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Español
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Published:
2023-10-19
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2,060
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1/1
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237

noches de futbol

Summary:

Enzo y Matías ven el partido de Newell's - San Lorenzo.

Notes:

en realidad yo quería escribir algo de Halloween, terminé escribiendo una mini fic que no terminé y de repente escribí esto ??? qué se yoo, los amo, son tan novios

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

inspirado en este prompt del cc de la sub20.

 

Cuando Enzo vuelve a su living después de haberse bañado lo último que espera encontrarse es a Matías haciendo zapping en el sillón frente al gran televisor, descalzo y con una botella de cerveza en la mano.

 

—¿Qué haces vos acá, garrapata?— pregunta.

 

Matías se sobresalta porque no lo escuchó llegar y apenas lo ve le da una sonrisa amplia y levanta la cerveza en su dirección, Enzo no puede evitar sonreír también y mientras se seca superficialmente el pelo con una toalla, se acerca a su amigo, aceptando la botella.

 

—Me invité— explica Matías.

 

El marplatense hace un gesto de beso con la boca poniendo sus labios en una especie de pico, llamándole la atención a Enzo por no haberlo saludado, el más alto se ríe y termina por inclinarse para darle un beso rápido en los labios.

 

—Mañana jugamos, ¿qué haces tomandote un porrón vos solo?— dice Enzo.

 

—Una birrita no le hace mal a nadie— se queja haciendo puchero—. Me imaginé que ibas a querer ver el partido así que traje para que lo veamos juntos, en la heladera hay sanguchitos de miga.

 

Enzo siente como si su corazón hubiera pegado un salto y la sonrisa boba de su cara ya no puede borrarse.

 

—¿Acaso vos me estás dejando mensajes subliminales para que yo pida tu mano?

 

Matías se ríe —¿Está funcionando?

 

—Vení para acá— dice Enzo y tironea del cuerpo de Matías para que este se arrodille en el sillón y poder besarlo ahora que se encuentran a la misma altura—. Yo diría que estás haciendo un muy buen laburo.

 

Entonces se besan de nuevo y las pequeñas risitas de Matías quedan ahogadas en el beso de Enzo quien no puede borrar su sonrisa canchera, el marplatense tiene el impulso de alejarse para calmar las mariposas en su estómago al sentir la mano ajena apretándole la cintura, pero se queda, se queda porque aunque es incómodo es adictivo.

 

Cuando se separan es porque una alarma suena en el celular de Enzo, así que deja un último beso en la mejilla del menor y se separa.

 

—Faltan veinte para el partido, si no pongo la alarma se me pasa y el fútbol libre a veces me anda mal— explica.

 

Matías asiente con la cabeza y se relame los labios antes de sentarse de nuevo.

 

—¿Juega tu amigo?— pregunta Matías.

 

El cordobés prende la notebook sobre la mesita ratona frente a ellos.

 

—Mhm, si te digo, te miento. Pero Brian, que pareciera que ya es más amigo tuyo que mío, juega seguro hoy, ¿te fijas, gordo?

 

Matías hace un sonido afirmativo y desbloquea su celular, buscando en la cuenta de instagram del equipo rojo y negro la formación. Enzo aprovecha para ir a buscar los sanguchitos de miga anteriormente mencionados por Matías y los acomoda en la misma mesa que la computadora.

 

—No, está en el banco tu amigo— dice Matían y Enzo hace un gesto con los labios en señal de decepción— ¿Te leo la formación?

 

Enzo asiente con la cabeza, así que, mientras el marplatense canta el 11 titular, él termina de abrir la página y seleccionar el partido, conecta un cable que sale del televisor a la computadora y hace uno que otro gesto al oír algún apellido que no le termina de cerrar.

 

Para cuando por fin se pueden acomodar en el sillón faltan diez minutos para las cuatro y media de la tarde en Argentina, las nueve y media de la noche en Italia, lo que supone, el comienzo del partido. Matías se siente raro porque generalmente ven partidos con más gente, no es tan común que se queden solos y no sabe si el hermano de Enzo va a simplemente aparecer en cualquier momento.

 

—¿Lauti está?— pregunta e intenta no sonar tan tímido como se está sintiendo de repente.

 

—No, debe andar con alguna por ahí, me dijo que no volvía, ya se me está haciendo mucho el loco, ¿vos qué decís?— pregunta Enzo.

 

El morocho, despreocupadamente, como de costumbre, pasa su brazo por sobre el respaldo del sillón, haciendo que Matías se sienta mucho más pequeño que antes y hace que la necesidad de acercarse más a Enzo crezca en su pecho de forma desmedida.

 

—Dejá de tratarlo como un nene que es un año más grande que yo— responde Matías.

 

—¡Pero un año más chico que yo!, es mi deber— se burla Enzo.

 

—Igual, no sé qué te haces vos si hace un año, cuando tenías la misma edad que él, eras el doble de atorrante, lo tiene en los genes, pobre.

 

A Enzo se le cae la mandíbula con profunda indignación— ¡¿Yo?! ¡¿Atorrante?!, pendejo atrevido ¡Estaba todo el día atrás tuyo suplicando que me des bola!

 

—¡Enzo, te voy a matar!, ¡andabas atrás de cada chirusa!— se queja Matías pero no puede evitar la sonrisa enorme en su rostro.

 

El mayor, aún indignado, gira levemente su cuerpo para quedar enfrentado a Matías.

 

—Y si no me dabas ni la hora— dice Enzo—. Igual no sé qué te haces si tenés al amiguito tuyo ese que te da like a todo lo que subís, te debe tener las notificaciones activadas, mensajito por aca, mensajito por allá, pero yo soy el atorrante— agrega y hace un montoncito con la mano.

 

—¿Esto es una escena de celos?— dice Matías y se acerca para besarlo.

 

Enzo lo detiene justo frente a su rostro, apretando sus mejillas con una mano, Matías se ríe y  mueve su boca como si fuera un pez, el cordobés tiene una expresión seria.

 

—Si no fueras tan bonito y si no viera literalmente como te tiemblan las rodillas cada vez que me ves, sí, sería una escena de celos— dice y las mejillas de Matías se vuelven rojas como un tomate.

 

El mayor sonríe y le roba un beso rápido 

 

—Sos un chamuyero, mirá si me van a temblar las rodillas— protesta Matías cuando Enzo lo suelta.

 

Y Enzo no responde, solo le roba un beso más al más joven y vuelve su atención al partido que está por empezar. Matías por su parte, se acerca un poquito más, es casi imperceptible y muy despacito apoya su cabeza en el hombro de Enzo

 

—Vos sabés que sos el único— agrega unos instantes después, con un tono bajito.

 

El cordobés sonríe y aprovecha para agarrar la mano de Matias que descansa tímidamente sobre su propia pierna, como si hubiera estado considerando la posibilidad de posarla sobre el muslo de Enzo, entrelaza sus dedos y levanta las manos frente a su rostro para poder dejar un beso en el dorso de la mano del marplatense.

 

—Vos también sos el único, corazón. Siempre.

 

Matías sonríe y con su mano libre se estira para agarrar la bandeja de sanguchitos y dejarla sobre el regazo de Enzo, se acomoda quedando aún más cerca del cuerpo ajeno y en cuestión de instantes el pitido inicial se hace oír.

 

El partido comienza tranquilo y deja notar levemente cierta superioridad del equipo rosarino, eso no evita que Enzo bufe y refunfuñe cada tanto, Matías observa todo despreocupado comiendo uno que otro sanguchito cada tanto y acercandole alguno a Enzo que come de su mano haciéndolo reír.

 

El primer gol es inesperado y ninguno de los dos esperaba que la pelota entrara al arco, así que, Enzo lo grita con ganas por la sorpresa, mientras muestran la repetición del gol el cordobés le roba un beso eufórico y vuelve su atención a la pantalla, el partido sigue.

 

—Escuchá lo que dicen los pelotudos estos, Dios, no los aguanto, en cualquier momento desactivo el sonido para no escucharlos más— se queja Enzo cuando uno de los relatores dice que un jugador está fingiendo una lesión.

 

Matías le da la razón y el asunto muta a los dos técnicos y un asistente leproso discutiendo, resultando con la expulsión del técnico del club azulgrana y el asistente de Newell’s, la lesión termina siendo real, esguince de tobillo y mientras hacen el cambio Enzo le suelta la mano para agarrar la botella de cerveza y darle un trago largo, Matías hace lo mismo y cuando devuelve la botella termina por estirar su brazo sobre el cuerpo ajeno, abrazando firmemente la cintura de Enzo y cruzando sus piernas sobre las de su amigo, el cordobés aprieta su cintura y le da un beso en la coronilla.

 

—Dale, otra amarilla más— se queja Enzo después de unos largos minutos y efectivamente el árbitro saca una tarjeta más.

 

El menor se da cuenta de que ha estado dormitando sobre le cuerpo ajeno y se siente ligeramente avergonzado, para su suerte, termina el primer tiempo así que aprovecha para hacer alguna apreciación del partido y charlan, Matías hace algunas observaciones sobre los delanteros, Enzo le da la razón, hablan de lo que le está jugando en contra al otro equipo y llegan a conclusiones similares.

 

—Para mí Newell’s tiene que hacer otro gol rápido porque sino San Lorenzo va a volver muy arriba del vestuario y si se lo empatan se van a tirar para atrás— dice Matías.

 

Enzo asiente con la cabeza y le acaricia la espalda, el gesto suave hace que a Matías se le termine por escapar un bostezo.

 

—¿Estás cansado, corazón?— pregunta con un tono dulce.

 

—Me levanté temprano— admite Matías.

 

—¿Querés ir a acostarte?— ofrece— Está hecha la cama.

 

—No— se queja Matías y se abraza más al cuerpo ajeno—. Me quiero quedar acá con vos.

 

Casualmente hunde su cara en el cuello de Enzo, llenando sus pulmones del olor a manzana del jabón de su amigo y deja un beso casto en la zona, le hace cosquillas al mayor así que este se tuerce un poco para devolverle el beso pero en la sien.

 

Antes de que se den cuenta, el segundo tiempo empieza y como dijo Matías, el segundo gol llega rápido, al minuto 58, Ferreira, el autor del primer gol, vuelve a convertir.

 

Y Matías termina por quedarse dormido casi al instante, algunos suspiros silenciosos se le escapan, característicos de su sueño, es por eso que Enzo se da cuenta y evita los comentarios que le surgen cada tanto. El sueño de Matías es bastante pesado y le gustaría poder confesar que sueña con literalmente cualquier cosa pero se ha dado cuenta que en los últimos meses se duerme pensando en Enzo, sueña con Enzo y se despierta pensando en Enzo. 

 

No se entera de el tercer gol, ni siquiera por el grito o el movimiento del cuerpo de Enzo, solo deja salir un suspiro y se acurruca más contra el cuerpo ajeno, no pasa mucho tiempo más para que el partido finalice.

 

Enzo tiene una sonrisa enorme pintada en el rostro y manda un par de mensajes felicitando a sus amigos, termina por bloquear la pantalla del celular y se tiene que estirar en una posición incómoda para apagar la computadora, acaricia la espalda de Matías y contempla cuál es la mejor forma de levantarse sin interrumpir su sueño mientras se come el último sanguchito de miga.

 

Finalmente, cruza el brazo de Matías por sobre su hombro y lo levanta con cuidado por los muslos, lo sostiene con firmeza y camina despacio, procurando no despertarlo, es en vano porque apenas pone un pie en el primer escalón de la escalera de mármol, Matías se queja y se separa ligeramente de su cuerpo.

 

Matías se ríe bajito cuando se da cuenta de que pasó de estar en el sillón a estar alzado en brazos de su amigo, hace un gesto como para bajarse pero Enzo aferra sus brazos a su cuerpo.

 

—No tengo problema en llevarte, no quiero que te caigas— explica Enzo y es una excusa rebuscada pero Matías hace de cuenta que le cree y apoya su cabeza en el hombro ajeno.

 

—¿Ganaron al final?— pregunta imaginando la respuesta positiva.

 

—Sí, tres a cero— cuenta Enzo—. Gran partido.

 

—Me alegro mucho— dice Matias y le roba un beso rápido—. Me perdí el tercero.

 

Enzo llega a la puerta de su habitación y la abre de una leve patada.

 

—Mañana miramos el resumen si querés, pero ahora, voy a coronar la noche de la mejor forma posible— dice el cordobés, Matías se ríe y lo mira curioso—, durmiendo abrazado al chico más bonito que anda rondando este país.

 

Notes:

si alguien m comenta que onda se lo agradeceria mucho, m sigue dando cosa publicar lo q escribo kjjj. si gana newells el viernes me pongo a terminar el minific, sino, lo seguiré posponiendo, todo depende de 11 burros.