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Toph se encontraba sentada en el centro de la mesa, sus padres a cada lado y con sus consejeros en las sillas contiguas. Al frente estaba Aang rodeado de los principales monjes del reino. Los cubiertos y el golpeteo de los platos era lo único que sonaba en ese momento, los adultos ya habían discutido la situación y este encuentro se realizaba con el propósito de que los novios se conocieran.
Una ridícula cordialidad, porque la decisión ya estaba anunciada: el Avatar contraería matrimonio con la joven heredera de la pudiente familia Beifong. El pacto le mostraría al mundo que dos reinos que hasta el momento no mantenían unión alguna, podían mantener paz y unidad para los demás. Un ejemplo para los reinos agua y fuego, sobre todo por ese último que ya llevaba varios años intentando planear una guerra para establecer su dominio sobre los otros.
Toph seguía masticando con lentitud, como si esa acción haría que todo lo planeado no funcionara, deseaba controlar el tiempo y evitar el suceso del día siguiente que cambiaría su vida para siempre. Desde que era niña, estaba consciente de que esto tenía que pasar y debía cumplir con dicha responsabilidad. Sin embargo, nunca quiso, más que nada porque estaba segura que aún podía encontrar a su alma gemela donde fuera que estuviese, un matrimonio arreglado solo frustraría sus planes de encontrarla. Se levantó dispuesta a retirarse a su habitación e idear alguna forma de volver a huir, como hizo hace cinco años atrás, y seguir evitando esto.
—Toph, por favor, aun no te puedes marchar, los demás invitados aún no han terminado —comunicó su madre.
—Pero yo ya terminé.
—Escucha a tu madre y quédate sentada —exigió su padre.
—¿O qué vas a hacer? ¿volverás a secuestrarme como hiciste para traerme hasta aquí?
—Ahora no es momento de discutir eso.
—¿Y cuándo lo será, padre? Mañana me voy a casar. ¿Tú estás de acuerdo con todo esto? —habló ahora dirigiéndose a Aang—. Eres el Avatar, hay tantas cosas que puedes hacer para mejorar el mundo y casarte no es una de esas.
—Señorita Beifong —intervino uno de los maestros aire—, estamos conscientes que este es uno de los pasos a seguir, aunque no sea la solución definitiva.
—¿Cuánto le pagó mi padre para que aceptara este compromiso? Lo único que me hace pensar es que todos alrededor del Avatar son unos hipócritas que les importa más la burocracia que las personas.
—¡Ya basta, Toph! —El hombre se acercó hacia su hija y la tomó fuerte por el brazo, halándolo con fuerza para que dejara de hablar. La joven comenzó a hacer una columna de barro con su mano libre que impactaría directo hacia su padre, no obstante, esta fue detenida por una ráfaga de viento. Los dos quedaron sorprendidos por tal acción y bajaron los brazos que atacarían al otro.
—Creo que todos estamos estresados por lo que va a ocurrir, pero agredirnos no solucionará nada —La joven se quedó pensando en aquella voz, era la primera vez que la escuchaba durante los dos días que el Avatar había estado en su hogar. Seguro, frágil y potente al mismo tiempo. Si había algo que ella llegó a apreciar con el tiempo era los matices de las personas a las que oía, eso le daba una idea de cómo lucían y, sobre todo, cómo actuaban.
—Si usted me permite, señorita Beifong —continuó Aang—, me gustaría explicar mis razones por haber aceptado el compromiso con usted.
—Está bien, lo voy a escuchar, pero con nadie más presente, ni sus monjes, ni mis guardias o mis padres, ¿podrías permitirme eso? —La última interrogante fue dirigida a su papá.
—Confiaré en ti y en que esta vez no huirás o arruinarás esto de alguna otra manera —expresó el señor Beifong con inseguridad.
La heredera agachó la cabeza y se machó a su habitación bastante decepcionada.
Era la octava vez que Toph sentía cómo abrían la puerta de la recámara para asegurarse de que siguiera allí, antes de que ocurriera una novena, trabó la puerta con una pila de piedras y fue hacia la ventana, sintió el marco de la misma y estaba armando una plataforma de tierra para transportarse abajo, dispuesta a luchar con quien se atravesara en su camino para salir del lugar. Sintió la presencia de la otra persona demasiado tarde, la misma ya estaba bloqueando la entrada de la ventana.
—Quítate si no quieres que te lastime —dijo impaciente la maestra tierra.
—Creí que había aceptado escuchar mis razones del por qué estoy aceptando este matrimonio —expresó el maestro aire.
—¿Eres así de ingenuo o solo pretendes? Solo dije eso para que me dejaran en paz. No lo volveré a repetir, quítate.
—Antes de marcharse le pido que me escuche cinco minutos.
—Ya no estamos con los demás, puedes dejar las formalidades.
—No lo es, así es como me expreso yo.
—Eres la primera persona de veintitrés años que me responde eso —Se hizo un lado para dejarlo pasar—. Tienes cinco minutos.
—Bien, ¿qué quiere saber? —empezó a hablar mientras entraba a la habitación.
—Primero, ¿alguna vez tocas el suelo? No sentí para nada tus pisadas, es como si tuvieras pies ligeros.
—Habilidad de ser un maestro aire.
—He conocido a varios maestros aire y ninguno es tan sigiloso como tú.
—La ventaja de ser el Avatar, supongo —Le gustó observar por primera vez la sonrisa de la muchacha.
—¿Tú ya encontraste a tu alma gemela?
Hubo un pequeño silencio.
—Sí —dijo él.
—¿Y por qué no estás con ella? Ellos tuvieron algo que ver, ¿cierto? ¿Por qué sigues obedeciendo sus órdenes?
—Los que me separaron de ella ya no son parte de la corte y muchos pagaron por sus crímenes. Ahora no sé dónde está y no planeo buscarla, solo la pongo en peligro.
—Y si apareciese de la nada y nosotros ya estuviéramos casado, ¿me abandonarías por ella?
—Para nada.
—¿Por qué?
—Porque no podría fallarle.
—Yo no soy un simple deber.
—Tampoco yo —La joven levantó las cejas—. Lo que quiero decir es que no fallaría a la promesa que le haré de quedarme a su lado hasta el final. Quiero que entienda que esta decisión la he tomado yo analizando la situación, no porque sigo órdenes de aquellas personas que estoy seguro todavía algunos serían capaces de traicionarme. He oído cosas maravillosas de usted y, por la manera que ha actuado hasta ahora, sé que será mi complemento adecuado para enfrentar esta lucha de naciones o dentro de mi grupo de confianza. Además, es una de las mejores maestras tierra de todo el planeta, yo aprendería mucho de usted y estoy dispuesto a hacer lo que esté a mi alcance para hacerla feliz —Con un poco de temor decidió agarrar una de sus manos con la femenina—. Solo si me permite hacerlo.
Toph estaba tan sorprendida por todo lo que expresó el muchacho. Desde que nació nadie había sido capaz de verla como algo más allá que una pobre niña ciega que necesitaba cuidados extremos y que no conoció a su alma gemela en la adolescencia como la mayoría del mundo. El Avatar mencionaba detalles que ni ella se había percatado de sí misma y reconocía su valor. Sentir su mano hizo que las mejillas se le sonrojaran aún más de lo que ya estaban.
—Le pido, señorita Beifong, que acepte casarse conmigo y me ayude a hacer de ese mundo un mejor lugar —Apretó con más fuerza el agarre de las manos.
—Llámame Toph y sí, acepto. Voy a casarme contigo.
