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—J-Jaime.
Había un placer insano en ver a Sirius Black extendido sobre su cama, siendo un desastre absoluto, su túnica estaba deshecha y arrugada, dejando expuesto para él todo el cuerpo de su amante. El verde oscuro contrastando contra la piel pálida, incluso si James fuera un Gryffindor, disfrutar de tal vista solo lo hace querer cambiar aún más todos sus juegos de sabanas.
Se declararía fan absoluto del verde, dirá con gusto adiós al color rojo.
La luz de la luna que entraba por el gran ventanal solo mejoraba aquella vista.
Una musa tendida en su cama esperando ante el cambio del mundo.
Esperando para él.
—Quédate quieto—James volvió a decir no por primera vez, mientras se acerca lo suficiente para quedar a la altura de los ojos de Sirius.
Es consciente de como las manos del otro se retuercen y como sus caderas tiemblan.
Es vertiginoso.
—Se un buen chico, Padfoot—dice en voz baja. Es realmente otra experiencia deleitarse con la vista frente a él, porque ve de primera mano el sonrojo estallar en el rostro de Sirius ante la orden, lo que hace que James lo diga de nuevo solo para verlo deshacerse un poco más— Se un buen chico.
El efecto fue instantáneo.
Todo el cuerpo de Sirius se relajó contra la cama.
—J-Jamie, Jaime, por favor—los ojos grises del otro lo miran desesperado, el gris ahogándose entre la oscuridad del deseo.
—Shhh, se un buen chico y abre las piernas para mí, Siri.
Las piernas magras del otro cumplen su pedido, tropezando un poco con las sábanas, quizás James debería hacer su cama más grande, es algo que puede pensar más tarde, sigue adelante.
—Se que disfrutas presumiendo frente a mí—no había nada que separará sus dedos de la piel blanquecina de Sirius —. Lo haces a propósito, todos lo sabemos cariño, siempre has sido una puta por la atención, desde siempre, alardear, coquetear es un tu segundo idioma
—Mi primer idioma, querido—Sirius dice divertido.
James sonríe, antes de mover su mano y deleitarse con el sonido de su palma contra la piel de Sirius y ver el rojo resaltar en sus muslos.
—No me interrumpas, aunque supongo que eso también tenemos que agradecerle a los Black ¿no? No hay nadie mejor que ustedes mismos.
—Pero amas mis hermosos genes, Jamie—el puchero en los labios de su novio es verdaderamente enternecedor, si tan solo fuera así de inocente.
James extiende su mano y toma con fuerza el miembro erecto de Sirius, el gemido ahogado que sale de la garganta del otro es música para sus oídos y para el monstruo celoso y orgulloso que vive en su pecho.
—Deja de hablar, Sirius. Los buenos niños guardan silencio cuando se les dice. ¿Eres un buen chico?
Vio el movimiento desesperado del otro mientras asentía sin emitir ningún sonido de sus labios.
—Eso.
Se mueve una vez más para atacar los pezones de su novio, chupando y lamiendo hasta que se tornan rojos y duros. Dejándose llevar y bajando por todo el camino de su pecho hasta su vientre, disfrutando de la vista de los tatuajes móviles que se extienden por todo el cuerpo del primogénito de los Black. Hay un pensamiento encantador que se asienta en mente al saber bien que al día siguiente el cuerpo de Sirius estaría lleno de chupetones y mordiscos.
—Hmng—Sirius gime, y él alza la vista, para ver el bonito rubor que sube desde su cuello y mancha las mejillas de su novio. Sirius se muerde los labios y James no puede evitar pasar su pulgar por ellos, encontrándose con la saliva que se desliza y los hace brillar.
—No sabía que los Slytherin podían hacer tales ruidos— se burla.
Los ojos de Sirius se entrecierran y su boca se abre, antes de que el otro pueda decir algo James aleja sus manos y pellizca de nuevo sus pezones.
—Silencio.
Ve la frustración en los rasgos, solo para desaparecer después.
Orgulloso sin remedio.
Se toma su tiempo antes de que mueva sus manos de nuevo para volverle a prestar a atención al miembro de Sirius. Sus dedos lo recorren con suavidad, subiendo y bajando con una infinita calma, haciendo presión cuando era necesario, solo para bajar más hasta encontrarse con la entrada en su trasero y permitir que dos de sus dedos se deslizaran en el agujero resbaladizo. El cuerpo de Sirius se abre recibiéndolos, deleitándose con el calor que se extiende alrededor de sus dedos, los mueve con toda libertad y divide su atención para escuchar los sonidos ahogados de Sirius.
—Ahora que diría la gente si pudiera verte así. El gran Lord Black retorciéndose como una virgen por mis dedos dentro de él. —James se divierte un poco más a expensas de Sirius y sigue con su tarea antes de que él otro recuerde contratacar.
Cada movimiento de sus manos hace que Sirius balbucee y gima de manera desesperada el nombre de James, o un intento de él, que solo es igualado por el desesperado movimiento de sus caderas.
La punzada de algo más grande que él en ese momento se extiende por todo su cuerpo.
Todo esto es para él.
Nadie más podía ver a Sirius así, y se aseguraría de que nadie más pudiera hacerlo.
—Dime, Sirius, ¿a quién perteneces?
Vio los labios moverse, incluso escucharlos murmurar, pero es demasiado bajo para su gusto.
—No escuche eso, amor. Lo cual es raro porque amas el sonido de tu voz.-dijo James mientras pellizcaba los pezones de Sirius o jalaba uno de ellos.
—T-tuyo.
—Sigo sin entender eso. —habla engreído.
—¡SOY TUYO JAMES! ¡TE PERTENEZCO! —termina gritando Sirius para su deleite.
—Por supuesto, Siri.
Así era.
Sirius le pertenecía tanto como él le pertenecía a Sirius.
—James, Jamie, por favor…
Retira los dedos del interior ganándose el quejido frustrado de su amante.
—Tut, tut. Te lo dije eres mío. — regresa su atención a la polla de Sirius— Yo escojo que hago contigo—esta vez moviendo sus dedos con rapidez, ganándose más de esos bellos sonidos— Tu placer me pertenece, mío para ver, mío para adorar.
—Si, si, si, Mmm.
Juega con sus dedos de tal forma que Sirius deja escapar un gemido que está seguro hacen sus ventanas temblar.
Ha sido suficiente. Se detiene y se sienta a esperar.
La respuesta es inmediata.
—James Potter.
—¿Si, cariño? —pregunta inocentemente.
—Si no me follas en este momento me encargare personalmente de que no puedas entrar a tu casa sin transformarte en una babosa asquerosa.
Se ríe, incluso con la amenaza.
—Será un placer, My Lord.
