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pay attention to me, teacher!

Summary:

Childe no está acostumbrado a compartir sus juguetes. Lyney debería aprender eso.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Teyvat es un país abastecido en muchísimas cosas, que incluyen un territorio sumamente desarrollado y fértil para producir casi cualquier cosa en reproducción masiva, políticas exteriores que lo mantienen como uno de los lugares más prósperos para vivir y una población amable que educa a sus jóvenes con educación y respeto a sus mayores a través de sus escuelas de excelente índole. Sin embargo, ese no es el caso de Ajax.


Él mismo es un estudiante muy aplicado, muy bueno en cualquier campo de estudio en el que decida especializarse. Los adultos lo adoran y tienen altas expectativas acerca de su futuro; las chicas batean las pestañas como mariposas coquetas cuando él se aproxima a ellas, esperando poder obtener su atención. Ha sido seleccionado entre los más aptos compañeros y alumnos mayores para ocupar un puesto en uno de los clubes deportivos, y ha sido partícipe y responsable de muchas victorias con dicho club. Su familia está orgullosa de él, aunque hubo una época en la vida de Ajax en el que no lo estaban... pero nada de eso importa. Porque su corazón ha estado siempre sostenido por la sensación de soledad, hasta que conoció a su maestra.


Había salido de su último turno escolar. Tenía el cabello revuelto, su cuello derrochaba gotas de sudor que se deslizaban incómodamente por su espalda y el uniforme se pegoteaba a su figura de maneras que le hacían maldecir por lo bajo. No había pizca alguna del Ajax correcto y perfecto del que todos podían alardear conocer; pero el deporte le daba una euforia única, un entusiasmo en carne viva que le dejaba doliendo los huesos y las articulaciones de un modo en el que nada más en la vida podía hacerlo. Y así apareció, en formato de una mano gentil que sujetaba una botella con agua fría y unos dedos que lucharon por colocar sus mechones pelirrojos en su sitio.


"Qué bueno que te esfuerces adecuadamente, pero no descuides tu salud. Cuídate a ti mismo", había dicho. Y se había alejado sin siquiera preguntar su nombre o qué tan altas eran sus calificaciones, sin sorprenderse por saber qué posición ocupaba en los rankings escolares. Podría haber sido el peor estudiante de la escuela, pero aún así ella se habría agachado, ensuciando su vestido y dándole parte de su tiempo, a cualquiera de esa institución. Ajax no conoce las suficientes personas para que el comportamiento de Lumine no lo deje sonrojado y asombrado, el amor tierno de un cachorro naciendo en ese insolado corazón.


Es una increíble profesora. Aunque la escuela es muy buena y está dotada de un cuerpo docente impecable que no tiene ninguna falla reprochable en sus currículums, Lumine es, en opinión de Ajax, la mejor de todos ellos. Tiene un suministro de paciencia inagotable con el que se apoya para enseñar a cualquier alumno, no importa qué clase socioeconómica se le adjunte. Se adecúa lo suficiente para hacer sentir cómodo y capaz a todo aquel que tenga la suerte de escuchar sus enseñanzas, de modo que quien quiera que la oiga, querrá seguir permaneciendo en sus clases y saldrá de ellas con deseos y aspiraciones intelectuales que incluso podrían haber nacido sólo de la habilidad pedagógica de ella. Y es preciosa.


Lleva casi siempre la cabellera rubia atada en una coleta o un rodete ordenado aunque algunos mechones se le escapen al final de la jornada escolar. Se presenta a sus clases con trajes ordenados y pulcros, probablemente ella misma los limpia y plancha porque Ajax no duda que también sea buena para las tareas del hogar. Cuando él está en su clase, se esfuerza por ser el estudiante más diligente que puede ser para recibir tanta atención de ella como sea posible, para que esos ojos lo miren con cariñosa aprobación. Pero eso nunca sucede. Porque Lumine, aunque tenga fuertes ideales que la motivan todos los días a ser la justa profesora que es, nunca demuestra comportamientos que pueden otorgarle acusaciones de favoritismo. Trata a todos por igual, como si fueran niños de la misma edad. Sólo es un poco más cálida con sus compañeros educativos, a los cuales Ajax debe respetar porque también son sus maestros, pero en el fondo son los receptores de su ira y locura.


No está acostumbrado a querer poseer algo que no tiene. Se esfuerza y prácticamente ruega por la atención de su maestra, pero en cambio recibe palmaditas en la cabeza y un "Buen trabajo" con el que su cabeza persigue escenarios fantasiosos en los que Lumine y él son los únicos protagonistas. En esos escenarios, Lumine no tiene nada que enseñarle, porque Ajax es quien le demuestra toda capacidad física, dotada por su atletismo y energía juvenil, con la que es capaz de hacerle alcanzar niveles de éxtasis que su profesora nunca pudo ni siquiera soñar. Es así desde que tuvo el placer de saberse miembro de su afortunado alumno. Ella no lo reconoció, pero él sintió que el corazón le bailaba en la garganta y sus órganos celebraban una fiesta mágica sin su permiso, comandados por la presencia de la maestra.


Por supuesto que los primeros días no fueron así. Ajax intentó comportarse como sus padres y cualquier adulto funcional de la sociedad de Teyvat se lo habían inculcado. Respeta a tus mayores, ofrece el asiento en los autobuses públicos a los ancianos, procura la prioridad a los niños y las embarazadas. El estudiante modelo, el atleta ejemplar. Pensó que si era la manifestación de los buenos modales, ella le prestaría atención de la forma en la que él quería.


Pero no lo hace. Es un chico codicioso con deseos que se escapan de los límites de lo permitido, de lo que es ético y saludable. Quiere que su maestra lo halague, mezcle sus dedos entre el pelo rojo y la nuca del adolescente, tironee de su cabello en besos. A veces, esos besos son dulces y demuestran que Ajax la quiere. A veces, se imagina que esos besos arrastran un camino de moretones y sangre a lo largo de la piel de la profesora hasta que ella le ruega que se detenga.


Es la maestra que todos admiran y respetan, y él enloquece de las ganas de ser el único que la vea en formas que nadie más podrá. Está en la plenitud de su juventud, tiene la fuerza necesaria para levantarla y demostrarle que ya no es un niño. Quiere decirle "Olvídate de tus compañeros, de cualquier hombre que quiera tu atención, dámela sólo a mí, sé mi mujer".

En algunas particulares noches donde la necesidad es lava ardiente en los torrentes de sus venas, aplasta los dedos contra la cabeza húmeda de su pene y aplica presión y rapidez para que sea doloroso. La desea tanto que duele, y quiere que le duela a ella también, quiere lastimarla.


Ajax nunca ha sabido bien cómo compartir sus juguetes.


Se forma un plan en su cabeza. Al principio, no es nada muy elaborado; luego comienza a tomar forma y color después de presenciar cierta interacción de la maestra con uno de sus alumnos, uno al que Childe no puede quitarle la vista de encima porque no le inspira confianza en lo más mínimo.


Conoce la manera en la que la observa, se reconoce a sí mismo en el deseo que navega por las iris azules de Lyney.


"Profesora, por favor, enséñeme usted. La profesora Arleccino es muy buena, pero no creo que haya nadie que pueda compararse a usted en cuanto a paciencia," pide melosamente. 


La suave risa de ella calmó un poco los oscuros pensamientos que comenzaban a ocupar territorio en la mente dispersa de Ajax.


"Está bien, Lyney. Cuando termine mi turno con el curso quinto de la sección de ciencias físicas, pasaré por tu salón a buscarte personalmente."


Cada escena se materializa frente a Ajax como si estuviera sucediendo en realidad. Lumine, de espaldas a Lyney, con la falda negra ceñida a la diminuta cintura y exponiéndose ante la mirada de este pequeño desgraciado que no merece lo suficiente a la maestra de Ajax. Lumine y su ropa interior humedecida y corrida hacia un costado para que su estudiante pueda hacer lo que le apetezca y sin oponer resistencia. Lumine y sus preciosos ojos mojados por las lágrimas derramadas sobre un asiento, tal vez uno que luego utilizaría algún alumno inocente de toda esta aborrecible situación.


Ajax sólo ve rojo, rojo, rojo.


Conoce su horario al derecho y al revés, se ha informado por muchísimo tiempo las rutas y los caminos que ella elige, es plenamente consciente de sus preferencias en cuanto a la rutina: qué objeto guarda primero en su bolso, si recoge todo en su escritorio o limpia el pizarrón antes, cuántas miradas le echa al aula vacía antes de estar segura de que no olvidó nada y puede retirarse por el día.


La atrapa a solas, como ya sabe que estará. Espera pacientemente hasta que el último de sus alumnos desaparece por la puerta, aunque las manos raspan contra el material del uniforme y las uñas de Ajax por la emoción de que podría haber testigos. Todavía no, se dice. Tal vez cuando el fruto de sus planes esté ahí, redondo e innegable. Lumine está sorprendida al verlo.


"¿Childe? ¿Necesitas ayuda con algo? Estaba a punto de retirarme, pero puedo..."


No le da tiempo a terminar la oración. Con los dedos temblorosos de excitación por lo que está por suceder, se inclina ante ella y bebe de la mirada alarmante en esos preciosos ojos. Antes de que haga otra pregunta más, sus labios toman prisioneros a los otros, mordiendo sin poder contenerse ante el sabor infinitamente mejor de lo que se tenía por expectativa. La lengua de Childe no se molesta en fingir que no tiene un entusiasmo por conocer toda su boca, mordisquea y abusa de la suya hasta que la saliva se escapa por los lugares posibles. Agarra la cintura frente a él y aprieta incluso cuando Lumine gime de dolor por la fuerza de sus manos.


Le duelen por el deseo de llenarla de moretones.


"Cómo te atreves a... déjame ir, eres un irrespetu..."


Otro beso, más mojado, más sucio, más apasionado. Las manos del adolescente ahorcan la piel que puede manosear y la empujan contra él, dejándola sentir el contorno del pene endureciéndose bajo el uniforme. Da embestidas como la bestia sedienta que es hasta que ella logra separarse un poco y le propina una cachetada que resuena por todo el aula.


Childe sonríe, con la misma sonrisa de niño bueno que siempre tiene, y se permite observar el lienzo de pintura roja que dejó en esa boca. No hay comparación entre su imaginación y la realidad. Está tan contento que casi ha perdonado a Lumine por ser una puta, una traidora que coquetea con un hombre que no es Childe.


La agarra del pelo y la vuelve a acercar, de nuevo capturando sus labios en un beso descuidado con muchísima más saliva que antes. Una de sus manos tironea el pelo rubio y lastima su nuca, aprovechándose de la altura que él tiene sobre ella, haciéndola sentir indefensa ante un adolescente que podría ser su hijo. La mente de Childe vuela sobre ese pensamiento. La otra se aventura hacia sus pechos cubiertos y toca a su antojo, con una rudeza que solo corresponde a su entusiasmo e impaciencia por meterse dentro del agujero de su maestra.


Baja la cabeza cuando ella decide responder agresivamente, amenazando con morderle la lengua. Lame una raya a lo largo de su cuello y la llena de besos, que son una mezcla de la adoración absoluta que siente por su profesora y la enfermiza obsesión que lo obliga a hacer todo esto, a marcarla como suya de todas las formas posibles. Luego succiona cuantas marcas quiere, escuchando con una sonrisa engreída cómo Lumine intenta contener los gemidos por lo bajo pero no lo logra.


"Childe, aléjate.. esto no está bien, podemos hablarlo, yo soy tu maestra..."


"Lo sé", responde él con muy buen humor, riéndose y acercándose a ese hermoso rostro. Le da un beso en la frente, que parece fuera de lugar a la manera en la que sus manos arrancan la camisa de ella y se burlan de sus pezones sobre el sujetador. "Es parte de mi educación saber cómo complacer a una mujer. ¿Cuántas rondas cree que son posibles hasta que quede embarazada de un adolescente?"


El horror en sus preciosos ojos le hace recorrer un escalofrío de locura y amor. Suelta una risa antes de proseguir con el ataque hacia sus pechos, lamiendo como un cachorro que no puede tener suficiente agua. La camisa de la profesora queda arrugada en su cintura y su falda también. Para vergüenza de la mujer mayor, su ropa interior blanca también parece húmeda. Childe se ríe al comprobarlo con dedos atrevidos.

"Parece que a mi maestra le gustó mucho oír cómo planeo hacerla tener un bebé. ¿Le gustaría dejar su trabajo y volverse mi puta personal, maestra?" acentúa la pregunta frotando sus pantalones cortos del club deportivo contra ella, primero con lentitud y después acelerando hasta que está gimiendo. Está tan emocionado que podría acabar así, como el adolescente desesperado con fantasías sobre su maestra que es.

Quiere acabar sobre su ropa interior, sobre sus muslos, encima de su rubio pelo, en sus labios enrojecidos y maltratados, golpearle las mejillas y el interior de la boca con el pene hasta que esa cavidad no reconozca otro sabor que no sea el de su semen, mantenerla rellena de él y seguir abusando de su cuerpo destrozado por el sexo. "Porque es lo que es, una puta de mierda," gruñe aplicando más presión sobre sus caderas, y Lumine no hace nada más que gemir y fingir que quiere alejarse del chico, tartamudeando todavía acerca de que no quiere que la toque y está a punto de largarse a llorar. Por favor, por favor, quiero verla llorar por mí, suplica Childe a los dioses que deseen escucharlo.

"Una puta que seduce a sus pobres estudiantes, pero que es mía. Voy a matar a cualquier otro que quiera ponerte las manos encima. Y después con las manos llenas de sangre, voy a volver a cojerte, una y otra vez." Finalmente acaba, sacando el miembro de los pantalones y sus bóxers, encima de toda la ropa ahora arruinada de la maestra. Lumine no puede evitar llorar por todo el maltrato, y Childe se siente más enamorado que nunca.

La llena de besos, llevándose sus lágrimas con ellos, y le mete un dedo en la boca, cubierto con el semen que derramó por todas partes. Ni siquiera se molesta en quitarle la ropa interior, la corre a un lado hasta que expone ese lugar que siempre ha sido protagonista de sus horribles escenarios durante la noche, y muy emocionado, más parecido a un perro contento que a un adolescente pervertido virgen, pasa la lengua sin ningún cuidado, denotando su inexperiencia. Probablemente esté lastimándola, pero esa es una de sus intenciones. Aún así, tras varios segundos de su energético labor, Lumine empieza a gemir de placer.

"¡Asqueroso! ¡Déjame en paz!" escucha él, feliz de saber que esa boca dice una cosa, pero el agujero que él lame con alegría y posesividad se moja más y más y ella no puede evitar enroscar sus piernas alrededor de su cuello, frotándose contra su lengua. Le encantaría morir así. Vuelve a reírse mientras la empuja bruscamente contra el suelo del aula.

En otro momento, se la cojerá sobre el escritorio, encima del asiento del imbécil de Lyney, contra las ventanas donde cualquiera puede verlos (y espera que así sea). Una de sus manos libera los pechos de la maestra para maltratarlos hasta que por fin, por fin llora de dolor y placer; pero la otra se encarga de agarrar su nueva erección y pasarla por toda la extensión de los labios abiertos, frotando contra el clítoris de la mujer. Le encanta ver la vergüenza y humillación en esos preciosos ojos.

"¿A mi maestra...? No, ¿a mi mujer le gusta que se lo haga en el suelo?", ahora que la tiene llorando y muy perdida en ese acto totalmente inmoral, no tiene reparos en comenzar a introducir su enrojecida punta, que ya lubrica líquido preseminal. Ni siquiera espera mucho para empezar a embestir, manoseando otra vez las tetas de su profesora, y cuando ella alza una mano para intentar alejar las suyas, le da una fuerte cachetada que le provoca más sollozos.

El ritmo que tiene es demasiado rápido, demasiado irregular, pero no puede detenerse ni por un segundo, aprovechándose de la energía juvenil y la resistencia que el deporte le regaló. Un dedo se aproxima al clítoris de la profesora para tocarlo al compás de su errático balanceo, Lumine ruega que pare pero choca las caderas contra las suyas para recibir gustosamente la verga de su estudiante descarado y enfermamente enamorado.

Se corre vergonzosamente rápido, otra vez, pero la erección no tiene intenciones de bajar, así que continúa, esta vez sentándose en el suelo y llevándola como a una muñeca sexual, arriba, abajo, sobre su pene. La maestra Lumine hace más de una hora ha sido reducida a sólo un agujero a disposición de su alumno. En el futuro, la mantendrá embarazada y llena todo el tiempo posible, para que siempre deba encargarse de él y sus hijos, sin posibilidad de ver a otras personas. Aún queda una muy larga tarde por delante.

La próxima vez, piensa con una sonrisa, en esa hermosa nariz y mejillas rojas. ¿Tal vez esté lo suficientemente cansada para poder abusar de sus muslos? ¿El espacio en sus axilas? ¿Acabar sobre esa carita preciosa y arruinada con lágrimas? Espera ansiosamente que Lyney busque a la maestra, podría volver a masturbarse encima de sus labios, obligándola a hablar y a chupársela al mismo tiempo.

Definitivamente es el mejor día de la vida de este muy, muy feliz estudiante.

Notes:

para mi amor ♥ espero que te guste a vos, y a cualquier perverso que quiera leer esto!