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Cherry Wine

Summary:

Yoongi odiaba el tono que adquiría su piel cada que Taehyung lo llenaba de caricias, pero estaba demasiado atado a él para huir de su amor.

 

Taegi con temas delicados.

 

Publicado originalmente en Wattpad ✨

Notes:

Mi intención no es romantizar este tipo de comportamiento en las parejas. La historia fue y será un desahogo para mí.

 

Temas delicados como depresión y violencia doméstica. No es explícito, pero si no te sientes cómodx, no leas, por favor. ✨

 

Inspirado en Cherry Wine de Hozier

Work Text:

 

The way he tells me I'm his and he is mine




 

 

Yoongi recordó la suave sensación de los labios de Taehyung contra los suyos, una y otra vez, durante todo el día. Era una escena recurrente en su memoria, que evocaba con una sonrisa llena de ternura, cada que pensaba en la expresión preocupada del menor al despedirse aquella mañana, como si no quisiera dejarlo por ningún motivo en el mundo. 

 

Su sonrisa era pequeña y tímida, repleta de cariño por Taehyung, pero también parecía ocultar tristeza y dolor que se negaba a reconocer. No importaba que sus músculos faciales estuvieran adoloridos, esa expresión feliz — falsa — se mantenía dominante en su rostro, mientras él se convencía de estar bien.

 

Un suspiro dejó sus labios con pesadez cuando la sonrisa terminó por desvanecerse en un momento de debilidad, llevó una mano hasta sus labios y tocó la piel adolorida, cuidando de no lastimarse más, antes de mirar el cielo nuevamente.

 

Las nubes blancas, puras y delicadas, habían sido corrompidas por pinceladas violáceas y rosadas que manchaban sin piedad a las formaciones de agua condensada, mismas que se habían presumido orgullosas durante gran parte del día y que ahora, con la puesta del sol, se mezclaban celosamente con una fina línea amarilla-anaranjada demasiado cálida que, con los últimos rayos de luz, anunciaba la salida de la estrella principal del plano celeste.

 

La caída de la noche se impondría pronto junto a un firmamento lleno de más cuerpos astronómicos, que bien se ocultarían detrás del cúmulo de gotas suspendidas en el cielo y el velo de contaminación que la ciudad produjo durante una extensa jornada laboral,dura e injusta.

 

Él odiaba esos colores.

 

Odiaba todo lo que representaron en los últimos días, y lo mucho que le habían hecho dudar durante meses, porque no solo los veía en el cielo cada atardecer, sino dentro de su propio hogar sobre las superficies reflejantes. Había cosas que no podía ocultar, por más que lo quisiera.

 

Min Yoongi siempre había querido ser un hombre fuerte, un hombre sin miedo a encarar al mundo y luchar contra él, pero aquello no era más que una apariencia. Yoongi sabía que podía engañar a todos, menos a sí mismo y a la persona que mejor lo conocía: Kim Taehyung. 

 

Sabía que, frente al menor, no servía de nada guardar las apariencias y se daba el permiso de temer entre los brazos de Taehyung, cuando las tímidas manchas de colores, similares al cielo frente a él, aparecían de manera imponente y agresiva sobre su rostro —y otras partes de su cuerpo fáciles de ocultar—, hasta volverse peligrosas y optar por un morado ausente de luz.

 

Como si la pálida piel de Yoongi fuera un lienzo en blanco sobre el que Taehyung amara dibujar, dejando miles de pigmentos morados y negros como rastros de su amor. 

 

Yoongi entendía que era una de las mil formas en que Taehyung demostraba su amor; pero, a pesar de todo ese cariño entre los dos, el odio estaba ahí, como un veneno mientras él admiraba con especial atención colores que no le gustaban, recordando constantemente a su pareja y a la bonita sonrisa que siempre tenía para dedicarle cada que finalizaban una tierna o intensa sesión de besos que lo dejaba sin aliento. 

 

Había una batalla en su interior, una que se debatía entre el dolor y el amor. Estaba completamente enamorado del hombre con el que vivía, era perfecto ante sus ojos, no se atrevía a cuestionar su cariño ni sus formas de demostrarlo.

 

Otra vez hubo un suspiro, mientras se concentraba en el sunset frente a él, mezclando fragmentos de la realidad con memorias de esa mañana, cuando hacía el amor con Taehyung, creando un escenario perfecto en su mente nublada por la pasión.

 

Una sonrisa se formó cuando su mente recreó la risa de Taehyung, era la misma que siempre le había dedicado, en las buenas y en las malas, aún cuando su temperamento se volvía volátil. La nostalgia envolvió su frágil cuerpo, cuando no pudo evitar comparar al Taehyung que conoció hace años, con el Taehyung que vivía con él.

 

Era capaz de ver la paleta de colores frente a él, pero, de un momento a otro, todo eso sintió como una escala de grises. La sonrisa se mantuvo, pero se volvió vacía y carente de emociones cuando se dio cuenta de que había pasado mucho tiempo desde que su mundo, su vida junto a Taehyung, se había vuelto monocromático.

 

Era como vivir en dos mundos, uno lleno de colores y otro en blancos y negros. Sabía que en el primero estaba dispuesto a enfrentar cualquier situación, para y por Taehyung; pero en el segundo solo había dolor y miedo.



Entonces se preguntó por qué seguía ahí, parado mientras el tiempo pasaba lentamente alrededor suyo. Se respondió casi de inmediato: estaba ahí porque era el único momento del día cuando podía sentirse en paz y desactivar todos los sentidos de alerta que había desarrollado día a día en su mundo monocromático.

 

Amaba poder disfrutar y retener el paisaje que el sunset le ofrecía tras la lente de su Nikon, y le seducía a capturar el contraste que había entre los lujosos edificios y la humildad del cielo, aprovechando la poca luz natural que quedaba del día para hacer maravillas con su cámara, la cual —además de Kim Taehyung— era su vida.

 

Parpadeó un par de veces cuando las nubes comenzaron a moverse dirigidas por el persuasivo ritmo del viento invernal, dejó que su sonrisa fuera reemplazada por una triste expresión antes de tomar una serie de fotos rápidas sobre la imagen cambiante; la manera en que las nubes se alejaba de él se asemejaba a su alma huyendo del infierno que era su, irónicamente, hogar. 

 

Apretó inconscientemente el instrumento fotográfico entre sus manos, como si con eso pudiera evitar la disolución del mágico momento frente a él. Sus labios se volvieron una fina línea, guardando toda inseguridad e incertidumbre que su corazón emanaba con cada palpitar.

 

No quiso pensar en ello y buscó, entre todas sus memorias y buenos recuerdos, la sensación de los brazos de Taehyung protegiéndolo por la noche, cuando las pesadillas o el insomnio llegaban a él sin previo aviso.

 

Sentía el frío magullar su blanca piel, justo en la parte que tomaba los colores —sumando un ligero verde casi imperceptible— que se encontraban frente a él y recreaban el firmamento desde su pómulo izquierdo hasta poco arriba del ojo, antes de llegar a la ceja que daba más profundidad a sus ojos y dejaba que la avellana de sus orbes tomara la atención de todos, desviando las miradas del hematoma que solía cubrir con regularidad. 

 

Suspiró, tratando de evocar la dulce voz de su novio, susurrándole lo hermosa que era su mirada.





 

 

 

 

Brillan.

 

Un beso.

 

—¿De verdad?

 

Un beso más, risas también.

 

—Más que nada en este mundo.





 

 

 

 

 

 

 

Porque Taehyung solía decirle constantemente lo mucho que pensaba en sus ojos y en el intenso brillo que había en ellos pese a todas las dificultades que enfrentaba. 

 

Entonces Yoongi intentaba que todos vieran lo mismo que el menor y ponía especial empeño en hacer que sus ojos se vieran atractivos y coquetos ante de todos. Así era como evitaba las preguntas que exigían una respuesta por las diferentes tonalidades que presentaba su piel, esas que dolían más de una manera emocional que física.

 

Tras la última captura que dio, se quedó en silencio sintiendo las pequeñas ráfagas de viento molestando su cabello y susurrando palabras —tal vez lamentos— que no entendía contra su oído, sabiendo que quizás era porque no quería entenderlas.

 

Y, en ese momento, tuvo una explosión sentimientos encontrados sobre su pecho, porque en vez de sentir temor, alegría o tristeza, dentro de él algo impedía que sus emociones fluyeran y siguieran su curso natural, como si se hubieran estancado en lo más profundo de su ser. 

 

Lo único que prevalecía dentro de él y le formaba un nudo en la garganta, era culpa. Una culpa que no le pertenecía pero que, poco a poco, se adueñaba de su conciencia y sentía que era suya. 

 

Pero, nuevamente pensó en Taehyung y la manera firme en que lo sostenía al hacerle el amor, las caricias sobre su cadera y las placenteras sensaciones susurradas sobre su piel mientras le besaba con hambre los labios. Su corazón latió con fuerza y sintió calidez en el pecho.

 

Lo abrumaba sentir tanto en algunos momentos, y lo asustaba sentir nada en otros instantes. Tuvo que dar grandes bocanadas de aire cuando su pecho comenzó a arder, sacó todo pensamiento de su cabeza y se concentró en terminar su tarea.

 

Los últimos minutos que hubo de luz los aprovechó para que su piel recibiera la cantidad suficiente de sol, para así dejar de tener ese aspecto enfermizo que estar encerrado en su departamento compartido le había ocasionado. Antes de regresar a su prisión, debía recuperar el rosa de sus pómulos, en vez de esos feos colores que a Taehyung no le gustaban. 

 

Porque cada que había sonrojo en él, Kim repartía una infinidad de besos que mantenían su rostro encendido, e instauraban una sensación agradable en él. 

 

Cuando la noche cayó, comprobó que no había estrellas y al no ver la luna en el cielo, decidió que ya había estado suficiente tiempo fuera y debía volver a su claustro, para continuar una rutina monótona que no se atrevía a romper si Taehyung no se lo pedía.

 

Taehyung…

 

Pensó en él, como el noventa porciento del tiempo. Pensó en su sonrisa cuadrada y en su tierna mirada. También pensó en su voz, apremiando la sonrisa gomosa que era exclusiva para su novio.




 

 

 

Pero sonríe, hermoso. 



 

 

 

 

Porque el más alto siempre tenía palabras amorosas que lo reconfortaban.

 

Con eso en mente, regresó sumido en un silencio total que solamente se veía interrumpido por sus pies ligeros bajando las escaleras, huyendo de cualquier contacto humano que resultaba en una idea demasiado desagradable y aterradora para él. 

 

En otra ocasión hubiera preferido tomar el elevador, pero las probabilidades de encontrar a alguien indeseable, dentro de esas cuatro paredes de metal, aumentaban considerablemente por la hora del día. 

 

Bajó por las escaleras, con prisa y nervioso.

 

Incluso habiendo un silencio pulcro en los pasillos, la incomodidad de sentirse observado —juzgado y señalado— estaba muy presente en él. Quería ocultar sus marcas de la vista de todos, para así no tener que ser consciente de ellas.

 

Necesitaba , más que nunca, a Taehyung, pensó desesperado, intentando ingresar el código de su departamento con manos frías y sudorosas, oyendo a lo lejos esa inconfundible risa de su vecino, ligeramente irritante.

 

Pudo respirar con tranquilidad nuevamente cuando el seguro botó y él ingresó a su hogar, antes de que su vecino y la compañía que llevaba siquiera alcanzaran a verlo. Por la mirilla pudo ver que Seokjin pasaba de la mano de un moreno alto, al mismo tiempo que daba una mirada de preocupación a la puerta sin saber que Yoongi podía ver lo que hacía.

 

Un escalofrío recorrió su pequeño cuerpo. 

 

Yoongi curvó sus labios hacia abajo, triste y resignado. En un tiempo él y Seokjin habían sido muy buenos amigos; pero la relación que su hyung tenía con Taehyung nunca había sido buena. Fue inevitable que terminaran por tomar distancia y, poco a poco, saber menos el uno del otro. 

 

Pero el que algún día fue su mejor amigo, parecía ser feliz al lado del hombre que solo tenía rostro para Yoongi. No conocía el nombre de ese moreno, pero parecía hacer feliz a su Jin hyung y eso lo hacía sentir tranquilo, pues sabía que el mayor estaba viviendo con amor. 

 

Sonrió con sinceridad al pensar en la felicidad de su mayor, pero su sonrisa lentamente fue reemplazada por una expresión vacía, cuando se giró para observar el interior de su hogar. 

 

Inmediatamente la oscuridad abismal fue la única que lo acogió, junto al silencio que reinaba sobre ella. La sensación de ser un intruso dentro de su propio hogar le hizo un nudo en la garganta que trató de deshacer tragando en seco, lastimándose en el proceso. 

 

Arrastró sus pies con desgano sobre la madera negra, dirigiéndose hacia la habitación que compartía con Taehyung, desde años atrás.

 

Taehyung…

 

No faltaba mucho para que regresara a casa, ¿le llevaría un postre para consentirlo?

 

Suspiró profundamente mientra se perdía en sus pensamientos, la simple mención de Taehyung lograba ponerle la piel chinita, y le colocaba una tímida sonrisa entre sus labios que trataba de ocultar a toda costa; él sabía que sus sonrisas no eran ni un cuarto de bellas como lo eran las de su pareja y, por aquella razón, la mayoría del tiempo se la pasaba con un semblante serio que parecía que nadie podría quebrar.

 

Un semblante que se había tardado años en poder perfeccionar, y que Taehyung había logrado romper en cuestión de segundos, sin que YoonGi tuviera oportunidad para detenerlo, mucho menos de comprenderlo.

 

Continuó caminando con desgano, pero con el ceño relajado al estar pensando en su pareja. Llegó a su habitación y, frente a él, se alzó un espejo de cuerpo completo al entrar a la pieza compartida.

 

La cámara se mantenía colgando gracias a la correa que rodeaba por detrás su cuello, la que evitaba que cayera para romperse; pero, aun así, el de ojos avellana afianzó su agarre como si temiese que en cualquier momento se le resbalara de las manos y termina por quebrarse en duro choque contra el suelo. 

 

Pero en su interior sabía que todo ello era un acto reflejo, ejercía presión por el simple hecho de necesitar algo a lo que aferrarse, ante el reflejo que devolvía la superficie plana y sin vida del espejo.

 

Se acercó con duda, a paso lento, pero al final sus dedos tocaron su frío reflejo temblando ante la tímida acción, mientras un nudo en la garganta se le formaba y sentía que se ahogaba por tan solo haber puesto su mano justo a la altura de su rostro. 

 

Frente a él se hallaban los colores que había apreciado al admirar la puesta del sol, repartidos en diferentes partes de él: sobre su párpado y su pómulo había rastros de maltrato, y en el cuello de manera discreta, las marcas de manos que le habían tomado la noche anterior, de manera más agresiva que de costumbre.

 

Evitó pasar su mano directamente sobre su piel, prefirió continuar acariciando al objeto estático que le regalaba con lujo una vista a la ubicación exacta de los hematomas que contaminaban su blanca piel, mismos que eran un regalo de las caricias que TaeHyung había dejado sobre él, siempre con amor.

 

Cerró los ojos y retiró su mano como si el contacto con el vidrio le hubiera quemado.

 

Pensó en TaeHyung, en su sonrisa y en la fina línea que formaban sus ojos al reír como sólo él sabía hacerlo; pensó en sus muecas graciosas y todo lo que hacía con tal de verle sonreír. Imaginó la sensación de su lacio cabello entre sus dedos y la calidez de la piel que le protegía todas las noches en un tierno abrazo a la hora de dormir. Se vio pellizcando su nariz, mientras el menor hablaba contando su día de trabajo entre sus brazos.

 

Eran situaciones que contrarrestaban perfectamente el dolor que sentía al estar solo. Además, la lista de lo que le gustaba de Taehyung, podía continuar.

 

La ronca voz del menor siempre le había parecido algo atractivo y, en las ocasiones adecuadas, algo erótico. Amaba escucharlo cantar todas las mañanas para despertarlo, y aunque se quejara de que Taehyung había resultado ser un maldito cursi, la veracidad se ocultaba tras los quejidos, puesto que eran ocasiones y situaciones por las que se había enamorado del apellidado Kim.

 

Incluso, recordó el brillo en sus ojos el día que le propuso ser pareja y estaba seguro de que en sus oídos se encontraba nuevamente el duro y fuerte palpitar de su corazón, mientras, en un dulce tartamudeo, aceptaba los sentimientos de Taehyung, ruborizándose y desviando la vista a cualquier lado menos hacia el hombre que había tenido enfrente.

 

Pensó en sus manos y lo suaves que eran, en un justo balance con lo fuerte que se volvían y la protección que le brindaban. Lo sintió recorriendo su piel en el acto, tocando por aquí y por allá, creando figuras imaginarias y dejando toqueteos en lugares adecuados para que jadeara, gimiera bajito y pidiera por más.

 

Se avergonzó ante sus pensamientos, pero jamás podría ocultar las sensaciones placenteras que TaeHyung provocaba sobre él y que le hacía suplicar que no se detuviera, arqueando su cuerpo buscando acortar la distancia entre ellos.

 

No tuvo la capacidad de deducir el momento exacto en el que había llegado Taehyung, hasta que el menor envolvió todo su cuerpo en un dulce abrazo, dejando suaves y fugaces besos sobre la piel de su mejilla y un poco más abajo, pasando por sus barbilla y luego posando sus labios sobre la piel de su cuello, tratando de sanar las magulladuras que él mismo había realizado. 

 

La imagen que entonces le regaló el espejo le hizo sonreír. 

 

Para nadie era un secreto que Taehyung era más alto que él, por ello, la manera en que lo envolvía con sus brazos, hacía lucir el cuerpo de Yoongi más pequeño y frágil de lo que era. Min parecía un tesoro que Kim protegía con su propio cuerpo, celoso y a la defensiva de cualquiera que se atreviera a acercarse. 



Sonriendo, se giró únicamente con la intención de corresponderle el gesto, escondiendo su propio rostro en el hueco que formaba el hombro y el cuello de Taehyung, como si hubiera sido especialmente moldeado para él. 

 

Aspiró el suave olor de la colonia que usaba y cerró los ojos haciendo que el abrazo se convirtiera en algo íntimo para ellos dos.

 

No pasó mucho tiempo cuando Taehyung decidió romper, con cariño, el abrazo solo para acariciar el rostro del mayor con sus dedos, guiando sus labios hasta finalmente confinar el espacio entre ellos en un beso que sabía dulce, como cerezas, para Yoongi.

 

Con los ojos cerrados, el mayor finalmente se decidió a profundizar el beso tratando de transmitirle lo mucho que lo amaba, únicamente con sus labios y su tímida lengua que buscaba la de su pareja. 

 

Pronto, el agarre de la mano de Taehyung contra la cintura de Yoongi se endureció con el propósito de unir sus cuerpos lo que más se pudiera.

 

El error de Taehyung fue, tal vez, apretar con un poco de fuerza la zona que rodeaba las costillas de su hyung, haciendo que Yoongi emitiera un quejido de dolor y se separara de manera repentina, con sorpresa y pena, del beso. 

 

Se miraron un largo rato, en silencio y sin poder despegar sus ojos del otro. Ambos pensando lo mismo: Taehyung sabía por qué el mayor había huído, de esa manera, de entre sus brazos. Se conocían al otro como la palma de su mano, y en el peor de los casos, como un puño sobre la piel.

 

El más alto se disculpó de inmediato, y el semblante de Yoongi cambió, porque le gustaba tanto el mimo con el que Taehyung lo trataba, que fue eso mismo lo que lo llevó a temer.

 

Porque sabía que todo lo que le gustaba de él terminaba por lastimarlo de mil maneras que opacaban al dolor físico. Porque, con el tiempo, pronto las figuras imaginarias sobre su piel que tanto idolatraba se convirtieron en rastros de maltratos enmascarando malas actitudes que parecían buenas y correctas. 

 

Maltratos que Yoongi no era capaz de abandonar, porque dependía demasiado del amor que Taehyung algún día le había entregado y regalado con palabras dulces y acciones de amor que, con el paso de los días, se habían vuelto vacías dando paso al enojo y a la furia.

 

Se buscaron en un nuevo abrazo, donde Taehyung cometió el mismo error de tomar zonas dañadas de su cuerpo. Pero, a pesar de que le dolió el agarre, no se separó y así —con los brazos aún alrededor de Taehyung—, sin abrir sus ojos, decidió atreverse a explorar su manchada piel, primero con un tacto casi superficial y después apretando ligeramente sobre los moretones, reprimiendo quejidos.

 

Pero al final no pudo soportarlo más. Las lágrimas brotaron lentamente de su interior y pequeños quejidos se veían reprimidos por una mordida sobre el labio inferior que intentaba ocultar sus penas.

 

En medio de su dolor, se encontró buscando con desesperación los brazos de Taehyung, para sentirse rodeado y protegido por unos brazos que lo aprisionaron con cariño y sin fuerza esta vez, parecía que Taehyung ya no quería lastimarlo más.

 

Ambos dudaban, porque era solo una apariencia.

 

El contacto fue suficiente para que el llanto al fin saliera de su garganta y se perdiera sobre el pecho del más alto, quien lo había obligado a esconder su rostro dentro del abrazo.

 

Taehyung lo apegó más a él, sintiendo un remolino de emociones que le impedían ver con claridad; se sentía mal, sí, pero se convencía a sí mismo que lo que hacía era por el bien de la persona más importante en el mundo para él. Era una mentira que le sabía a verdad, porque en sus pensamientos había amor turbio y peligroso, pero sincero.

 

—Lo siento tanto, Yoonnie —susurró contra su oído en un ronco balbuceo, antes de depositar un beso en la zona más dañada del rostro del pálido que envió un escalofrío a todo el cuerpo del mayor.

 

Yoongi negó, escondiéndose y evitando mirarlo, nuevamente sentía la culpa subiendo por su garganta. Taehyung no debía disculparse por nada, mucho menos cuando el del problema claramente era él.

 

—Esta bien, Tae. Es... mi culpa —respondió sin fuerza, como si el alma se le escapara con cada palabra.

 

Se separó finalmente buscando su mirada, sin poder evitar continuar llorando ahora con menor intensidad. Yoongi limpió sus lágrimas, lastimándose en el proceso, solo queriendo que el menor viera que se encontraba mejor.

 

Taehyung le acomodó el cabello en su frente y pasó un mechón tras su oreja, llevó su mano hasta la mejilla, sintiendo cómo Yoongi se tensaba ante el contacto. Después buscó la herida sobre la piel para depositar ahí un último beso, antes de dejar uno sobre sus labios que rápidamente fue correspondido con ansiedad.

 

Cada parte de ambos le gritaba al otro que lo amaba, muy a su propia manera.

 

Sus labios se buscaban de tal forma que ninguno daba tregua, mucho menos cedían ante el otro, hasta que Taehyung dio una suave mordida que exaltó a Yoongi. Un beso que había comenzado lento terminó por arrebatarles el aliento a ambos dejando un extraño sabor en los dos.

 

Yoongi estaba siendo destruido poco a poco y nada hacía por evitarlo. Taehyung no era capaz de parar aún sabiendo que lastimaba a Yoongi.

 

Ambos eran la perdición del otro, pero mientras estuvieran juntos, se sentía bien.





Open hand or closed fist would be fine

 

Blood is rare and sweet as cherry wine