mantenerse al galope unos metros antes de caer al barro. Neytiri se reía de él cuando aparecieron los demás.
Ella habría querido ir con los jóvenes cazadores.
Tsu’Tey estaba adiestrando a unos jóvenes para el iknimaya y a ella también le apetecía mucho más ese plan que sufrir a aquel caminante de sueños. Pero su madre había hablado. Neytiri no podía enseñarle a ver, nunca vería, pero le mostraría sus destrezas y el idioma. Y lo llevaría al límite. Y si durante su aprendizaje, perecía… entonces sería por designio de la Gran Madre. Neytiri no iba a ponérselo fácil.
Jake estaba hecho polvo. Y cuando despertó en el enlace descubrió que se sentía igual de cansado en un cuerpo como en el otro. Miró malhumorado sus piernas. Después de todo el día en el avatar, subiendo y bajando del caballo, cayéndose y levantándose del suelo, volver a su cuerpo tullido era un fastidio. A lomos del caballo había tenido que hacer fuerza con los muslos, apretando las rodillas contra el vientre del animal para evitar caerse. Estaba deseando volver a conectarse al día siguiente. Iban a dolerle hasta las pestañas. Y Neytiri no iba a ponérselo fácil. Mañana, más, se dijo.
Neytiri y Tsu’Tey se encontraban bajo el Árbol de las Voces, uno frente al otro, con los kurus formando tsaheylu. Neytiri sentía la inquietud del joven. Se besaron. Tsu’Tey se apartó, angustiado por su deseo.
Seguía amando a Sylwanin pero Neytiri también le gustaba. Y se sentía mal consigo mismo por lo que la joven le despertaba. Y estaba furioso por la presencia de aquel tawtute.
-No es justo que tu madre te obligue a enseñarle. Nunca verá.
-Lo sé-Neytiri alargó sus manos y las entrelazó con las de él-Se ha caído ocho veces del pali-rió. Y Tsu’Tey rió con ella-Mañana le va a doler todo.
-Quizás abandone-Neytiri se encogió de hombros. No lo creía. Lo había observado en el bosque, era tenaz y valiente. No parecía de los que abandonaba.
-Estás furioso.
-Pero no contigo, con ese alienígena. Con la gente del cielo.
-Quizás debería haberlo dejado morir en el bosque.
-¿Por qué lo trajiste, ma Neytiri?
-Una atokirina detuvo mi mano cuando iba a matarlo-Tsu’Tey la miró sin entender-Se posó encima de mi flecha y no la lancé.
-¿Y por eso le perdonaste?-Neytiri suspiró y retiró las manos de él. Había hecho mucho más que perdonarle la vida. Lo había salvado de los lobos. Y luego había visto las atokirina bañándolo con su luz. Pero aquello se lo calló porque la perturbaba. Y Tsu’Tey estaba demasiado furioso y detestaba demasiado a Jake Sully como para entender a Neytiri.
-Se está haciendo tarde, mañana tienes que continuar el adiestramiento de Saeyla y Maru y yo con el de ese sxkawng-rompió el vínculo y se levantó.
-No te exijas demasiado-le dijo Tsu’Tey a su altura, tomándola de las manos de nuevo-Ese tawtute no aprenderá, pero no por tu culpa. Ojalá pudieras acompañarme con Maru y Saeyla, ahí me haces falta.
-Eres buen maestro, exigente-le sonrió-Y ellos te respetan y admiran. No me necesitas para eso. Volvamos a la aldea.
-Ha sido triste, pero… bonito-dijo Jake.
-Sí. Salimos de Eywa y volvemos a ella-le sonrió Neytiri-Toda energía es prestada, Jake, y algún día hay que devolverla-Jake asintió y siguió andando detrás de ella, pensando en lo que acababa de pasar.
-Ninat canta muy bien. ¿Qué era lo que entonaba?
-El collar de canciones del difunto. El collar de canciones es el relato de nuestras vidas, Jake. Cada cuenta, un episodio importante.
-¿Tú tienes una?
-Claro-Neytiri se lo mostró-Todo na’vi tiene su propio collar y su canción. Cada canción es única. Cada cuenta simboliza un momento importante en tu vida: un recuerdo, una hazaña, un nacimiento…-Neytiri acarició una perla-Una pérdida. La melodía es privada. La conocen tus seres amados. Y son ellos los que ponen la última cuenta cuando te vas, cuando regresas a Eywa.
-Me gustaría tener uno-Neytiri se giró y le sonrió.
-Puedo ayudarte a hacer el tuyo, si quieres-se ofreció algo cohibida.
-Me encantaría-le devolvió la sonrisa-¿No vamos al bosque esta noche?-le preguntó al ver que subía por la espiral de Árbol Madre, hacia las hamacas en las que dormían.
-Esta noche no, Jake. Debes descansar. Mañana iremos de caza. Mamá dice que ya tienes permiso para matar.
-Supongo que tú te irás al Árbol de las Voces con los demás-Jake sabía que Neytiri acudía allí con su prometido y los otros jóvenes, a meditar, entrenarse y a otras cosas en las que a Jake no le gustaba pensar demasiado.
Al principio le había dado igual, pero ahora le molestaba.
A menudo tenía que recordarse a sí mismo por qué estaba allí, la misión. Pero cada día le costaba más enviar informes a la base. Le gustaba aquella gente. Le gustaba el bosque. Y le gustaba ella.
-No. Yo también quiero acostarme pronto-las orejas de Jake dieron un respingo complacido de saber que ella no vería a Tsu’Tey esa noche-Creo que tengo algo de cordel. Ven, te enseñaré cómo hacer tu collar.
Jake abrió los ojos en el enlace. Mañana sería un día importante.
-¡Jake, el video log!-le recordó Grace cuando lo vio marchar hacia la cama-Y come algo, marine.
-Sí, mamá-protestó.
En la aldea, Neytiri rectificó y terminó de trenzar el cordel que Jake había estado confeccionando unos minutos antes. Lo dejó junto a sus cosas.
Tsu’Tey esperaba en el árbol de las voces a una prometida que nunca fue. Neytiri sabía que debía ir al encuentro de Tsu’Tey pero no le apetecía estar con él. Las últimas semanas disfrutaba mucho más de la compañía de Jake. Le gustaba tenerlo cerca. Le gustaba cómo la miraba. Y cómo la hacía sentir.
-Ahora escoge tu ikran. Debes sentirlo dentro. Si él te escoge muévete rápido como enseñé. Solo tendrás una oportunidad.
-¿Cómo sabré si él me escoge?
-Intentará matarte.
-Estupendo.
Jake sintió la mano de Neytiri apretando la suya, se giró y se la quedó mirando con el corazón palpitándole con fuerza. Neytiri le sujetaba la mano, sus dedos entrelazados, pero miraba al infinito que tenía delante. Le dio un apretón y lo soltó. Jake recuperó el aliento que ella le había robado y volvió a fijar su mirada en los banshees que tenía delante.
Mientras forcejeaba, oía a Neytiri gritándole consejos, los aullidos de Maru y Saeyla animándolo y las chanzas y risas de Tsu’Tey de fondo. Podía hacerlo. Debía hacerlo. Y lo hizo.
Cuando Jake detuvo a su ikran en lo alto de una montaña flotante, al segundo Seze aterrizó a su lado. Acarició la cabeza de su animal y sonrió a Neytiri que estaba eufórica por su triunfo. Vieron pasar a la que parecía Saeyla con su propio ikran y ambos profirieron gritos de triunfo.
-Ha sido alucinante-le dijo Jake-Ha habido un momento en que hemos volado a la par.
-Yo volaba así. Este tú. Siento el viento, doy vuelta muy fuerte.
-Sí, yo me incliné a tope.
-Lo has hecho bien, Jake.
-Creía que no lo contaba.
-Me has asustado.
-Perdona-le rogó bajito. Jake admiró durante unos segundos sus grandes ojos, su sonrisa tímida, las pecas luminiscentes de su rostro.
Se giraron al escuchar protestar a sus monturas.
-Siltsan, Seze-Neytiri acarició el morro de su ikran.
-¿Qué pasa, colega?-le preguntó Jake al suyo. Se asomó y vio que Seze le daba un latigazo con la cola-Sólo se está haciendo la difícil. Créeme, sé de lo que hablo-Otro grito, esta vez desde el cielo les hizo levantar la vista. Maru y Saeyla tomaban tierra con sus propias bestias.
Neytiri y Jake corrieron a felicitarles y a compartir experiencias. Tsu’Tey no tardó en llegar con el suyo.
-Ya sois cazadores omaticaya. El pueblo ha hecho estos presentes para vosotros-dijo, y les fue entregando regalos del pueblo que probaban su nuevo rango. Jake recibió un hermoso visor y aperos para hacer la silla y las bridas de su ikran.
-¿Como se llama el tuyo, JakeSully?-le preguntó Maru mientras Jake le colocaba la silla.
-¿Mmm? Pues no lo he pensado-los otros dos jóvenes se rieron de él-¿Qué te parece Bob?-el ikran gritó disgustado, Jake se burló-Tienes cara de llamarte Bob.
Una vez aparejados los animales emprendieron el vuelo de regreso al Árbol Madre. Volaban en formación, con Tsu’Tey en el centro, a su lado Neytiri y él cerraba el flanco.
No paraban de echarse fugaces vistazos. Jake sonrió, azuzó a Bob contra Seze que gritó molesta. Neytiri también fingió sentirse ofendida y le devolvió la jugada entre risas. Jake le sonrió, ya sin un asomo de duda: estaba enamorado.
-Jake-lo llamó Neytiri cuando los ikran tomaron tierra en lo alto del gran árbol. Algo en su tono hizo que las orejas de Jake se agacharan-Yo también tengo algo para ti-Neytiri sacó un adorno. No había querido dárselo delante de los demás-Dijiste que querías tener un collar de canciones. Es el que hemos estado haciendo pero…-Jake sonrió y lo observó-Te he hecho esto-le entregó una piedra azul finamente tallada.
-Gracias.
-Aunque no tienes que colocarla si no quieres. Es solo una idea. Si no te gusta…
-Es preciosa-Jake tuvo que morderse la lengua para no decirle “como tú”-Será la primera piedra de mi collar-Neytiri bajó la mirada, avergonzada, por si él era capaz de leerle el pensamiento: su collar de canciones también lucía una nueva cuenta, una semilla, de la noche en que lo había conocido a él. Neytiri lo tenía claro. El vuelo se lo había confirmado. Estaba enamorada.
Bob los interrumpió metiendo la cabeza entre ellos. Se habían acercado mucho el uno al otro sin ni siquiera darse cuenta-Y pondré una por ti también, no te pongas así-Jake le dio unos golpecitos en el cuello-¿Qué tal esta?-Cogió una vulgar esquirla de madera del árbol y Bob le dio en la cabeza con su kuru-Vale, vale… qué quisquilloso-Neytiri y él rieron. Jake acarició la cuenta azul que ella acababa de regalarle con el corazón palpitando con fuerza en el pecho. Latiendo por ella.
