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Destino equivocado

Summary:

Mo Ran obtuvo su marca de alma gemela y está seguro que solo una persona puede ser quien comparte marca con él... ¿o no?

Notes:

Hola, realmente este escrito debía ser de 2k de palabras pero terminó siendo largo, es algo sencillo, espero les guste.

Muchas gracias por leer en primer lugar. ~

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: JianGui

Chapter Text

Si había algo que Mo Ran siempre escuchó con ilusión fueron las historias sobre las almas gemelas. Su madre era una romántica empedernida heredándole a él la misma ilusión, simplemente era fascinante como el destino podía dar a la persona perfecta para ti. 

—¿Mamá ya encontró a su alma gemela? —El pequeño Mo Ran miró a su madre con los ojos brillantes llenos de expectativas, ella sólo sonrió. 

—No todos la logramos encontrar, es muy raro, por eso es tan mágico, Ran’er.

El infante no pareció tan feliz con esa respuesta. —¿No la encuentras fácilmente?

Su madre negó. —A veces es casi imposible, pero eso no quiere decir que sea tu caso —acarició suavemente su cabeza—. Ánimo, Ran’er.

—¡Ran'er encontrara a su alma gemela y la amara y cuidara para siempre! Nunca la hará sufrir —lo prometió en lo más profundo de su corazón.

Aun si fuera difícil el pequeño Mo Ran no perdería la esperanza. Encontraría a su alma gemela y la amaría como debía ser, no importaba cuánto esperará por él. 

A los veinticinco años seguía esperanzado. 

Miró por encima de la pantalla de su computadora. Pronto sería fin de semana y tenía algunos increíbles planes, especialmente emborracharse y conocer a algún lindo chico o chica en el bar para follar. Xue Meng lo llamaría una puta fácil, en palabras más amables tal vez, pero la misma intención. Su mirada en ese momento delataba sus pensamientos, Mo Ran sólo le sonrió y Xue Meng rodó los ojos en respuesta. 

Esperar por su alma gemela tampoco lo haría dejar de entrar entre las piernas de algunas otras personas.

Cuando los dígitos cambiaron en la esquina de la pantalla de su computadora estaba listo para correr fuera de la oficina. El sonido de una notificación llegando a su teléfono lo detuvo, el icono de un correo nuevo parpadeó en la pantalla con un remitente que detestaba. Mo Ran quiso golpear su cabeza contra el escritorio varias veces. La risa burlona de Xue Meng lo hizo enojar más. El correo decía que todo el equipo de ventas dirigido por el supervisor Chu debía quedarse unas horas más para terminar las bases de un proyecto importante que Mo Ran recordaba apenas habían obtenido. 

—Estupido Chu Wanning —murmuró mientras tecleaba con más fuerza de la requerida. Con su plan de viernes por la noche arruinado sus ánimos bajaron. A las diez de la noche Xue Meng, el chico nuevo y él eran los únicos en el lugar, sin contar a Chu Wanning que estaba en su oficina.

—Pueden irse —hablando del diablo Chu Wanning apareció. Tan altivo y soberbio como siempre hizo que Mo Ran hirviera en cólera—. Es tarde.

¡Lo era! Pensó, se levantó rápido y tomó sus cosas, Xue Meng se adelantó tomando el ascensor primero, Mo Ran estaba bien con eso, no soportaría a su primo en ese momento. Shi Mei le dió una suave sonrisa cuando llegó al elevador. Mo Ran no había hablado demasiado con él, sólo sabía que debía ser muy competente para que Chu Wanning lo tomara en su equipo. Mo Ran se adelantó para apretar el botón, no funcionó. 

—Creo que está fuera de servicio —apuntó Shi Mei—. ¡Oh! Supervisor Chu, el ascensor no sirve, tal vez debemos usar las escaleras —el hombre mayor los miró a ambos sin sorprenderse.

—Mmm. A esta hora dejan de funcionar —la forma en que lo dijo dió a entender que Chu Wanning estaba acostumbrado a ese hecho. El mayor se encaminó hasta las escaleras, ambos lo siguieron, caminaron trás él mientras bajaban desde el sexto piso. El ambiente era algo incomodo, Mo Ran miró a la espalda de Chu Wanning, su cabello largo y negro estaba recogido en una coleta alta, era extraño como siendo tan correcto en su forma de vestir y actuar mantuviera su cabellera tan larga.

A veces se preguntaba qué tan suave sería, cómo se sentirían sus dedos a través de la hebras. 

Perdido en sus pensamientos apenas captó lo que le estaba diciendo Shi Mei a su lado, lo vió adelantarse para llegar hasta Chu Wanning, en su prisa pisó mal. Mo Ran trató de evitar que cayera, lo tomó por el brazo, pero sus pies también se volvieron inestables. Ambos terminaron en el suelo. El impacto no había sido tan fuerte con los pocos escalones que faltaban por bajar, pero chocar contra el cuerpo del otro fue doloroso. Mo Ran trató de levantarse, el brazo le ardía y sentía una leve molestia en su costado por lo cual tardó más de lo esperado en recuperar sus sentidos.

A su lado estaban otros dos cuerpos, Shi Mei quien también trataba de levantarse y más allá estaba Chu Wanning recargado contra la pared. Nadie parecía realmente herido,  Mo Ran estaba seguro que todo su peso había caído sobre Shi Mei, había sentido el cuerpo un poco más pequeño tratando de sostenerlo para que no golpeara contra el suelo. 

Chu Wanning por otro lado parecía molesto, como si empujarlo hubiera sido a propósito. No se acercó para intentar ayudarlos, Mo Ran sabía que era un imbécil, pero no a ese nivel. Una vez que estuvo de pie se acercó a Shi Mei quien sólo le sonrió, sostenía su brazo contra su cuerpo.

—¿Necesitas ir a un hospital? —Mo Ran se quedó a su lado para verificar que no tuviera algún daño, lo sostuvo para ayudarlo a continuar.

—Estoy bien —Shi Mei sonrió mientras ambos seguían bajando los últimos tramos de escaleras que quedaban, si Chu Wanning estaba tras de ellos no importaba menos para Mo Ran. 

Cuando llegaron a la puerta del edificio Shi Mei aún estaba terco al decir que no tenía nada, entre dientes susurró que tal vez sólo el tobillo. Mo Ran no estaba tan seguro, pero lo dejó ir sin cuestionarlo más. La noche era fría, a esa hora el metro ya no estaba en funcionamiento, mientras esperaba un taxi escuchó como las puertas se abrían, Chu Wanning se detuvo sorprendido al verlo. Mo Ran se había olvidado de él, pensó que se había adelantado, ¿por qué seguía en la oficina? Seguramente regresó para alguna cosa del trabajo, su entrecejo se arrugó cuando pensó como había sido indiferente con el accidente de las escaleras, aunque tanto él como Shi Mei no tenían heridas graves fue desagradable. Chu Wanning lo miró por un momento antes de seguir de largo, Mo Ran lo observó hasta que desapareció a la distancia.

El ardor en su brazo seguía pero no demasiado para ir al hospital, tal vez también se estaba preocupando demasiado por Shi Mei.

Al llegar a su departamento decidió tomar una ducha para relajar su cuerpo que aún estaba rígido por la situación anterior. Completamente desnudo y listo para entrar a la ducha notó algo a lo largo de su brazo izquierdo, un extraño patrón que serpenteaba desde su muñeca hasta su hombro pintado en un suave color escarlata, parecían las ramas de algún árbol. Tocó suavemente el patrón, el ardor que había sentido había sido aquello.

Un tatuaje. 

Una marca de alma gemela.

Mo Ran no podía creerlo, la única forma en que la marca de alma gemela se manifestaba era cuando tocabas a tu alma gemela directamente, sin barreras, piel a piel. Mo Ran sólo recordaba una situación que lo hizo tener contacto con una persona.

Shi Mei.

—Shi Mei es mi alma gemela.




Mo Ran contempló al hombre al otro lado de la oficina, Shi Mei sonreía mientras hablaba con el tonto de su primo. Nunca se había detenido a mirar a Shi Mei lo suficiente para notarlo, sabía que era guapo, pero no le había prestado demasiada atención hasta ese momento. Su belleza era delicada, muy diferente a la belleza de Chu Wanning, por ejemplo, quien tenía una belleza fría, sus ojos fenix podían penetrar y dejarte helado con tan solo una mirada. Muy diferente a su labios suaves y rosados que te invitaban a pecar, tomarlos en un solo y agresivo beso para explorar su boca sin contemplación.

Mo Ran salió de sus tórridos pensamientos antes de que su imaginación tomara el control, hace mucho había dejado de tener ese tipo de sueños vividos con el supervisor Chu, se sentía especialmente mal ahora que sabía tenía a su alma gemela a pasos de distancia. A quien debía pensar en besar salvajemente era a Shi Mei, no a Chu Wanning. No pudo hacerlo, se sentía extraño intentando poner a Shi Mei en esa posición. 

—¡Mo Ran! —Saltó ante la voz amenazante que gritó. Levantó la vista para encontrarse con la mirada furiosa de Chu Wanning. 

—Supervisor Chu.

—¿Eres tan rápido para terminar tus tareas que te tomas un descanso?

—No, yo…

—Suficiente, no quiero tus excusas, hay una pila de documentos que necesitan ser revisados y organizados en mi oficina, si estás tan desocupado te dejaré el trabajo a ti —Chu Wanning no dió paso a alguna réplica, Mo Ran sólo pudo verlo desaparecer por la puerta. Con pasos lentos se dirigió a su oficina, Xue Meng se burló cuando pasó a su lado e hizo lo más maduro que podía hacer, le enseñó el dedo medio antes de desaparecer dentro de la oficina de Chu Wanning.

Si había algo que más le asustaba que la personalidad de su jefe era su desorganización. Mo Ran miró con horror alrededor de la oficina, Chu Wanning había mencionado una pila de documentos en su oficina, pero el lugar estaba repleto de pilas de papeles. Chu Wanning no se refería a todas… ¿Cierto?

—Son todas —colgó la llamada antes de que Mo Ran tuviera tiempo de procesar lo que le había dicho, miró la pantalla de su celular sin pestañear. La grosería que salió de su boca debió escucharse por todo el lugar. Decir que pasó casi todo el día organizando la oficina de su jefe no sería mentira, para la hora de salida el lugar parecía más habitable y menos un campo minado. 

Mientras recogía sus cosas notó a Shi Mei que también se preparaba para salir. —¡Shi Mei! —El nombrado se detuvo al escuchar que lo llamaban.

—A-Ran —sonrió suavemente—. ¿Ya vas a casa?

—Si, ¿tú igual? Podemos caminar juntos, ¿cómo sigue tu brazo?

—¿Mi brazo? Uh, bien, creo —Mo Ran asintió, el suave ardor aún persistía esa mañana, pero se había calmado rápidamente al encontrarse con Shi Mei ese día. Las marcas de almas gemelas tenían una función extraña en la que al pasar demasiado tiempo lejos de tu persona empezaba a arder y picar como si quisiera salir de tu piel para ir hasta donde se encontraba la marca complementaria. Con estar en el mismo lugar la marca se calmaba, esto desaparecía cuando se obtenía esencia de tu alma gemela de manera regular.

Abrió la puerta para Shi Mei una vez que llegaron a la primera planta, al salir se toparon con Chu Wanning. El hombre los miró a ambos, Mo Ran creyó ver una expresión herida por un momento, pero desapareció tan rápido que pudo haber sido sólo su imaginación.

—Supervisor Chu, ¿regresa tan tarde? —Shi Mei fue quien rompió el incómodo silencio.

—Olvide unos documentos que aún debo revisar para antes de mañana. Ustedes… ¿se van juntos? —Su ceño se arrugó después de preguntar.

—Oh, salimos juntos, pero vamos a casa ya, es tarde, debería hacer lo mismo, supervisor —Shi Mei sonrió tímidamente.

—Iré después de terminar, ustedes descansen —Chu Wanning pasó rápido a su lado para desaparecer de nuevo en el edificio.  

Shi Mei suspiró. —Siempre es así, nunca he visto que se vaya temprano a casa.

—Es un adicto al trabajo.

Shi Mei trató de sonreír pero su expresión aún era triste, Mo Ran no pudo evitar sentir su corazón apretarse ante la vista, Shi Mei era demasiado bondadoso hasta con alguien como Chu Wanning. —Nos vemos, A-Ran, ten cuidado al regresar —Shi Mei se alejó mientras agitaba la mano, Mo Ran se quedó viendo como se alejaba, cuando desapareció de su vista sus ojos no pudieron evitar mirar de nuevo al edificio a la única ventana que aun estaba iluminada.




—¿No fuiste a casa anoche? —Mo Ran no pudo evitar preguntar. Chu Wanning levantó la cabeza del escritorio donde claramente estaba dormido. Miró a su subordinado que estaba parado en la puerta. Chu Wanning miró a los lados tratando de orientarse, no esperaba ser encontrado de esa manera.

—¿Por qué aún no te vas a casa?

—Son las 6 de la mañana, supervisor, estoy llegando —Chu Wanning lo miró con sorpresa antes de darse cuenta de que la luz de la oficina provenía del exterior. 

—Debo asistir a la junta —se levantó para tomar sus cosas, Mo Ran notó para su pesar que de nuevo el lugar empezaba a verse como el día anterior mientras Chu Wanning tomaba diversos documentos. Se veía honestamente mal, la ropa del día de ayer estaba totalmente arrugada, eso sumado a su cabello desarreglado, su coleta alta ahora estaba más abajo y torcida. Si mirabas con más atención podrían ver como había un rastro de baba seca se adhería a su barbilla. 

—Supervisor… —lo ignoró—. Tal vez debería volver a casa y tomar una ducha.

—No.

—No creo que tarde tanto, su junta es a las siete y media —que terco era ese hombre.

—Mi departamento queda a hora y media de aquí —fue lo único que dijo antes de darle a Mo Ran una mirada de piérdete. Bien, era demasiado temprano para que  aguantara el mal genio de su jefe.

Después de eso Chu Wanning desapareció hasta el mediodía, aunque trataba de no demostrarlo, el cansancio se filtraba en su rostro. Caminó lentamente hasta su oficina sin mirar a nadie, parecía que en cualquier momento se iba a desplomar. 

Mo Ran conocía a su jefe, sabía que Chu Wanning se volvería a encerrar y tal vez no lo volverían a ver hasta el día siguiente, no comería, no descansaría. 

Odiaba a Chu Wanning, claro que lo hacía, pero tampoco era un total imbécil para ignorar eso. Tocó la puerta de la oficina dos veces hasta que escuchó la voz fastidiada de su supervisor gritando un adelante. Al abrir lo vió detrás de su escritorio, Mo Ran estaba seguro que de seguir así algún día Chu Wanning se iba a fusionar con esa oficina para ser uno solo. 

—¿Qué quieres, Mo Ran? —No lo miró.

Mo Ran se acercó y dejó la caja sobre su escritorio tratando de no tirar los documentos alrededor. —Almuerzo —Chu Wanning detuvo el tecleo para mirarlo con una ceja alzada. 

—No tienes que pedir permiso para salir a comer.

—No es para mí, es para ti —Chu Wanning frunció más el ceño. 

—Es tu almuerzo.

—Hice demasiado, tal vez pensé que te gustaría comer algo, podrías llegar a desmayarte o algo peor —mala elección de palabras. 

—Tonterías —volvió su vista al teclado sin decir más. Mo Ran suspiró y miró al hombre, lo había intentado. Dejó la caja de almuerzo en el escritorio y salió de ahí. Una extraña decepción se instaló en su pecho, fue estupido de su parte tratar de ser amable con Chu Wanning. Se sentó de mala gana en su lugar, no debería estar tan molesto, pero siempre lograba sacarlo de sus casillas. Xue Meng lo miró, pareció querer decir algo, pero se detuvo. 

Más tarde Shi Mei se acercó con un pequeño pan. —Vi que no comiste nada hoy, A-Ran —le ofreció el pan, el mal humor de Mo Ran empezó a desvanecerse.

—Gracias, Shi Mei —sostuvo el pan en sus manos, una sonrisa iluminó su rostro—. ¡Shi Mie! —Se detuvo al escucharlo—. Tú quieres… ¿salir este fin de semana? —Shi Mei lo miró por unos segundos antes de sonreír levemente.

—Sería bueno, A-Ran.



Decir que no estaba nervioso sería mentir. Volvió a mirar su ropa tratando de encontrar algún desperfecto, su cabellos estaba en todas direcciones dándole un aire más juvenil a diferencia de su imagen en la oficina donde siempre lo peinaba hacia atrás. Fuera del pequeño bar restaurante seguía observando su reflejo, todo debía ser perfecto.

—¡A-Ran! —La suave voz de Shi Mei lo hizo alejar su vista de su rostro, la suave irritación en su brazo empezó a calmarse anunciando la cercanía de su alma gemela, su sonrisa se congeló cuando miró a las personas detrás de él.

—¿Qué es esa cara, perro? —Xue Meng se acercó a darle un golpe en el brazo. Miró a su primo para después ver a Chu Wanning que los seguía desde atrás, también parecía sorprendido de verlo ahí. 

—¿Qué hacen aquí? —La decepción se filtró en su voz más de lo que le hubiera gustado demostrar.

—¿No era una salida para todos? —Shi Mei lo miró con sorpresa.— Lo siento, A-Ran, pensé que querías que todo el equipo saliera a tomar algo —ah, Shi Mei era tan amable y bueno, tan puro para pensar en las intenciones de Mo Ran aun después de que ambos estaban compartiendo marca. Pudo ver como Chu Wanning arrugó su entrecejo. 

—Si estoy interrumpiendo algo entonces me iré —Chu Wanning estaba listo para dar media vuelta e irse, pero Xue Meng lo detuvo. 

—¡No, Chu-ge! Fue tan dificil que aceptaras, Mo Ran sólo está siendo un perro tonto.

Mo Ran no lo estaba siendo, quería ser egoísta y decirle a ambos que se fueran, pero la incomodidad en su pecho era aplastante. Simplemente algo en la mirada de Chu Wanning lo hizo sentir mal. —No, no, quédense, sólo bromeaba para molestar a MengMeng —Mo Ran dejó salir una risa seca. Chu wanning no parecía muy convencido de quedarse,  Xue Meng y Shi Mei fueron lo suficiente  persuasivos.

Al final los cuatro compartieron una mesa en el fondo del bar. La música era tranquila, el ambiente perfecto para una cita romántica, pero esa mesa no tenía nada de romántico. Xue Meng estaba totalmente borracho después de una cerveza y media, balbuceaba  tonterías sobre el trabajo y Chu Wanning.

—Chu-ge es tan genial —dijo mientras se lanzaba a los brazos del mayor, Chu Wanning apenas pudo reaccionar para atraparlo, dejó la copa a tiempo pero no tanto para evitar que el vino tinto manchara el bonito suéter blanco que llevaba. 

Mo Ran no negaría que se había sorprendido desde el momento en que llegó, nunca antes había visto a Chu Wanning con ropa que no fueran sus feos trajes que parecían siempre quedarle una talla más grande. La ropa que llevaba en ese momento parecía más acorde a su medida, menos por el suéter pero eso le hacía ver más… adorable. Mo Ran no creyó que pudiera decir eso alguna vez  sin terminar muerto.

Chu Wanning era alguien frío, pero siempre pareció tener cierta debilidad con Xue Meng dejándolo ser un niño mimado a su alrededor.

Mo Ran no estaba celoso.

—Bien, MengMeng, estás molestando al supervisor Chu —Xue Meng lo miró e hizo un puchero.

—A Chu-ge no le molesta —lo miró con una expresión que movió algo en el pecho de Chu Wanning. Este sólo levantó una mano y palmeó su cabeza, Xue Meng sonrió victorioso. Mo Ran sólo pudo rodar los ojos.

Si, definitivamente no estaba celoso.

Cuando Xue Meng por fin soltó al hombre mayor este se excusó para ir al baño y limpiar la fea mancha de vino, Mo Ran conocía perfectamente a Chu Wanning, sólo extendería más la mancha terminando peor. Se excusó también con los otros dos hombres en la mesa antes de desaparecer por el mismo camino.

—Supervisor Chu, ¿qué está haciendo? —Mo Ran casi quiso reír al ver la expresión de Chu Wanning,  como un gato siendo descubierto en sus fechorías.

—¿Qué haces aquí? —Siseó mientras daba un paso atrás. 

—Es un baño público —apretó los labios como si se contuviera de decir alguna cosa—. Además, vine a salvarte de arruinar más ese bonito suéter.

—No tienes que salvar nada.

—Bueno, estoy seguro que la mancha no era así de grande —Chu Wanning guardó silencio unos segundos para contemplar su obra maestra—. Déjame ayudarte —Mo Ran no esperó una respuesta porque ya sabía cual era, tomó el paño húmedo que estaba utilizando Chu Wanning, poco a poco limpió la tela siendo consciente de la cercanía que estaba compartiendo con el hombre. El mayor no se movió ni un centímetro, parecía contener su respiración, Mo Ran levantó la vista para encontrarse con el rostro de Chu Wanning. Sus ojos estaban fijos en alguna parte del suelo, tratando de evitar mirar algo más allá de él. ¿Tanto le desagradaba el contacto de otros? Mo Ran contuvo un suspiro, el suéter tenía mejor apariencia que momentos atrás, pero su ánimo ya no era el mismo—. Listo, creo que eso lo soluciona por ahora —Chu Wanning no dijo nada ni lo volteó a ver. Bien, sabía cuándo retirarse. No dijo nada cuando salió del lugar y regresó a la mesa, Shi Mei le dió una suave sonrisa pero ni siquiera eso lo animo, estúpido Chu Wanning.

No entendía porque seguía insistiendo en tratar de llamar su atención, era ridículo, por dos años había  sido la misma situación. Además, ya tenía alguien que debía ocupar sus pensamientos, su corazón. ¿Por qué Chu Wanning seguía siendo tan importante? 

—Me voy —Chu Wanning dejó un puñado de billetes en la mesa. Mo Ran sólo lo miró desaparecer tras la puerta y la sensación de pérdida se instaló en su pecho. 




El siguiente lunes fue caótico. Mo Ran apenas tuvo tiempo de pensar en su estancada relación con Chu Wanning, tampoco es que quisiera pensar en ella, pero tampoco tuvo tiempo de pensar en el por qué le importaba tanto. Esa mañana el ardor en su brazo era más intenso, la picazón disminuyó  una vez que llegó a la oficina, sintió que tal vez era algo de lo que debía hablar con Shi Mei pronto. Eran almas gemelas, el uno para el otro, no había razón para avergonzarse por ello y estar evitando el indiscutible destino.

Miró hacía la dirección donde se encontraba Shi Mei, concentrado en el reporte que tenía entre manos, sus facciones eran especialmente finas y hermosas, un hombre extremadamente hermoso. Mientras esos pensamientos se filtraban en su cabeza sus ojos se movieron lentamente hacía el hombre detrás de él escondido en su oficina.

Una belleza superior, como un dios.

Tomó su teléfono. 

«¿Podemos hablar?»

«Claro, A-Ran. :)»

Él ya tenía un alma gemela.




La pequeña cafetería frente a la oficina era encantadora, Mo Ran no era un cliente habitual, pero las pocas veces que había probado algo del lugar había sido bueno. Shi Mei había enviado un mensaje avisando que estaría ahí en un momento, la espera lo puso ansioso, sentía sus manos sudar y el lugar empezaba a sentirse demasiado caliente. Cuando escuchó el tintineo de la puerta levantó la mirada para atrapar unos ojos miel mirarlo con sorpresa, Chu Wanning lo saludo con un movimiento de cabeza antes de caminar hacía la vendedora, la linda chica mostró una gran sonrisa al ver al mayor.

—Señor Chu, que alegría tenerlo aquí hoy —demasiado amable, no sólo era por ser su trabajo, parecía conocerlo. Chu Wanning le dió una suave sonrisa—. ¿Quiere lo de siempre?

—Por favor —la chica asintió antes de dar medía vuelta y empezar a preparar la bebida con la que estaba seguro podría obtener el tipo de diabetes más peligroso con sólo un sorbo. No siendo suficiente dejó frente a Chu Wanning una variedad de pasteles que le hicieron doler los dientes. 

¿Su jefe realmente quería morir? 

—¡A-Ran! —La voz de Shi Mei lo sacó de sus pensamientos, el otro hombre caminó sonriente a su mesa, cuando volvió a buscar a Chu Wanning notó como los veía a ambos antes de desviar su mirada—. Perdona la tardanza.

—Está bien, ¿quieres algo? —Mientras Shi Mei observaba el menú Mo Ran volvió su vista a donde había estado hace un momento Chu Wanning, se había ido, parecía que al verse descubierto había escapado—. ¿Mmm? —Shi Mei se rió cuando por fin logró captar su atención.

—A-Ran me invitó a comer pero está tan distraído, ¿soy tan aburrido?

—¡No! Para nada, Shi Mei simplemente… —¿Qué excusa podía poner? No podría decirle que estaba pensando en Chu Wanning, su alma gemela estaba frente a él y su mente seguía corriendo trás ese hombre. 

—¿Es por el supervisor Chu? Sé que ama los postres de este lugar, aunque parece que le da vergüenza que los demás  lo sepan.

—Es tan frío y engreído que no puede aceptar cosas tan simples.

Shi Mei no dijo nada más, parecía incómodo. —Realmente no te agrada.

—No tiene caso hablar de eso —Mo Ran quiso dejar el tema—. Hay algo más importante que hablar de Chu Wanning. Sobre esa noche…

—¿Qué noche? —Mo Ran sonrió.

—Ya sabes, la noche en las escaleras —el rostro de Shi Mei se iluminó al entender, sonrió mientras negaba.

—A-Ran, te lo dije esa vez, no fue nada, ¿sigues preocupado por eso?

—Bueno, no sólo eso, tu brazo…

—Está bien, está bien. En realidad no me hice daño gracias al supervisor Chu.

—¿Qué? —Los pensamientos de Mo Ran se detuvieron.

—Si, cuando tropecé él me logró sostener a tiempo, pero tú también caíste y no pudo sostener el peso de ambos —Shi Mei se encogió de hombros—. Su pie se dobló y golpeó contra el suelo peor que nosotros dos, pero no lo supe hasta días después, su tobillo estaba realmente mal.

Mo Ran recordó esa ocasión una vez más, Chu Wanning se movía lentamente y había tardado más en salir del edificio, seguramente apenas había podido bajar las escaleras. Y además de eso, ¿se había ido caminando hasta su departamento? No recuerda haberlo visto parar algún taxi. 

¿Chu Wanning podía ser tan desinteresado con su propio cuerpo? La ira de Mo Ran aumento ante el pensamiento, no sabe con quien estaba más molesto, si con el mismo por ser tan idiota y no notar la dolencia de Chu Wanning o con el mayor que no le importó su propio cuerpo. Lo peor es que nunca lo notó, si Shi Mei no lo hubiera mencionado  nunca lo habría descubierto. 

—¿En qué piensa, A-Ran? —Shi Mei lo sacó de sus cavilaciones.

—Nada. Creo que es hora de irnos —su apetito había desaparecido.

—Aún no terminas tu comida.

—Está bien, lo pediré para llevar, dame un momento —Mo Ran se dirigió a la chica en el mostrador. Le entregó su comida casi intacta para guardarla, mientras la chica se encargaba de empaquetar, Mo Ran vió algo que no puedo evitar señalar—. ¿Ese pastel también puede ponerlo? —La chica sólo asintió mientras sonreía.

El camino de regreso fue silencioso, ninguno habló pero poco le importó a Mo Ran sintiendo el peso del pastel en sus manos. Era una discreta disculpa y agradecimiento, sólo eso.

Su pies no se detuvieron a esperar a Shi Mei, una vez que las puertas del elevador se abrieron se dirigió a la oficina de Chu Wanning. Cuando abrió la puerta Chu Wanning no lo volteó a ver, caminó lentamente como si estuviera ante un gato que al menor movimiento saldría huyendo.

—Supervisor… —Chu Wanning siguió ignorándolo—. Traje algo para usted —el hombre pareció tensarse antes de levantar la vista, miró sobre sus anteojos directamente hacía Mo Ran. Su perpetua expresión de molestía casi lo hace arrepentirse de lo que haría. Mostró la caja como una ofrenda de paz ante algo que aún no sucedía, o tal vez que ya había pasado, con Chu Wanning era difícil saberlo—. Ví lo que compraste en la cafetería, pensé que te podría gustar.

Chu Wanning no dijo nada mientras continuaba con las manos estiradas, Mo Ran tomó su silencio como si el hombre aceptara su regalo y se acercó  para dejarlo en su escritorio. Listo para irse se detuvo ante la voz de Chu Wanning. —Gracias —dijo sin verlo, Mo Ran no pudo evitar sonreír. 

Su relación pareció aligerarse un poco a partir de ese momento.

Mo Ran empezó a notar pequeñas cosas en Chu Wanning que antes había pasado por alto. Pequeñas acciones que el hombre hacía religiosamente, todas las mañanas que no amanecía en la oficina, que era casi todo el tiempo, aparecía con un café extra dulce y una caja con una variedad diferente de pastelillos, pero siempre había uno en particular que podía considerarse su favorito. A las once de la mañana parecía tomar un respiro de su trabajo para ir al pequeño comedor de la oficina y tomar su segunda taza de café. Mo Ran no lo estaba acosando, fue coincidencia verlo.

De la misma forma, fue coincidencia que notara uno de sus malos hábitos. Era el cuarto día que en  la hora del almuerzo Chu Wanning permanecía en su oficina sin salir. A puerta cerrada aún por las persianas podía verlo trabajar sin descanso. Mo Ran aplastó la albóndiga en sus palillos, realmente era molesto ver al hombre, ¿creía que era algún tipo de robot? ¿Y por qué tenía que importarle tanto? Chu Wanning era su persona menos favorita. Simplemente… ¿Era el sentimiento de responsabilidad por lo sucedido? Un hombre que parecía tan solitario empezó a generar cierta simpatía en él. Suspiró mientras revolvía su cabello, Chu Wanning era realmente molesto.

Se levantó de su lugar y caminó con seguridad hasta la oficina de su jefe. 

—Adelante.

—Supervisor —esa escena parecía estar volviéndose habitual, tanto que el mayor ya no parecía sorprendido de verlo en su oficina—. Traje el almuerzo.

—Ya te dije que no es necesario —Chu Wanning seguía sin mirarlo.

—Simplemente hago demasiado, desde que mi madre no está no mido bien las proporciones y terminó siendo de nuevo comida para dos personas —no era un total mentira, a veces Mo Ran cocinaba de más, pero lo almacenaba para comerlo después—. Y pensé que sería mejor compartirlo que desperdiciarlo.

—Dámelo —Chu Wanning estiró su mano, sus ojos tras las gafas eran feroces y determinados—. No es adecuado tirar la comida —bien, Chu Wanning era fácil de convencer cuando volvía todo una manera de ayudar a otros y no una acción de cuidado para su persona. Mo Ran le entregó el almuerzo antes de que el hombre se arrepintiera—. ¿Qué estás esperando?

—¿Mmm?

—¿Por qué sigues aquí? —Oh, cierto.

—Disfrute la comida, supervisor Chu.

—Como sea —murmuró antes de volver la vista a la pantalla. Mo Ran salió y el suspiro que estaba conteniendo pudo salir por fin de sus pulmones. Miró hacía atrás para ver a Chu Wanning ignorar la comida. Tal vez estaba siendo demasiado entrometido.

A la mañana siguiente se sorprendió al ver la caja de almuerzo en su lugar, a su lado había un termo que no reconocía y estaba seguro no le había dado a Chu Wanning. El termo estaba caliente y pesado, al abrirlo un olor delicioso se desprendió de él. Las especias picantes parecían flotar en el suave vapor, tan rojo como le gustaba. Miró hacía la oficina de Chu Wanning, las luces estaban encendidas.

Ese día su almuerzo fue realmente delicioso. 

Desde entonces Mo Ran accidentalmente preparó más comida de la necesaria, Chu Wanning la aceptaba a regañadientes porque no podía dejar que se desperdiciara. Poco a poco Mo Ran logró tomar asiento en el mismo escritorio y compartir comidas con Chu Wanning aunque el hombre no estuviera muy de acuerdo al principio. De alguna manera que Mo Ran no entendía estar alrededor de Chu Wanning se sentía natural, se dió cuenta que el hombre no era altivo ni egocéntrico, simplemente parecía ser tímido y no sabía expresarse. Le gustaban los dulces, era desorganizado, y siempre centrado en su trabajo. 

—¿No irá a casa, supervisor Chu?

—Debo terminar esto, pueden irse —las montañas de papeles parecía sólo haberse acumulado desde esa tarde que almorzó con él. Miró al hora—. ¿Qué haces? —Chu Wanning por fin levantó la mirada para verlo cuando escuchó la silla arrastrarse. 

—Ayudo —Mo Ran sonrió—. Entre los dos sería más fácil terminarlo.

—Es viernes por la noche, ¿no tienes que salir a alguna cita? Con Shi Mingjing por ejemplo.

—¿Shi Mei? —Mo Ran pensó que no había hablado con Shi Mei en todo ese día, apenas habían cruzado palabras. Su mente había estado corriendo alrededor de Chu Wanning—. Oh, él tenía cosas que hacer esta noche —forzó una sonrisa, Chu Wanning se rindió y no dijo nada por un largo tiempo. 

Ambos se dedicaron a completar el trabajo pendiente, cuando el reloj marcó las diez de la noche la carga se había reducido considerablemente. Se estiró en su asiento mientras Chu Wanning comenzó a recoger sus cosas. —Deberíamos ir a casa. 

Mo Ran lo siguió, el trayecto hacía fuera del edificio fue tranquilo con Chu Wanning liderando, Mo Ran fue muy cuidadoso para no volver a cometer el error de tropezar, pero no pareció ser igual para el mayor cuando en un mal paso resbaló y casi cayó, de no ser por Mo Ran quien lo sostuvo pudo haber terminado en el piso.

Mo Ran podía ver el color miel en los ojos de Chu Wanning, más claros de lo que en realidad parecían. Sus ojos bajaron lentamente pasando por sus pómulos altos, su nariz respingona y se detuvieron en sus labios delgados y llenos de un suave color rosa, su lengua se abrió camino entre ellos para humedecerlos, Mo Ran contuvo el aliento antes de volver la vista a los ojos fénix. 

La distancia se estaba acortando entre ambos. Chu Wanning apretó con fuerza la tela de la camisa del otro en su mano y cerró los ojos con fuerza. —Shi Mingjing… —Susurró, Mo Ran pareció salir de su trance al escuchar aquel nombre. La mano que sostenía la cintura de Chu Wanning se alejó lentamente, ayudó al  mayor a estabilizarse antes de poner la suficiente distancia entre ambos. El corazón de Mo Ran latía con fuerza en su pecho. 

—Olvide algo en la oficina —Chu Wanning pasó a su lado rápidamente—. Ve a casa y descansa, buen fin de semana —no le dió tiempo de decir nada antes de desaparecer. Aún podía sentir el calor de Chu Wanning en su mano. Había estado a punto de besarlo. Iba a besar a Chu Wanning, ¿qué le pasaba? Shi Mei era su alma gemela, ¿por qué Chu Wanning lo seguía afectando tanto?—. Mierda —tenía que alejarse del hombre, mantener su distancia, serle devoto a Shi Mei. 

Los siguientes días fueron confusos para Mo Ran. Alejarse de Chu Wanning no fue tan difícil, no cuando el mismo hombre estaba dispuesto a evitarlo. De pronto Chu Wanning parecía ya no existir en la vida de Mo Ran más que unos segundos, los almuerzos compartidos terminaron, si el mayor quería algo de él prefería comunicarlo a través de Xue Meng. Mo Ran trató de ignorar el dolor en su pecho, tenía a Shi Mei, ¿qué importaba lo demás? 

Se repitió aquello hasta que vió a un hombre reir a lado de Chu Wanning, un hombre que no era él.