Work Text:
William Afton tampoco había esperado mucho del día, hasta ese momento había cursado tedioso y particularmente pesado, tal vez por los clientes, tal vez por su propio malhumor que se había vuelto delicado debido a la larga ausencia de diversión. Cualquiera que sea la razón, William se había encerrado en sí mismo en busca de algo de distracción mientras el sujeto frente a él lloraba, frustrado por no poder mantenerse.
William nunca entenderá eso, simplemente no lo entiende. Ha estado arriba y abajo, sabe lo que es comer un salmón un día y al siguiente combinar las tazas de té con fideos baratos para crear una falsa sensacion de estómago lleno. Ha estado en todas partes si lo piensa bien, arriba, abajo, solo y acompañado, y aunque un cambio de humor si representaba nunca significó algún tipo de cambio de mentalidad o quiebre emocional. Al contrario, es divertido, es emocionante, es nuevo, pero ha visto ese tipo de reacciones una y otra vez en su trabajo. También lo ha visto en Vanessa, ella ha llorado por eso, y para que Vanessa llore frente a él sabiendo lo le fastidia significa que la situación la sobrepasa.
De cualquier forma William adorna su rostro con la expresión más amable y comprensiva posible, extiende los pañuelos al sujeto regordete y menciona un par de oraciones: “esta bien” “todo va a mejorar” “solo ten paciencia, ya te conseguiremos algo”
El sujeto se va con las retinas enrojecidas y William pasa sus dedos de forma juguetona contra la carpeta del siguiente cliente. No lo ha abierto, un historial tan relativamente grueso resulta tentador en un día así. ¿quien será? Un ex preso, seguro, o alguien muy viejo, cualquiera de los dos tiene baja posibilidad de reincorporarse a la vida laboral. Es hombre, obviamente, pero hay algo más, un comportamiento errático, solo algo así justificaría el grosor. Un hombre de mediana edad, comportamiento violento y tal vez ex preso. William toma algo de aire; divorciado, sí, treinta años como mínimo. Reclina su espalda contra la silla giratoria, no le gusta los violentos pero es parte del trabajo aunque ese día no se sentía del particular humor para lidiar con ellos.
—¡Adelante! -Da el permiso de entrada y vuelve a reclinarse sobre el escritorio, abre el archivo sobre una página aleatoria y finge interés en ella mientras escucha los pasos. Entonces, ocurre la primera cosa rara, los pasos acercándose son suaves y algo arrastrados. Pero la extrañeza no es suficiente cuando lo golpea el olor.
Casi tiene la intención de tapar su nariz, su mano tiembla y logra controlarse pero endereza la espalda, no tiene tiempo ni de tomar aire limpio, el aroma persiste en su nariz mientras levanta la mirada a aquel que lo ha sacado de su retardo.
No es lo que esperaba. Para nada, deja que la sorpresa lo invada al igual que el olor y abre un poco las piernas por instinto, sintiendo la oleada de cosquilleo sobre su entrepierna, la excitación lo recorre mientras trata de concentrarse en el muchacho frente a él. Un muchacho de ojos deprimentes, encantador de una forma no irónica, es pequeño, adorable, si William fuese un alfa más lujurioso habría saltado sin duda sobre él.
No. De ser un hombre menos precavido lo hubiera hecho. Le sorprende que otro no lo haya intentado en el camino de ida allí, aunque la mirada cansada en los ojos del joven y los moretones repartidos en su rostro pueden ser una indicación. Sería fácil tomarlo sobre el escritorio, cargarlo, hacerlo ceder, no lo puede ver bien mientras lo invita a sentarse pero está seguro que podría lamer su piel desnuda a cambio de algo más de su olor, incluso algo más que su olor. Un poco más, solo está en el pre calentamiento, sabe que el joven puede dar más.
—Mike. -El invitado corta rápido, agresivo, pero incluso con sus expresiones duras la suavidad está presente allí. Omega, es un dulce Omega de expresión agresiva. William continúa hablando con palabras en las que no se detiene mucho, su excitación no ha modificado su voz pero si su entusiasmo aunque parezca querer inclinarse al auto sabotaje cuando sus ojos recorren lo poco que puede ver del cuerpo frente a él. Hay mucha ropa, no tiene mucho paso para la imaginación.
Pero justo cuando renuncia a la fantasía, sus ojos encuentran un incapié a ella entre los textos de su archivo.
«Madre» piensa «es madre»
—Necesito el trabajo.
William repasa una vez más el archivo. —Golpeaste a un alfa frente a su cachorro a plena luz del día, ¿Puedes explicarme eso...?
Mike desvía la mirada, evita cruzarse con la suya pero rápido cede, baja la cabeza a su regazo y luego reincorpora la mirada hacia él, a través de sus pestañas se ve más que encantador.
—Malinterprete la situación -Explica con rapidez.
—Vi al alfa adulto tomarlo con demasiada brusquedad, llevárselo arrastrando y pensé, pensé... Supongo que exageré. Fue un accidente... -Más que encantador, excepcional. —Realmente necesito un trabajo. No tengo más opciones.
Por supuesto que no. Madre soltera con pésimo historial laboral, William puede hacerse una idea de lo caótica que debe ser la vida en casa, ¿Cuántos años ha de tener la criatura? Duda que este amamantando aunque la idea rápido se instala en su cabeza tentadoramente. Sus ojos bajan al saco del Omega, puede imaginarlo en esa posición, con ese agudo instinto protector seguro sería del tipo de madre que no dejaría a su hijo llorar por hambre, su criatura debe ser fuerte como él y si es un alfa seguro se volverá impresionante.
—Has tenido bastantes trabajos.
—Lo sé.
William solo se siente más encantado, adora la dualidad del desconocido de verse lamentable y fiero a la vez, la perfecta definición de un perro abandonado en la calle o, en este caso, un Omega fuerte abandonado. Incluso, así como un perro, siente la inclinación de querer acariciarlo aunque controla el impulso por autoconservación, tampoco planea llevarlo a ninguna parte, no está del todo convencido.
—Bueno, trataremos de conseguirte algo lo más rápido posible, no seré yo quien le impida a una madre cuidar a su cachorro. -Al menos no hoy, William se siente inclinado a despedirlo antes de que el aroma lo emborrache más aunque rápido la mirada despistada y abochornada del cliente adelantan ese impacto.
—¿“madre”? -La extrañeza en su voz es tal que William se apura a revisar de nuevo la información del archivo. —Ah, sí, sí, mi cachorra -Menciona casi distraídamente, tropieza en sus palabras y en sus pensamientos. —Mi hermana.
William casi se siente decepcionado de saber sobre la ausencia de leche, pero rápido la descripción se vuelve euforia total al leer más detenidamente el archivo.
«Schmidt»
William lo mira un segundo que tal vez fue demasiado largo, solo la expresión de Mike que demuestra que sabe que algo no va como siempre lo saca de su estado. —¿Café?
Mike lo rechaza y William se levanta al instante, no le preocupa al instante el bulto entre sus piernas porque su mente no está en ello; está en los recuerdos, ese día lejano cuando tomo a Garrett de entre los brazos de sus padres y solo el hermano de este corrió tras él...
Preciosos recuerdos. Solo sólo debió volverlo más protector.
El jadeo suave se Mike lo impresiona como un golpe y equivale el mismo impacto aunque mucho más placentero. Se lleva la taza de café a los labios pero no lo bebe ¿Hace cuánto ha liberado sus hormonas? No debe ser hace mucho. William es muy cuidadoso y no suele dejarse llevar pero tampoco frena su instinto porque, a fin de cuentas, Mike sigue sentado en la silla. Sonrojado y más acalorado, trata de disimularlo tiernamente y William desea, realmente desea, ponerlo sobre el escritorio para enseñarle sobre lo que es capaz.
—¿Te gusta que vayamos a comer algo luego, Mike? Ah, lo siento, un anciano como yo no debería molestarte así.
—No me molesta -Mike responde con tanta prisa que William saborea el momento, la ironía, ¿Te sientes protegido Mike? ¿Por el asesino de tu hermano? Debe ser en parte por sus instintos omegas. Garrett no desarrollo su segundo sexo al morir pero nunca habría podido ser tan bello como su hermano mayor. Mike no era del mismo carácter de Garrett ni siquiera en la infancia, de haberlo raptado habría peleado, gritado y pataleado pero haberlo matado entonces significaba que no podría haber apreciado... Ésto.
—¿Eso es un “sí”? -William le sonríe y Mike asiente con las cabeza un par de veces, aún con las mejillas enrojecidas y la temperatura alta. Debe solo esperar un polvo, algo rápido que sirva para satisfacerlo, pero William jura hacer más que eso, hará que su piel sude tanto en la cama como al dar a luz, lamera de su leche y lo obligará a beber y recibir de la suya.
La idea lo invade. Lo mordera, lo torturara y lo matará, será un gran gran show.
—Muchas gracias, Micky. -Se acercó a él, acarició sus hombros, saboreo susu ternura porque Mike lo acepto también rápidamente. Entonces William no pierde la oportunidad, le da el placer a Mike, libera suficiente de su aroma para hacerlo acurrucar en su palma hasta que habla.
—Michael.
—¿Qué? -Lo mir extrañado, como si la burbuja de comodidad que habían creado casi de la nada se hubiera perdido. —Mi nombre es Mike
—Michael es un lindo nombre para un cachorro, ¿No?
Mike traga saliva nerviosamente, se levanta con torpeza y William, casi desesperado, libera más de él aunque teme que eso vaya asustarlo más de lo que hizo. Solo fue un desliz ¿Cuando William comete ese tipo de estupideces?
Mike se detiene en la puerta, inquieto, duda de nuevo pero notablemente desea quedarse, su mano se apoya en el picaporte y le regala suaves jadeos antes de siquiera formular oración coherente en su mente.
—Sí, supongo... Me gusta más Garrett -Por supuesto, “Garrett” —O Gregory.
Mike se queda esperando en la puerta y el corazón de William se acelera, se apura en darle su tarjeta.
—Llamame cuando quieras, Mike.
Mike pasa sus dientes superiores sobre su labio inferior, conteniendo se, dejando un pálido brillo de saliva que William solo puede desear lamer. —Lo haré, señor Raglan.
—Porfavor, Micky, llámame William.
