Chapter Text
Después de innumerables obstáculos Halil Ibrahim por fin pudo descansar. Ahora que las cosas estaban tranquilas entre su facción y los Leto, se alejó de todo, y de todos, para poder descansar. Decidió que era mejor ir a la casa de la montaña, donde pasó su última noche con Yasemin.
Al entrar en la casa los recuerdos le golpearon fuerte, había melancolía en el ambiente y muchas promesas incumplidas. Podían haber sido felices, pero se lo arrebataron todo.
Se dedicó a airear la casa y a adecentarla un poco y rellenar la despensa y el frigorífico, con víveres, para los pocos días que pensaba estar allí. La comida se la había dado Zeynep, recordó con una sonrisa las palabras de la chica y su preocupación: “ten cuidado, mi padre ahora está tranquilo, pero puede estar planeando algo”. De repente el corazón se le aceleró al pensar en los ojos de la chica, sacudió la cabeza para ahuyentar la visión y siguió preparando la casa.
Al cabo de una hora estaba todo listo, ventajas de que fuera una casa pequeña. Se sentó en el pequeño sofá de la sala y, sin saber muy bien cómo, se quedó dormido.
―¡Halil Ibrahim! ¡Halil Ibrahim! ―Una voz de mujer le estaba llamando insistentemente.
―¿Quién? ¿Qué? ―Instintivamente cogió su arma y apuntó en la dirección de donde provenía la voz.
―¡Halil Ibrahim!
Bajó el arma, pero no la soltó y siguió la voz que lo llamaba. Procedía del exterior. Abrió la puerta despacio, apuntando con el arma de nuevo. Podía ser un truco.
―¡Por fin! Halil Ibrahim, pensaba que no ibas a salir nunca. ―La chica sonrió ampliamente.
―Yasemin…
―Sí, soy yo. O ¿esperabas a otra persona? ―Yasemin sonrió cómplice.
―La verdad es que no esperaba a nadie, en general.
No era la primera vez que Yasemin se manifestaba en los sueños del muchacho, pero sí era la primera vez que ella no lo despertaba con un beso.
―¿Ha pasado algo? ―El chico estaba preocupado, normalmente solo aparecía cuando había un peligro inminente y él estaba vulnerable porque estaba dormido por el cansancio acumulado.
―No. La verdad es que está todo muy tranquilo.
―¿Entonces?
―He venido a despedirme.
―Pero Yasemin, no puedes…
―Sí, sí que puedo. Es hora de que me marche ya. Yo estoy en paz y tú también deberías estarlo. De hecho, creo que ya has encontrado a alguien con quien compartir tu vida.
―Pero, prometí amarte siempre…
―Halil Ibrahim, por favor, estoy muerta. ―la chica se rio―. Es materialmente imposible que estemos juntos. Y tú tienes que continuar tu vida. Además, ambos sabemos que el corazón elige su propio camino. Lo sé bien, te esperé durante cinco años… No le hagas lo mismo a Zeynep, por favor. Sé más rápido.
―Pero todo ha sido tan repentino, tu partida… ¡Tus padres!
―Mi muerte, por favor, que no me he ido de viaje. Y mis padres tendrán que aprender a lidiar con que su hija haya muerto y con que tu tengas tu propia vida. Nadie puede poner en pausa su vida por alguien que ya no está. No es sano.
―Pero Yasemin… No sé qué decir.
―Que tengo razón. Halil Ibrahim, me hiciste la mujer más feliz del mundo el día que nos casamos, fueron las 24 horas más felices de mi vida. Por no hablar de esos pequeños momentos de felicidad que sabía de ti antes de que volvieras. Lo nuestro acabó, casi, antes de empezar. Quizá por eso te cuesta tanto abrir tu corazón a Zeynep. Pero hazle caso, sigue tu instinto y a tu corazón. Sabes que la quieres sin quererlo. Así es el amor, aparece cuando menos te lo esperas.
―Pero siento que está mal, que es una falta de respeto a ti y a tu memoria. Por no hablar de tus padres, que, si me ven cerca de una chica, quizá quieran matarme.
―No me voy a cansar de repetírtelo, estoy muerta, tengo mucho tiempo: da igual lo que opinen los demás de como llevas mi luto, tu vida o lo que hagas en general. Yo sé que me quisiste con toda tu alma, y que vas a querer igual a Zeynep. Estoy contenta porque tu corazón vuelve a latir, por un momento tuve miedo de que se convirtiera en una piedra y solo tuvieras espacio en tu corazón para la venganza.
―No te voy a mentir, estuve a punto de caer en el abismo cuando maté al asesino de mi padre. Menos mal que estaba con ellos ―recordó las caras de sus amigos y como le imploraron que fuese humano y no un torturador― no sé qué hubiera hecho de no ser por ellos.
―Pero no lo hiciste. Halil Ibrahim, siempre encontrarás el buen camino.
―Entonces, ¿solo has venido para echarme a los brazos de otra mujer? ―El chico sonrió.
―Dicho así suena fatal, he venido a despedirme y a abrirte los ojos. ―La chica se acercó, la cogió la cara con las manos y le dio un beso en la frente―. Vive Halil Ibrahim. Acaba esta guerra y vive feliz con quien tú quieras, yo seré tremendamente feliz si tú lo eres.
―No sé si podré hacerlo…―El chico le cogió las manos y la miró con afecto.
―Lo harás, no me voy a cansar de repetírtelo, hazme caso y que te entre en la cabeza: encontrarás el camino, siempre lo haces. ―La chica pareció recordar algo importante―. Por cierto, proteged a Edanur.
―¿Por qué íbamos a proteger a una mujer que se ha ido al lado de los Leto?
―Por culpa de Temel, todo sea dicho, pero eso ahora no es lo importante. Hazme caso, protegedla, como ella os está protegiendo a vosotros…
La chica miró hacia atrás y se rio, el chico no entendía nada y se preocupó por un momento.
―¿Qué pasa?
―Que ya es hora de irme, me están esperando.
―Pero, ¿no decías qué tenías tiempo, con eso de que estás muerta?
―Sí, pero tu no. Buena suerte, Halil Ibrahim. Sé feliz.
―Yasemin…
Unos golpes en la puerta despertaron al joven de su sueño.
―Vamos, hermano, haz el favor de abrir la puerta.
―¿Oğuz? ―el chico se levantó del sofá y fue hasta la puerta― ¿Qué haces aquí?
―Primero: ¡Hola, a ti también! Y segundo: he venido a comer. El tío Dervis me dijo dónde estabas, y pensé que igual te apetecía darme de comer.
―Pasa, anda. Tienes suerte de que tenga comida.
Los amigos prepararon juntos la comida y pasaron un buen rato disfrutando del manjar que habían preparado.
―Bueno, Halil Ibrahim, ¿vas a invitar a alguien a la cabaña?
―¿A quién debería invitar? ―Miró extrañado a Oğuz.
―Quizá a cierta rubia, muy rica, hija de tu mayor enemigo… No sé si te suena.
―¿Tú también?
―Quién más te ha sugerido que quizá te podría interesar Zeynep Leto ―El chico se inclinó hacia delante para recibir bien la información.
―He soñado con Yasemin. Se ha despedido de mí y me ha dicho que haga el favor de ser feliz, con quien yo quiera.
―Ves, esa chica es un sol, incluso desde el más allá. Una pena que no la llegara a conocer.
―Te hubiera caído muy bien.
―Bueno, entonces cuando vas a ir a raptar a la chica de verdad.
―No voy a raptar a nadie, además tu eres el comisario de policía, no deberías incitar a nadie cometer delitos.
―Estoy empezando a pensar que mi trabajo aquí es solo de mero espectador, porque entre tú y los Leto, estoy a verlas venir. ―El comisario pegó un bufido de indignación.
―Yo por lo menos trabajo contigo. Los Leto solo quieren que tú te hundas.
―Junto contigo, y yo encantado. Pero mejor si los hundimos con nosotros. ―Una sonrisa maliciosa asomó en los labios del policía―. Como sea, ¿cuándo te vas a declarar?
―Que no me voy a declarar a nadie. ―En ese momento el chico se acordó de lo que le dijo Yasemin al final de su conversación―. Por cierto, Yasemin me dio una advertencia final: proteged a Edanur como ella os está protegiendo a vosotros. Igual habría que echarle un ojo a la situación en casa de los Leto.
―De eso me ocupo yo. Bueno será mejor que me marche, no queremos que se nos hunda la tapadera de que no nos conocemos nada de nada.
―Adiós, hermano, ten cuidado.
―Ten cuidado tú también, y haz el favor de hacerle caso a Yasemin. Y cuando antes mejor.
Oğuz se fue dejando solo a Halil Ibrahim y a sus pensamientos. ¿Por qué todo el mundo tenía tan claro que sentía algo por Zeynep Leto? En ese momento un móvil sonó, encima de la mesa, era un viejo teléfono que la propia chica Leto le dio para poder llamarlo, y el corazón le dio una voltereta.
