Work Text:
Septiembre de 1983.
¿Hay algo hermoso en las bibliotecas? ¿Lo sabías?
Desde hace mucho me gusta refugiarme entre sus estantes, donde no hay ojos para juzgarme, solo soy yo y los libros que me rodean.
¿Conoces la historia del ciervo?
Es mi cuento favorito desde muy pequeña, cuenta la historia de un pequeño ciervo que creció y se convirtió en el líder de su manada. Pero, sabes qué es lo que más me gusta de estos majestuosos animales; es el cómo caminan, con la cabeza en alto mostrando el tamaño de sus astas, mirando al frente, orgullosos de ellos mismos con su cornamenta como una corona demostrando como los reyes fuertes y orgullosos que son.
A veces dijo que mi mente divague y me convierto en un pequeño cervatillo, corriendo por la pradera o los bosques, incluso saltando sobre los riachuelos que me encuentro en el camino; me dejo llevar por esa fantasía cada vez que se ríen y se burlan de mí.
Me siento y digo: "Estoy en la pradera muy lejos de aquí. Estoy en la pradera corriendo feliz."
—Pero a quién le importa— digo mientras cierro el libro de la biblioteca— al final no estoy allá y todo es una mera fantasía.
¿Sabes? Una vez intenté salir de mi burbuja…
Un día una chica se me acercó y habló conmigo, (no hubo insultos) realmente habló conmigo.
Ella era brillante, con su piel azúcar morena y cabello dorado como el sol.
Parecía que no le importaba la horrible marca, esa cicatriz que me marcó en el pasado; que mi abuela y yo misma odiaba verlo.
Pero a ella no le importaba, me miró con ternura y me habló con naturalidad; le hable de mi escondite y de mi sueño de ser un orgulloso ciervo. Ella me contó de sus sueños, el de ir al cielo y ser parte de las estrellas.
La admiraba, la quería, la amaba…
Pensé que sería diferente esta vez. Pero un día la escuché, llamarme horrible, monstruo, asquerosa, como siempre me habían nombrado. La oí oculta tras la puerta mientras hablaba mordazmente de mí con alguien más.
No pude más, corrí hasta la playa de mi ciudad, corrí lo más lejos que pude hasta que ya no quedaba arena bajo mis zapatos. Siguiendo por camino de piedras hasta la orilla y grité, grité de impotencia, de dolor y decepción. Lloré hasta que mis ojos quedaron secos y la garganta adolorida de mi gemir.
Solo la luna fue testigo de este acontecimiento, sólo las aguas conocieron el dolor de mis lágrimas.
Por eso ya no importa, esa noche me prometí ser valiente, no dejar que nadie me lastimara y si tenía que sufrir por la soledad. ¡Entonces que mi alma fuera absorbida por la oscuridad de la melancolía! Un día volveré orgullosa enseñando mis astas, como una corona mostrando quién soy. O hasta que un día me visite mi amiga de velo negro, y me llevé de paseo por sus jardines para jamás volver.
¿Dónde estás pequeño Ciervo? Lo siento, ¿Dónde estás mi pequeño ciervo?, Nunca quise decir eso.
Vuelve. Vuelve. Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.
Corre conmigo pequeño ciervo, vuelve conmigo.
Cuéntame otra vez de tu escondite. Sonríe una vez más para mí.
Vuelve. Vuelve.Vuelve.Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve.Vuelve. Vuelve. Por favor. Por favor, vuelve conmigo otra vez.
Perdoname, Perdoname, Perdoname, Perdoname, Perdoname,
Perdoname Susan.
Te amo.
Solo el mar y las estrellas fueron testigos de los lamentos de Miranda, cuando su querida se volvió parte de las estrellas.
