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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-09-07
Words:
1,077
Chapters:
1/1
Kudos:
8
Hits:
195

Un Pequeño Malentendido

Summary:

A veces debes guardar algunos comentarios frente a tu pareja, así estos sean buenos.

Notes:

Para el #ArgpeDays
Disculpen chicxs siempre llegó tarde a los eventos 😭😭😭

Work Text:

Regresar al colegio después de unos meses era como empezar de nuevo.

Era reencontrarse con amistades, retomar tareas, y, si el destino lo quería, enredarse otra vez en un amor no correspondido. Claro, también era ponerse al día con todo... pero sobre todo con sus primas. A pesar de que no había pasado tanto tiempo, ver de nuevo el patio escolar, la zona de atletismo, y las plantas renovadas le provocaba una sensación familiar y cálida. Sentía que era un nuevo comienzo. Lo presentía. Y más aún con su reciente cambio de look.

Daniela se había ido hace casi un año, y ahora volvía justo en primavera. Caminaba por los alrededores con paso pausado, observando a los chicos jugar fútbol, otros en el área de básquet... y luego, con decisión, fue directo al campo de vóley, ubicado en el patio trasero. Lo buscaba a él. Pero no estaba. Y, por supuesto, no iba a estar. Miguel no se encontraba ahí.

Sin embargo, eso no la desanimó. Sabía perfectamente que si el peruano no estaba en esa zona, solo podía estar en un lugar: con su prima. Así que se apresuró hacia el único sitio donde su prima siempre se refugiaba, ese que consideraba casi sagrado, un espacio de paz y comodidad solo para ella.

Doblando la esquina de la zona deportiva, Daniela divisó una vieja escalera que llevaba a los laboratorios de química. Sabía bien que ese era el escondite de su prima cuando buscaba privacidad. Solo esperaba encontrarlos hablando. Nada más. No estaba lista para ver algo que preferiría no haber visto, no en su primer día de regreso.

Y ahí estaban. Subiendo los escalones, los vio.

Martina estaba recostada sobre las piernas de Miguel, quien le acariciaba el cabello, peinándolo suavemente entre risas. Ella intentaba apartar su mano, sonriendo sin éxito, mientras él se burlaba con ternura.

—Migue, para con eso, me lo estás desordenando —decía Martina, divertida.
—No, está demasiado suavecito, en serio, me gusta.
—Si lo seguís tocando va a dejar de ser suavecito —le respondió ella, sonrojada.

Daniela se sintió una intrusa, espiando un momento que no le pertenecía. Aun así, le alegraba ver a su prima tan feliz, tan despreocupada. Pero sabía que debía interrumpir.

—¡Tina! —gritó desde la base de la escalera.

Miguel detuvo de inmediato sus caricias. Martina se incorporó, sorprendida, y, al ver quién era, bajó casi corriendo los escalones para abrazarla con fuerza.

—¡Carajo, Dani! ¿Por qué no me avisás que venías hoy? —preguntó riendo, sin soltarla.
—Era una sorpresa.
—Y qué sorpresa, boluda, ¡te extrañé un montón!
—Yo también. Tengo tanto que contarte.

Daniela miró de reojo a Miguel, que ahora la observaba con sorpresa y una sonrisa sincera.

—Hola, Migue.
—Dani... —respondió él, relajado—. Perdón, en serio no te reconocí. Estás... —hizo una pausa, eligiendo bien las palabras—. Estás muy bonita. Has cambiado mucho, ¿no, Tina?

Daniela no se esperaba ese comentario, y mucho menos delante de su prima, quien, como bien sabía, no era precisamente la más tolerante en temas de celos.

—Sí, Miguel, como todos cambiamos —respondió Martina, conteniendo una molestia evidente. La única mujer bella para su novio debería ser ella, no otra. Ni siquiera su prima.

—No, pues Tina, tu prima está irreconocible.
—Gracias, Miguel. Pero Tina también está demasiado bonita, como siempre —dijo Daniela, tomando la mano de su prima, quizás como intento de calmar el ambiente—. Prima, estás despampanante.
—Obvio, como siempre, primita. Alguien tiene que dejar el nombre de la familia en alto.
—Y tu ego sigue siendo altísimo... pero así te quiero —le respondió, sonriendo—. ¿Verdad, Migue? ¿Y tu hermano?

Martina la miró con el ceño fruncido.

—¿Es en serio, Dani? —preguntó con un tono que no dejaba lugar a dudas sobre su incomodidad.
—Tina, déjala —intervino Miguel, intentando suavizar el momento—. Está en la casa. Ve, seguro se alegra al verte.

—Está bien. Nos vemos, chicos.
—Chau, Dani. Cuídate —dijo Miguel.
—En la noche te espero. Necesito hablarte —añadió Martina.
—Claro. Nos vemos en tu casa.

Y con eso, Daniela se alejó.

—Martina, ¿por qué sigues parada ahí? Sube —le dijo Miguel.
—Así que muy bonita, ¿no?
—¿Qué? —respondió el peruano, desconcertado.
—Te hablo de Dani, pelotudo.
—Ah, Dani... sí, la has visto, ¿no? Creo que por fin te hizo caso con lo del maquillaje y los atuendos. Y ese alisado... le acentúa el rostro. ¿No lo crees?

Martina lo miró fijamente.

—¿Estará suavecito también? —preguntó con ironía—. Porque a ti te gusta así, ¿no?
Miguel no supo qué decir.
—Dime, cariño... ¿ella es más bonita que tu novia?
—¿Qué?
—Pelotudo, acabo de preguntarte si ella es más bonita que yo, tu novia.
—Tina, yo no he dicho eso.
—Sí lo dijiste. Y delante mío.
—Vale, sí... pero no de la forma que insinuás. Tu prima está bonita, pero tú eres hermosa. Sabés que siempre luces fascinante.
—No lo parecía...
—¿Estás celosa?
—¿Yo? ¿Celosa? ¿Acaso me has visto? —dijo señalándose con ambas manos—. Vos deberías estarlo. Tenés la suerte de tenerme.
—Solo dije que parecía...
—Es tu imaginación. Y ahora... ¿no tenías que ir a tu voluntariado?
—No, hoy es martes. Solo voy los miércoles y viernes.
—Pues andate a cualquier lado, sorete. No quiero verte ahora.
—Pero Tina, hoy íbamos a ver una peli en la noche... ¿Recuerdas? —dijo bajando las escaleras para ponerse frente a ella.
—Pedile a la bonita de Dani que te acompañe.
—Pero si yo quiero ir con la más hermosa... del colegio, de la ciudad... del mundo entero —intentó abrazarla, pero Martina se apartó.
—Ah, no. Posta que esta vez te va a costar.
—¿Qué?
—Vas a tener que cocinarme cuando yo quiera, lo que yo quiera. Y llevarme el mate todas las mañanas.
—¿Es en serio?
—Sí. Es eso, o terminamos.
—¿Terminar?
—Sí. ¿Vos querés eso?
—No.
—Entonces ya sabés qué hacer. Y esta vez tú invitás todo: cine, pochoclos y bebidas.
—Pero dijimos que entre semana las salidas eran compartidas...
—Ay no, cariño. Como estás con la más bella, te aguantás.

Miguel solo suspiró. ¿Por qué había abierto la boca? No había vuelta atrás. Así era su novia. Y así la quería.

—Ay, Martina... eres todo un caso. Pero acepto —le sonrió.
—Voy a omitir ese último comentario. Y antes del cine, primero quiero un helado.
—Lo que sea para la más bonita —dijo tomándola de la mano, con cierta timidez.

Ella no se apartó. Se la tomó de vuelta, y juntos emprendieron el camino hacia la heladería.