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El Último Enemigo: Las Noches Aullantes

Summary:

Es el año 1975 y la guerra está hirviendo bajo la superficie del mundo mágico... pero en Hogwarts, es la magia de siempre mientras los estudiantes de quinto año se preparan para sus T.I.M.O.s entre la política, las bromas y otras malas decisiones.

Severus Snape quiere demostrar su valor.
Lily Evans quiere un nuevo comienzo.
James Potter quiere a Lily Evans, aunque esto no sorprende a nadie más que a él.
Sirius Black quiere escribirse a si mismo una nueva historia.
Remus Lupin quiere sobrevivir a la próxima luna.
Peter Pettigrew quiere mantenerse a buen ritmo.

Pero conforme las tensiones aumentan, se elegirán lados, se destruirán amistades, se separarán familias y los caminos se alterarán para siempre.

Las Noches Aullantes es el primer libro de la serie El Último Enemigo, que sigue las vidas de los héroes y villanos de la Primera Guerra Mágica de 1975 a 1981.

 

¡Mira el Trailer!

Notes:

Esto es una traducción a Español de The Last Enemy: The Howling Nights por CH_Darling. Todo el crédito por esta increíble historia va para ella.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Espejito, Espejito

Chapter Text


 

El último enemigo
que será destruido
es la muerte
(1 Corintios 15:26)

 

No vayas esta noche
Está destinado a tomar tu vida
Hay una mala luna elevándose
(Bad Moon Rising, Creedence Clearwater Revival)

 


JAMES


Espejito, Espejito

"No hay manera, compa," declaró una voz hosca a la luz de las velas de una habitación oscura. El dueño de esta habitación — un joven alto y anguloso con lentes de marco oscuro y cabello más oscuro — estaba desparramado en un sillón sobre lleno, con las piernas estiradas y apoyadas sobre un gran baúl de cuero. Un grupo de velas flotaba a su alrededor, dando la extraña impresión de una corona de fuego.

El joven, cuyo nombre era James Potter, estaba mirando en un espejo pequeño y sucio — pero no era su propio reflejo el que miraba de regreso. En cambio, su mejor amigo Sirius Black lo miraba haciendo una mueca a través del cristal. Fue desde ahí que vino la voz hosca.

"Lo juro," dijo Sirius desde el espejo, "Mi querida madre se ha vuelto aún más loca este verano. No hay manera de que me deje venir."

"Eso no tiene ningún sentido," se quejó James. "¿Qué cambio?"

"¿Aparte de su cordura que se está destruyendo rápidamente, quieres decir? Supongo que decidió de una vez por todas que el árbol genealógico de los Potter es un gran pozo de traidores a la sangre y amantes de Muggles."

"Pero si viniste a mi casa el año pasado."

"Eso fue antes de que tu papá fuera citado en El Profeta llamando a Abraxas Malfoy un 'viejo bufón intolerable.'"

"Ah, sí, mi buen padre," se rió James, y apagó una de las velas, ya que se estaba acercando mucho a su frente.

"Ten cuidado," aconsejó Sirius. "Vas a prender en fuego las cortinas otra vez."

"No importa," dijo James, tirando otra vela lejos de las gruesas cortinas de terciopelo que colgaban lujosamente frente a las altas ventanas (que mostraban evidencia irrefutable de quemaduras superficiales previas). "Esto es basura. Ya era suficientemente malo que te perdiste el partido de Puddlemere United, ¿pero ahora ni siquiera te veré hasta el comienzo de clases?"

"No estoy precisamente contento."

"¿Y si yo voy a verte?"

"Mala idea, compa," dijo Sirius oscuramente.

James frunció el ceño en la distancia. Nunca había estado en casa de su amigo, ni siquiera había conocido a su familia además de una breve interacción que tuvieron en King's Cross. Sirius lo prefería así; había hecho muy claro que no quería que James tuviera algo que ver con ellos. James entendió esto, hasta cierto punto. Después de todo, los papás de Sirius no eran buenas personas. Eran lo que la mamá de James llamaba 'ultra-tradicionalistas,' o lo que su papá podría llamar 'viejos bufones intolerables.'

La familia Black era una de las familias de sangre pura más nobles y privilegiadas del Reino Unido Mágico. Eran famosos por su fabulosa riqueza, su poder político dominante y su postura inflexible en cuanto a la pureza de la sangre. Los Potter, en la opinión de los Black, no estaban completamente clasificados. El nombre 'Potter' fue eliminado de los Sagrados Veintiocho, una biblia publicada anónimamente de familias sangre pura que los Black llenaban alfabéticamente y fanáticamente. Este hecho, junto con las opiniones políticas abiertas del Sr. Potter acerca de los derechos Muggles, significó que los Black no aprobaron mucho la amistad de su hijo con un tal James Potter.

A James esto no le molestó mucho, porque no aprobaba mucho a los Black.

Aun así, era molesto, ya que ahora su disgusto hacia él estaba interfiriendo con sus planes de verano. Durante un tiempo, la familia de Sirius al menos toleraba a James. Podría ser hijo de amantes de Muggles, pero al menos eran de sangre pura. Sin embargo, todo eso parecía ser cosa del pasado. Casi inmediatamente después que Sirius regresó a su casa de Londres para las vacaciones de verano, sus papás se lo llevaron a la casa de campo de su tío donde evidentemente pensaron que estaría a salvo de la peligrosa influencia de traidores a la sangre y amantes de Muggles como los Potter. 

Pero ellos no saben nada de los espejos, pensó James con gran satisfacción.

"¿Cómo te va en casa de tu tío?"

"Fatal," dijo Sirius. "No sé de dónde el viejo Alphard se sacó la idea que a mí me importan los caballos o la caza. Nunca me imaginé que extrañaría al maldito Grimmauld Place."

"¿Al menos pudiste checar la biblioteca?"

"Si."

James se inclinó hacia adelante emocionado. "¿Y? ¿Encontraste algo?"

"¿Si quieres aprender a maldecir los genitales de tu enemigo? Si. ¿Si quieres aprender cómo convertirte en un Animago? Sin suerte."

"Maldición." James se hundió en su silla nuevamente, decepcionado.

"Te dije que no te ilusiones. Los únicos libros en esa mugre librería hablan de ascendencia y maldad. ¿Qué más esperabas? Fue creada por un grupo de cerdos amantes de las Artes Oscuras..."

Aunque estaba decepcionado por los resultados de la investigación de Sirius, James sintió una oleada de orgullo por las múltiples quejas de su amigo. Sirius odiaba la Magia Oscura tanto como James. No era nada como su familia fanática y supremacista de sangre. Eso quedó claro cuando entró a la casa Gryffindor con James en el primer año. Sirius, a diferencia de sus podridos parientes, era bueno. 

"...y si tengo que sentarme a tomar otro té con Narcissa y su viscoso novio Mortífago, voy a perder la cabeza, James, de verdad. Lucius mugre Malfoy. Hablando y hablando sobre como los Mortífagos mantienen las tradiciones de la familia Black de supremacía de la sangre y — oh si, asesinan niños por diversión. ¿No es grandioso, cariño?"

James sintió su estómago caer. Sin duda, Sirius había visto el artículo de El Profeta de la semana pasada acerca de la familia Muggle en Leeds encontrada brutalmente asesinada...tres niños, todos menores de diez años...

"Creí que no lo habían conectado a los Mortífagos."

Sirius gruñó. "No oficialmente."

Mortífagos. El nombre que alguna vez fue un susurro en los periódicos, un rumor, una teoría conspiratoria, ahora aparece cada vez más seguido. Y aunque nunca fue impreso ni mencionado en las columnas del Profeta, todos de alguna manera sabían el nombre que estaba en el frente, el nombre que hasta los papás de James se negaron a pronunciar...a quien llamaban Quien-Tu-Sabes. 

Sirius seguía hablando. "Y por supuesto, el idiota que tengo como hermano simplemente lo disfruta todo. Es asqueroso verlo pegado a mamá y al querido Tío Alphard. Es patético. Solo intenta presumir, ser su pequeño y bueno hijo de sangre pura. Sabes, a veces me pregunto si debí de ser más duro con él cuando era niño. Dejarlo pelear sus propias batallas, en vez de siempre acabar con la peor parte. Tal vez así no estaría tan enamorado con los valores de la familia Black..."

Sirius se detuvo aquí. Casi nunca hablaba de su niñez, pero James sospechaba que esta no había sido muy agradable.

“Mira,” dijo James consoladoramente, “¿Cuándo regresas a Londres?”

“En una semana. Pero las cosas no están mejor allí.”

“Lo sé, pero ¿crees que podrías escaparte? ¿Solo por el día? Nos podríamos ver en el Callejón Diagon.”

Sirius lo pensó. “Probablemente podría si lo hacemos un día entre semana. Siempre tienen algo que hacer.” Se animó un poco ante esta idea. “¿Qué tal este Jueves?”

James aceptó y rápidamente apagó el brazo de su silla. Estaba ardiendo.


Cuando el Jueves llegó, James se despertó con el canto de los pájaros. Él era un madrugador por naturaleza, y hoy estaba emocionado. Él y Sirius habían acordado verse en el Caldero Chorreante a las once y media. Eligieron ese momento porque era probable que el Sr. y la Sra. Black se hubieran ido a sus diversas citas y obligaciones sociales a esa hora, lo que le daba a Sirius una salida fácil. Él tenía que mantener esto en secreto, porque les parecía raro que vaya a Londres sin ellos.

Eran las nueve menos diez, y James estaba impaciente.

En su opinión, el problema con las vacaciones de verano era que simplemente no había nada que hacer. Claro, disfrutaba un descanso de las clases y exámenes tanto como los cualquier estudiante, pero extrañaba el constante zumbido de actividad en el castillo, el clamor de la gente llenando los pasillos.

A diferencia de Hogwarts, su casa era muy silenciosa. La casa de los Potter era un lugar grande, antiguo y laberíntico, escondido en un rincón acogedor en Cotswolds, y durante la mayoría del verano James paseaba por ahí, aburrido. Odiaba estar aburrido. Sus padres estaban allí, por supuesto, pero ellos tenían sus propias preocupaciones. La salud de su padre llevaba mucho tiempo colgando cerca del borde de los problemas, y últimamente las cosas han empeorado. 

Si James no era cuidadoso, si pasaba demasiadas horas acostado en su cama sin hacer nada, entonces se entristecía bastante.

Así que se mantuvo ocupado. En las mañanas, después de un buen desayuno, salía al patio detrás de la casa de los Potter a practicar Quidditch. James era un cazador en el equipo de Quidditch de Gryffindor y era muy bueno, pero siempre podía mejorar. 

En las tardes o en días lluviosos, pasaba la mayor parte de su tiempo enseñándose a sí mismo nuevos hechizos y maleficios. Había convencido a su madre que no importaba si hacía magia siendo menor de edad estando fuera de la escuela, a pesar que las estrictas leyes lo prohíben. El detector, había razonado, solo le decía al ministerio donde se estaba haciendo magia, y como era un hogar mágico, nadie podría saber que los hechizos provenían de cierto joven de quince años. ¿Y no era mejor, había insistido, que use los veranos para estudiar y aprender nueva magia, en vez de quedarse tirado por meses sin hacer absolutamente nada?

Su madre se rió, le revolvió el pelo y estuvo de acuerdo en que “mientras no queme la casa,” ella no veía ningún daño.

Ah, su buena mamá.

Sus papás ya se habían ido por la mañana. Su padre tenía otro chequeo 'de rutina' en San Mungo, y su madre lo acompañó, como siempre. Estarán ausentes la mayor parte del día, como siempre. No era como que les importara que vaya al Callejón Diagon por su cuenta. Sus padres no eran controladores, como los de Sirius. James hacía más o menos lo que quería.

Después de terminar el desayuno, James estaba consternado al ver que tenía otra hora más que matar, así que caminó por el pasillo hacia la biblioteca, una habitación en la que había estado muy frecuentemente durante el verano. La biblioteca de la casa de los Potter era una habitación muy bonita, llena de estanterías de caoba oscura y repleta de preciosos tomos encuadernados de todos los tamaños y colores. Una mesa de mármol, repleta de cada vez más libros, anclada al centro de la habitación, y un desgastado sofá de terciopelo rosa descolorido estaba escondido en el acogedor hueco entre los estantes. Una gran chimenea inclinada dominaba la pared este, y mientras James cruzaba la habitación, pasó un dedo distraídamente por las ranuras de un pequeño grabado triangular sobre la chimenea. Una vieja costumbre, un ritual supersticioso para tener suerte. Apenas se dio cuenta que lo estaba haciendo.

Con un suspiro, se sentó en la mesa de marmolados y agarró una pila de libros que había acomodado ahí la noche anterior. La colección de la biblioteca era amplia y variada. Había sido creada por una excéntrica mezcla de generaciones de Potters. En sus estanterías habían libros acerca de la elaboración de pociones, magia medicinal y tés curativos. Compendios sobre herboristería y sobre el tratado de las crías de Kneazle. Tomos pesados, parecidos a ladrillos, de teoría transfigurativa y pequeños manuscritos tenues de encantamientos experimentales. Una Enciclopedia de Hongos estaba junto a Un tesoro de Cuidado de Sapos. Habían libros en arte y arquitectura, literatura y obras de teatro, más de una edición de Los Cuentos de Beedle el Bardo y hasta una esquina muy polvorienta dedicada a los esfuerzos del siglo XVIII para criar gnomos. Lo que no tenía, hasta donde las expediciones académicas de James habían descubierto, eran instrucciones sobre cómo convertirse en un Animago. 

Otra mirada a su reloj, otro suspiro, y James eligió un libro grande de la pila y comenzó a leer. Realmente no esperaba encontrar nada. Había leído casi todos los libros sobre transfiguración en la colección. ("¡Mi pequeño estudioso!" exclamó su mamá, al encontrarlo escondido en la biblioteca por cuarta vez en la semana.) Todos los libros hablaban de Animagos — después de todo, era considerado el pico de la magia Transfigurativa — pero ninguno parecía dar las medidas exactas de como hacerlo correctamente. James probablemente había leído todos los escritos de la teoría, pero cuando se trataba de la implementación, los libros eran confusos y vagos. 

La cosa con convertirse en un Animago es que era un poco complicado...y un poco ilegal. Bueno, no exactamente ilegal, pero tenías que registrarte con el Ministerio de Magia, lo cual no era algo que James tuviera intención de hacer. En esta misión, la discreción era esencial, lo que significaba que sus opciones para aprender estaban limitadas a libros, y aquí había llegado a un callejón sin salida.

James se rascó la nariz y pasó un dedo por el texto, buscando algo nuevo. Se detuvo de repente y enderezó sus lentes cuando una frase llamó su atención: El Animago Infallible. Lo había visto antes, en la bibliografía de otro libro en la biblioteca de la escuela. Sin embargo, no lo había encontrado en las repisas, lo que significaba que estaba probablemente en la Sección Restringida. Eso fue mala suerte porque se necesitaba la aprobación de un profesor para sacar un libro de allí, y los profesores raramente aprobaban cualquier cosa que hiciera James Potter.

No obstante, marcó la página en el libro y continuó con su lectura. 

Habían pasado varios años desde que a James le entró la idea de convertirse en Animago. La habilidad de convertirse en un animal a voluntad, además de simplemente ser realmente genial, parecía la solución perfecta para su problema más complejo. 

El problema iba más o menos así: En la escuela, James tenía tres mejores amigos: Sirius Black, Peter Pettigrew y Remus Lupin. Los cuatro compartían un dormitorio, lo que les convenía maravillosamente, ya que les proporcionaba un cuartel general privado y preparado para planificar sus travesuras (de las que hacían mucho). También significaba que, al vivir tan cerca el uno del otro, era muy difícil guardar secretos unos de otros.

Remus había aprendido esto de la manera más difícil. Porque la cuestión era que Remus Lupin tenía un secreto muy grande. Aunque James y Sirius se habían unido desde el momento en el que se conocieron, a los demás les tomó un poco más de tiempo, como las criaturas tímidas e incómodas que habían sido. Pero James estaba intrigado por el chico callado que compartía su dormitorio, un chico que en el pasado era tan cauteloso, y sin embargo claramente desesperado por hacer amigos. James apreciaba su sentido del humor, que era inteligente y claro y a menudo sorprendente, de modo que su víctima no entendió el chiste hasta que Remus ya estaba a varios pasos de distancia. No pasó mucho tiempo antes de que Remus, y luego Peter, fueran asimilados a la banda de Gryffindor que ahora estaba compuesta de cuatro. 

Pero Remus Lupin seguía desapareciendo. Una vez al mes, todos los meses, simplemente desaparecía...y cuando regresaba...bueno, parecía que fue atacado por un hipogrifo enojado. En su segundo año, los niños lo habían descubierto. Con solo doce años, aún no habían desarrollado la incredulidad que hubiera hecho que los adultos se rían y busquen otra explicación. Porque la cuestión era que Remus Lupin era un hombre lobo. 

"¡Genial!" Sirius había dicho cuando Remus finalmente confirmó sus sospechas.

Pero no era genial. No realmente. James ha estado observando por cuatro años como su amigo entraba solo a una agonía secreta. No había nada qué podía hacer, excepto llevarle muchos dulces a la enfermería la mañana siguiente, y eso lo estaba volviendo loco.

Peter fué el que le dió la idea. Una mañana, después de una luna llena bastante brutal, Peter, Sirius y James estaban sentados alrededor de la cama de Remus en la enfermería, cuando Peter dijo: “Ojalá todos fuéramos hombres lobo, así podríamos ir contigo.”

A Remus no le gustó mucho la idea, diciendo que era terrible desearlo, pero la idea se quedó en la cabeza de James. No, no podían convertirse en hombres lobo, por supuesto. Pero…¿por qué no podían ir con él? ¿Y si se convierten en algún otro tipo de animal? Verás, los hombres lobo no podían herir a otros animales. Al menos no podría convertirlos. A si que si ellos se convertían en animales, podrían ir con Remus cuando se transforme y — bueno, no sabían exactamente que harían, pero al menos no tendría que estar solo. 

James odiaba estar solo.

Miró su reloj: faltan cuarenta y cinco minutos.


A las once en punto, James decidió que no podía esperar. Dejando un texto inútil de vuelta en el estante, se dirigió a la cocina. Tendría que viajar por Flu, a diferencia de Sirius, que vivía en la ciudad y disfrutaba usar el metro Muggle. James había estado exactamente una vez en el metro Muggle — el verano pasado, con Sirius — y le había parecido mucho más desconcertante atravesar túneles debajo de la ciudad que atravesar algo más sensato, como chimeneas.

Agarrando la pequeña bolsita de terciopelo que su madre había colgado en un gancho junto a la chimenea, James agarró una pizca del polvo brillante y lo aventó al fuego. La chimenea estalló en llamas verdes; James pasó, exclamó “¡Callejón Diagon!” Y se fue girando a través de la borrosa red de chimeneas. 

Salió en la cálida chimenea de piedra del caldero chorreante. El bar estaba tenuemente iluminado y bastante más vacío de lo que James estaba acostumbrado, pero supuso que todavía era bastante temprano. Por supuesto, eso no le impidió intentar convencer al barman que le sirviera algo un poco más fuerte que cerveza de mantequilla.

“Te estas olvidando, hijo, que conozco a tus padres,” gruñó el barman, aunque parecía divertido.

“Mala suerte,” dijo una voz detrás de él. “Al parecer todavía tienes tu cara de bebé.”

James giró sobre sus talones. Sirius Black le estaba sonriendo, con las manos metidas en los bolsillos, encorvado en un par de jeans Muggles y una camiseta. Se veía más alto — lo cual era molesto — y, como siempre, cool. James estaba encantado de verlo. Con un grito estridente, se acercó a su amigo y lo abrazó.

"Ok, ok. Guardatelo para ti mismo, amigo,”, dijo Sirius, riéndose mientras lo empujaba.

James sonrió. “Dos cervezas de mantequilla, pues,”, le dijo al barman, quien les entregó a cada uno una taza espumosa. "Vaya, te he extrañado", dijo James mientras se acomodaban en un par de sillones gastados al otro lado del pub. "Este podría pasar a la historia como el verano más aburrido hasta ahora".

"Dímelo a mí. Me estaba a punto de arrancar la cara en pedazos.”

"Al menos ya casi acaba, ¿eh?"

"Un brindis por eso." Sirius dejó escapar una risa breve y triste. "Sabes, la perra me amenazó con no dejarme volver a la escuela este año."

"¿Qué?"

“Sí, algo acerca de que es mejor tener un hijo que abandonó la escuela que un traidor a la sangre. Le dije que no había forma que no regrese a la escuela.” Tomó un trago de su bebida. "Como si ella pudiera detenerme."

James frunció el ceño, observando a su amigo de cerca desde atrás de su cerveza de mantequilla. Le preocupaba ver las mismas líneas de miseria de su última conversación todavía grabadas en el rostro de Sirius, y había algo hueco en su voz que era inquietante.

“Bueno,” dijo James, “esas tonterías no importan. El próximo verano tengo un plan: te sacaré del tren antes de que Walburga pueda ponerte sus manitas codiciosas. No pueden exiliarte al país si no pueden encontrarte”.

Sirius resopló. "Aja. Seguro."

"¡Lo digo en serio! Técnicamente no es un secuestro si es otro niño el que toma el secuestrado, ¿verdad?"

"Que lindo."

“Crees que estoy bromeando, pero la corte no me condenaría. Además, creo que podría presentar un caso muy convincente para adoptarte legalmente. Puedes llamarme 'Papá.'”

Sirius se atragantó con su cerveza de mantequilla. "En primer lugar, imbécil, soy mayor que tú".

“Una pequeña complicación legal,” coincidió James. "¿en segundo lugar?"

“En segundo lugar…” Sirius sacudió la cabeza y una sonrisa apareció en su rostro. Ese era su viejo amigo. "En segundo lugar, te he extrañado, maldito idiota".

James sonrió.

 


 

Terminaron sus bebidas y se dirigieron hacia las tiendas. Ambos niños ya habían hecho sus compras escolares — o mejor dicho, sus madres habían ordenado sus cosas — pero todavía encontraron mucho que ver, tomando un tiempo particularmente largo en los atascados pasillos de Gambol y Japes, la tienda de bromas, recargando su arsenal para el año. Muchos artículos en esta tienda habían sido prohibidos en Hogwarts gracias a los esfuerzos de los chicos de Gryffindor, y esto era algo así como un motivo de orgullo.

Después de la tienda de bromas, James arrastró a Sirius a Artículos de Calidad para Quidditch, donde pasó mucho tiempo hablando poéticamente sobre los distintos modelos de escoba. James tenía la teoría de que podía hacer que a Sirius le interese más el Quidditch mediante la exposición y la pura fuerza de voluntad, aunque cuatro años de este tratamiento no habían hecho mucha diferencia. Los ojos de Sirius se llenaron de aburrimiento mientras James hablaba del viento de cola del último modelo de escobas Cometa, y finalmente James cedió y sugirió que pasaran a Flourish & Blotts. Quería ver si tenían algún libro nuevo sobre animagos que pudiera ser útil en su búsqueda.

Sirius estaba escéptico. "Hemos estado buscando durante años, ¿y de verdad crees que a Flourish & Blotts le llegó algo en su último envío el martes?"

"¿Qué puedo decir?" James se encogió de hombros. "Soy optimista."

La librería era la tienda más llena de gente que habían visitado hasta ahora, llena de estudiantes y sus padres haciendo compras de último momento para la escuela, pero James se abrió paso entre las masas directamente a la sección de Transfiguración. Había estado aquí varias veces este verano y conocía bien el lugar. "Está bien," le dijo a Sirius, "yo checaré este pasillo, tú checa el de allí."

Y así James se paseó de un lado a otro del pasillo, revisando los lados de los libros en busca de algo de interés, cualquier cosa que no hubiera leído todavía, pero estaba decepcionado. Decidió intentar en la siguiente fila.

Al doblar la esquina, algo en el pasillo frente a él desvió su atención de las filas de libros. Una chica pelirroja vestida con ropa Muggle tenía la nariz tan metida en un libro que podría haber estado oliendo. Una sonrisa apareció en el rostro de James. Era Lily Evans. Ella era una compañera de clase y una de las personas que a él y a Sirius les encantaba molestar. Esto se debía principalmente a que era muy fácil molestarla, pero también a que era amiga del archienemigo de James, un chico llamado Severus Snape.

James se acercó tranquilamente. No pudo evitarlo.

"Estamos teniendo un momento íntimo, ¿verdad?"

Ella levantó la vista de su libro y él se alegró de ver sus mejillas enrojecerse. En su tercer año, él y Sirius habían creado una competencia para ver quién podía hacer que la cara de Evans combinara con su cabello. Diez puntos por los oídos…

"Oh," dijo, sonando muy poco impresionada. "Eres tu."

"Me alegro de verte también." James se apoyó casualmente contra la estantería y comenzó a hojear un tomo encuadernado en cuero. "Perdóname si no lo beso", dijo, señalando el libro. “Mira, me gusta mantener mi relación con la literatura puramente platónica. Muchos corazones rotos.”

Lily colocó el libro que había estado oliendo en el estante y lo miró deliberadamente. Sintió una punzada de timidez ante su mirada y se pasó una mano por el cabello.

"Debes aburrirte mucho durante el verano," dijo finalmente, "sin los estudiantes habituales a quienes atormentar."

James se rió. "No tienes idea. Y claramente tu también has extrañado la escuela. Olfateando libros. Estás pasando el tiempo fuera estudiando duro, ¿verdad?"

“Bueno, ya sabes lo que dicen. La ausencia hace crecer el cariño. Es curioso cómo parece que no funciona contigo.”

"Encantador," dijo James.

Se miraron el uno al otro por un momento, James sonriendo y Lily frunciendo el ceño, hasta que la voz de Sirius llegó flotando desde el otro pasillo: "Oye, ¿encontraste algo?"

"Todavía no," respondió James. "Pero ven a ver a quien encontré."

Sirius dio la vuelta a la esquina, su expresión aburrida se mezcló con una leve sorpresa al ver a su compañera de clase. "Oh. Hola, Evans.”

"Black," dijo Lily, y parecía aún menos contenta de verlo que a James.

James no pudo evitar pensar que una buena ronda de molestar a Evans animaría inmensamente a su amigo, pero Sirius no parecía muy interesado. "Entonces, ¿encontraste algo o no?"

“Nada,” suspiró James, con una mirada abatida hacia los estantes. Había abandonado su intento de molestar a Lily Evans, pero sabía que no había nada allí. Las palabras Animago Infalible todavía pasaban por su cerebro. Ése era el libro que necesitaba, lo sabía.

"Te lo dije," dijo Sirius.

"Sí, sí. El pesimista tiene razón. El mundo es un lugar oscuro e imperdonable. Hurra.”

"¿Qué están buscando?" preguntó Lily, que había estado escuchando este intercambio con una expresión curiosa. Ups. James lanzó una mirada de advertencia a Sirius. Lo último que necesitaban era a la entrometida Lily Evans tratando de descubrir qué estaban haciendo. Ya habían tenido a Severus Snape investigando durante años.

"Un libro", dijo James ligeramente. “Estamos en una librería, ¿ves? Supongo que estás familiarizada con el concepto, con todo el olfateo de páginas."

Funcionó. Lily giró sus ojos y volvieron al combate verbal. “¿Tienes que practicar para ser tan insoportable, o te viene naturalmente?”

"Qué puedo decir, es un regalo."

“Si fuera mi regalo, pediría un recibo.” Y con una mirada desdeñosa, recogió la pila de libros a sus pies y comenzó a alejarse, pero entonces Sirius la llamó: "Hasta luego, Penny Prefecta."

Esto hizo que Lily se detenga en seco. Ella miró hacia atrás por encima del hombro. “¿Quién te dijo que me nombraron prefecta?”

Sirius sonrió. “Lo acabas de hacer. Apuesto a que estás muy contenta, pero mala suerte. Tenemos uno de nuestro lado este año.” Le dio una palmada victoriosa en la espalda a James, y James sonrió, complacido de que Sirius hubiera retomado el deporte de molestar a Evans.

La expresión de Lily se volvió de puro horror. "Tu—!"

Ambos chicos estallaron en carcajadas.

"Por Merlín, ¿te imaginas?"

“Dumbledore tendría que estar loco. No, Lupin."

"Oh," suspiró Lily, claramente aliviada. "¿Y supongo que crees que te dejará salirte con la tuya?"

"Er...obviamente," dijo James.

"Bueno, entonces es bueno que haya dos prefectos".

"Oh, sí," Sirius estuvo de acuerdo, y asintió solemnemente. “Gracias a Merlín, Penny Prefecta está en el trabajo. No nos vas a seguir, ¿verdad? Sé que no te cansas de ver a mi compañero James aquí, pero eso sería un ligero abuso de poder, ¿no crees?"

“Ooh, lo entiendo. Porque estoy tan obsesionada contigo”. Lily Evans hizo que girar los ojos pareciera un deporte profesional. “¿Ustedes nunca van a crecer verdad?”

"No si puedo evitarlo," dijo Sirius.

“Muy bien, Peter Pan. Ha sido divertido, pero ahorita tengo que ir con alguien que realmente me gusta. Denle mi amor a los otros chicos. Ah, ¿y Potter? Sin resentimientos, ¿verdad?"

James la miró sin comprender. "¿Qué?"

“¿Para cuando intentes sabotearme como prefecta y, en venganza termine asignando detenciones durante cada práctica de Quidditch? Es justo, ¿verdad?"

Esto lo hizo callar por un momento. James entrecerró los ojos. "Sabes," dijo lentamente. "No creo que tengas el valor."

Ella sonrió. "Vamos a averiguarlo."

"Si te metes con el Quidditch, tendrás a toda la casa de Gryffindor en tu contra."

"Vaya, me pregunto cómo sería eso". Una pequeña risa, suave y burlona. “Dios sabe que después del año pasado Gryffindor necesita toda la práctica que pueda conseguir. Entonces será mejor que no me cabrees. Disfruten el resto del verano, muchachos.” Y con una última sonrisa tensa, giró sobre sus talones y se alejó.

James la miró furioso, sintiéndose irrazonablemente irritado. La vergonzosa derrota de Gryffindor el último periodo de clases todavía era un tema delicado para él.

"Ella es puro hablar," dijo Sirius con un gesto desdeñoso, volviendo a los libros. "Oye, aquí hay uno: Animago Revelado."

"No, ya leí eso," dijo James de mal humor, volviendo su mirada constante de vuelta a su amigo. “Se trata principalmente de cuestiones legales...aburrido. ¿Cuál es el punto? Ya leí todos estos.”

Sirius arqueó una ceja. "Has estado ocupado."

"Ha sido un verano largo."