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1. Raíces históricas del apartheid
La instalación del poder colonial en la región sudafricana comienza en 1652 cuando los holandeses
instalan en la parte occidental de la actual provincia de El Cabo; una estación de relevo para los
navíos de la “Dutch East India Company” (2) que se dirigían al Asia cruzando por el Cabo de Buena
Esperanza.
La población nativa de la región, estaba conformada por los hotentotes y los bosquimanos, y una
tercera población, los bantúes que emigraron desde el norte durante el siglo XVI, de suma
importancia, ya que van a representar en el siglo XX la población de raza negra más numerosa.
Los hotentotes se encontraban dispersos en el espacio y se dedicaban principalmente a la cría de
ganado. Los bosquimanos se encontraban organizados en tribus y se dedicaban a la caza y la siembra
Los bantúes también tenían una organización tribal, centrada en la autoridad del jefe, y se dedicaban
a la cría de ganado y la recolección.
Estas tres poblaciones se encontraban distribuidas en un vasto territorio, y eran independientes entre
sí, es decir, que no era posible entonces, debido a su organización tribal, que pudieran llegar a
integrarse en una presunta nacionalidad negra sudafricana.
Esta situación comienza a verse alterada con la llegada y asentamiento de los colonizadores europeos
en la región. Consecuentemente, la raza o el color se constituyeron en el elemento clave de distinción
entre la población colonizadora europea, y las poblaciones nativas, lo que justificó la esclavización
de las mismas. Basándose principalmente en la distinción de raza, hacia fines del siglo XVII se había
conformado ya un rígido sistema de estratificación social.
Las desigualdades sociales, se establecían de acuerdo con mecanismos de distanciamiento social.
Estas diferencias de hecho eran a su vez simbólicas, por ejemplo los esclavos no podían usar zapatos
o fumar pipa por la calle. Estos usos eran símbolos de libertad, exclusivos del hombre blanco.
También existía una división laboral basada en lineamientos raciales, los trabajos manuales eran
considerados degradantes para los blancos, y en consecuencia debían ser realizados por los esclavos
nativos. Pero la obligación de trabajar implicó conflictos, las poblaciones locales se negaban a
trabajar para la Compañía, por lo cual se comenzaron a importar esclavos provenientes del África
oriental, Madagascar, y las Indias orientales holandesas.
Hacía 1795 tiene lugar la ocupación británica de la colonia de El Cabo y sus alrededores.
Posteriormente, un hecho central será la abolición de la esclavitud que declara Inglaterra en todo su
imperio en 1834. Al mismo tiempo, en el Cabo occidental, se expande la frontera hacia el noroeste a
lo largo de la costa sudafricana por el avance de la población de colonos holandeses “los bóers”.
Esta emigración conocida como “trek” (en lengua afrikáans3) o su derivado “trekking”, comenzó
hacia fines del siglo XVII, alcanzando su punto más álgido entre 1836 y 1846, en lo que se denominó
“Gran Trek” (“gran migración”).
Los bóers (campesinos), eran sudafricanos de origen holandés, en su mayoría granjeros pobres que se
trasladaban en busca de tierras para su ganado. En su avance se enfrentaron con hotentotes y
bosquimanos, en un ataque feroz para usurparles sus tierras. Como consecuencia de este
enfrentamiento, los bosquimanos prácticamente se extinguieron del territorio que conforma hoy
Sudáfrica. Los hotentotes, en cambio no desaparecieron, sino que luego de perder sus tierras se
convirtieron en sirvientes de los bóers, proporcionándoles además sus animales y sus habilidades
para la cría de ganado. Por otro lado, el enfrentamiento con los pueblos bantúes que se encontraban
migrando hacia el sur, tuvo como resultado el desarrollo de luchas fronterizas y robos de ganado
entre ambas poblaciones durante muchos años.
Finalmente, los bóers llegaron a ocupar el territorio que luego serían las Repúblicas Bóers de
Transvaal y el Estado Libre de Orange. De esta manera, Sudáfrica quedaba dividida en una zona
septentrional bóer, y otra zona meridional británica. En adelante, ingleses y bóers serían supremos
gobernantes en Sudáfrica.
La historia sudafricana a partir del siglo XIX, debe analizarse teniendo en cuenta por una lado, un
doble enfrentamiento doble enfrentamiento: el que se dio entre bóers – posteriormente denominados
afrikáners – y británicos, por un lado, y por otro, el enfrentamiento racial, entre estos dos grupos
blancos y la mayoría africana bantú; y además debe considerarse el creciente control social por parte
del Estado como un elemento fundamental que se corresponde con las particularidades que irá
adoptando el desarrollo capitalista sudafricano.
Entre mediados y fines del siglo XIX, se produce el descubrimiento de enormes yacimientos de
metales preciosos: las minas de diamantes de Kimberley en 1867 y las minas de oro de
Witwatersrand en 1886. Comienza a partir de entonces la producción minera en Sudáfrica, dominada
por el capital británico. El elemento central de la explotación minera radicó siempre en su
dependencia del trabajo forzado. Esto hizo necesario que los altos costos de la producción, frente a la
imposibilidad de transferirlos al consumidor, fueran reducidos con la incorporación de mano de obra
barata que se reclutaba entre la población negra.
A partir de entonces, oro y diamantes, además de atraer a enormes masas de inmigrantes, abrieron las
puertas a los capitales europeos que permitieron la organización a escala industrial de la extracción
minera. Las compañías mineras para asegurarse la estabilidad de la gigantesca inversión necesaria y
para obtener una mayor eficacia, se organizaron en trusts (fondos de inversiones), entre los cuales se
destacaban la “Compañía de Rodhes”, que tenía la intención de crear una red ferroviaria que fuera
desde El Cairo hasta Ciudad de El Cabo. Los intereses económicos tanto de bóers como de
británicos, en la explotación de los yacimientos, entraron rápidamente en conflicto, culminando en la
guerra anglo-bóer, que se desarrolló entre 1899 y 1902.
Al finalizar la disputa, los británicos derrotaron a los dos territorios bóers: Transvaal y el Estado
Libre de Orange.
El pacto que puso fin al conflicto armado o “Paz de Vereeniging”, firmado en 1902, estableció que
los británicos los intereses de los bóers en el territorio, quedando excluidos en consecuencia los
intereses de los africanos nativos. Se concedió a los bóers la decisión final sobre la cuestión de la
ampliación o no del derecho de voto y su participación en el Parlamento de los africanos.
Posteriormente, entre 1906 y 1907 los británicos devolvieron a los bóers la autonomía sobre sus
territorios.
En consecuencia, se advierte claramente una intención de monopolizar los asuntos políticos de la
región por parte de los dos grupos blancos, situación que se va a mantener durante gran parte del
siglo XX. En este contexto, los no blancos se van a encontrar totalmente excluidos de la
participación en la política.
