Chapter Text
Cuando Heung-Min Son lo vio por primera vez tenía 6, la vecina de enfrente le había pedido el favor a su madre cuidar del muchacho en lo que ella llevaba a su hijo mayor, Cristian, a una prueba de fútbol.
Lolo como lo había presentado María, era su segundo hijo, en ese entonces el muchachito había cumplido sus 10 años y jugó toda la tarde con el bebé de la amiga de su madre, sin saber lo que el destino tenía preparado para él con el dulce coreanito.
*✭˚・゚✧*・゚*✭˚・゚✧
Los años pasaron viendo cómo rápidamente la relación entre Rodrigo y Heung-Min se hacía cada vez más fuerte.
Para el mayor, tener a Sonny en su vida era semejante a tener una brisa de aire en un día caluroso, refrescante y aliviador. El menor era sin dudas un personaje muy particular que siempre tenía algún comentario para hacer o un chiste para contar, le daba a Rodri una oportunidad de ser él mismo, sin tener que interpretar ningún tipo de papel. Que lamentablemente era como se sentía con su familia.
No es que el muchacho tuviera una mala vida, de ser honesto él no podría quejarse; vivía en un buen barrio con su numerosa familia que estaba compuesta por sus tres hermanos, el mayor Cristian, Giovani y Alejo, que era el menor de los cuatro; además de sus padres María y Lionel. Los Romero gozaban de un buen pasar económico, si; pero Lolo mientras crecía e iba madurando no podía evitar razonar que sus padres estaban avergonzados de él y su desempeño… siempre le marcaban sus errores y enaltecían la falta de los mismos en su hermano mayor.
Pero si a Rodrigo le preguntan ahora que tenía edad suficiente, diría que era todo culpa de Cristian, por ser el hijo perfecto a tal punto que sus padres lo atosigaban a seguir sus pasos, incapaces de concebir cualquier error por más pequeño que sea.
Cuti, como era el apodo de su hermano, hacía que cualquier destreza suya pareciera un chiste, desde el fútbol hasta el club de debate, inglés, natación, golf, lo que sea que Lolo intente, siempre Cristian lo hacía mejor. Y no es que odiara a su hermano, simplemente a veces deseaba que se equivoque para que sus padres vieran que a pesar de ser perfecto, también era humano como él.
*✭˚・゚✧*・゚*✭˚・゚✧*・゚*
Sonny se dio cuenta de la rivalidad de los hermanos a los ocho años, cuando Rodrigo había caído enfermo y él, como buen amigo, lo fue a visitar.
Cristian abrió la puerta y lo dejó pasar, saludándolo con un beso en la mejilla y guiándolo a la habitación de su hermano menor. — Acá está el nenito — dijo una vez que estaban parados al lado de la cama del chico de doce años, que se encontraba dormido gracias al antibiótico que tenía que tomar.
— ¿Se va a poner bien? — preguntó tocando la frente de su amigo, pensando que eso ayudaría a su estado, ya que su mamá hacía eso con él y siempre el frío de sus manos aliviaba un poco el malestar.
El mayor bufó y se dio la vuelta para irse — No te preocupes por él, está bien, solo se hace el enfermo para no ir al examen que tiene mañana — dijo y salió de la habitación.
Más tarde, cuando Rodrigo al fin se despertó, se sintió contento de ver a su amigo haciéndole compañía — Gracias por venir — dijo acariciando el cabello sedoso del coreano.
— No es nada, ¿estás enfermo de verdad? Porque tu hermano me dijo que estabas fingiendo para no ir a la escuela mañana — Heung-Min hizo su pregunta con cautela, ya que no quería que el mayor se ofendiera por la insinuación pero él ya sabía lo nervioso que estaba su amigo por ese examen… por ende, el razonamiento de Cuti no le parecía del todo erróneo. Pero quería darle a su amigo el beneficio de la duda.
Lolo observó a su amigo avergonzado y es que era la verdad pero odiaba tener que admitirlo, más que nada porque si se lo admitía a Heung-Min, le estaría dando la razón al imbécil de su hermano. Dios, a veces a Rodrigo le gustaría que Cristian se callara la boca y dejara de meter en sus asuntos — Nunca le hagas caso al idiota de mi hermano, es un mentiroso bueno para nada y además es un vanidoso de mierda — mascullo con rabia el muchacho, con su mirada perdida en la pared de su habitación.
—Quizás Lolito está celoso porque Cuti juega mejor al fútbol— pensó con inocencia Sonny más tarde, cuando estaba haciendo su tarea y por la ventana vio a Cristian salir de su casa con su ropa para ir a entrenar.
*✭˚・゚✧*・゚*✭˚・゚✧*・゚*
— Elige lo que quieras, vamos, yo invito — murmuró el mayor, mientras se ponían en la fila de la heladería.
El de rasgos asiáticos asintió con inseguridad, mirando los elevados precios de las cosas que vendían en el lugar — ¿No podemos ir al lugar que vamos siempre? — pidió con súplica el menor, siendo completamente ignorado por Lolo, que se movió siguiendo la fila. Suspirando con decepción, Heung-Min lo siguió y cuando llegó su turno pidió un batido de frutilla recibiendo una mirada de reproche de Rodrigo, que se había pedido un frappuccino de chocolate.
— Siempre tomas lo mismo, ¿no te cansas de ser tan monótono? — se burló el mayor, hiriendo sin querer los sentimientos del menor.
—Si a mi me gusta el batido, ¿Qué tiene de malo que siempre lo pida?— se cuestionó Son a si mismo.
Dibujo una sonrisa en su rostro y le dio un trago a su bebida — La próxima pido otra cosa — fue lo que contestó, incapaz de llevarle la contraria a quien él considera el amor de su vida. — Por tu ingreso a la Imperial — expresó con alegría el menor, alzando su vaso en dirección a su amigo, que rodando los ojos aceptó el brindis.
A veces a Rodrigo le resultaban un poco ridículas algunas actitudes del menor… pero al menos el chico sí estaba contento por él, no como sus padres que se ofendieron porque a diferencia de su hermano, no había entrado a Oxford y tuvo que recurrir a su segunda opción, la Universidad Imperial de Londres.
Con ese pensamiento en mente, Lolo despidió a Sonny con un cariñoso beso en la mejilla y cruzó la calle para entrar a su casa donde lo esperaba un regaño de parte de su padre.
— Es mi última palabra, Rodrigo — sentenció imponente Lionel, dándole una mirada severa a su primogénito — eso es todo, te puedes ir — expresó con más calma, observando con culpabilidad a su retoño irse cabizbajo de su oficina. No es que él no estuviera orgulloso de que su muchacho haya entrado en esa universidad, por Dios, su esposa había estudiado ahí y era una de las mejores bioingenierías del país. Pero él era un poco egoísta con sus muchachos, quería que todos trabajaran en su empresa, por eso les exige la perfección a todos ellos. Sin embargo, a veces siente que está haciendo algo mal pero nunca logra descifrar que es.
María abrazo a su bebe entre sus brazos — Estoy muy orgullosa de vos, amor mío. Vas a ser el mejor ingeniero civil y medioambiental del país — exclamó besando reiteradamente la mejilla de su segundo hijo, a quien amaba tanto como a los otros tres — vamos a colgar tu titulo al lado del mío, lejos de los mugrosos de Oxford — se burló mientras apretaba más sus brazos alrededor de Rodrigo.
— Gracias mama, te amo — expresó el muchacho, recibiendo gustoso el ataque de besos que le dio su madre. A veces él no podía creer cómo una persona tan amorosa como ella terminó desposando al frío perfeccionista de su padre.
Se separó y acarició los mechones del cabello morocho de su hijo, dejando un último beso en su frente — Perdón por como reaccione hoy, me sacó de balance la noticia, pensé que querías estudiar en Oxford como tu padre. Me alegra que no sea así, te amo mi solcito, no lo olvides — murmuró y dejó un apretón en la mejilla de Rodrigo para después sentarse derecha en el sillón, poniendo su atención en la película de nuevo.
*✭˚・゚✧*・゚*✭˚・゚✧*・゚*
A los 17 años, Sonny dio su primer beso, no con Lolo como le habría gustado sino con su compañero de clase, Micky, un muchacho alto y rubio de ojos claros… honestamente Heung-Min no se arrepentía. Pasó una noche que se junto con sus amigos en casa de James por su cumpleaños, estaban bastante pasados de alcohol y a Pedro, otro de sus amigos, no se le ocurrió mejor idea que jugar verdad o reto. El asiático se rio de cada una de las respuestas sinceras y retos que sus amigos hicieron, hasta que fue su turno.
— Sonny, ¿verdad o reto? — canturreo el cumpleañero, mirando a su amigo con picardía.
Pensó en las barbaridades que el rubio podría hacerle confesar, siendo que son confidentes y por ende, sabe muchos de los secretos que guarda — Reto — decide después de pensarlo bien.
El rubio deja ver su descontento por no poder preguntarle a su amigo algo que se muere por saber — Ok, tu reto es besar a… — dice con suspenso, da una mirada alrededor de la habitación tratando de vislumbrar quién está más ansioso por ser besado por su hermoso amigo — Micky — concluye y nota como el proveniente de Holanda se remueve ansioso.
Completamente vencido, Heung-Min se levantó de su asiento y caminó hasta el rubio, tomándolo de las mejillas y juntando sus labios en un beso tierno que es liderado por él. Cuando se separan todos en la mesa vitorean como si no hubiera un mañana y ambos ríen volviendo a sus respectivos lugares.
— ¿Cómo la pasaste ayer? — preguntó su madre en la tarde del día siguiente, estaban mirando Orgullo y Prejuicio por undécima vez mientras esperaban que su padre despierte de su siesta para ir a la casa de los vecinos a cenar.
— Bien, nos divertimos mucho —Sonny dudo si contarle o no sobre el beso, pero piensa que era algo que se iba a saber tarde o temprano — jugamos verdad o reto y James me hizo besar a Micky, mi compañero de la clase de matemáticas pero yo lo hice besar a Pedro, así que estamos a mano — comenta entre risas.
— Micky es muy bonito — murmura y mira a su hijo — si quieres que sea tu novio se lo debes presentar a tu padre primero, de mi parte ya tienes luz verde — advierte volviendo su vista a la televisión — me encanta esta parte — chilla y empieza a recitar el diálogo de la película.
Bufando, se levanta del sillón — No quiero un novio — escupe saliendo del living y dirigiéndose a su habitación. — al menos no a él— piensa teniendo en mente la imagen de Rodrigo.
— Si, y me dijo que lo besó por ende, yo creo que tienen que ser novios — murmuró Ji-woo a María, haciendo referencia de lo que le contó su único hijo.
María se ríe de las ocurrencias de su amiga y toma un trago de su vino — Micky es muy guapo, yo creo que con lo hermoso que es Sonny harían linda pareja — comenta, inflando el delirio de su amiga, cómo había hecho desde que la conoció.
Ji-woo suspira y asiente — Ya sé, me preocupa que no me quiera contar porque no me tiene confianza — suspira y vierte más vino en su copa.
— Quizás podemos pedirle a Cuti que hable con él, si te preocupa — ofrece su amiga, apretando el hombro de la mujer.
— ¿Qué pasa conmigo? — ambas observan como Cristian entra a la cocina dejando su bolso en el piso y caminando a la heladera para sacar una botella con agua, tomándose la mitad de esta en un santiamén. — Hola tía — dice después de dejar un beso sonoro en la mejilla de la mejor amiga de su mamá.
— Hola, bomboncito — exclama con ternura la mujer y aprieta con sus manos las mejillas del muchacho — que grande que estás — expresa con asombro.
El morocho rueda los ojos con cariño y muestra su tonificado brazo a la mujer — Toca, puro peso muerto — bromea.
María niega y le da un golpe a su hijo mayor en la nuca — Ve a bañarte ya, que apestas —
— Mentira, ¿o no tía? — haciendo cara de perrito mojado se refugia en su, prácticamente, segunda madre. Esta lo mira y niega, decepcionando al muchacho que se resigna a cortar la charla y hacer lo que su madre le pidió — ¿Sonny? — pregunta antes de salir de la cocina.
— Oh, de eso te queríamos hablar — expresa la madre del recién nombrado.
Cuti no puede evitar preocuparse por su lindo vecino — ¿Está bien?¿Le paso algo? — pregunta con rapidez, empieza a impacientarse cuando nadie le contesta — hablen ¿Qué paso? — exclama con nerviosismo.
Observando con duda la reacción de su hijo, María se acerca a él — No le paso nada, te queríamos preguntar sobre algo — tranquiliza la mujer y el muchacho asiente, dándole a entender que puede seguir hablando — Sonny dio su primer beso y Ji está preocupada de que las cosas hayan ido más lejos — asustada observa como la cara de su primer hijo se contrae en enojo.
— Si no es molestia, ¿podrías averiguar eso para mí? — cierra la idea Ji-woo, también notando el cambio drástico en la actitud del muchacho.
— ¿Dónde está? — cuestiona con presunta calma, pero María nota lo blanco de sus nudillos y como su mandíbula se marca de sobremanera.
— En la sala de juegos — contesta mirando a su hijo asentir de manera robótica.
Cristian sale casi corriendo de la cocina y llega a su habitación cerrando la puerta de la misma, tan fuerte que el ruido del portazo se escuchó en toda la casa.
— ¿Vos crees que…? — medio pregunta Ji-woo, recibiendo un asentimiento de su amiga que todavía mira con asombro el lugar por donde desapareció su retoño.
*✭˚・゚✧*・゚*✭˚・゚✧*・゚*
Cuando Sonny al fin cumplió sus 18, creyó que ese sentimiento que había guardado por años podría por fin ser revelado a su adorado Rodrigo. Su día arrancó a eso de las diez de la mañana, justo no tenía clases así que estaba más que contento de poder dormir hasta tarde.
De la ansiedad no había dormido casi nada, pensando en que hoy por fin se iba a declarar al amor de su vida, Lolito, como a él le gustaba decirle.
A la tarde sus padres habían organizado una pequeña merienda para que sus amigos pudieran ir a saludarlo y darle sus buenos deseos. Así que, después de que se sacara un montón de fotos con todo el mundo, la gente empezó a irse, menos los Romero quienes se quedaban a cenar para celebrar el cumpleaños del muchacho.
— Yo no puedo creer que ya tengas dieciocho, si ayer tenías cuatro añitos y te chupabas el dedo — comenta con nostalgia María, abrazando al cumpleañero que se ríe gustoso por el afecto. — Cuti me dijo que todavía no había salido, pero que llega antes de que se termine tu cumpleaños si o si, para saludarte —
Sonríe todavía entre los brazos de la mujer y asiente — Más le vale que me traiga un regalo sino no lo dejo entrar — bromea haciendo que la mujer se carcajee y apriete sus cachetes con ternura.
— Vamos mamá, suéltalo que yo también lo quiero abrazar — espeta Giovani y alza a su vecinito cuando este es liberado del agarre de su madre — no pesas nada — bromea dando unas vueltas con él en brazos, lo baja y deposita un cariñoso beso en la frente del menor — feliz cumpleaños —
— Gracias Gio — contesta riendo por las cosquillas que siente en la panza por las vueltas que le dio el de ojos claros. — ¿Y vos Ale? — cuestionó mirando al menor de la familia que suelta un bufido.
Alejo trató de resistirse pero el puchero de Sonny era completamente encantador, en realidad, todo él lo era. El morocho le había dedicado a ese pensamiento una buena parte de los pasados dos años y podría jurar que si no fuera porque sabe que su hermano está enamorado de él, probablemente ya lo hubiera besado y seria su novio — Ven — le dice abriendo los brazos en dirección al coreano, que mas que contento se tira sobre él. — Feliz cumpleaños, solcito — dice con ternura y deja un beso en su mejilla, separándose del coreano.
— Feliz cumpleaños, Heung-Min — Lionel, siendo más serio que el resto de su familia, envuelve al menor en un abrazo apretado pero corto — me contó tu padre que entraste en Oxford, te felicito, es la mejor universidad del país — comenta y se inclina posando sus labios superficialmente en la cabeza del cumpleañero, para luego despeinar sus cabellos afectivamente. Sonny se ríe con timidez, sus mejillas se tiñéndose de un rosa que lejos de parecerle ridículo, le dan un aire de angelito que al hombre le causa ternura. Su esposa tenía razón, el muchacho es un encanto.
— Gracias Lio, y si, todavía estoy decidiendo pero Oxford me gusta mucho más. Cuando una universidad de semejante envergadura te acepta, hay que ser simplemente un tonto para rechazarla — contesta Son, viendo la sonrisa del proveniente de argentina ensancharse. Dios, el hombre sí que estaba orgulloso de esa universidad, pero no lo culpa. Oxford es lo mejor, es una lastima que Rodri no haya entrado.
— Eso es verdad… Si gustas, puedes hacer tus pasantías conmigo. Sería un honor para mí recibirte — propone, completamente encantado con la madurez y sensatez del chico.
Heung-Min lo mira con asombro un segundo, sin poder verdaderamente creer la oportunidad que se planta frente a él — Me encantaría poder trabajar para usted, esperaré con ansias hasta entonces — contesta tratando que no se note su emoción desmedida.
— Yo también, muchacho — admite Lionel dejando una última caricia sobre los cabellos del cumpleañero para luego irse a hablar con el padre del mismo.
— ¿Qué pasa acá?¿No hay abrazo para mi? — cuestionó con broma Rodrigo tratando de aliviar el nudo que siente en la panza, ser testigo de cómo su padre ponderaba a su amigo no era algo que le haya sentado del todo bien pero tenía que ser un buen amigo para Sonny, era su cumpleaños y él se lo merecía.
— Lolito — canturrea Heung-Min, tirándose a los brazos de su amado. Una risa se le escapa cuando este lo envuelve en sus brazos y lo alza en el lugar, como si no pesara nada.
Besa su mejilla y lo baja — Feliz cumpleaños, Sonny — murmura, dejando ahora un beso en su frente. — Te traje algo — anuncia sacando una bolsa de su mochila.
— Gracias, no tenias porque — agradeció emocionado mientras rompía el envoltorio de lo que suponía era un libro, trata de camuflar su desilusión cuando lee el título del libro “ Historia General del Derecho ”, ¿Cómo puede ser que Lolo no supiera que él iba a estudiar Economía y Gestión? Si fue al primero que se lo dijo cuando se enteró que había sido aceptado en Oxford. — Lo voy a leer, gracias Lolo — agradece de todas maneras, sintiendo que la felicidad que había juntado a lo largo del día, se iba esfumando.
Rodrigo estuvo tratando de reunir el valor necesario y finalmente cree que hoy es el día — Después de comer, ¿podemos hablar? — cuestionó a su amigo, notando como el decaído semblante del coreano cambiaba en un instante. — Seguro piensa que le tengo otro regalo, que interesado que es— pensó.
Sonny siente su energía casi renovada cuando escucha esa pregunta salir de los labios de su amigo, creyendo que Rodrigo también podría haber tomado valor para decirle que está tan enamorado como él. Asiente y la ansiedad empieza a surcar por su cuerpo, anhelando que llegue ya ese momento.
Tristemente, al momento de confesar su amor por el mayor, este no reaccionó como el coreano había imaginado.
— Lolo — exclamó entre medio de hipidos, tenía que calmarse pero no podía hacerlo.
Rodrigo bufó, mirando al coreano con una expresión que nunca había visto, menos dirigida hacia él — No seas estúpido, no me gustaste nunca. No te das una idea del asco que me da que hayas pensado en mí de esa manera — escupe sin un gramo de empatía por quien era su mejor amigo —Eres patético— dice con burla, dándole la espalda al otro joven tratando que no vea lo enojado que estaba por la confesión.
Él siempre supo que Sonny lo veía de otra manera, era demasiado obvio para su gusto. Nunca le molestó, es más, se sentía halagado de haber captado por tanto tiempo la atención de un chico como él, divertido y bonito. Pero la verdad era que… Rodrigo creía que ya era tiempo de que ambos maduraran, y si eso significaba romper el corazón de quien había sido su amigo por años… pues que lo sea.
Se replanteó cada palabra que salió de su boca, él no había planeado las cosas así… entonces pudo reconocer cierto patrón en sus propias expresiones, se dio cuenta que nada de lo que dijo verdaderamente era para la persona que más quería en el mundo sino para sí mismo. Lolo no quería dejar de ser amigo de Sonny, su padre siempre lo había llamado inmaduro por tener un amigo más joven que él… decidido a convencer al coreano de que nada de lo que dijo era verdad, se dio la vuelta pero tardó tanto en hacerlo que Sonny ya se había ido.
Heung-Min corrió y corrió, hasta que se cansó y cuando por fin encontró un banco en aquella plaza solitaria, se sentó. La brisa de la noche que había chocado contra su rostro durante su agitada corrida, se había encargado de secar sus lágrimas pero no de borrarlas en su totalidad, él deseaba que ese mismo viento pudiera hacer volar este dolor en su pecho. Quería pensar que lo que había acontecido unos largos minutos atrás era solamente su imaginación y que la persona que ama no dijo tales palabras tan hirientes, Sonny no quería creer que Rodrigo era una persona tan llena de rencor… pero lamentablemente lo era y él ya no estaba dispuesto a ser su saco de boxeo.
Un vaso grande fue mostrado ante sus ojos, que estaban fijos en el oscuro horizonte — ¿Está ocupado? — escuchó a la persona preguntar a su lado.
— No — contestó, tratando de limpiar cualquier rastro de lágrimas que quedó en su rostro.
Dejando salir un suspiro la otra persona se sentó a su lado — Yo… perdón por llegar tarde, mi hermano es un estúpido — dijo, tocando levemente su hombro — mereces a alguien mejor que él — el comentario hizo que el muchachito ya no pudiera contener sus lágrimas, pues para él, Lolo era el mejor. Cristian insultó a su hermano para sus adentros, ¿Cómo se atrevía a dañar intencionalmente a Sonny de esa manera?. Si Alejo y Gio no le hubieran rogado para que vaya a buscar al cumpleañero, probablemente ahora se encontraría sentado frente a su padre, recibiendo una de sus miradas cargadas de decepción… pero hubiera valido la pena porque habría golpeado a Rodrigo hasta que quedara escupiendo sangre. Apretó la mandíbula y se limitó a abrazar al menor, tratando de brindarle consuelo a su corazón roto. — Está bien, vas a ver que todo va a estar mejor a partir de ahora. Yo te voy a ayudar — prometió con seguridad, incluso si moría se iba a encargar que el imbécil se mantuviera lejos de Heung-Min.
El coreano se apartó del cuerpo del mayor y le dio un sorbo al líquido dentro del vaso — Es un batido de frutilla — exclamó con asombro dirigiendo su mirada al hombre a su lado — no sabia que te gustaba —
Cristian negó y ladeo la cabeza observando la bonita cara del muchacho — A mi no me gusta pero sé que a vos te encanta — comentó con simpleza, su pecho se llenó de calidez al ver las mejillas del menor ponerse de un color rosado precioso — vamos, te llevo a casa — dijo levantándose del asiento y extendiendo su mano en dirección al cumpleañero.
— No tengo ganas de volver todavía pero tu deberías, tus padres te están esperando — contestó Son con tristeza, pensando en que Cuti ya tenía suficiente estrés con sus cursos en la universidad, no necesitaba el drama de un muchacho que se encapricho con uno de sus hermanos.
Asintiendo, el mayor tomó asiento de nuevo — Pueden esperar más tiempo, no te pienso dejar acá sólo — respondió con honestidad, sus padres no lo necesitaban pero Sonny… era otro tema.
—Lolo se hubiera ido— pensó con tristeza el coreano.
Lo único que se escuchaba en el silencio era el ruido de los sapos, inmersos en los arbustos del parque, luego de un rato se escuchó el último sorbo al batido y entonces el menor decidió hablar — Quiero ir al mirador — pidió con vergüenza, que perdió cuando el mayor se levantó de su lugar y lo obligó a seguirlo hasta su auto.
— En el salpicadero hay algo para vos — comentó el mayor, mirando la carretera fijamente.
Heung-Min abrió el compartimiento, encontrando enseguida un paquete bastante grande. Despega con cuidado la cinta para no dañar el bonito envoltorio y chilló cuando vio la caja que había dentro del papel — Un set completo para lettering, es el mejor regalo del mundo. Gracias, gracias, gracias — exclamó, completamente entusiasmado y conmovido por el regalo se estiró para dejar un beso en la mejilla del morocho. Entonces recordó el elevado precio que tenían estos materiales y sabiendo que el señor Romero le daba sólo el dinero estrictamente necesario para comida, alquiler y gastos académicos… Sonny se preocupó – ¿Y si Cristian no había comido para comprarle este regalo? – se cuestionó. No, él no podía aceptarlo, era demasiado — Cuti, esto es muy caro. ¿Cómo lo pagaste siquiera? no lo puedo aceptar, usa el dinero para comprar tus libros y cosas que necesites… —
Estaciona el auto en el mirador y se baja del auto, siendo seguido al instante por Sonny. Cristian está entre enternecido y enojado por la respuesta del menor — Tonterías, no fue nada, di algunas tutorías… y cómo se que te gustan esas cosas dije, ¿por qué no se lo regalo? — espera que el chico le crea que fue así de fácil. La verdad es que tuvo que dar bastantes tutorías, además de tomar un pésimo trabajo de medio tiempo en una cafetería. Pero él haría todo de nuevo por ver esa felicidad genuina pintada en su bello rostro… y quizás algún día se lo confiese — Quiero que lo aceptes… y tengo algo más, te lo iba a dar cuando empezaras la universidad pero podrías usarlo desde ahora — comenta sacando de su mochila un paquete con un envoltorio desprolijo — perdón, no soy muy bueno con las manualidades — dice y le entrega el regalo.
Enternecido, Sonny despega los bordes, sacando el libro y notando que es uno que el mayor le prometió hace unos años cuando lo ayudó en un examen de matemáticas — ¿Es… — pregunto y el otro asintió — no pensé que ibas a recordarlo — admitió acariciando las palabras escritas al lado de los párrafos, garabatos hechos por Cuti a lo largo de su primer año de universidad.
Riendo, se apoya en el capó de su auto y observa el perfil del chico que se adueñó de su corazón de la manera más dulce e inocente — Siempre tuviste curiosidad por el, me parece justo que lo tengas ahora que vas a empezar a estudiar… economía y gestión es una muy buena carrera, te espera un futuro prometedor —
¿Cómo podría ser que Cristian supiera lo que él quería estudiar y quien era su “amigo” no lo supiera?
— Lo voy a usar todo lo que pueda — sonrió Heung-Min, rodeando con sus brazos el cuello del mayor, que envolvió los suyos en su cintura — Gracias por todo, Cris — murmuró, dejando un beso en su mejilla rasposa.
