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Sonata in the rain

Summary:

Bajo el clima lluvioso las bromas del Gran detective se hacían notar, quizá una venganza por una acción de su invitado que no le agradó.

 

• Fanfic en Español-Argentino

Work Text:

La vivienda situada en la 221B de la Baker Street siempre fue una dirección de renombre, para cualquier Londinense era obvia la respuesta respecto a la persona que solía vivir, era obvia la respuesta referente a quién podían acudir si tocaban la puerta de aquel lugar. A su vez, desde hace no más de un mes el hogar en aquella dirección de sentía apagado, como si el barullo o la presencia de ciertas personas hacían una falta inmensa, un vacío notorio en la vida de las dos personas que ahí tenían su moradia. Hasta que claro, la recurrente presencia de un nuevo tercero comenzaba a llenar ese vacío, poco a poco.

 

Fue hace no más de un mes cuando finalizó aquel caso donde diversas verdades salieron a la luz. Para el fiscal apodado como el "Reaper de Bailey" el enterarse de la existencia de una sobrina fue motivo suficiente para hacer lugar en su atareada agenda y cumplir la promesa de una visita en la hora de la merienda, una visita de un día que se convirtió en dos, tres, cinco, una frecuencia que ni él jamás se habría imaginado.

 

Aquel día Barok van Zieks había acudido a la residencia del gran detective con el mismo pretexto de siempre: ver a su sobrina, la misma que aún no sabía de la existencia tan cercana de un tío de sangre, la misma a quién él como hombre de palabra le prometió aquella visita con el fin de leer u opinar sobre su nuevo manuscrito de la historia "Las aventuras de Herlock Sholmes" después de todo y según las palabras de la menor, era el mismo nombre del Reaper de Bailey quién haría su aparición, la intriga del mismo en saber cómo era la visión que Iris tenía de su persona era real; más que nada, importante.

 

La gustosa tarde terminó en un clima lluvioso, era notorio el escuchar de las gotas de agua chocar con la ventana del hogar, el fresco sentir dejaba en cualquiera esas ganas de deleitarse en un buen texto, o relajarse en algún tipo de siesta, para Barok, después de la insistencia de su sobrina para quedarse hasta que el tiempo mejore, fue el perfecto momento para comenzar con aquello que prometió leer. 

Por más que las horas pasaban, la lluvia no cesaba, la concentración de van Zieks ante el texto era tan notorio que incluso Iris se quedó dormida en su regazo aún después de haber repetido un centenar de veces que lograría quedarse para despedir a su amigo "el Sr. Reapy". Seguramente el sueño llegó gracias al sonido del violín de su querido papá, el mismísimo Herlock Sholmes, quien se dispuso a tocar una extensa y armoniosa melodía después de que el invitado le mandara a cerrar el pico, por qué bueno, estaba en su momento de diversas palabras muy necesarias para intentar captar su atención. La canción junto al temporal afuera haría dormir a cualquier niño de la edad de Iris; era evidente.

 

No era la primera vez que el fiscal escuchaba el sonar de aquél violín, la frecuencia de sus visitas le habían dado el honor de ser el espectador de aquél agradable sonido varias veces, el sonido que había cambiado su visión a la persona que siempre trató como "un detective de tercera", el sonido que sin querer admitir era el segundo motivo por el cual la frecuencia de sus visitas había intensificado con el pasar de los días, porque después de todo, prefería mil veces relajarse con la melodía bien lograda de aquél violinista que con sus propias e irritantes palabras.

Internamente podía admitir que le gustaba, que de alguna forma ese simple sonido le relajaba de su estrés diario, no obstante no pretendía hacerlo notar, muy humillante era el hecho de que aquél hombre supiera que la distracción en la lectura era al cien por ciento culpa de su peculiar encanto a la hora de tocar un instrumento musical, una melodía que a ese momento parecía una expresión de dolor, o incluso el mirar intrigante queriendo saber por qué Sholmes estaba con ese semblante herido, pareciendo que en verdad el regaño anterior llegó a ofenderlo y sobretodo se hacía notar en su brusco cambio en la melodía después de que Iris durmiera.

 

Intentar disculparse era difícil incluso con la notoria preocupación, preocupación que esfumó ante las ganas de querer golpear a aquél rubio cuando empezó a soltar pesadas carcajadas, junto a las mismas un nuevo cambio en su melodía y una sonrisa estúpida que quedaba tan bien con los malditos movimientos creados a la hora de balancear el arco en las cuerdas de aquel violín. Si de algo van Zieks estaba seguro en ese momento es que el rumor de que nada pasa desapercibido delante de ese detective de tercera podía ser real, más bien sintió como fue atrapado; esas risas no podían significar otra cosa.

 

 

— Podría tocar una melodía perfecta para representar a un vampiro, terror, suspenso. Tu canción de fondo ideal para cada vez que harías aparición. — Por más que no dejaba de lado su música, las risas se hacían más notorias en Sholmes, vió ideal el momento para burlarse de aquél que estaba seguro le estaba dando atención detrás de esa resma de hojas. — Imaginá, Mr. Reaper entrando a la panadería por su pan y ahí suena la macabra música de un violinista de primera; iría a asustar a cualquiera ¿No creés? Tu mera escencia personal. ¿O qué tal cuando gritás "objeción" en algún juicio? En mi humilde opinión siento qué....

 

— Te denunciaría a la Scotland Yard por acoso. — Barok se vió en la necesidad de interrumpir las palabras ajenas en su vago intento de disimular que estaba más concentrado en la lectura que otra cosa, motivos no le faltaban y uno de ellos era claramente el cómo esa voz intentaba sonar más fuerte que la melodía efectuada por el violín, un algo que no podía permitirse; necesitaba de esa melodía.

 

— ¿Realmente lo harías? Estoy bien seguro de que incluso hasta sería un honor para el Sr. Reapy — Fue tras esas palabras que el sonido del violín dejó de ser la presencia mayor en la desorganizada sala del gran detective, el mismo llevó la punta del arco a su boca por mera costumbre a tener su pipa en manos, gesto que llamó la atención del otro hombre, aquél que dejó el manuscrito a un lado suyo. — Si lo analizamos mejor, puedo confirmar que claramente estás encantado con el sonido de mi violín, es más, incluso dejaste de fingir la lectura con el propósito de buscar más y más de mi música.

 

— Definitivamente te denunciaría a la Scotland Yard por acoso. — van Zieks soltó un suspiro pesado, negó con su cabeza sin saber la respuesta real sobre dónde una persona podía soltar tantas estupideces por su boca... Estupideces que fácilmente podrían ser reales. Él agarró el manuscrito nuevamente, su atención a las hojas volvió, ahora con más precaución para no caer nuevamente en sospechas ciertas. No quería escucharlas por parte de Sholmes.

 

— Si, si, ya entendí que preferís mi violín antes que mi hermosa voz. Voy a conceder a nuestro invitado lo que quiere. — Alistado una vez más, el rubio comenzó a recrear otra melodía.

 

La disonancia en el sonido creado era notoria, como una melodía armónica terminaba con sonidos agudos o graves para recrear lo que el detective mencionó minutos atrás. El miedo que quería generar era evidente y la sonrisa traviesa que formaba el semblante de aquél quien estaba en medio de su orquesta, reflejaba con claridad que todo se trataba de una broma pesada de su parte, un juego quizá vengativo por horas atrás el fiscal haberle mandado a callar la atención que estaba buscando.

Aun así, por más que el objetivo de Herlock Sholmes era otro, aquella melodía que podría ser perfecta para un cuento de horror o suspenso captó la atención de su invitado, quién no volvió a leer de aquél manuscrito, ahora estaba con su mirar fijado en la persona a su frente y la melodía que estaba escuchando. Realmente Barok van Zieks no conseguía caer en cuenta de lo tan admirable que podía ser una persona por más que la misma solo supiera largar estupideces por esa boca que la sentía mejor cerrada o con la misma forjando esa sonrisa traviesa, dando lo mejor de sí en efectuar una broma con su música; de lo tan hermosa que podría ser una persona con tan pocos y simples rasgos.

 

Simplemente aquel hombre podía cerrar sus ojos y dejarse llevar por los brazos del alma que surgía de ese instrumento por más que el propósito de quien la creaba fuera con fines maliciosos. Comenzar a acariciar la cabeza de la niña que aún yacía sobre sus piernas fue inevitable, la ternura del momento le provocó el hacerlo. Era paz y una confusión, ya que, si logra ser más sincero con sus propios sentimientos puede admitir tranquilamente que le gustaría que esa música estuviera tras suyo en su día a día y ese hombre también, porque si no fuera de ese hombre realmente no quería nada. Sin mencionar el clima perfecto para hacer el momento aún más único, la lluvia que tranquilamente conseguia bailar junto al acorde en tal gustosa sincronía que simplemente le hizo forjar una sonrisa, una maldita sonrisa que jamás pasaría desapercibido por un gran detective.

 

La música paró y lo único que tuvo Barok a continuación más allá de un disgusto o tristeza por lo mismo, fue la punta del arco de ese violín apuntado justamente frente a su nariz, tras el objeto el semblante travieso de un hombre que estaba a punto de soltar su peculiar barullo disfrazado de palabras deductivas.

 

 

— Quién diría que el Reaper de Bailey pudiera sonreír de esa forma, adorable, por cierto. — Mencionó Sholmes sin pena alguna, no la tenía, estaba molestando. — Ahora la real pregunta cae en el: ¿Será que su corazón se ablandó por un ambiente de índole familiar en un día lluvioso? De hecho, desde que te enteraste que Iris es tu sobrina tengo miedo de que me robés la tutela, se nota que le tomaste mucho cariño.... Aunque.... También soy fiel creyente de que además de Iris, es este buen hombre quien te tiene encantado de alguna forma y si me pongo en tu lugar, sería un ganar a ganar, estarías junto a un hombre bien guapo e Iris siempre quiso una "Mami".

 

— ¿Qu... — Fue inesperado, una conclusión que jamás pensó escuchar en su vida. El chasquido de lengua para demostrar su disgusto fue tan instantáneo que Barok terminó mordiendo la misma. — ¡¿De donde sacás tanta mierda?! — Necesitaba gritarlo, pero aquello que exclamó fue mediante un susurro; no quería despertar a la niña que seguía acurrucada en los brazos de Morfeo.

 

— Nada pasa desapercibido frente al gran detective. — Tras esas palabras usó el arco del violín para golpear levemente su cabeza. — Tarde o temprano, incluso los secretos mejores guardados llegan a mis manos, además no es díficil leer tu expresión. Tranquilo, correspondo tus sentimientos.

 

— Ah si, me retracto de creer que sos un detective de tercera. — El nerviosismo y la pena habían provocado que Barok entrara a la defensiva, buscar cualquier cosa para objetar las tontas palabras dichas por un fanfarrón y no dejar que él mismo cayera en un bucle vergonzoso. — Realmente terminaste siendo un detective de quinta. 

 

— Palabras de alguien que intenta esconder sus verdaderos sentimientos, no te preocupés amor mío, esperaré hasta que estés listo para confesarte. — Tras aquello Sholmes comenzó a reír, fuerte carcajadas era lo que ahora dominaba su presencia en la sala, ya que claramente Barok van Zieks estaba completamente rojo, un rubor que no se sabía exactamente si era por causa del enojo causado por esta broma o si en realidad era la vergüenza que no podía esconder.

 

 

El silencio permaneció por unos momentos en la habitación, lo único que se podía escuchar era el caer cada vez más intenso de la lluvia. van Zieks no podía ni mirar a Sholmes, al final de cuentas terminó cayendo en cuenta que realmente se sintió avergonzado ante aquella broma y sobretodo desde ya se puso en mente que nunca más mandaría a callar a un estúpido fanfarrón como aquel tipo; pasar por la misma humillación era algo que se negaba a hacer.

El denominado detective de quinta, comenzó una vez más a tocar de su instrumento, ahora sí parecía que lo hacía sin ninguna malicia de por medio y si por el mero gusto a ser escuchado, estaba en esa curiosa necesidad de captar la atención de aquél hombre avergonzado con lo único que sería la carnada perfecta. Así fue, el fiscal entregó su atención en un mirar de reojo.

 

— La lluvia no se detiene, es tarde. Podrías quedarte a dormir acá, a Iris le gustaría verte desayunando con nosotros. — Sus palabras se notaban serías, pero eso era el efecto de estar realmente fusionado con la música que tocaba, su disfrute personal hacia a la misma sonar de una manera en pocas palabras increíble. — Además tengo un espacio en mi cama disponible para vos, una gran oferta, tiempo ilimitado. 

 

El detective soltó su ya conocidas risas por última vez en la noche, una última broma para molestar a aquél fiscal quién no evitó demostrar su disgusto facial no estaba de más. Al final de cuentas la música llegó a su fin también y dejando su violín a un lado, aquél de rubia cabellera se puso de pie acercándose a su colega con intención de llevarse finalmente a la niña que a su lado seguía en ese plácido sueño, no sin antes tener la osadía de golpear la nariz de ese hombre que lo siguió con su mirar avergonzado; tratar de calmar su evidente corazón acelerado por unas tontas palabras no estaba de más.

 

— No seas bobo, la habitación del ático está disponible desde hace un mes. La dejaron organizada. — Sholmes cargó a su hija en brazos, antes de irse a su merecida hora del sueño decidió bromear una vez más con el invitado. — Del mismo modo la invitación sigue en pié, no seas tímido. En fin, buenas noches Barok.

 

 

Sin mencionar palabra alguna, el denominado Reaper de Bailey siguió al otro hombre con su mirar hasta perderlo de vista, esperando justamente aquél momento para aliviar sus propios sentimientos, dejar que la vergüenza se apodere de si mismo después de su evidente fallo para ocultarla. El hombre miró el violín que sobre el sofá a su frente quedó en soledad, llevó una de sus manos al pecho ese maldito intento de querer calmar su acelerado corazón y a su vez de maldecir internamente a la persona que lo dejó en ese estado de completa mediocridad.

 

— Estúpido. — Susurró finalmente antes de escapar a los aposentos en el ático. Su intención era ir a dormir y no tener que pensar más en lo ocurrido ese pequeño lapso de tiempo.