Actions

Work Header

Epifania

Summary:

A veces el amor nace entre dos diferentes bandos de un ajedrez más allá de simples adolescentes que se adoran aún sin confesarlo

Notes:

Un fic para May Guerrero de su hermosa selfshipping

Work Text:

Quizá años atrás, sería impensable ver a Ron Weasley dirigiéndose con seguridad a las mazmorras de Slytherin, pero eso estaba haciendo el pelirrojo cuyo estómago reverberaba a cada paso, con una indiscreta ansiedad; como si él tuviera hambre y no hubiese pasado a las cocinas por un par de pudines de arroz; de los cuales sólo sobrevivieron dos 

 

Ron se ajusta su harapienta capa que ha sido de Charlie y se pregunta si los Slytherin son gente con un palo metido en el culo, debido a tener que dormir entre humedad y frialdad. 

Empero, lo dudaba, porque su mejor amigo creció en el clóset —literalmente—y era el tipo más genial del mundo, aún con sus estrafalarias preferencias.

 

Ron ve pasar a unas chicas de Beauxtons y se siente orgulloso de poder saludar a Fleur sin sentirse hechizado por ella.

 

Si, Fleur, la campeona francesa es hermosa, pero a Fleur no le gusta el quidditch. Ni tampoco los libros de fantasía y, mucho menos, Fleur dejaría sus elegantes zapatos atrás para bailar cerca del Gran Lago al ritmo improvisado de los fuegos artificiales musicales de los gemelos.

 

En efecto, Fleur no es Cassiopea Malfoy.

La niña torpe y curiosa que Ron despreció a la primera mirada; incluso si la auxilió a no caer al lago y la recibió en sus brazos y en su barca, junto a sus dos predestinados mejores amigos: Hermione Granger y Harry Potter 

 

El trío dorado que solía pasear juntos hasta que el baile de Yule llegó y Hermione ahora pasa horas aprendiendo de pociones alisadoras y Harry se apartó de Ron con vergüenza, hasta que éste le dijo que si no quería ir con ninguna chica, podían ir juntos al baile, porque así sería más divertido.

Y aquella propuesta repentina y de juego, llevó a Harry a ser sincero con Ron, cuyas emociones son sencillas: su lealtad está con Harry, porque los Malfoy tienen «ese» algo de encanto irritable cuando se lo proponen.

 

Ron se masajea las sienes.

Definitivamente: las emociones no son lo suyo y todo era más sencillo cuando no debía guardar secretos y únicamente tenía que ayudar a su mejor amigo contra aquél-que-no-debe-ser-nombrado, cada fin de año escolar 

 

En fin, Ron apresta su mochila de sexta mano con los mensajes y regalos de sus compañeros de Gryffindor para sus parejas de baile de Durmstrang y el pelirrojo otea a la serpiente del picaporte sin miedo alguno. Un basilisco albino cuya contraseña suele cambiar de acuerdo a la fecha y está relacionada de acuerdo a cuestiones de sangre pura y mitos mágicos; nada de chorradas de idiotas que se creen mortífagos.

 

—¿Cuál es nuestro verdadero elegido?— La serpiente susurra y Ron hace una mueca al recordar a su mejor amigo.

 

—El rey Arturo es el elegido para salvar Avalon y a la magia entera —Ron responde y luego se hace a un lado mientras la puerta se abre y un par de alumnos de tercer año lo saludan con emoción y le preguntan cuando será el siguiente torneo del pequeño club de ajedrez que Ron Weasley fue obligado a fundar por la blonda chiquilla que en segundo año lo seguía a todos lados con un espejo en la mano. 

 

Ron parpadea. 

 

Esa molesta chiquilla que antes le rozaba la barbilla, ahora puede mirarlo cara a cara. Ojos de cálido cobalto en contraste con la distinguida tonalidad de la Luna y no del hielo, como su hermano mellizo. 

 

Ambos se admiran entre sí, tras cuatro años de conocerse y el tiempo no se paraliza y ninguno experimenta la sensación de elevarse.

Simplemente tienen la sensación de llegar a su hogar y se quedan unos segundos estorbando en el recibidor de la sala común de Slytherin hasta que Ron se da el permiso de bajar la mirada y contemplar cómo Cassio lleva consigo un suéter Weasley —el suyo, para ser más específicos— y se ve encantadora, como la princesa de los cuentos de Ginny; incluso sin maquillaje o joyería adicional como el resto de sus compañeras

 

Cassiopea sonríe. 

Hace años habría tenido miedo de no utilizar una túnica respetable en la sala común, sin embargo, junto a su pecoso desliz ella puede ser más natural, más feliz. 

 

—¿Sobrevivió algún pudin ? —Cassiopea Malfoy bromea mientras su mano palmea el abdomen abultado del precioso y comelón varón que experimenta calor allá a donde la mano de Cassio toca por siquiera un segundo. 

 

Ron sonríe, su sonrisa siempre tan espontánea y honesta le eriza la piel a la muchacha que ignora a sus compañeros de habitación y a su propio hermano, para tomar el mejor asiento del lugar junto a Ron, justo frente a las sirenas que en ese momento tejen sus redes de pesca con estrellas de mar y conchas y adornan sus cabellos. 

 

—Mi madre nunca me enseñó cómo crear redes para el cabello—Cassio comenta con tranquilidad, a sabiendas que cualquier tema de conversación está bien, y también el silencio.

Empero, le gusta la nueva voz de Ron; grave y profunda, como la del valeroso líder en el cual se está convirtiendo: en vez del niño inseguro y celoso que ella conoció y aún así le pareció adorable. 

 

—Mi madre sabe cómo hacerlas, pero es algo muy pasado de moda. Además, te ves mejor sin arreglarte —Ron chasquea la lengua ante su franca estupidez y maldice, a lo que Cassio conjura con un accio el jarrón de las groserías 

 

—¿Me estás jodiendo? 

 

Ron depositó dos knuts en en el maldito jarrón ante la mirada atenta de la chica en cuyo rostro, usualmente inexpresivo por cuestiones de crianza, se esbozó una meliflua sonrisa dedicada al chico que la hace sentir ella misma y no una extensión de su hermano o de su familia, o de un movimiento radical que ella ni siquiera comprende más allá del ego de un mortal, de ese tal «Lord Voldemort»

 

Junto a Ron Weasley, ella es simplemente Cassio; una chica a la que le gusta el ajedrez mágico, las historias fantásticas y el pudin de arroz que Ron le entrega y la hace sonrojar cuando sus manos se rozan.

 

No es la primera vez que tienen contacto, pero encuentros tan inesperados como aquel, convencen a la rubia de que Ron es su primer amor.

 

Y Ron, Ron, con toda su inteligencia emocional, simplemente acepta que Cassiopea Malfoy le gusta.

 

El problema es que la epifanía de Ron llega sólo a eso: Cassiopea le gusta.

Le gusta como el pudín de arroz o pasar tiempo con Harry o Hermione.

Aunque, con ellos no se pone nervioso si intentan contar sus pecas como Cassio en aquel momento que se aproxima sin pensarlo a tocar las diminutas manchas por todo el rostro de Ron, delineando amorfas galaxias 

 

—Tu rostro es…—Cassiopea carraspea y esconde su sonrojada fez en el cuello de su prenda, agradeciendo que algunos chicos de Durmstrang se aproximen a Ron para pedirle ser su lechuza mensajera con sus respectivas citas de Gryffindor. 

 

Y Ron, como todo buen Gryffindor recuerda en ese inoportuno momento que él no tiene pareja para el baile, y, a la vez, su corazón le dice que no es necesario preguntar lo obvio.

 

¿Con quién más iría si no con la chica fascinada por tener su propio cielo personal al cual roza con cariño y delicadeza con las yemas de sus dedos? 

 

—¿Crees que los postres de Bulgaria sean deliciosos?—El pelirrojo inquiere, su mano sobre la de Cassiopea. No para detenerle, sino para afianzar la mutua conexión construida con el tiempo, las risas y las confidencias.

 

—Nada especial. En su mayoría, crepes y pasteles de calabaza— Cassiopea dice con la voz altiva de todo Malfoy, pues— junto a su familia—, ella ha visitado muchos países. 

A veces por negocios y en otras ocasiones porque su madre rechaza los tintes muggles y prefiere las tinturas mágicas, con mechones oscuros que representan un luto familiar que la adolescente aún no comprende 

 

—No suena mal—Ron se siente un poco más feliz al saber que los búlgaros no comen ojos de aves o lenguas de toros como los egipcios. 

Sin embargo, existe otra emoción en su pecho que él no puede comprender. 

Una madeja imposible 

Un nudo por el cual Ron sólo fue capaz de mordisquear en silencio su pudin con Cassio y recibir los encargos de la gente que no confiaban en las lechuzas del castillo. 

 

Él encontraba dramática la situación, sobre todo porque él iría con su mejor amiga; la chica que ayudó a subir a la barca porque su hermano la empujó. 

Aquella que hizo de su segundo año el mejor de su vida, con el ajedrez y el club de lectura y su simple compañía; sus inocentes besos que animaron a Ron cuando él creía que perdería a su hermanita.

Sin duda, Cassiopea Malfoy es su mejor amiga. 

 

Si bien,no sentía lo mismo por ella como por Hermione. 

Ok. Él se puso a la defensiva de Hermione yendo al baile con Viktor Krum, pero eso fue porque Hermione tiene 14 años y Krum unos 21 y eso no importará mucho en el futuro, pero Molly le ha repetido una y otra vez a Ginny que debe cuidarse de los hombres mayores que están en otra etapa de su vida. 

 

En resumen, su sentir por Hermione es diferente a su sentir por Cassiopea; su sentir por la chica que degusta su pudin como la adolescente que es y Ron le limpia la boca con cariño con la manga de su túnica, porque ella es hermosa cuando se permite ser ella misma y no el conjunto de reglas de toda prestigiosa familia de sangre limpia 

 

—Mi túnica será verde—Cassiopea dice de repente porque justo sus compañeras están luciendo sus ropas para el baile y Ron se siente cada vez más inferior porque su túnica es un desastre que hará pasar vergüenza a la belleza que se recarga sobre su hombro mientras él la aprehende de la cintura, como ha visto hacer a sus padres por toda su vida. 

 

—Obviamente, tu túnica será roja —Cassiopea exhibe el frasco de las groserías y lo agita. 

No es lo suficiente como para una túnica nueva, pero ella puede hacer algunos ajustes a alguna de segunda mano 

 

—Si Harry Potter es tu mejor amigo y está forrado, ¿por qué no te ayuda con el asunto de la túnica? —De súbito, Cassiopea pregunta con astucia, como la Slytherin que es. 

 

Y Ron responde como el león fiel que siempre será:

 

—Harry tiene demasiado con las pruebas. Ni siquiera puede ir con la persona que le gusta al baile—. Ron traga pesado. 

No es bueno guardando secretos, pero se fuerza a hacerlo y a callar que Harry Potter desearía ir al baile con un Malfoy que no es la señorita que sonríe intrigada porque su novio no es misterioso; Ron es toda honestidad y expresiones soeces.

 

—¡Por la sangre de Merlin! ¿Quién no quisiera ir al baile con Harry Potter? Mi hermano pasó once años o más hablando de todas las aventuras que tendría con Harry en la escuela hasta que, bueno, abrió la boca y lo perdió—Cassiopea ríe e imita la voz chillona de su hermano cuando era un niño y no paraba de hablar de lo maravilloso que era Harry Potter. 

 

—¿Y aún sigue pensando lo mismo? —Ron pregunta con aparente desinterés y Cassiopea asiente.

Confía en Ron. Sabe que él no le hará daño ni a su peor enemigo y, mucho menos, si Potter está involucrado. 

 

Cassiopea guarda silencio. Tiene mucho en qué pensar con las breves pistas a su disposición y brinda un sonoro e inmoral —de acuerdo a sus compañeras de casa—beso en la mejilla a Ron, quien se sonroja hasta las orejas y decide ser valiente. 

 

—¿Me acompañas a Hogsmeade el siguiente sábado?—Ron cuestiona y la espera crea un vacío en su estómago que ni el medio pudin que le restaba le auxilia a mitigar, si no que le revuelve más el estómago. 

 

Más tarde, esa noche, Hermione voltea a ver molesta a sus amigos. 

 

—Bien, díganme: ¿en qué necesitan mi ayuda? Son muy obvios—Granger coloca sus manos en la cadera y examina a sus amigos, 

 

Ron se rasca la nariz y bosteza. Empero, piensa que Hermione es mejor opción que Fred y George, así que decide hablar.

 

—¿Cómo puedo crear una lluvia de estrellas? —Ron va directo al grano y Granger sonríe, mientras Harry trata de disimular su presencia, porque duda que la sabiduría de su mejor amiga pueda darle unos minutos con el odioso varón cuyo cabello lo hipnotiza durante los partidos de quidditch.

 

—Mione, ¿cuál es el regalo tradicional para un baile con alguien de los Sangrados Veintiocho? —Ron pregunta en lugar de Harry, porque eso hacen los mejores amigos, cubrirse las espaldas y los amoríos vesánicos. 

 

—Lo común es entregar una piedra del corazón, una piedra transformada por medio de un hechizo para revelar tu alma y ver si eres compatible con tu Malfoy—Granger suspira cuando ambos dan un pequeño salto, un exabrupto; como si no fueran realmente tan obvios con sus intereses amorosos.

 

Y el resto del día, ella toma un descanso de pociones para enseñarles a crear las piedras de corazón, siendo —obviamente—Ron, quien presenta mayor facilidad porque su afecto es correspondido en público. 

 

Días después.

 Draco Malfoy da su brazo a Astoria Greengrass, su amiga de la infancia, para ascender al vestíbulo y llevarse la sorpresa de que la acompañante de Harry no es otra que Lunática Lovegood, vestida con una túnica dorada deslumbrante. 

 

—Es una gran táctica, seguro que atraerá toda la atención y los nargles—Astoria comenta con tranquilidad.

 

—¿Qué? !El Quisquilloso tiene una gran redacción!—Astoria se defiende y se alegra de avistar calma en los ojos de Draco, porque todos saben que Lovegood tiene un novio por correspondencia. 

 

Tras unos minutos de soporífera danza, Ron lleva a Cassiopea a uno de los balcones del castillo. 

 

—No soy muy bueno en estas cuestiones, no tampoco tengo experiencia, pero puedo notar que te gustan las constelaciones—El chico se atraganta con su propia saliva cuando ella responde con tranquilidad:.

 

—Me gusta mi cielo personal—Cassio pronuncia mientras Ron la rodea por detrás y recrea un lluvia de estrellas que conforman el nombre acortado de la chica que da un respingo cuando siente un objeto frío sobre su piel: un collar, una piedra del corazón.

Un regalo muy típico de familias de sangre pura, dado que Narcisa aún conserva la suya por parte de Lucius

 

Y Cassio la observa, la piedra es perfecta, es hermosa y si la mantiene en sus manos, puede sentir la magia de Ron latir. 

Una magia cálida, protectora y dulce como el beso que comparten frente al ilusorio evento estelar.

 

Ron no dice «algo» y lo dice todo.

 

Cassiopea comprende que ellos son sólo alfiles en una guerra que jamás pidieron. Piezas en un ajedrez que los obliga a estar separados o en enfrentamiento como lo están Harry Potter y Draco Malfoy en ese momento en los jardines del lugar. 

 

—Si esa comadreja osa ponerle una mano a mi hermana—Draco sisea y Harry utiliza un simple hechizo de cosquillas para verlo sonreír por unos segundos. 

 

Y Draco sonriendo es aún más impresionante que el cielo nocturno colmado de estrellas 

 

—¿Y para qué una mano si existen los labios? —Harry rebate con sarcasmo, digno de un Slytherin y reclama la varita de Draco, dado que ganó ese duelo pero, en vez de aceptar tal artilugio, Harry le entrega un objeto que mantendrá despierto a Draco por el resto de la noche, preguntándose si debe seguir la corriente y aceptar la marca o ser un hombre; madurar, como lo hizo incluso el desagradable de Weasley y confiar

en su héroe de infancia, el chico del que ha tratado de llamar su atención durante poco más de cuatro años.