Chapter Text
Dicen que las almas que aún no han visto a su par no pueden identificar colores, esos ojos únicamente ven una escala de blanco, negro y muchos tonos de gris.
Para Suguru Geto ya no era una molestia aquello, a sus 25 años ya se había acostumbrado a que todo fuera de unos colores tan monótonos, a no poder ver esa belleza que siempre venden los comerciales, a saber que no ha encontrado su alma gemela, sabía que encontrar a su alma gemela era una oportunidad en un millón, así que cuando su padre le mención acerca del matrimonio arreglado con el clan Gojo, la pequeña velita que aún mantenía de esperanza en su corazón se apagó, al retirarse de la habitación se fue hacia su jardín de flores y en silencio lloro con los ojos cerrados, no necesitaba que le dijeran que era ridícula la idea de que estaba sufriendo por algo que aún no conocía, durante un buen rato se quedó mirando hacia las flores que él había plantado con su madre, cuando el sol se estaba sentando escucho la puerta del patio abrirse, no se giró sino hasta que sintió como un par de brazos lo rodeaban.
- Lamento escuchar la noticia, hermano…
–No te lamentes, sabes que mi unión va a traer prosperidad a la empresa y a la familia.
- Sabes que no hablo de eso, Suguru…
–Hermanito… Sabes que nunca creí que ver colores en este mundo sería algo realmente especial, solo es un detalle que no me interesa más, así que está bien.
El menor apretó ambos puños mirando a su hermano mayor y este conociéndolo se dio la vuelta para poner una mano sobre su cabeza - Felicidades por tu compromiso con Nanami, Me alegra saber que de los dos tu eres el afortunado, Hermanito, lo mereces. - Dicho eso le dedico una sonrisa llena de amor fraternal, su conexión con haibara era especial, a pesar de ser sólo medio hermanos, lo quería con todo su corazón, era y siempre sería su hermanito.
El castaño lo miro secándose las lágrimas y lo estrechó en un abrazo
- ¿Puedo darte un regalo? - El menor le miró luego de separarse del abrazo.
–¿A mi? Tu unión es la que merece celebrar, Herm- Se vio interrumpido por la suave voz de su hermano menor
- Tu cabello es tan negro como la tinta de los pergaminos que tiene papá y tus ojos son del color de las flores que tu mamá llevaba en sus tocados en el cabello
…
Decir que había quedado anonadado era poco, las descripciones le daban pista de cómo debería pintar los autorretratos sin terminar, Suguru sonrió y le revolvió el cabello como cuando eran niños, estrechando con suavidad entre sus brazos, soltó un par de lágrimas más .
–Eres un tramposo, Haibara, Ahora quiero saber más. - Soltó una carcajada triste y la servidumbre les aviso que la cena estaría siendo servida pronto, así que ambos entraron a la casa y dirigiéndose hacia el comedor.
En casa de los Gojo
–¡No puedo creer que estés diciendo esto!
-Satoru..
–¡No madre! sabes que esto es SAGRADO para la familia
-Hijo tienes que entender…
—¡Satoru deja de comportarte como un niño mimado! ¡Esto es por la familia! es por la empresa que te paga tus estudios ridículos
El peliblanco apretó los puños y con la respiración agitada guardó silencio, supuso que algo así iba a suceder después de que habían aceptado sin problema alguno que siguiera su sueño de ser pintor y entrar a la Real Academia de Artes plásticas de Tokio, En ese momento no lo veía venir pero sabía que algo debía estar mal, claro que todo estaba mal, el, Satoru Gojo, el único de su familia que nunca ha visto los colores del mundo, el único en su familia que no tendrá un título con relación a la empresa que su antepasados tenían formando desde hace años, ¿Por que en su momento no lo vio venir? se sentia tan tonto.
—No es una pregunta, Satoru, este mismo viernes tendremos una reunión con los Geto y dentro de seis meses van a casarse, no es pregunta, no es opción, es una orden que te doy como tu padre y la vas a cumplir, no tienes otra opción
El peliblanco asintió con el rostro sombrío y murmuró un suave “Esta bien, padre” el mayor enseguida le hizo un gesto con la mano para que se retirara y así lo hizo, se retiró directamente hacia el ático, ese que el mismo acondiciono para que fuera su estudio de pintura, se sentó frente a la ventana que tenía abrazando su estuche de pinturas sin utilizar, se lo había regalado su madre, con la condición de utilizarlo por primera vez cuando pudiese ver a su alma gemela, si, ella era quien le había contado acerca de los bellos colores a los que uno se expone al mundo al lado de tu alma gemela, su misma madre era la que le había endulzado la vida haciéndole creer que encontraría a esa persona que le haría enamorarse de los los colores que un no veía, todo para terminar siendo una farsa, lo iban a casar con un hombre que ni siquiera conocía, seguramente era un idiota cualquiera, la tarde se le paso llorando entre sus pinturas y su nuevo lienzo, el que no quiso tocar sino solamente mirar.
