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Las historias que se quedan

Summary:

Luego de mucho esfuerzo Shou por fin logra ingresar en la misma academia a la que fue su hermano. Lo que no esperaba es que la escuela parecía más que solo aulas y corredores extravagantes. Pronto se dio cuenta que formaría parte de las historias que allí se contaban.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: A las arrastradas

Chapter Text

Bajó tropezando del autobús, apenas y sentía sus piernas, tiesas; por las largas horas de viaje. Pero sí que pudo sentir la rojez de sus mejillas tras oír las risas burlonas de sus compañeros a su espalda.

Sin mirar atrás, se apresuró a dirigirse a la parte trasera del autobús uniéndose en la fila para recoger la única maleta que había traído consigo; repleta de cosas que se había dejado a último momento. 

La sacó con esfuerzo, lamentando ser tan distraído, de no ser así, tal pesada molestia habría llegado desde antes con el resto del equipaje. Con la resignación y la maleta al hombro se dirigió al tumulto de chicos que se apretujaban en el umbral de su nueva estancia, donde pasaría los últimos tres años de su vida escolar.

Desde fuera, ya se veía imponente. Con su fachada típica de la época colonial; constaba de un edificio con subsuelo y tres pisos con innumerables ventanas marcadas por pilares que condujeron su mirada hasta lo alto de los desvanes; coronados por un pronunciado techo en forma de mansarda por donde se asomaba el sol haciendo que le cosquillearán los ojos y le picará la nariz. A lo ancho le seguía un camino de duraznos secos por la estación, impidiéndole apreciar más allá.

Pero no pudo seguir admirando tal obra hecha escuela pues sus compañeros lo arrastraron a la entrada. 

A cuestas, se dejó llevar. La gente ya había comenzado a ingresar. Se acercó al arco de la entrada ornamentada con bajorrelieves y subió los escalones de mármol siendo recibido por una farola, que si bien estaba apagada fue rodeada por una sensación de calidez cuando pasó por debajo.

Como si le diera la bienvenida. 

Escudriñando la zona con aquellos ojos grandes y grises repletos de curiosidad. Ya sea por el color blanco del suelo y las paredes, el lugar le daba una sensación de increíble amplitud aún cuando estaba rodeado de gente, algo que normalmente le incomodaba y hasta le asfixiaba ahora mismo el espacio le sobraba. 

Sus ojos viajaron a las paredes adornadas por afiches que anunciaban uno que otro club, novedades de las clases, las calificaciones y hasta invitaciones a fiestas (quizás más tarde volvería a echarle un vistazo). Las voces vivaces y alegres de sus compañeros llenaron el lugar resultándole reconfortante. El ruido de los pasos, las charlas amenas, los profesores saludando a sus alumnos, todos formaban un ambiente del que empezaba a sentirse parte. 

Ya no más como antes, ya no solo. 

Se detuvo un momento cuando llegó a la suntuosa escalinata, que cubierta caprichosamente por una alfombra roja, lo llamó a subir y recorrer todo lo que le pudiera ofrecer. Y quería, pero su adolorido hombro le recordó que tenía que pasar primero por su dormitorio.

Con un pesado suspiro siguió su camino hasta las grandes puertas enrejadas que daban al patio. Cuando salió el viento le dio en toda la cara, haciendo que arrugara el ceño y apretujara sus manos en un intento de calentarse, apuró el paso queriendo ya sentir un poco de calidez.

Recorrió el pequeño patio adornado por una pequeña fuente central y alejados de este vio a los lados, rodeados por catenarias, los pasillos del primer piso. La altura del edificio le daba una apariencia de murales que lo encerraban aunque era lo suficientemente espacioso para no sentirse agobiado. Llegó a la angosta puerta de la esquina que se encontraba enfrascada con alumnos que quizás como él querrían llegar cuanto antes a calentarse.   

Tenía frío pero no se animaba a atravesar la muchedumbre, una cosa era ser arrastrado y otra estar en el centro de toda esa gente, prefirió esperar, de todos modos descansar el hombro le vendría bien.

En aquel pequeño y cerrado patio, había compañeros que pese al fresco estaban apoyados en los bordes de las jardineras, conversando a lo alto mientras las chicas les hacían coro con sus risas, simplemente pasando el rato. Algunos ya llevaban el uniforme. Saltaban a la vista distinguiéndose entre el gentío como manchas grises en un cuadro pintoresco, en sí, le pareció raro ya que las clases comenzaban recién la semana siguiente. Pero le restó importancia, quizás solo estaban estrenando el uniforme. Podía compartir el sentimiento de querer ser parte de la escuela, sentirse uno más. Aún así, por más que los miraba no podía explicarse el porqué los sentía diferentes al resto; emanaban un aura inusual, y aunque hablaban a viva voz nadie les prestaba atención, no miraban ni por casualidad.

Como si no estuvieran.

-¡Ay! ¡No puede ser!

El chillido lo sacó abruptamente de sus pensamientos, a unos metros, un grupo de chicas rodeaban a una compañera más pequeña que revolvía su mochila.

—¡No está! Es la segunda vez que me pasa —murmuró entre dientes, tirando la mochila al suelo.

—Eso te pasa por desordenada —dijo entre risas una chica de cabello castaño, mientras pasaba un paño a su falda celeste limpiando las migas que caían de su sándwich.

Pero estaba demasiado perdida en sus pensamientos como para percatarse de la burla. Se quedó tanto así que otra de ellas, una de cabello azabache, se acercó para intentar llamar su atención. Casi tropieza cuando su amiga se irguió de golpe con una sonrisa ferviente.

—¡Ya sé! —exclamó de pronto—. Buscaré en la biblioteca, seguro lo dejé ahí.

— ¿Quieres que te acompañemos a buscar? —preguntó la tercera, rubia y alta, mientras recogía la mochila.

—No, lo buscaré yo misma. Adelántense, no quiero retrasarlas más.

Y sin esperar una respuesta, tomó la mochila y salió corriendo en dirección contraria.

Cuando la chica se perdió al atravesar la puerta enrejada, sus amigas dieron media vuelta y siguieron su camino. Shou ni siquiera entendía porque se quedó presenciando toda la escena, no es como si fuera de su interés. Simplemente sentí que algo no estaba bien, algo que resaltaba a la vista y no sabía qué.

Cavilando en sus pensamientos, volvió su mirada a los chicos de antes, pero ya no estaban, los buscó pero no los encontró entre el gentío, tampoco logró vislumbrar al grupo de chicas. 

Simplemente habían desaparecido.

De algún modo sintió sus presencias ya lejanas, pero a la vez, sus risas y sus voces, se oían en conjunto con el soplar del viento.

Sacudió la cabeza, le estaba dando demasiadas vueltas. A estas alturas la puerta ya empezaba a descongestionarse y ya podía pasar más cómodamente. Con el hombro descansado tomó su bolso y se dirigió a la salida del patio. Y quién sabe porqué pero antes de que hubiera cruzado la puerta aquella pregunta que tenía rodando en su mente tomó forma de resolución. Se paró en seco. Aquel detalle que se le escapaba, aquel que no fue capaz de señalar. 

Los uniformes de ambos grupos eran diferentes. Pero tal diferencia no erradicaba en el diseño o el patrón.

Si no que sus épocas no concordaban.

Tragó duro, él lo sabía, lo había estudiado para el examen de ingreso. Acaso ¿acababa de tener una suerte de alucinación muy real? No, sabía que era algo más. Y por un momento, solo por un pequeño santiamén sintió que su perturbación seria aplacada. Y la pregunta respondida. Pero lo empujaron al otro lado de la puerta.

Y en un suspiro todo se olvidó. Siguió su camino. 

Notes:

Gracias por leer este primer pedacito de historia. Por cuestiones de la vida, actualizare cuando me sea posible. Mientras, espero que disfrutes de este bocadito, que para mi, sabe dulce, y espero que a ti también :)

Me gustaría mucho saber tus comentarios, acepto criticas constructivas, me gusta mejorar.

La escuela esta inspirada en el Colegio Nacional de Buenos Aires, y dado que soy argentina, abra modismo, veras a la pandilla gx tomando mate y comiendo empanadas jaja, es un AU y todo es posible.

Entonces, quizás no pronto, volveré a seguirle el paso a la historia. Saludos.