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Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 2 of A lo que nos llevo el mar
Stats:
Published:
2023-10-29
Completed:
2023-10-31
Words:
3,458
Chapters:
2/2
Kudos:
8
Hits:
93

Lo que soñamos en nuestra infancia

Summary:

Maximo y Valentin eran amigos desde chicos, ¿que pasara cuando sus sentimientos cambien?

 

Del universo de "que luna sea nuestro testigo"

Chapter Text

El pequeño pueblo se caracteriza por tener un gran prado de flores amarillas, donde la paz y tranquilidad predominan, y el caos estaba alejado, o si era la mayoría del tiempo.

 

—¡Corre o te voy atrapar!— gritó con todas sus fuerzas Valentin, el pequeño niño castaño de ojos celestes, vestido con una camisa color blanco y unas bermudas azules. 

 

— ¡Nunca! — respondió Maximo, el niño castaño de ojos marrones, que corría lo más lejos del otro, pero que era imposible de no identificar con su camiseta roja puesta.

 

Ambos tenían la misma edad y jugaban juntos en ese prado entre las colinas desde que tenían memoria.

 

No había quien se animara a prohibirles hacerlo, porque las inmensas sonrisas en sus rostros compraban a cualquiera que intentara retarlos. 

 

Valentin era el hijo mayor de la familia más rica de todo el pueblo, quienes manejaban cada tienda del lugar y eran muy cercanos al alcalde. 

 

Máximo era el único hijo de la cocinera de la casa principal de esa familia. 

 

Pero esas cosas nunca habían sido importantes para ellos. 

 

Para ellos lo único que importaba era cada tarde estar en ese prado juntos, siempre juntos.

 

Ambos estaban acostados, mirando hacia el cielo, con las respiraciones agitadas.

 

— ¿Te imaginas algún día ir al mar? — preguntó Máximo.

 

— ¿como tu padre? 

 

El papá de Máximo había sido un pirata, que había estado en el pueblo durante un tiempo, y del que su madre había caído profundamente enamorada.

 

Poco tiempo después de que el grupo de piratas se fuera, la mamá de Máximo se dio cuenta que estaba embarazada.

 

A su suerte, ya era cocinera fija de la familia Gómez, y la señora de la casa solo le gustaba como cocinaba ella, así que permitió que viviera con el pequeño en la casa.

 

La mujer jamás había hablado mal del padre del castaño, a pesar del poco tiempo juntos, ella lo recordaba con amor.

 

— Si, capaz así lo podría encontrar.

 

— Un día vamos a ir juntos, te lo prometo — dijo Valentin, agarrando fuertemente la mano de Maximo.

 

Los años pasaron, y los juegos de niños se transformaron en cosas de adolescentes.

 

Cada día pasaba, y Valentin se volvía más codiciado por los chicos y chicas del pueblo. Su actitud bromista y su simpatía hacian que todo el mundo quisiera estar a su alrededor. 

 

Pero el ojiclaro solo tenía ojos para ese chico que se escondía debajo de la escalera a leer libros sin que su madre le pudiera pedir algo.

 

— te vinieron a buscar tus amigos del colegio — comentó Maximo sentado en el cortejador* de la ventana. 

 

— Podrías venir conmigo. — sentándose enfrente de él. —, estos días hemos estado poco tiempo juntos.

 

— Tengo que ayudar a mi madre con la cena de esta noche, Valu — respondió — y ya sabes que ahora estoy trabajando aquí también no tengo tiempo para salir. 

 

Esa diferencia que siempre les habían marcado, empezaba a generar problemas entre ellos.

 

Mientras Valentin solo estudiaba por la mañana, y el resto del día se la pasaba boludeando por el pueblo. Maximo se pasaba trabajando en la cocina con su madre y por las noches estudiaba de los libros que al ojiclaro le daban en la escuela.

 

— El sábado es tu día libre, ¿no? — Maximo asintió — vayamos al prado, ¿si? 

 

Máximo totalmente cautivado por la sonrisa del otro, asintió. 

 

Valentin contento, le dio un beso en la mejilla y se fue, dejando atrás a un Máximo sonrojado. 

 


 

Ese sábado fue distinto a otros.

 

Ninguno de los dos podría razonar el porqué ese día algo definitivamente cambió entre ellos. 

 

Ya no eran niños que corrían por esos prados, ahora aprovechaban esos momentos para estar acostados, uno al lado del otro, y mirar el cielo. Aunque aún los niños en su interior buscaban entretenerse adivinando qué formas tenían las nubes.

 

— El otro día, uno de mis amigos intentó besarme — repentinamente, Valentin, habló. 

 

— ¿Y por qué no aceptaste? — preguntó Máximo, que había sido criado por una madre que ignorando la forma de pensar de sus patrones, le había enseñado que no importaba si el otro era hombre o mujer, si el amor nacía, nacía. 

 

— porque no eras vos. — Valentin giró su cabeza para mirarlo, y Maximo hizo lo mismo, quedando enfrentados.

 

— Ahora a habla en serio. 

 

— yo siempre hablo en serio,Maximo — la mirada de Valentin se veía seria. — la única persona que me gustaría tener a mi lado sos vos.

 

Máximo quería esquivar la mirada del otro, siempre sentía que esos ojos celestes podían leer todo de él, pero al mismo tiempo estaba atrapado por ellos.

 

Tanto, que ni se dio cuenta, cuando Valentin junto sus labios con los suyos, en un beso suave, totalmente rodeado de un aura de amor. 

 

Y así fue como todo cambió entre ellos. 

 

De amigos a amantes. 

 

Un amor caracterizado por vivir en los rincones y escondites. 

 

No había día donde Maximo no fuera acorralado por el menor, como en los pasillos de la mansión, para besarse y estar un ratito juntos. 

 

Un dia en el mismo prado que los vio crecer, en un hermoso dia de picnic, ambos cayeron en la tentación, y por primera vez se entregaron el uno al otro.

 

—Valen — gimió Máximo, cuando el ojiclaro salió y volvió a entrar en él, repentinamente.

 

— ¿Estás bien? — preguntó preocupado el menor de los dos.

 

— Siempre estoy bien a tu lado — le dijo acariciando su mejilla mientras lo miraba con los ojos brillantes.

 

Pero, a pesar de lo inmenso que era su amor, no todo el mundo lo veia asi. 

 

Un día, sin previo aviso, la madre de Máximo y él fueron echados de la mansión Gómez. 

 

La mujer se quedó totalmente sorprendida, nunca pensó que alguien iba ser echada de esa forma, pero rápidamente, gracias a sus ahorros, pudo acomodarse con Maximo en una pequeña casa sobre la colina. 

 

Justo esos días, Valentin estaba en un viaje del colegio, así que fue tomado por sorpresa cuando volvió y su novio no estaba. Y además su madre le había advertido que no quería verlo cerca del chico de nuevo. 

 

Pero todo empeoró cuando durante una cena familiar, sus padres le anunciaron que lo habían comprometido con Luciana, la hija mayor de la familia Martinez, quienes eran socios de sus padres hace años.

 

Valentin se negó complemente, pero un golpe fuerte de su padre contra la mesa, se dio cuenta que no tenía opción.

 

A la noche, después de fingir que se había dormido, escapó de sus guardias por la ventana de la habitación, y fue en busca de Máximo. 

 

El mayor estaba durmiendo cuando escuchó unos golpes en su ventana, que al acercarse lo último que esperaba era encontrarse con Valentin.

 

Apenas entró el ojiclaro a la habitación, lo abrazó y empezó a llorar. Valentin se sorprendió porque su pareja no solía dejarse llevar por sus emociones. 

 

— ¿qué paso, mi amor? 

 

— Tu padre me amenazó, me dijo que no te busque porque sino te iba hacer daño — explicó entre llantos — tengo mucho miedo, Valentin.

 

Valentin solo lo abrazó, acariciaba su espalda, y le decía palabras reconfortantes, mientras su cabeza intentaba entender qué había pasado. 

 

Un rato después, ambos se acostaron en la cama del mayor, y cayeron dormidos juntos.

 

Antes de que amaneciera, Valentin salió de la habitación y volvió hacia la casa. 

 

Cuando llegó al balcón de su habitación pudo escuchar una conversación de los que reconoció como sus padres.

 

— Seguro se escapo a la casa de ese muchacho — gritaba la mujer — te dije que evitaras que este con ese demonio. Mi hijo no es ningún sodomita. ¡Ya solucionalo!

 

Valentin pudo ver como su padre le daba algunas indicaciones a su equipo de guardias, y como todos se retiraron de la habitación. Después de que la última persona salió, se acercó hacia la puerta y puso el cerrojo. Se apoyó en ella y respiro profundo.

 

Sus padres habían descubierto su relación con Maximo. Eso había sido el origen de todo lo que había pasado. Totalmente atrapado en su burbuja con Maximo había olvidado lo conservadores y retrógrados que eran sus padres. 

 

En ese momento, la única solución que encontraba era fingir que aceptaba el compromiso con la hija de la familia Martinez mientras que buscaba una forma de escapar de ese lugar con su amado. 

 


 

Pasó una semana, cuando un suceso inesperado, apareció ante los ojos de Valentin. Cuando se encontraba en un cita con Luciana, a lo lejos, en el puerto, vio llegar un barco con una bandera pirata.

 

Y supo que esa era su señal. 

 

No tenía mucho tiempo a su favor, primero que nada porque no tenia idea de cuanto tiempo los piratas iban a permanecer en el pueblo y porque sus padres querían adelantar la boda lo más pronto posible. 

 

Asi que sin poder decirle o pedirle consejo a Maximo, armó un plan.

 

Al día siguiente por la noche, se iba a celebrar su fiesta de compromiso con Luciana. Iba aprovechar que sus padres creían que ya estaba todo olvidado lo de Maximo e iba esperar al momento correcto para escapar por la parte trasera de la casa.

 

Luego, buscaría a Maximo en la casa de la colina y lo más rápido posible escaparian hacia el puerto donde subirian al barco pirata.

 

Le envió una paloma mensajera a Maximo con el plan, esperaba que el mayor no se negara a la idea, porque eso seria la ruina de todo