Work Text:
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Esa mañana fue diferente para Kirishima, no porque estaba llegando tarde a su trabajo de medio tiempo o porque no encontraba los apuntes para la clase de ese día, no, al revisar su celular se encontró con incontables noticias que anunciaban el tercer aniversario desde la aparición de Spider-Man. Tres años. Tres enteros años desde que su vida se había hecho un poco más complicada, no era una verdadera queja, Kirishima sabía que un gran poder conllevaba una gran responsabilidad y el poder cuidar de todos era algo que le traía gran satisfacción. Podía dormir tranquilo sabiendo que hacía el bien.
El de cabellos rojizos salió disparado de su cama y en tiempo récord devoró un desayuno improvisado, se cambió de ropa asegurándose de que cada prenda cubriera perfectamente
el traje que siempre llevaba debajo y con su mochila al hombro abandonó la sede de departamento estudiantiles. En otras circunstancias habría hecho uso de sus telarañas para llegar a tiempo a su trabajo, pero aquel era un día especial y todos estarían atentos de capturar cualquier mínima aparición de Spider-Man en la ciudad. Fue por eso que llegó cuarenta minutos tarde al edificio de trabajo donde, tras meterse en el cubículo que conformaba su oficina, recibió un regaño que acabó en una amenaza con que lo despedirían si continuaba llegando tarde. Kirishima resopló y solo pudo agachar la cabeza en rendición. Frente a la computadora realizó su trabajo sin mucho esfuerzo, terminando sus quehaceres con tanta facilidad que pudo tener tiempo extra para revisar sus apuntes y estudiar para los próximos exámenes.
Su tía siempre le recordaba que no debía conformarse con trabajos mediocres siendo él tan inteligente. Y en parte le gustaría darle la razón, no era mentira que simplificaba sus tareas laborales para realizarlas en el menor tiempo posible y acababa el resto de la jornada fingiendo que aún no terminaba para tener tiempo de estudiar y recibir una paga al final del mes. Pero los mejores puestos que eran de su interés no estaban interesados en su corta lista de experiencia laboral. No le gustaba quejarse demasiado de eso, por el momento estaba bien con la ganancia de su trabajo y de la beca universitaria, eso era suficiente para cubrir sus gastos. Spider-Man no tenía una vida lujosa, la gente no creería que su superhéroe local estaba acostumbrado a comer hamburguesas en puestos callejeros de dudosa higiene y a llevar las mismas zapatillas desde hace 5 años solo porque seguían en "buen estado" y le traían suerte, principalmente.
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La rutina no solía ser tan mala, no cuando tenía una segunda identidad que debía saltar al peligro cuando el crimen llamaba. En cuando la tarde comenzó a caer los instintos de Kirishima le cosquillearon en las palmas de la mano, haciendo que se ponga de pie en medio de la biblioteca y buscara con la mirada algún rincón por el cual escabullirse. Algo malo estaba ocurriendo y debía apresurarse. El muchacho empujó sus libros en la mochila y se metió a los baños, donde se deshizo de su ropa y dejó al descubierto su traje que completó al cubrirse el rostro con la máscara. Con sus pertenencias colgando sobre sus hombros se escapó por la ventana y columpiandose con sus telarañas avanzó con rapidez hasta el centro de la ciudad. Se quedó de pie en el último piso de uno de los edificios que lo llevaban a su destino y allí cerró los ojos, concentrándose una vez más en la forma en que sus manos picaban, éstas le darían indicaciones exactas de el lugar al que debía llegar. Giró sobre su lugar y cerró con fuerza su palma izquierda. Lo tenía. La adrenalina le sacudió el cuerpo y saltó nuevamente por la cornisa.
Varias calles más adelante encontró el motivo por el cual la gente se estaba amontonando. Kirishima frunció el ceño y agradeció que nadie pudiera verlo o hubiera sido evidente que no estaba tan sorprendido de la situación que presenció. Se trataba de un hombre de alrededor de treinta y pico de años que ya había cruzado días atrás. Lo había encontrado robándose una bolsa de papas fritas en un minimercado que solía visitar a menudo, aunque esa ocasión lo hizo como Kirishima y por obvias razones no fue tomado en serio. Advirtió al dueño de la tienda sobre aquel asunto pero no pudieron hacer nada, incluso la policía les aseguró que no podían hacer mucho por un robo menor y que mejor pusieran cámaras para evitar que la situación se repita. El gusto amargo de aquella ocasión le había arruinado el día y lo hubiera olvidado si no se estuviera repitiendo de nuevo.
El mismo ladrón estaba allí, pero había comenzado un escándalo mayor al tomar de rehén a un niño que aún vestía el uniforme escolar. Estaba furioso de que la policía no hubierah echo nada para evitar que esto sucediera y creciera a algo peor como lo era ahora, pero al menos esta vez podría encargarse por su cuenta si iba como Spider-Man. Se hizo paso entre la gente y con un caminar despreocupado entró a la tienda, allí estaba el encargado con cara de horrorizado tras el mostrador mientras que el ladrón retenía al niño con un. . . ¿Cuchillo plástico de comida? Eso parecía. El tipo estaba cerca del pasillo de comida chatarra que quedaba frente a las ventanas del negocio, eso solo le demostraba que lo hacía por llamar la atención.
Muy bien, amigo, la gente ya disfrutó demasiado del espectáculo pero es hora de que ese niño se vaya a hacer su tarea. — Kirishima se mantuvo cerca de la puerta para asegurarse de que no escapara a ninguna parte. El niño, que hasta el momento estaba con las mejillas empapadas pidiendo regresar con su madre, al verlo comenzó a gritar de que le pateara el trasero al ladrón. ¡Ja! Por esa razón adoraba a los niños. Con su muñeca en posición lanzó una telaraña que amarró la mano del ladrón contra el estante más cercano, haciendo que por el impulso soltara al niño que no tardó en escurrirse de su agarre.
¡Tú no sabes nada de lo que quiero! — Exclamó el ladrón, forcejeando para librarse del agarre, aunque solo lo empeoró y su mano libre también acabó pegada. — La gente no comprende que yo soy un enviado de Dios, ¡Todos deben obedecer mis órdenes y cumplir mis caprichos!
"Este tipo va drogado" fue lo primero que cruzó por la cabeza del pelirojo, eso solo hacia que el nivel de amenaza que suponía siguiera bajando al punto de ser solo un escándalo
innecesario. Se encargó de que el niño saliera de la tienda con su madre y le pidió al dueño que llamara a la policía para que se lo pudieran llevar pronto. — Tendré que hacer algunos llamados al cielo para evitar que Dios siga mandando discípulos, este mes han sido más de la cuenta. — Kirishima paseó por las góndolas hasta que encontró lo que buscaba. Alzó una
bandeja de magdalenas rellenas de crema de frutilla y pasó por la caja para pagarlas. Ni siquiera siguió escuchando las idioteces del tipo que había capturado, en cambio solo lo
amarró más y se lo cargó al hombro para retirarlo del lugar.
Finalmente colgó al ladrón en un poste de luz frente al minimercado, quien tuvo que esperar colgado como una bolsa de papas hasta que la policía llegara. Un poco de humillación le haría aprender la lección si la ley no lo hacía.
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Deslizó la bandeja de magdalenas por el suelo, dejándola al lado de las zapatillas del rubio que descansaba en lo alto de aquel edificio. Conocía sus horarios, sabía perfectamente que
estaba en aquella azotea porque sus clases terminaban temprano y aprovechaba para hacer tareas en el lugar menos ruidoso. Aunque en realidad el ruido no era tanto el problema, sino que prefería estar a solas para evitar lidiar con "incompetentes" - esa era una cita de las palabras exactas que el rubio había usado más de una vez para referirse a sus compañeros - Su presencia era la excepción, al menos eso sentía. Si le preguntaban por su opinión, diría que al rubio le gustaba pasar tiempo a solas con él, teniendo citas de estudio y postres compartidos. Tomó lugar al lado de Bakugo, este leía tranquilamente un grueso libro que cerró para prestarle atención tras asegurarse de marcar la página en la que iba.
Debes estar sudando como animal debajo de esa máscara. — El rostro del rubio se arrugó con desagrado por la idea, más no fue motivo suficiente para rechazar las magdalenas qued escansaban a su lado. Abrió la bandeja plástica y de ella comió en silencio. Kirishima soltó una corta risa, quitándose la máscara con cuidado para luego dejarla a un costado, no iba a ocultar que el rojo había teñido sus mejillas a causa del largo recorrido que había hecho hasta allí. Si bien columpiarse entre edificios con sus telarañas era algo que le recortaba la duración del viaje a diferencia de hacerlo caminando, aún así era suficiente para quen entrara en calor.
Bakugo dejó que el pelirojo apoyara la cabeza en su hombro y tampoco se quejó cuando tomó una de las magdalenas que le pertenecían. No llevaban su nombre como para afirmar que eran de su propiedad, pero desde que Kirishima descubrió que le gustaban se convirtió en un pequeño ritual que no se rompió en mucho tiempo.
El día fue tranquilo, creí que sería un caos como el año pasado. — Comentó el pelirrojo lamiendo su pulgar, sin desperdiciar ni una miga de la dulce magdalena. Bakugo asintió con un movimiento vago, recordaba perfectamente ese incidente, varios tipos habían estado trabajando para las industrias de Stark hasta que consiguieron robarse varias piezas de construcción que usaron para fabricar un arma con la que hicieron volar un par de edificios. En aquel entonces no sabía el secreto de Kirishima, pero admite -aunque jamás en voz alta- que sí temió por la vida de Spider-Man. Le gustaba creer que en parte ya sabía que Spider-Man era Eijiro Kirishima y por eso se había preocupado demasiado, aunque la verdad es que eso era algo que tampoco admitiría. — Al menos tus magdalenas llegaron en una sola pieza y no fueron aplastadas como la vez pasada.
Podrías tener más cuidado así no terminas aplastado como una magdalena, idiota. — Bufó el rubio dándole un codazo en las costillas. Kirishima soltó un quejido que sonó exagerado y
se removió, a lo que reaccionó dándole otro golpe, sabía que por sus poderes un golpe de su parte era insignificante y solo estaba actuando muy mal.
Soy Spider-Man, ¿No se supone que debo saltar al peligro sin dudarlo? — Los dientes filosos de Kirishima se lucieron en una sonrisa, a sabiendas de que aquella vez tenía razón y el tema no era discusión. No buscaba pelea, el pelirojo estaba tan de buenas que apoyó una mano sobre la pierna del contrario para llamar la atención del muchacho. Finalmente el par de ojos carmín brillantes se encontraron, los de Bakugo eran intensos e intimidarian a cualquiera, mientras que los de Kirishima brillaban imitando ardientes llamas, igual a la pasión que le recorría por las venas en todo lo que hacía. La lucha por descubrir quién sería el primero en apartar la mirada prometía ser interminable, porque Bakugo era orgulloso y Kirishima adoraba los juegos, aún más si se volvían una competencias. El pelirrojo jugaría sus mejores cartas para ganar, fue así que deslizó la mano sobre la pierna del contrario y subió hasta su muslo, apretando cuando la carne bajo su palma se sintió más blanda. El rubio entrecerró los ojos y en respuesta recibió una sonrisa brillante de filosos dientes.
Kirishima era conocido por tener un aura cálida, todo aquel que estuviera a su lado podría asegurar que se sentiría en confianza y contento por estar con alguien tan lleno de vida. No solo destacaba por ser un buen estudiante, sino que también era un excelente amigo y su corazón era tan noble que jamás se negaría a ofrecerle ayuda a cualquiera que lo
necesitara. Y aunque Bakugo asegurara ser la persona más arisca del mundo, en aquel momento a solas y en la burbuja íntima en la que estaban, le resultó imposible no sentirse
envuelto por aquella calidez.
Finalmente el héroe dió paso a su última jugada, había pasado varios segundos contemplando los finos labios ajenos antes de acortar por completo la distancia dando comienzo a un suave beso. Elevó una mano para acunar la mejilla del rubio y lo mantuvo cerca, saboreando sus labios que parecían ser más dulces de lo normal gracias al glaseado de las magdalenas. Sintió a Bakugo relajarse bajo su tacto y entonces tomó aquello como señal para separarse, dejando un último beso corto sobre sus labios.
Deberías estar agradecido de que esté en una sola pieza, sino no podría hacer esto. — La voz del pelirrojo era cantarina, en parte se burlaba del otro chico. Este último solo bufó y le dió un empujón que no fue suficiente para alejarlo o siquiera para borrarle la sonrisa triunfante que presumía.
Ojalá para la próxima algún loco te aplaste con un auto. — Bakugo desvió la mirada y tomó uno de sus libros, ojeando entre los apuntes para ignorar al pelirrojo. No obtuvo grandes
resultados, de hecho no pasó demasiado hasta que Kirishima se le pegó a tal punto que sintió sus labios y nariz frotarse contra su cuello. El rubio apretó la mandíbula y sin romper su papel de desinteresado dejó que el chico le besara un poco más y le abrazara por la cintura. En época de exámenes el tiempo que tenían juntos era limitado, aún más por el
hecho de que estaban en diferentes carreras y coincidir con los horarios libres era casi imposible.
Que cruel, eso podría pasarme realmente, ¿Lo sabes? — Kirishima apoyaba la cabeza sobre el hombro del contrario, presionando los dedos alrededor de su cintura. Fingía un
tono de voz dolido, aunque llevaba una sonrisa encima. Bakugo chasqueo la lengua a sabiendas de que el chico solo estaba siendo dramático.
Te recuerdo que eso no ha pasado nunca gracias a mí. — Presumió Bakugo, entonces Kirishima se aventuró a apegarse aún más de forma cariñosa al cuerpo del rubio mientras elrecuerdo le regresaba.
« Si bien Kirishima conocía a Bakugo desde antes eso no había sido igual para ambos, el rubio primero había conocido a Spiderman. El encuentro había sido de todo menos algo
romántico, de hecho estaba bastante alejado de ser así, porque Katsuki se había encontrado con el héroe tras quedar envuelto en una pelea entre dos dementes con tecnología que se supone no debían acceder. Y Kirishima, aunque tuviera excelentes reflejos y fuera muy atlético, aún así estaba en una desventaja que no estaba pudiendo controlar.
Había sido mandado a volar contra innumerables edificios y si no fuese por sus telarañas no se habría salvado de terminar con sus huesos hecho papilla. Por más que intentase no podía luchar mejor y nadie vendría a tenderle una mano, los Vengadores estaban fuera de servicio, sus oportunidades se terminaban rápido. No podía cubrir su espalda y sacar de los escombros a aquellas personas que habían quedado atrapadas en medio de la pelea, así como tampoco podía detener a los dos idiotas que seguían luchando entre si.
Fue allí cuando Bakugo actuó bajo el impulso del enojo, había tenido un pésimo comienzo de semana y por culpa de aquella pelea absurda estaba llegando tarde a la entrega de un trabajo al que le había dedicado demasiado tiempo. Había sido lastimado en menor medida a diferencia de las personas a su alrededor, pero había tenido el tiempo suficiente para salir de los escombros tras ser testigo de toda la pelea en la que Spider-man seguía siendo aplastado. Lo maldecía a él también, pero no lo culpaba, bajo tanto caos debía ser difícil pensar en alguna jugada para sacar ventaja. Entonces allí mismo se le ocurrió algo. Había visto que uno de los tipos se mantenía trepado en autos y en pilas de escombros, en lo alto, alejado del suelo en el que corría agua tras reventar los conductos de agua de la calle. El patrón se seguía repitiendo a lo largo de la batalla, no podía estar equivocado. Fue así que
en su mente trazó un plan improvisado.
A la primera oportunidad que tuvo corrió a las calles con un matafuegos debajo del brazo, atravesando cualquier obstáculo que tuviera en frente, trepando una pila de escombros
desde un punto ciego. Entonces empapó la cara del tipo con aquella espuma blanca y corrió lejos tan pronto como se acercó.
¡Spider-man! ¡Lanzalo al agua! — gritó Bakugo corriendo en dirección a las cañerías expuestas, finalizando con darles un golpe en seco con el matafuegos. El metal consiguió romper con éxito la cañería, dando paso a un chorro enorme de agua que lo tiró de espaldas contra el suelo. El héroe no desaprovechó la distracción e hizo caso a su consejo, se deshizo del segundo tipo que le había comenzado a lanzar autos para inmovilizarlo y con rapidez empujó de una patada al que tenía la cara manchada de blanco, que en cuanto aterrizó en el suelo su armadura y también su arma dejaron de funcionar tras hacer cortocircuitos, dejándolo solamente como un demente disfrazado de Transformer, complementamente inofensivo.
Media hora más tarde los dos hombres habían sido arrestados y los bomberos habían llegado a la escena para socorrer a todos aquellos que lo necesitaban. Bakugo llegó con éxito a su clase y Kirishima solo pudo agradecerle internamente por la ayuda que le dió. En aquellas épocas era mucho más inexperto, ya había mejorado en sus técnicas de peleas y estrategias, pero siempre estaría agradecido con el rubio y su mal humor.»
Tienes razón. Quizás deberías considerar unirte a mi, ya sabes, seríamos como el Cap y su novio de brazo robótico. De esa manera no me quedo con todo el crédito de seguir vivo gracias a mi encantador novio. — Kirishima contuvo la risa al hablar y por ello se ganó un nuevo golpe en las costillas que lo hizo finalmente soltar una carcajada. El rubio negó con las cejas
fruncidas y el comienzo de una sonrisa asomando en sus labios.
Me es suficiente con que sigas vivo, idiota. — Finalizó Bakugo. Y era lo más sincero que podía decirle en voz alta, porque su existencia ya significaba todo para él.
