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La lluvia no solía ser un problema, pero si una molestia. Él podía volar sin problemas durante las tormentas, y solamente podía hablar por el, ya que al tener un dominio del vuelo inigualable y contar con su ‘’Furia de Revali’’ lo prestigiaban por encima de los demás Ornis, aunque pasando un tiempo sus alas se harían tan pesadas haciendo imposible continuar volando, justo como hoy.
Revali esta inquieto y fastidiado mientras estaba recargado en un árbol con un tronco que parecía girar al mismo tiempo que desprendía sus ramas, agradeció de mala gana que le brindara un descanso de la odiosa lluvia. Gracias a ella, sus alas se sentian pesadas y su cansancio era mas que evidente.
Al darse cuenta de la gran cantidad de tiempo libre para recuperarse y no ver al horizonte a ningún ser, cerro los ojos un momento dejando salir un pesado suspiro mientras regulaba su respiración, el viaje realmente había sido agotante.
Fue solo un parpadeo, pero los abrió nuevamente para darse cuenta que ya no estaba a las afueras de las selvas de Farone donde se había quedado varado, sino que ahora se encontraba en el Dominio de los Zoras, donde las cascadas y la tenue luz de las piedras luminosas brillaban por doquier, específicamente en el embalse oriental.
-Revali – La vio acercarse, Mipha irradiaba felicidad incluso cuando tenía esa suave sonrisa en sus labios rojos, su cercanía salpico unas pequeñas gotas al suelo seco bajo el techado donde se resguardaba. Demasiado pronto, un nerviosismo se apodero de ella, juntando las manos en su pecho y evitando su mirada. - ¿Alguna vez… has bailado bajo la lluvia?
- ¿Tengo cara de que bailo bajo la lluvia? – Respondió, mas cortante de lo que realmente quería.
- Ciertamente no, de igual forma yo no tengo cara de bailar bajo la lluvia, ¿O sí? – Pregunto viéndolo a los ojos.
La respuesta era si, se miraba a millas de distancia que ella bailaría incluso si solamente hubieran caído tres gotas. Lo había estado haciendo hace unos instantes, así que si.
- Supongo que no. – Contesto, mintiendo sin vergüenza que le hizo dibujar una sonrisa en su pico.
- Bueno, si bailamos ahora, nadie sospechara de ello. – Dijo ella al momento que tomaba su mano y con un suave impulso, lo encamino hacia uno de los puentes que rodeaba el embalse oriental.
El se hubiera negado rotundamente a todo. Desde hacer que su plumaje y ropas se mojaran sin sentido, el hecho de bailar siendo el un respetado guerrero que jamás había participado en ningún baile, o que se dejara guiar siendo tirado de su ala. Pero incluso esa diminuta mano zora, con las uñas amarillas y piel fría, trasmitía un calor que no había sentido nunca, que viajo desde su ala y se deposito en su pecho, haciendo su corazón latir con fuerza. Fue este mismo calor el que hizo que no opusiera resistencia en seguir a la joven princesa.
Como si lo hubiera predicho, la lluvia aumento, haciendo ver un horizonte gris y nublado, no podía ver los otros puentes del embalse, pero no fue necesario.
- No se bailar. – Le confeso Revali, en un intento en que la lluvia pudiera ocultar la vergüenza de su declaración.
- No lo necesitas. – Grito Mipha, quien ahora tomaba ambas manos. – Solamente disfruta el momento. – Ella le sonrió con suavidad, entrecerrando suavemente los ojos.
Aun diciendo esto, ella sin soltar su brazo lo alzo increíblemente alto, esta exageración hizo que tuviera el valor de tomar su otra ala y colocarla en su cintura mientras ella dejaba una mano en su pecho, ese mismo valor desapareció con el calor de sus mejillas que trato evitar apartando la mirada.
- Sígueme, Revali. – Grito con una sonrisita esperando que el la escuchara, ya que la lluvia era fuerte y ruidosa.
Al compás de música imaginaria, Mipha lo guio en la plataforma a un baile formar y elocuente, a lo que Revali correspondió a una gracia pomposa que imitaba de los bailes hylianos que había visto junto a la compañía de los campeones en el castillo de Hyrule. Mipha tomo esto con gracia y siguió el juego, hasta que en un momento ella aun tomando una de sus alas se alejó tanto como sus brazos extendidos les permitieron, para después volver a girando, deteniéndose y quedando ella de espaldas frente a él. Extendió sus brazos a los lados, cerrando los ojos mientras disfrutaba la lluvia en su rostro al mismo tiempo, Revali tomaba ambos brazos para hacerla girar nuevamente y estar frente a frente.
Aun tomados de las manos, Mipha se acerco y se alejo de el, para soltar una de sus alas y elevar la otra, paso debajo de ella en un elegante movimiento mientras la seguía su cola de pez. Revali estaba encantado en la gracia de sus movimientos, y siguiendo el consejo de Mipha, la soledad de la situación y la fría agua de lluvia que caía sobre ellos, se dejó llevar por ella.
A Mipha le encantaba girar, en ocasiones chapoteaba los grandes charcos que se formaban de manera no tan elegante, lanzando el agua aquí y allá, se podía ver que era ella quien bailaba mientras Revali la recibía y le brindaba soporte. Ambos tenían una boba sonrisa en sus rostros, concentrados solamente en ellos.
Fue en una de las vueltas, donde Revali la acerco, pero ella no choco con su pecho, si no que, tomándola de la cintura, la hizo descender a centímetros del suelo, el jadeaba, divertido observando el rostro sorprendido y sonrojado de Mipha para después verla romper en risas que la hacían mostrar sus dientes puntiagudos, ella cerraba con fuerza los ojos mientras sus manos se aferraban a él y su cuerpo se relajara en su antebrazo. El corazón de Revali latía con fuerza fue entonces que el calor de su pecho se esparció por todo su cuerpo, su mente saba vueltas, sus piernas se tenían temblorosas y sus alas perdían la fuerza, entre mas miraba a Mipha, se daba cuenta que jamás había tenido un debilidad por nada, ni por nadie. Hasta en ese momento.
El la levanto en un solo movimiento, sorprendido por sus propios pensamientos y un poco pasmado por la ola de emociones. La lluvia había disminuido su fuerza, quedando solo una suave llovizna. Mipha se tallo la cara al mismo tiempo que lanzaba el agua de su frente hacia su cola de pez, dejo descansar una mano en su mejilla manteniendo la otra sobre su cabeza, se giro hacia el.
- Sabes, eres un excelente bailarín Revali – Le sonrió ella con sinceridad mientras también jadeaba levemente. Incluso sin la presencia de rayos de sol, sus escamas rojas parecian haber adquirido un brillo especial.
- Lo dudo, pero gracias por tu pequeña mentira. – Le correspondió con una sonrisa y negó con suavidad su cabeza, haciendo que sus trenzas también se movieran. Cerro los ojos mientras el también retiraba el exceso de agua de su cara. Sus plumas estaban empapadas, y sus alas comenzaban a pesar mucho mas de lo normal.
- Bueno, si quieres la verdad… - ella pronuncio e hizo una pausa, esto lo obligo a abrir sus ojos verdes esmeralda y mirarla con curiosidad. – Esta es la primera vez que bailo bajo la lluvia con alguien y me alegra… que haya sido contigo, Revali. – Ella lo miro con sus mejillas sonrojadas, la cara levemente ladeada y una suave sonrisa en sus labios rojos, cerro sus ojos con suavidad e incluso timidez.
Su voz pronunciando su nombre y esa imagen de ella sonriendo con sinceridad y cariño se quedaron gravadas en su memoria mas tiempo de lo que hubiera podido imaginar.
Una gota particularmente grande, cayo justo en medio del pico de Revali, sacándolo abruptamente de su ensoñación, en un rápido movimiento tomo su arco pero antes de desfundarlo se sintió ridículo haberse asustado por una simple gota de agua, con un rápido vistazo a su alrededor asegurándose que nadie lo había visto. Solo hasta entonces bajo sus alas y la cruzo frente a el, en negación.
Se le escapo una suave sonrisa, de aquellas que solamente habían salido por y para ella.
- Tal vez la lluvia no sea tan mala después de todo. – Susurro.
