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Sam lo observaba de lejos conversar con sus amigos ñoños, ¿cómo había llegado a este punto? Se suponía que la situación siempre era al revés: el nerd se enamoraba del chico malo, en su caso chica, y era este quien debía hacer lo imposible para llamar su atención, claro que Sam ya estaba acostumbrada a que su vida estuviera patas arriba todo el tiempo. Aunque esto que le pasaba era algo bastante nuevo para ella y cualquier duda incertidumbre que experimentaba con la situación le provocaba un sentimiento desagradable: miedo al rechazo.
Lo más frustrante era que estaba consciente que Freddie Benson tendría todo el derecho a rechazarla, ¿por qué no lo haría? Siempre lo había humillado, avergonzado, maltratado y demostrado de mil y un maneras que jamás se interesaría en él. Era lo que se merecía si alguna vez le confesaba sus sentimientos y, aún así, una pequeña parte de ella quería creer que podrían funcionar como pareja, su parte ilusa.
No supo qué hacer cuando sus miradas se cruzaron y Freddie le levantó la mano para saludarla acompañado de una encantadora sonrisa, sintió un cosquilleo en su interior al ver ese gesto tierno de su parte y por un segundo quiso corresponderle de una manera amable. No pudo, sus inseguridades le recordaron que si era afectuosa solo se convertiría en la burla del chico, así que le respondió el saludo mostrándole el dedo de en medio y marchándose rápido a su clase. El castaño la miró confundido y continuó con su conversación.
Carly vio extrañada a su amiga por haber llegado temprano a una clase.
—Sam, ¿estás bien?
—¿Por qué lo preguntas?
—Es que tú nunca vienes a esta clase.
—Siempre hay una primera vez para todo, Carls.
—Buen punto.
Cuando pensó que pasaría sesenta minutos aburrida, pero tranquila, entró el ñoño que le estaba causando problemas últimamente.
—¿Qué hace él ahí? —le dijo a Carly en voz baja.
—¿Freddie? Todos tomamos la misma clase de Química.
—¿Desde cuándo?
—Desde siempre, eres tú la que no aparecía.
—Mierda.
—Un gusto saludarlas, señoritas. Aunque Sam ya me dio su cariño de buenos días —Freddie agarró una silla para sentarse en medio de las dos.
—Sal de aquí, que no te quiero cerca —la rubia pateó la silla del joven.
—¡Sam! Trata de ser más amable, ¿quieres?
—Descuida, Carly, ya estoy acostumbrado a sus malos tratos. Así es como la quiero —expresó Freddie con seguridad.
El corazón de la chica comenzó a latirle con fuerza al escuchar esas palabras, la lastimaban y reconfortaban a partes iguales, Se levantó para irse y saltarse la clase y le dio un puñetazo fuerte al hombro del chico.
—Lo que nunca me acostumbraré es a sus golpes —indicó mientras se sobaba la parte lastimada.
“No olvides que así la quieres”, escuchó Sam que Carly decía a lo lejos y Freddie responder “Tienes razón”. Una sonrisa se asomó en su rostro. Le agradaba contar con su amistad y estaba tranquila con que sus sentimientos románticos se mantuvieran en secreto. Si llegaba el día que se le confesara, sería también el día en que ella se encerrara en un psiquiátrico de por vida.
