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Créeme, necesitas una distracción diferente—Toya dijo a la otra mitad de su padre mientras caminaban por el West End con una cerveza en mano.
Shaoran quiso intervenir, pero, él y Sakura eran muy felices mientras Eriol encontró a Kaho con la cabeza de uno de sus alumnos de piano entre sus piernas
—No lo tomes personal:no eres tú, simplemente hay personas que no nacieron para establecerse —Kinomoto dijo con sabiduría, recordando su propio idilio con la atractiva mujer que prefirió a Eriol y, en realidad, ningún rencor se albergaba en el corazón del hombre, dado que Toya encontró al amor de su vida y, Eriol lo haría con el tiempo.
—Lo entiendo, al final, las personas son personas—Shaoran dijo tranquilo mientras los tres ingresaban al antro homosexual donde Eriol podría despejar su mente y, quizá, encontrar a alguien para que su cuerpo también dejara atrás la figura y el recuerdo de la mujer que lo engañó.
Shaoran alzó la mirada, unos ojos rojizos lo admiraban atentamente y el joven tuvo la sensación de un hielo frío recorrer su carne y su sangre reaccionar al desconocido, desde su adorable sonrojo, su latir profuso y su amago de erección.
Era obvio: aquel atractivo varón no era humano y tampoco un hechicero, pero, su presencia ocasionaba un suave cosquilleo en la piel de Shaoran, una atracción ineludible como le sucedió con Yukito.
—Mocoso, no sé cómo es en China, pero desde pequeños, los japoneses aprendemos a no jugar con vampiros—Toya pasó el brazo por los hombros de su cuñado, de posesiva manera, recordando que Sakura, la monstruo estaba en París con Tomoyo, comprando telas para las nuevas ropas de hechicera de la monstruo casi adulta
Kuran observó el gesto y chasqueó la lengua. El grupo de japoneses llamó su atención desde que cruzaron el umbral debido a su poder espiritual, pero, era notable que el mayor de ellos no le permitiría jugar con su presa, el cuerpo aún virgendel chico castaño. Además, ese malnacido podía detener el tiempo, y el otro era también un hechicero.
Uno que oteó el lugar y encontró a alguien interesante de nívea cabellera y rasgos marcados. Una belleza fría como Yue, a quien Clow favoreció como su guardián y amante y Eriol no dudo en acercarse.
—¿Qué es lo más peligroso en este lugar, cazador?—Eriol preguntó al extraño con interés, pues Londres juntaba desde bestias míticas, al consejo de Hechiceros y reencarnaciones de famosos asesinos
—Tú—Zero decidió tras escuchar la pregunta y examinar el festivo lugar con hombres que rápidamente escogían a otros para ir a los cuartos oscuros o buscar los hoyos de la gloria por una presurosa liberación.
Y es que el gentil caballero a la derecha de Zero era furia y dolor contenidos junto a un gran poder dividido
—¿Por qué eres una mitad? —Zero preguntó directo al otro varón que simplemente le sonrió de una manera fascinante, como si ser descubierto fuese parte de su plan.
—Incluso un cazador híbrido como tú debe saberlo: romper el límite conlleva el precio de la soledad — Hiragizawa recitó con tranquilidad y ofreció su mano al extraño que se quedó pensando en sus palabras mientras ascendió los escalones a las habitaciones privadas del lugar
—¿Y de quién soy el reemplazo?—Zero preguntó firme, sin miedo.
—De nadie—Eriol fue sincero. No quería olvidar a Kaho, ni a los recuerdos borrosos de Yue, sino crear nuevas memorias con el apetecible joven que levantó la mano de Eriol y sus besos dejaron en el dorso una marca invisible para después girar esa mano y lamer la arteria del antebrazo del hechicero cuya magia bullía por debajo de su piel en seductor llamado.
De hecho, Zero estaba maravillado con el hechicero; tan lejano de la bestialidad vampirica y, a la vez, con un potencial demoledor que provocó que Eriol ni siquiera pestañeara cuando Kaname destruyó la puerta de la habitación
—Debes 150 libras al local—Eriol acotó en refinado tono, sin otorgar importancia a las garras del vampiro bajo su barbilla.
—Y tú me debes el culo por llevarte a mi novio—Kaname sujetó con posesividad el rostro de Eriol y se apoderó de sus labios en un ósculo de supremacía; un beso que a Eriol le recordó a una mujer que debió dejar muerta
Zero abrió los ojos.
No por celos, si no porque Kaname —su Kaname— había logrado conquistar su instinto por siglos y justo ahora se desahogaba con el forastero que correspondió el beso hasta dejar a Kaname sin aliento.
Después de todo, Eriol era un alma vieja, más vieja que la mayoría de seres sobrenaturales.
Zero contempló el duelo de poder, de control entre su amante y el hechicero y discernióque ambos son un par de bestias; por lo cual decidió retirarse la ropa y ofrecer una mano a su Kaname y la otra al desconocido en muda tregua
La sangre de Eriol eraadictiva, es imperiosa. y Kaname pronto olvidó la absurda reyerta para disfrutar de la energía vital de su nuevo compañero de aventuras, de lecho.
Después de todo, las coincidencias no existen, el destino es inevitable
