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Amor a primera vista

Summary:

Entonces Beelzebub resopla, ese Gabriel no suena a otra cosa, más que a un imbécil.

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Beelzebub ha estado muy pendiente de ordenar a Dagon que revise los archivos del demonio Crowley cada día, desde que le fue entregado el anticristo; es un demonio, ella no confía en nadie, necesita estar segura de que se está haciendo bien el trabajo. Parece haber sido una buena decisión, las cosas respecto al anticristo simulan estar saliendo tal lo planeado, hasta que Dagon descubre una leve incongruencia.

—¿De qué hablazz? —apuró. Nada podía salirse del camino del armagedón, eso era lo correcto.

—Creo que el demonio Crowley nos ha estado mintiendo respecto a su trabajo con el anticristo.

—Explícate, Dagon.

—Parece que está trabajando en conjunto con un ángel —dice, mostrando un par de fotografías en las que se ve a Crowley interpretando a una nana, y un ángel que finge ser algo como un jardinero.

Beelzebub decide entonces llamar al cielo, tiene apenas dos números que incluyen el teléfono común de ángeles, que es atendido por un recepcionista de bajo nivel, con quien Beelzebub nunca perdería su tiempo hablando, y el número de Metatron.
Ella explica lo que sucede y le manda enviar a alguien a hacerse cargo del ángel problemático, tal como ella se encargaría de ese demonio; Metatron decide no decir nada respecto a la forma en que ella se dirige a él, como si fuese jefe suyo también, pero acaba diciendo que no pueden hacer nada en contra de Aziraphale sin tener pruebas de lo que dice. Beelzebub acepta eso, y terminan acordando una reunión en la tierra.

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—Lord Beelzebub —Dagon le habla —el cielo acaba de confirmar una reunión esta noche a las ocho en punto, la dirección es...

—Sé la dirección, Dagon.

—Dicen que enviarán al arcángel Gabriel.

—Es lo que correzponde —dijo ella como si enviar a hablar al arcángel supremo fuera de lo más normal. —Claramente no hablaré con un ángelz inferior.

—Dicen que Jesús mismo lo nombró príncipe celestial.

—¿Lo conoces, Dagon? —preguntó, haciendo evidente que nunca había tratado con el arcángel —¿o lo recuerdas?

—Ninguna de esas, Lord. Solo he escuchado algunas cosas sobre él.

—¿Qué cozas?

—Dicen que era un arcángel incluso antes de la caída, y ya sabe quién decidió darle el título de supremo, luego vino la concepción, y se convirtió en un príncipe.

Beelzebub pone cara de haber estado esperando más, así que Dagon termina por contarle todas esas cosas que ha escuchado o leído sobre el arcángel. Le dice que, según parece, es un ángel sumamente ególatra, vanidoso y probablemente demasiado narcisista, no está segura de si esa es la verdad, pero es que eso es lo que Dagon ha escuchado decir, también le cuenta que es un jefe terrible, pero no incompetente, sino tan egocéntrico como para ni siquiera querer responder a las dudas de otros arcángeles; Gabriel es también, según archivos que alguna vez leyó, un engreído con fanatismo por la ropa cara.

Entonces Beelzebub resopla, ese Gabriel no suena a otra cosa, más que a un imbécil. Ya había tenido que lidiar que la desagradable de Michael una vez; lanzó a Lucifer del cielo y ahora se creía la gran cosa solo por eso, no quería ni pensar en la cita horrible y estresante que le esperaba con el tal Gabriel. Pero, si Michael le resultó irritante apenas siendo un arcángel guerrero, no podía esperar menos de un tipo que no solo es el arcángel supremo, sino un príncipe celestial.

—¿Quiere que envíe a planchar su uniforme, Lord?

—Me encantaría, Dagon, y también lo mandas a lavar y pide que usen suavizante de lavanda y jazmines —dijo, Dagon la observó con ganas de pedir que se callara, pero, por supuesto, no se atrevió. —¿Te dieron ganas de decir ezztupideces?

Y cuando finalmente llega la hora, Beelzebub va al ascensor sin siquiera preocuparse de su apariencia, no se ve mal, claramente, pero será difícil estar al nivel de ese ángel. Pero qué importa eso, cuando lo único que Beelzebub desea es la reunión con el arrogante ese acabe rápido.

 

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Beelzebub llega al lugar en que le citaron, es un restaurante de esos finos que adora, porque los humanos van a pagar por comida sumamente costosa que ni siquiera les satisface o les gusta. Hay un hombre en la entrada que se encarga de verificar las reservaciones, pero que por algún motivo no tiene problema cuando ella simplemente ha ingresado.

El olor que el arcángel emana es tan poderoso, que no le toma un minuto encontrarlo. Puede ver que es tal como Dagon lo dijo, un amante de la ropa cara. Beelzebub se queda de pie frente a la mesa, por un momento demasiado largo que provoca que Gabriel se levante a correrle la silla, porque piensa que eso es lo que desea. No es así, es solo que Beelzebub no recuerda haber visto nunca a nadie con tanta elegancia y estilo como ese ángel frente a ella; el traje se ajusta perfecto a su cuerpo, y el color combina de manera insuperable con el tono de su piel, y su cabello, sin ser demasiado elaborado, no hay uno solo de ellos en donde no debería estar.
Sin embargo, Beelzebub agradece el gesto de él y toma asiento.

—Soy Gabriel —él le saluda, tiene una sonrisa hermosa, pero que Beelzebub cree no puede compararse con sus ojos lilas impactantes. —Entonces, ¿tienes información sobre lo que parece ser una traición?

—Así ezz —dice, mostrando las fotografías.

Beelzebub rueda los ojos cuando lo primero que ha salido de la boca de Gabriel es que está seguro de que ambos pueden explicarlo, pero se tranquiliza pronto cuando se recuerda a sí misma que es normal que los ángeles sean misericordiosos e inocentes.

—No creo eso. Lo mejor ezz matarlos de una buena vez.

—Pero, no podemos matarles solo por dos fotografías, no es correcto.

Beelzebub nunca está feliz de ser cuestionada, pero esta vez, por algún motivo no le importa. Ella está bien con escuchar a Gabriel hablar sobre el beneficio de la duda y que todos merecen un estudio justo que compruebe sus crímenes; después, Gabriel ha propuesto trabajar en conjunto para vigilar a esos dos y poder determinar si lo que hacen requiere un castigo o no, ella no acostumbra a trabajar con nadie, porque bien puede hacer el trabajo sola, pero no puede negarse a esa propuesta de él.

—Lo lamento —dice Gabriel de pronto —creo que no he sido cortés. ¿Debería llamar al mesero para ti?

Beelzebub sonríe. —¿por qué lo harías?

—Eres el demonio de la gula, ¿no es así?, tal vez quieras consumir algo.

—Una copa de vino, por favor. —ella responde, y no tiene ni idea de dónde han salido esas dos últimas palabras.

Entonces Gabriel pide que le sirvan una copa del mejor vino que el restaurante tenga, y lo que ella tarda en beberlo, ambos conversan de cosas simples que no tienen que ver con trabajo, o ser un ángel o un demonio; Gabriel habla sobre su sastre y hace reír a Beelzebub cuando confiesa que "tuvo que hacer un esfuerzo" para que el hombre no sospechara nada, y ella le cuenta sobre la vez que compró los chocolates más exquisitos que había probado nunca, pero que al parecer ya no los vendían, porque nunca más encontró.

El tiempo pasa demasiado rápido sin que ellos se den cuenta, y Gabriel no tiene problemas con mirar a Beelzebub comer un pastel de queso que parece hacerla muy feliz.

Gabriel no es para nada lo que Dagon dijo, tal vez solo un poco, puede que él sea un fanático de las telas finas y claro que un poco arrogante, pero él también es atento y amable, no ha sido un solo momento alguien irritante, y la ha tratado con el respeto que nadie más le daría, sino fuera porque están atemorizados de ella. Está segura de que todos esas palabras falsas contra él no son más que inventos de algún ángel envidioso, Michael tal vez, debía sentirse furiosa de haber realizado la gran hazaña de expulsar al traidor mayor, y que aún así, el príncipe celestial sea un ángel que la hizo de paloma mensajera.

—Dagon dijo cosas sobre tu personalidad —dijo ella, Gabriel levantó una ceja. —Es el lord de los archivos, y también el maestro del tormento.

Gabriel rio un poco, sabía exactamente qué palabras podrían haber usado. —¿Qué cosas?

—Eso no importa.

—No puedo ser el arcángel supremo sin ser un poco de todas esas cosas que dicen, esos arcángeles caerían sobre mí como buitres.

—También tengo que ser un tirano —Beelzebub sonrió —o estarán listos para intentar quedarse con mi trono.

 

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La siguiente vez que se encuentran Beelzebub se ha preocupado un poco por su apariencia, ha lavado su ropa y la ha planchado, incluso peinó su cabello.
Gabriel la citó en un parque cerca de la librería, porque tienen que cumplir con el objetivo de descubrir que traman el ángel y el demonio.

—Me alegra que pudieras venir —Gabriel dice, como si de alguna forma alguien pudiera evitarlo —traje esto para ti.

Ella casi grita emocionada cuando puede ver un puño de esos chocolates deliciosos de los que le habló, y Gabriel confiesa que usó algunos milagros celestiales para encontrar un sitio que aún los vendiera.

—Tengo que darte algo.

—No es necesario.

—¿Qué?

—Que no tienes que darme nada.

—Pero tú me hiciste un regalo —dice confundida —¿es gratis?

Gabriel le sonríe y afirma, y Beelzebub no puede creerlo, porque es la primera vez que alguien le da algo sin esperar nada a cambio.

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