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Te amo

Summary:

En el pasado, Ajax buscaba ser amado. Pero en cuanto Tartaglia se convirtió en una máquina de guerra, supo que el amor no era para el, que nadie lo querría lo suficiente. Al menos hasta que su corazón cayó en las manos de un hombre abandonado por los dioses, y su tristeza se convirtió en amor.

Notes:

ODIO que este fanfic parezca tartali por las primeras 1200 palabras, lo aborrezco. Profundice demasiado en la herida del pasado que no supe cómo continuar el pantaru en los primeros momentos, lol. Me disculpo por lo estúpido que puedo llegar a ser, haré un mejor pantaru en el futuro. ¡Gracias por leer!

Work Text:

Childe odiaba una cosa, y eso, era enamorarse. Por mucho que diera lo mejor de si mismo, ya sea de adulto o de niño, parecía que sus sentimientos nunca eran suficientes. Cuando Childe era joven, había tenido un crush con una de las niñas más bonitas de su pueblo. Le llevaba las pocas flores existentes en Snezhnaya, e incluso le escribía cartas. De vez en cuando, salía a pescar con su padre para darle regalos a la madre de esa joven. Pero sus sentimientos nunca fueron recíprocos, y Childe lo sabía. La joven se emocionaba hablando de uno de los chicos guapos, y Childe la escuchaba con una sonrisa en la boca, haciendo sus sentimientos de lado. Cuando creció y salió del abismo, nadie lo amaba. Todos tenían miedo de él por su conducta violenta, y sus propios padres lo mandaron al ejército, junto a los fatui.

Con el paso del tiempo, Childe entendió que nadie lo amaría jamás. Se había resignado, entendía a la perfección los motivos de la gente. Solo que de vez en cuando, Childe sentía la necesidad de ser amado, quería recibir mimos y tener alguien a quien esperar en casa, quería poder sentir la misma emoción que los humanos normales experimentaban, quería ser aceptado. Muy por dentro, Childe quería recibir ese amor que se arrebato de su vida al caer al abismo. Pero él no era normal. Él no merecía lo que buscaba, él no merecía la compasión de la gente. El pequeño Ajax creció, y se convirtió en el adulto Childe, quien actuaba de forma infantil de vez en cuando a causa de tener que haber madurado demasiado rápido.

Tartaglia, por otra parte, era un guerrero fuerte y con sed de sangre. Dejo de tomarle importancia a sus sentimientos, buscando complacer únicamente a la Tsaritsa, su reina, y quién le dio un lugar al que “pertenecer”. O eso se obligaba a pensar. A pesar de todos los años que pasó con los fatui, sentía que no pertenecía a ellos. Los odiaba, odiaba su trabajo, y más se odiaba a si mismo. Cuando Ajax era pequeño, soñaba con ser un aventurero como su padre, pescar y contar historias a los niños del pueblo. Cuando Childe creció, terminó siendo un criminal, una persona sin escrúpulos que mataba por órdenes de su arconte. ¿Era ese su destino? ¿Era esa su realidad? Tartaglia no lo sabía. Childe buscaba un lugar al que pertenecer, pues su mismo pueblo no era más que una broma. Los ancianos habían visto su rebeldía de joven, y no era aceptado en ese lugar más que por sus hermanos menores, razón por la que fingía llevar una vida normal. Los fatui eran despreciables, y esa organización era definitivamente todo lo contrario a un lugar al que pertenecer. Cuando conoció Liyue, sus paisajes y su gente, empezó a sentir que había gente que lo aceptaba. Al menos hasta que tuvo que poner en marcha su plan, traicionar a los únicos que confiaron en el, y tener que recurrir a su último recurso, despertar a Osial.

Vaya sorpresa se llevó cuando el arconte, quien estaba vivo, no apareció para rescatar su nación. Pero más sorpresa tuvo cuando se enteró que el arconte al que llevaba meses buscando, no era otro que su mejor amigo, su compañía y su hogar: Zhongli.

Childe había sido lo suficientemente tonto como para enamorarse de un habitante de Liyue. Pero no podía culparse, después de todo, ¿Quién no lo haría? Childe había estado solo toda su vida, sin nadie que le mostrará interés o siquiera preocupación por su persona. Cuando conoció a Zhongli, pensó que simplemente se hablarían por beneficio mutuo. Pero entre más conocía a esa persona, más sentía que por fin había encontrado a quien merecía, a quien su corazón necesitaba. Escuchando las baladas de Liyue, no podía evitar que su corazón latiera rápidamente.

Zhongli, era, de hecho, una de las mejores experiencias en su vida. Zhongli fue quien permitió que Childe se integrará en Liyue, quien le dio un lugar al que regresar y quién abrió sus horizontes. A pesar de todo, Zhongli no lo juzgo por sus orígenes, y estuvo dispuesto a darle una oportunidad. Le enseño la cultura de Liyue, le enseño que podían ser amigos sin esperar nada el uno del otro. Y es por esto que, al final del día, Childe empezó a sentirse suficiente. Childe Sintió que tenía un lugar al que regresar, y que ese lugar era Zhongli.

Cuando miraba a sus ojos, podía ver el afecto y cariño que se tenían mutuamente. Childe estaba enamorado, muy enamorado para ser exactos. De solo pensar en Zhongli, una sonrisa se formaba en su rostro mientras deseaba escuchar su voz una vez más, escuchar las historias que el contrario tenía para contarle, conocer sus gustos y observarlo a la distancia. De vez en cuando, Zhongli observaría por más tiempo del usual una reliquia antigua, y Childe terminaría comprándola, pues no podía fallarle a esa persona que le daba una nueva chispa a su vida. Su mundo se cayó el día que descubrió su verdadera identidad.

Childe sabía muy bien que cada persona tenía un secreto que ocultar, y no le molestaba el hecho de que Zhongli le mintió sobre quien era realmente. Lo que le molestó, es que Zhongli sabía lo importante que Liyue se había vuelto para Childe. Zhongli sabía los planes de Childe, y sin embargo, no lo detuvo. Zhongli dejo que Childe rompiera ese lazo sagrado de amistad que tenía con la gente de Liyue, y eso significaba que, a su vez, renunciaba a su amistad con Childe. Renunciaba a ser el hogar de Childe, renunciaba a todo el tiempo que pasaron juntos, y entonces, eso significaba, que Childe no represento nada en su vida.

A diferencia de lo que Childe pensaba, Zhongli no comprendía esa conexión que tenían. Childe creía que todas sus acciones significaban algo, creía que las palabras de Zhongli estaban intencionadas a darle un lugar al que pertenecer, y creía que sus gestos era una forma de demostrar su aprecio, incluso si no era dicho verbalmente. Pero cuando lo vio entregar su gnosis, cuando lo vio terminar el contrato con Signora, entendió que las acciones de Zhongli eran solo las de una persona normal. No había nada detrás, no había afecto, y para peor, sus sentimientos no eran correspondidos una vez más. No había ese algo “especial” que juro ver más de una vez. Si bien admitía que quizá Zhongli sentía aprecio, no era ni la mitad de profundo que lo que sentía Childe.

Childe veía en Zhongli a su persona destinada. Veía en Zhongli el amor que nunca le fue concebido, un amor mutuo y sagrado, un amor que consistía en la comunicación, el tiempo juntos, el respeto y la admiración. Pero para Zhongli, Childe era solo un amor pasajero. En su larga vida, Zhongli había perdido a muchas personas, y sabría que en algún momento, Childe se iría también. ¿Cuál era el propósito de aferrarse tanto cuando no estarían juntos para siempre? Disfrutaba el tiempo juntos, pero tenía que soltar en algún momento. Pero Childe no quería soltar.

Ajax estaba aferrado. Aferrado a lo que el arconte le ofrecía. Estaba aferrado a esas mañanas donde hablaban sin parar, aferrado a esas noches en las que iban al teatro de Liyue y reían juntos, y aferrado al sentimiento que tuvo cuando se dio cuenta que estaba enamorado. No quería aceptar que con el tiempo, parecía que Zhongli se distanciaba. Después de todo, habían dejado de hablar con tanta frecuencia, Tartaglia tenía cosas que hacer, y Zhongli no lo buscaba. Pensó, en sus adentros, que Zhongli era comprensivo y no lo quería molestar.

Pero la realidad es que Zhongli ya estaba dispuesto a dejar ir ese amor pasajero. Zhongli estaba dispuesto a perder a Childe, pues ya lo sabía desde antes. Su amistad no sería más que eso, una amistad disfrazada de amor. Ajax quería y necesitaba que Zhongli luchará por su afecto, por su atención. Pero eso no sucedió.

En cambio, cuando salió del banco del Norte esa mañana, Zhongli ni siquiera fue detrás de él. A partir de ese día, nunca más se volvieron a hablar. Childe evitaba frecuentemente cualquier lugar que le recordaba al contrario, mientras Zhongli iba a revivir las memorias con una mirada de nostalgia en su rostro. Pudo haber cambiado las cosas, pero no tenía la fuerza ni ganas de luchar. Prefería dejar que todo se acabará lentamente, y en algún momento, arrepentirse sin sufrir tanto como iba a sufrir si luchaba por ese amor que había desarrollado hacia Childe. Luchar significaba tener valentía, significaba tener esperanza. Pero el sabía cómo terminaban las cosas. Mentirse a si mismo no lo llevaría a ningún lado, y parecía que Childe pensaba lo mismo, pues ninguno de los dos se volvió a buscar. Ambos podían vivir sin la presencia del otro, pero…

Zhongli podía vivir sin conocer a Childe, pero Childe no podía vivir sin conocer a Zhongli.

Para Ajax, quien tenía poca experiencia en un amor real, un amor sincero y correspondido, conocer a Zhongli le hizo darse cuenta que quizá, si merecía afecto. Desde su infancia, Ajax había decidido que el no merecía ser amado. Zhongli le demostró lo contrario, le demostró que el mundo podía otorgarle algo de cariño de vez en cuando. Incluso cuando el cuento de hadas acabo, Childe no se sentía tan vacío como antes. Había encontrado una prueba de que no todo era su culpa, y había encontrado la forma de amar sin dañarse a sí mismo. Incluso cuando nunca fueron nada, Zhongli había sido una experiencia que no olvidaría jamás. Él conocerlo lo cambio para siempre, y le hizo amarse a si mismo. Al menos un poco más que antes.

Zhongli, por otra parte, había tenido un gran primer amor. Ya sabía los problemas de amar, e igualmente abrió su corazón una última vez, antes de cerrarlo. Se dejó amar y decidió amar, por al menos un tiempo. Lo sabía muy bien, no todo era para siempre, pero deseaba que la memoria de Childe fuera para siempre. Lo que alguna vez llegaron a ser y lo que no pudieron ser, apreciaba eso con todo su corazón. Decidió no continuar, pues no estaba listo para luchar por algo que le generaba temor. Zhongli se repetía a si mismo, si no conocía a Childe, seguiría atascado en lo mismo. Pero, ¿Era tan malo?

La respuesta era simple. No lo era. Podía estar perfectamente sin Childe, pero decidió abrirse para cambiar. Y estaba agradecido por todo.

Es por esta razón, que no se odiaban. Se recordaban con nostalgia y seguían sus caminos. Pero Childe tenía una larga vida por delante, e incluso cuando su corazón moría de tristeza al recordar su viejo amor, su corazón también buscaba volver a sentir esos fuegos artificiales bajo el teatro de Liyue. La diferencia es que está vez, no se enamoro de alguien dulce y suave, está vez, se enamoro de un hombre frío, calculador, posesivo e incluso manipulador. Ajax pensaba: ¿Cómo habían terminado las cosas de esta manera? ¿Cómo se había enamorado de un hombre así? Pero la respuesta era más sencilla de lo que parecía. A diferencia del pasado, cuando se enamoro de las dulces palabras sin acciones, está vez se había enamorado de las acciones sin palabras.

El unevo amor de Childe cumplía sus deseos sin decir nada, mostrando de esta forma que las palabras y acciones de Childe eran recordadas para hacer cada pequeño regalo. Lo cierto es que, lo que Childe más amaba, era que sus palabras fueran recordadas. Le gustaba recibir atención, le gustaba saber que significaba algo en la vida de alguien más. Y cuando Pantalone, de sus compañeros de trabajo, de los fatui, empezó a darle regalos de vez en cuando como “una forma de entablar amistad”, no pudo evitar que la felicidad inundara su cerebro por días. Incluso cuando sabía que solo era una táctica de Pantalone para tenerlo bajo su control, el sonrojo en sus mejillas no desaparecía cuando recibía un regalo nuevo. Childe odiaba estar enamorado, se volvía un estúpido que buscaba atención de todas las formas posibles.

Pero, ¿No era bueno ser de esta forma a veces? ¿No era natural ser humano y dejarte engañar por pequeños dulces? Ajax era todavía un niño, uno que buscaba ser amado y apreciado por los adultos alrededor de él.

Es solo que Ajax había crecido sin ningún tipo de amor, es solo que Childe seguía queriendo ser apreciado al menos por unos meses. Tartaglia, el gran guerrero que seguía fielmente a la Tsaritsa, admiraba a las personas fuertes. Y la fuerza no era solo medida en base al físico, la fuerza también era medida en base a las capacidades mentales. Odiaba lo molesto que Pantalone podía llegar a ser con sus estúpidos acertijos fastidiosos solo para obtener una carta, odiaba lo manipulador que era Pantalone y como se aprovechaba de la gente inocente para obtener lo que quería, pero a pesar de lo mucho que lo odiaba, admiraba su capacidad para generar conflictos sin mover ni un dedo. Si las palabras de un hombre son tan poderosas, ¿Cómo es que Pantalone era tan débil? Tartaglia odiaba a los débiles sin voluntad, pero Pantalone era distinto.

A pesar de que Pantalone era muy débil físicamente, Pantalone era capaz de luchar usando lo que tenía a favor, y de ser necesario, el mismo daría dos o tres golpes a la vez. Pantalone no se rendía, y eso lo hacía miserable, pero…Por alguna razón, eso era lo que más le gustaba a Childe. Ajax admiraba la fuerza mental que tenía Pantalone, Tartaglia lo detestaba por su debilidad y por qué sabía que en algún momento, Pantalone simplemente se rompería y moriría a causa de su inestabilidad. Pero Childe, ¿Qué pensaba Childe? Ni siquiera el mismo Childe lo tenía claro.

Childe veía en Pantalone una sola palabra: Enigma. ¿Qué tipo de intenciones tenía Pantalone con el? No lo sabía, pero tampoco le importaba descubrirlo. Si iba a ser usado, ¿No estaría bien dejarse consentir unos meses, años, o lo que fuese necesario? Si Pantalone quería algo de él, Pantalone ya lo habría pedido. Pero ese era el problema. Pantalone no pedía nada a cambio, y lo único que obtenía de Childe eran insultos o miradas confundidas, sin siquiera un gracias. Parecía que eso era lo que le gustaba, pues no reclamaba ni decía nada, e incluso a veces, se reía genuinamente, cubriéndose la boca mientras se sujetaba el estómago con un confundido Childe mirándolo sin entender que pasaba por su cabeza.

Cuando Pantalone hablaba de sus negocios, empezaba a decir palabras complicadas sobre sus teorías del mundo. A Childe le costaba entender, por no decir que no entendía nada. Pero Childe hacia lo posible para agregar comentarios, para escucharlo y entenderlo, e incluso a veces, por cuenta propia, buscaría en libros lo que Pantalone decía para poder hablar del mismo tema el día siguiente. Quizá fueron esas acciones las que hicieron que Childe empezará a considerar a Pantalone como algo más que un compañero de trabajo.

Childe se sentía cómodo alrededor del mayor, aprendiendo esas palabras complicadas que odiaba, aprendiendo sobre la forma en que Pantalone trabajaba, y sobre todo, aprendiendo de Pantalone. Aunque el hombre era un enigma andante, Childe se sentía feliz a su lado. Cuando empezó a darse cuenta de que era amor, Childe dejaba que el frío de Snezhnaya le diera directamente en la cara, intentando asfixiarse en la nieve con enojo hacia si mismo. Amar era para estúpidos, eso es lo que Tartaglia pensaba. Pero Ajax deseaba ser amado, mientras que a su vez, Childe no sabía que quería.

Conforme los días pasaban, su corazón empezaba a latir con mayor fuerza, indicando su amor a Pantalone, hasta que finalmente estalló mientras Pantalone dormía en su escritorio debido al cansancio. Pantalone era guapo, a pesar de todo. Guapo, inteligente, manipulador, obsesivo y molesto como el carajo. Pero también era un hombre misterioso, que se preocupaba por Childe a su manera, y le daba regalos cuando se sentía en el mood de hacerlo. Verlo dormir de esta forma, verlo vulnerable de esta forma…Era la primera vez que interactuaban de una forma tan cercana sin realmente interactuar. Childe miro con curiosidad como los labios de Pantalone estaban levemente separados, como su respiración movía suavemente los papeles alrededor suyo, y como por primera vez, sentía que estaba en un lugar seguro. Ajax suspiro, y se dejó llevar por sus emociones una última vez.

“Pantalone, te detesto. Espero que un día mueras…” susurro Childe “Pero te amo demasiado como para dejar que eso suceda. Eres un dolor en el culo…solo los estúpidos trabajan con Dottore o con los fatui. Pero, incluso si eres el ser más malvado que existe, no puedo evitar suspirar con nostalgia cuando te veo…Estábamos destinados, ¿No crees? Jaja. Estoy loco, no me hagas caso…” hablo Ajax, antes de suspirar y levantarse de su asiento “Duerme bien” fueron sus últimas palabras cuando finalmente tomo la decisión de dejar la oficina de Pantalone.

Childe estaba enamorado, y sabía que ese amor podía no ser correspondido. Pero a diferencia de su viejo amor, que no fue más que un capricho, está vez no se sentía triste. Fuera amado u odiado por Pantalone, Childe estaba más que feliz. Después de todo, ¿Había una razón para ser normal en un mundo de locos, como eran los fatui? Childe pensaba que no. Es por eso que, tomo un papel, y empezó a planear su viaje a Fontaine como una forma de distraerse. Pantalone seguiría esperando por el una vez regresará, y volverían a su pequeño juego del gato y el ratón, dónde ninguno tenía claro quien era quien. Quizá, está era la mejor forma de amar. No, más bien. Esta era la mejor forma de ser amado para alguien como él.

Si Childe quería, mostraría afecto, y si no lo deseaba, no tenía por qué. Lo mismo aplicaba para Pantalone, quien era de todo menos coherente con sus sentimientos. Ambos conocían sus debilidades, podían deshacerse el uno del otro si eso deseaban, pero simplemente no querían. A pesar de que estaban acostumbrados a pelearse, también podían estar en un silencio cómodo, o en una ruidosa habitación llena de besos. Se odiaban, se amaban, y se necesitaban. Childe necesitaba ser amado, pero sin ser visto como frágil. Pantalone, por otra parte, quería tener una compañía que cambiara su forma de ver las cosas, quería tener un pequeño secreto y una posesión que en cualquier momento pudiera desaparecer de sus manos. Quería tener algo precioso, y ese algo, era el amor. Amar era completamente extremista. O vivirás en la felicidad absoluta, o vivirás sumido en una depresión profunda de la que no puedes salir. Esa emoción de no saber lo que le esperaba en el futuro era suficiente para hacerlo feliz. Y si amar era de locos, ¿Qué había de malo de amarse entre locos? Childe era un estúpido que no tenía el autoestima suficiente como para saber dónde pertenecer, y Pantalone estaba aburrido de una vida llena de soledad. Childe usaba a Pantalone como un recurso para sentirse amado, pero Pantalone lo usaba para no sentirse solo. Estaban a mano.

O eso pensaba Childe. Al menos hasta que se dio cuenta de lo mucho que extrañaba a Pantalone, de lo mucho que extrañaba esas conversaciones extrañas en la madrugada cuando Pantalone estaba ocupado revisando documentos y Childe no tenía nada que hacer. Mientras Childe tomaba sus vacaciones en Fontaine, no pudo evitar sentir su corazón partirse en pedazos cuando veía el banco del norte y recordaba esa sonrisa falsa de Pantalone. No podia evitar querer regresar a Snezhnaya, no podía evitar extrañar las palabras venenosas que le daba el hombre mayor como advertencia, o sus susurros suaves en la noche cuando hablaban de cosas sin sentido. Lo cierto es que, entre más lejos estaban, más necesidad tenía Childe de confesar su amor de una buena vez. Pensó que sería un viaje relajado dónde estaría feliz consigo mismo, pero muchas cosas pasaron y fue de todo menos eso. Cuando finalmente tuvo la oportunidad de regresar, se dirigió inconscientemente a la oficina de Pantalone, dónde estaba él. Las miradas se encontraron, y Tartaglia se sintió ansioso, sin saber por qué.

“¿Fue divertido tu viaje, Ajax?” en medio de la frialdad de Snezhnaya, se escucharon aquellas palabras resonar en el pasillo “Pensar que eres tan malagradecido como para no despedirte de mi, dejándome aquí, solo…” Pantalone sonrió, colocando una mano en su pecho dramáticamente “No sabes cuánto me hieres, mi pequeño Ajax..”

“Cállate. ¿Te he dicho que eres molesto? Eres mejor cuando no abres la boca” Childe se acercó al hombre, sin saber que decir o hacer después de ello.

“Oh, ¿En serio? Es una lastima, me gusta hablar” Pantalone soltó una risita, y la sonrisa en su rostro desapareció, convirtiéndose en extrema frialdad “Pero siempre vuelves a mi, ¿No es así? Incluso cuando finges odiarme y aborrecerme, terminas viniendo a mi oficina, como un cachorro incapaz de dejar a su dueño. Quizá…¿Debería ponerte un collar y pedirte que ladres?”.

Childe rodó los ojos, tomando a Pantalone del saco y acercándolo a su rostro hasta que sus respiraciones chocaban de forma molesta “Entonces debes educarme mejor, por qué a mí no me gusta llevar un collar. Soy un alma libre, y tu eres un abuelo encerrado en este lugar sin salir a ningún lado”.

Pantalone abrió los ojos en sorpresa, antes de sonreír con malicia “Ay, ay…¿Desde cuándo eres tan atrevido? ¿Quién te enseño estos modales en Fontaine? Quizá debería volver a educarte de nuevo, mh…” tomando a Childe de la cintura, Pantalone acerco aún más sus cuerpos, el ambiente volviéndose cada vez más extraño “No me gustan los chicos maleducados después de todo”.

Childe miro los fríos ojos de Pantalone, y posteriormente dirigió su mirada a esos malditos labios que solo sabían sonreír de manera escalofriante. Su corazón latió rápidamente, su mente desviándose a sus emociones, y por primera vez, Childe fue el primero en dar un beso. Pantalone se quedó quieto, procesando las cosas, hasta que soltó una risita tonta, profundizando en las acciones que Ajax había empezado. Las respiraciones subían su calor cada vez más, con la mano de Pantalone abriendo la puerta de su oficina mientras caminaba hacia atrás para entrar en la misma. Cuando el beso termino, Childe fue el primero en hablar.

“Te extrañe. Y no lo digo de la forma en que tú piensas. Pantalone, yo…”

Pantalone sonríe, y vuelven a juntar sus labios una vez más.

“¿Te estás enamorando? Quizá debería recordarte que el primero en no querer más que una relación carnal, fuiste tú” sus manos viajan a través de la ropa de Childe, quitando el gran abrigo de Childe para dejarlo caer en el suelo.

“Cállate, ya lo se. Por eso es que…Ugh..” Childe maldice y baja la mirada “Sabes lo que quiero”

Pantalone sonríe, mientras piensa “claro que lo sé, es lo que quería” pero no dice nada más, bajando su rostro hasta el cuello de Childe para jalar la suave piel del joven en un beso. Childe jadea, perdiendo la fuerza en sus piernas mientras intenta mantener la cabeza fría.

Pero es jodidamente difícil, más cuando Pantalone había dedicado todo su tiempo de “relacion” buscando los puntos de débiles del más joven. Acompañado de una pequeña risita, Pantalone decide romper el silencio “Si no me lo dices directamente, haré como que no te escuché” sus manos bajan lentamente, tocando la cadera de Childe, sus fríos guantes provocando un espasmo en el cuerpo contrario “He tenido muchos clientes que han querido cambiar lo que establecimos originalmente en nuestros contratos, y se cómo lidiar con ellos. Si no me dices lo que quieres, entonces no tendré más remedio que mantenerme firme en mi palabra”.

“Pero yo no soy un cliente, yo soy…” un jadeo interrumpe su habla, cerrando los ojos “Pantalone, por favor…Ugh. Eres un maldito. Yo…quiero tener más que solo sexo contigo” Childe pide, sus manos entrelazándose con las de Pantalone “Quiero una relación oficial, tener citas contigo y toda esa mierda”.

Pantalone no detiene sus acciones, pero la sonrisa en su rostro delata lo feliz que le hace escuchar esas palabras “¿Y a qué se debe el cambio de actitud? Recuerdo ser rechazado vilmente las veces que te ofrecí una relación”.

“…Me enamore. ¿Contento? Me enamore de ti, y te amo. Si no quieres aceptar la oferta, entonces…”

Pantalone interrumpe “¿Por qué dejaría ir un trato tan especial? Obviamente acepto. Pero entonces, debes seguir mis normas, y digamos que…” Pantalone muerde suavemente la piel de Childe una vez más, dejando una marca de color rojizo “…soy un hombre particularme celoso. Si fuera por mi, desde el día en que captaste mi interés, te hubiera tenido encerrado en este lugar. Ambos habríamos evitado muchas cosas, yo habría evitado perder tanto dinero en regalos que no eran para mí, y tú hubieras evitado caer en las manos de un arconte que no es el nuestro. Pero soy leal a nuestra Tsaritsa, así que no pude hacer eso”

“¿Entonces que planeas? Todavía no puedes mantenerme encerrado, soy un arma de guerra” Childe sonríe, bajando sus manos a sus pantalones “Y tampoco soy una de tus posesiones”.

Pantalone detuvo sus acciones, y miro con molestia a Childe, gruñendo mientras tomaba el rostro del contrario en sus manos. “¿No lo eres? Tengo más control sobre ti de lo que tú tienes sobre ti mismo. Debo educarte, para que sepas a quien perteneces. Debes tener cuidado con tus palabras de ahora en adelante, Ajax” por primera vez en la noche, Childe se rio, la adrenalina recorriendo su cuerpo mientras Pantalone lo besaba con posesividad.

“Me encanta cuando te pones así, ¿Sabes? Me aburren tus juegos tontos” Childe dijo, Pantalone sonriendo “Enséñame entonces.”

“Qué niño tan maleducado. Pero no te preocupes…Se cómo educar a estúpidos como tú. Todo lo que necesito es una noche…y que seas un poco desobediente. Ajax, ¿Toleras perder sangre mientras tienes sexo?” Pantalone pregunto, abriendo uno de sus cajones. Childe asintió, y Pantalone sonrió con malicia “Entonces podremos divertirnos. Mh…ya que ahora eres mi pareja, si algo no te gusta, dímelo y me detendré, ¿Está bien?”

“Oh, ¿Así que ahora por fin me respetas como ser humano? Debería recordarte que las sesiones pasadas no fuiste muy suave que digamos”.

“No es respeto, es aprecio. No querrías que tu juguete favorito se rompiese después de usarlo una vez, ¿No?” Childe rodó los ojos “No fui suave, pero tampoco rudo. Está noche te demostraré lo que es ser rudo. Oh, y por cierto” Pantalone sonrió, acercando su rostro al de Childe, susurrando “Te amo”.

Las mejillas de Childe se colorearon de carmesí mientras miraba a otro lado, susurrando un “cállate” para después besar con cariño al hombre mayor. Pantalone se rio suavemente, y la noche comenzó. En medio de la fría noche, sonidos obscenos se escuchaban mientras dos corazones se unían y se dejaban consumir por el veneno del amor. En la fría noche de Snezhnaya, se escuchó la sinceridad de un hombre abandonado por los dioses, y la sinceridad de un niño que cayó al abismo, susurrar en distintos momentos unas palabras que juraron no decir nunca más.

“Te amo”