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Español
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2023-11-10
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3,587
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Death Visit

Summary:

- ¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido?

La muerte contestó.

- Me alegra que por fin me hayas visto. Soy la muerte...

 

---- o ------

Max, vive en armonía con la naturaleza. Acompañado por Sergio, la muerte personificada, Max emprende un viaje para realizar un ritual durante el solsticio de verano. Así mismo mostrando la conexión espiritual con la naturaleza y explorando una relación única entre Max y Sergio.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El bosque era su casa extendida más allá de las paredes de un hogar. Su casa eran los árboles las plantas los animales las piedras, el río y también los caminos.

Y aquel territorio era el viento la lluvia y el sol; La humedad del aire, la niebla que madruga por las mañanas, son los espíritus naturales que guardan sus secretos y los espíritus de los muertos que descansan en él y ahora son parte de la tierra.

Los territorios eran también los seres vivos de cualquier especie y todas sus historias, sus costumbres, sus vivencias tejidas únicamente con el entorno que son testigos de ellas.

Las personas olvidan su propio legado espiritual que nos conecta con la naturaleza que buscamos que el legado de otros rellené el hueco que ha dejado nuestra propia construcción.

Porque las plantas que crecen a nuestro lado ya no nos parecen asombrosos y mágicos o siquiera nos hemos parado a mirarlo o aprender de él.

Porque eso no siempre fue así, conocíamos de las tierras y de las plantas, conocíamos a sus espíritus y convivíamos con ellos.

Y conocíamos miles de secretos, de prácticas, de conocimiento. Pero podemos volver a aprender, esos espíritus siguen estando ahí, mirándonos en silencio, pero dispuestos a hablar al que le mire de vuelta.

Aunque se esfuerces por recuperar la confianza por recuperar su confianza y escuchar.

Su caminata por el bosque fue tranquila. Tenía que hacer un largo recorrido para llegar ahí, pero todos los días intentaba pasar por aquel río que amaba, lleno de hongos y unas cuantas plantas medicinales.

Su canasta en mano nunca podía faltar al igual que ese libro de anotaciones.

¿Que se podía decir de ese chico llamado Max?; Demasiadas cosas para su gusto.

No era alguien que tuviera muchos amigos o que fuera muy sociable, aunque siempre era divertido pasar tiempo con él. Era experto en el bosque y sabes perfectamente que si llegas a enfermar lo que te daría serán algunos tés o plantas medicinales que te puedan ayudar.

El "Chico Hongo" como la mayoría le conocían. Era respetuoso hasta con la vida más pequeña. No había día que si llegaba a quitarle una flor a ese bosque lo hiciera con un respeto y con un fin, no podía tomar platas que no necesitaba y mucho menos podía matar a un insecto por pura malicia. Al fin y al cabo, él era ajeno y no las pequeñas vidas viviendo ahí.

Si el entorno era capaz de proveer de todo lo que necesitaba para su vida también era capaz de darle lo que necesitaba para su espiritualidad.

Aunque no solo disfrutaba de aquellas plantas y aquella espiritualidad, sino también de ese río el cual solía pasar la gran parte del tiempo.

Ver el agua correr con calma, era precioso, gotas pequeñas salpicaba su rostro incluso sin llegar a tocar el agua, aunque eso no quería decir que no lo hiciera.

Cuentan de una antigua tradición en las verdes tierras de Galicia, hogar de duendes y hadas.

Una costumbre ancestral practicada mucho antes de que cualquiera de nosotros naciéramos, mucho antes de que lo hiciera incluso la persona más anciana que los abuelos jamás llegaron a conocer.

En un tiempo que todo el lugar era un bosque en que los pueblos adoraban a los viejos dioses esos sacerdotes eran conocidos diferentes.

Esta tradición ha sobrevivido durante milenios aguantando inquebrantable guerras hambrunas y persecución, protegida por un pueblo decidido a no olvidarla y así llegó a sus oídos y algo resonó como un lejano eco en su interior y por difícil que pareciera se dispuso a intentar ponerla en práctica este solsticio de verano.

Esta es la historia de su pequeña aventura.

━━━━━━━━━『✝』━━━━━━━━

Siete hierbas mágicas y agua de siete fuentes, sin olvidar la magia de la noche más corta del año y el rocío de su madrugada, dieciséis particulares ingredientes que debía conseguir para esta misteriosa pócima y que no iban a ser fáciles de encontrar las hierbas en realidad eran lo que menos me preocupaban no existe una receta cerrada sino una larga lista de candidatas de entre las cuales debes elegir las siete que más llamen tu atención.

Podrían ser Malva, Hierba Luisa, Laurel, Romero y muchas más...

Su decisión fue firme quizá porque su intuición le decía que parte de la magia la hallaría en el camino, no en la meta.

Fue por eso que no las tomaría del jardín, iría a buscar cada una de ellas allá donde crecieran silvestres y salvajes, aunque tuviera que cruzar soleados prados perderme en húmedos bosques o recorrer sinuoso caminos.

Canasta en mano emprendió el camino una mañana calurosa.

Las dos primeras hierbas crecían cerca eran viejas amigas conocidas de sus paseos por los alrededores del pueblo.

La primera y Hipérico la hierba de San Juan florece para dar la bienvenida al verano con preciosas flores amarillas como el sol aleja la tristeza y cura las heridas del cuerpo y del alma.

El Hinojo verde y fresco. Tócalo y tus manos quedarán impregnadas de su particular olor durante todo el día, tómalo en infusión y aliviará cualquier dolor de vientre.
De él cuentan las abuelas y unas ramas colgadas en la puerta de casa en el solsticio de verano protegerán el hogar de los malos espíritus.

Y con dos ingredientes en su canasta llegó la hora de alejarme de los amables prados de su tierra pues no hallaría en ellos siete fuentes distintas de aguas frescas y puras para ello debía viajar a las montañas, hogar de bosques, lluvia y deshielo. Así pues, pero seguí mi camino hacia las escarpadas tierras del pirineo.

Y la dulce sensación de frescor ofrecen las sombras de los altos bosques, el aire huele a silencio, el sol es tan suave como la caricia de un pañuelo de seda.

La primera fuente que allí encontró calmó su sed con un agua limpia y cristalina que corría a ras del suelo entre helechos y musgo.

Decidió descansar un poco volteando para todos lados. Desde hacía un tiempo, el chico notaba algo extraño.

- ¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido?

Max miro a un chico de cabellos pelinegros y piel blanca. Unos ojos grandes y negros se fijaron en él, teniendo una sonrisa en su rostro, cualquiera diría que parecía un humano.
Pero Max podía reconocer lo ajeno a la vida.
Lo que confirmo lo último fue aquellas manos de esqueleto que se veían bajo ese traje negro.

La muerte contestó.

- Me alegra que por fin me hayas visto. Soy la muerte.

Max se asustó retrocediendo un poco. Quien no lo habría hecho. Miro con más determinación al espíritu cerca suyo.

- ¿Ya vienes a buscarme?

El ente formó una sonrisa tranquila ante la voz del chico.

- He estado cerca de ti desde el día en que naciste... Por si acaso.

Max lo miro con cierta molestia.

- ¿Por si acaso? - Pregunto el chico sintiendo un poco de miedo ante la situación.

- Sí, por si te pasaba algo. Un resfriado serio, un accidente... ¡Nunca se sabe!

Max lo miro un tanto extrañado dejando su canasta a un lado frunciendo ligeramente su entrecejo, no entendía como la muerte podía estar ahí.

- ¿Ahora te encargas de eso? -Dijo con un tono incomprensible.

A lo que la muerte tocó el pasto haciendo reconectar su espíritu con aquel bosque.

- De los accidentes se encarga la vida; de los resfriados y del resto de las cosas que les pueden pasar a los humanos de vez en cuando, también. Solo diré una: Las pistolas.

Max no quería ni imaginarlo.
De solo pasarlo se le hacía la piel de gallina.
La muerte parecía sonreír con dulzura.
Si no se tenía en cuenta quien era, hasta resultaba simpática; incluso, más que simpática.

- ¿Como te puedo decir? - Miró a la muerte pasar sus manos hacia atrás y ladeó su rostro a lo que el rubio sonrió levemente. - ¿Cuál es tu nombre?

- Soy la muerte, así me conoce la mayoría. Aunque puedes decirme de cualquier manera.

El rubio dudó un momento caminando hacia el río al llegar a esté paso su mano en el. Viendo aquel reflejó de los dos, nunca pensó que la muerte sería así, pero que podía decir de un espíritu tan respetado.

- Muchas personas te ven como un sueño... Sergio queda bien, como las personas suelen conocerte me hace sentir aterrado.

- Un nombre no quitará lo que soy.

Dijo la muerte pasando sus manos esqueléticas por su cintura.

- Lo sé, pero me reconforta llamarte Sergio. - Se atrevió a decirlo mientras quitaba sus zapatos para adentrarse al río - ¿Te apetece estar en el río conmigo? - Preguntó el rubio.

La muerte ya se lo había temido, pero aun así terminó aceptando, pasando el tiempo cerca de él. El chico parecía sorprendió por todo a su alrededor. Era claramente alguien un tanto diferente, pero la muerte no podía hablar demasiado de sus pensamientos, solamente se mantenía cerca del chico esperando lo inevitable.

Aunque después de un rato la muerte tuvo que admitir que su pasión por zambullirse tenía límites:

- Perdóname, por favor - Dijo - Necesito salir de este lugar tan húmedo

La muerte se veía incluso incómoda. Max lo observó un instante y salió a su lado.

- ¿Tienes frío? - pregunto el chico a lo que vio a la muerte sorprenderse - ¿Quieres que te caliente?

Nunca nadie se había ofrecido a hacer algo por ella. La muerte solo asintió y se recostó en el pasto a lo que el humano de cabello rubio se acercó a abrazarlo.

━━━━━━━━━『✝』━━━━━━━━

A la mañana siguiente, muy temprano despertó, el chico fue el primero en despertarse. "No me he muerto!", pensó levantándose de su cama para caminar hacia el bosque donde seguramente se encontraría Sergio. Justo donde lo dejó.

Tardo un tiempo en llegar, pero cuando lo hizo se encontró al ente justo donde lo había dejado la noche anterior. Cerca del río y acurrucado en una manta. Se acercó con cuidado dejando la canasta cerca para sentarse junto a esté.

Dándole a la muerte un golpecito en el costado:

- No me he muerto! - Graznó henchido de felicidad. La muerte levantó la cabeza:

- Me alegro por ti - Dijo desperezándose, su voz fue suave.

- Y si me hubiera muerto...?

- Entonces no habría podido descansar tan bien - Contestó la muerte bostezando.

"Esa respuesta no ha sido nada simpática", pensó Max. Se levantó tomando la canasta de su lado a lo que la muerte simplemente lo siguió.

Buscó allí una tercera hierba, su preciada flor de Milenrama esquiva como los dulces recuerdos que le trae, no crece cerca de su hogar, pero pensó que quizá en esta tierra de lluvia y bosques lograría encontrarlo, sin embargo no fue a ella quien encontré sino al Helecho, verde húmedo y fuerte rodeado de su aura misteriosa.

Cuentan de las leyendas que solo durante las doce campanadas de medianoche en la verbena de San Juan podrás verlo florecer y aquel que con cuidado recoja su efímera flor mágica obtendrá el don de la invisibilidad y la más integran tables de las buenas suertes.

Junto a la segunda fuente, hermoso curso de agua brotando con timidez dejo que el atardecer le acompañara, junto a la gente de a lado.

A pesar de que el chico se había propuesto, a partir de ese momento, no volver a decir nada más, no aguantó mucho tiempo callado:

- Algunas personas dicen que cuando mueres te conviertes en ángel. Te sientas en una nube y desde ahí puedes mirar la tierra.

- Es posible - La muerte se incorporó -, Pero de todas maneras ustedes ya pueden volar.

- Claro que no - Contesto Max mirándolo muy extrañado.

- Los aviones.

El más bajo lo miro unos segundos y simplemente rascó su cabeza.

- Algunas personas también dicen que en las profundidades de la tierra hay un infierno en el que te torturan si no fuiste una persona buena.

- Es asombroso todo lo que se cuenta entre los humanos, pero quién sabe...

- ¿Entonces tú tampoco lo sabes? - Graznó el chico. La muerte sólo le miró sin contestar nada más. Sabiendo perfectamente que no podría saberlo.

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En el nuevo día era necesario levantarse temprano había mucho camino por delante y de este modo llegó a la tercera fuente, la fuente del hierro.

Sus aguas arrastran el óxido en su largo recorrido tiñendo del color del fuego todo a su paso, hierro elemento que, recordando a las viejas espadas, aleja los duendes y brujas destruye maleficios rompe los encantos de hada y protege de todo mal.

Al poco andar de ella hay una cuarta fuente de aguas limpias y transparentes escondida entre las sombras de los árboles una fuente conquistada por el mullido musgo como si de una manta húmeda fría, pero en cierto modo acogedora se tratara. Cubriendo los restos que hace tiempo debieron ser la caña que vertía el agua, esta fuente era salvaje y urbana pero profundamente libre.

Al regresar emergía de los bosques para hallar una hermosa dama vestida de pálido rosa danzando en la cálida brisa, un rosal silvestre al que pedí su permiso para tomar unas flores elixir de belleza pureza amor y juventud. A su lado su dulce compañera artemisa se mecía bajo el sol y cuentan que la diosa de igual nombre le concedió esta humilde planta todos sus dones y virtudes y es por ello por lo que es la hierba de las mujeres y su ciclo lunar regula el sangrado calmo el dolor y concede hijos a la que los anhela

- Bueno... ¿Qué haremos hoy? - Preguntó de buen humor.

- Hoy no iremos al río - Exclamó Max -, ¿Qué te parece si hacemos algo verdaderamente emocionante?

Sergio se sintió aliviado, cualquier cosa era mejor que el río.

- ¿Como subirnos a un árbol? - Preguntó burlonamente.

A lo que Max solamente asintió con brillos en sus ojos. Cuando ambos lograron subir se sentaron en unas ramas, cerca del otro.

El río se veía muy, muy abajo.
Ahí estaba, tan silencioso... y solitario.
"Así que eso es lo que pasará cuando muera", pensó Max.
"El bosque quedará... desierto. Sin mí."

A veces, Sergio podía leer los pensamientos.

- Cuando estés muerto el bosque también desaparecerá; al menos para ti.

- ¿Estás seguro? -preguntó el chico desconcertado.

- Tan seguro como seguros estamos de lo que sabemos - dijo Sergio.

- Me consuela, así no podré echarlo de menos cuando...

-... Hayas muerto - Terminó la muerte.

Le resultaba tan fácil hablar sobre la muerte.

- Por qué no bajamos? - Le pidió Max un poco después-. Subido en los árboles se piensan cosas muy extrañas.

Cuando ya regresaban dando el día por terminado la naturaleza le sorprendió pues allá el fin encontró (Milenrama, La Flor De Aquiles).

Era de innumerables virtudes, esta planta calla el dolor cierra las heridas y brinda fuerzas como el héroe griego.

Proseguir el camino fue duro con las botellas casi llenas y después del pedregoso ascenso recorrido para las otras, pero la belleza de la quinta fuente valió cada paso.

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Amanece el vigésimo primero de junio solsticio de verano, solo quedando dos fuentes y una flor que recoger fue a visitar (La Fuente De La Closa)

Cuyas aguas brotan directamente de un manantial bajo las montañas.

Pero el sol del solsticio resultó tímido en este día y pronto se ocultó entre las nubes soplaba viento del norte que le hizo estremecer al recoger su última planta la flor del saúco.

Dicente bajo cada saúco vive una sabia anciana a la que debes pedir permiso antes de cortar la flor o el fruto, cuentan también que hace muchos años se plantaba saúco sobre las tumbas de los seres queridos para saber cuándo éste floreciera que habían hallado la felicidad en el otro mundo y aunque el saúco sea un árbol de muerte lo cierto es que puede mantenerte alejado de ella pues la infusión de sus flores hacen restablecer de los resfriados y sus frutos son un delicioso alimento y sólo restaba ya agua de una fuente la última de todas el toque final. Por ello escogió a algo especial, un agua que emergiera directamente de las entrañas de la tierra y descendió de las montañas para ir en su busca y se adentró en el más peligroso de los bosques, la ciudad...

Es curioso como pese a que los humanos nos hemos empeñado en separarnos de la naturaleza en ser independientes a ella sigue ahí aunque no la veamos, una pequeña fuente junto a la carretera desapercibida silenciosa, una fuente cuyas aguas huelen azufre y tienden al tacto como si brotarán del mismo infierno pero que son en realidad aguas medicinales capaces de sanar las enfermedades de la piel y bajo la lluvia incipiente entró en calor junto con las aguas termales y llenó su última botella.

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Y al atardecer acompañado por una magnificente tormenta, llegó el momento de comenzar el ritual.

Yo declaro en este solsticio que he reunido todo lo requerido. Siete aguas de siete fuentes, calientes como el fuego, frías como la nieve, apacibles como un mar en calma o salvajes como un ciervo en celo.
Aguas nutritivas purificantes y protectoras, aguas de hierro y azufre.
7 hierbas sanadoras, 7 plantas mágicas, plantas de los plácidos prados, de los cálidos valles y de las altas montañas, de los húmedos bosques y los bordes de los caminos.

Y aquí las reúno al caer la noche y demandó que se haga mi voluntad, esta Rosa Silvestre colme mi piel de luz cuide con amor mi autoestima y me haga ver con claridad mi belleza y mis virtudes.
Que así sea.

De estas flores de Hipérico alejen de mí la tristeza también el bosque bien en mi ánimo de la luz del sol.
Que así sea.

Que este Sauco árbol de los ancestros, aleje de mí la enfermedad la debilidad y la muerte y me mantenga sano por más tiempo.
Que así sea.

Que está Artemisa hierba de las mujeres, de las portadoras de la vida, despierte mi poder de crear lo que imagino y me conecte con mi condición sagrada.
Que así sea.

Y esta Milenrama me llene de fuerza y valor para enfrentarme a los retos que surjan en mi camino salir victorioso y crecer en cada aspecto de mi vida. Que así sea

Que este Hinojo me despojé de lo que ya no necesito me libre de mis cargas y limpia mi alma. Que así sea.

Que esta Hoja De Lecho despierte mi intuición me haga ver lo invisible brindé luz a mi oscuridad y me reafirmé en creer en mis sueños.
Que así sea.

Y de la noche más corta del año yo añado la magia y del primera alba el sagrado rocío y que todos los ingredientes se mezclen aquí para hacer mi voluntad.

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Sabe que muchos de ustedes piensan ¿Acaso va a funcionar esta excéntrica mezcla?

Y él solo puede sonreír y responder:

¿No es acaso magia como la fuente calmo mi ser cuando lo necesitaba?

¿No es acaso magia la ilusión en mis ojos al hallar esa pequeña flor?

¿No es magia a ver cómo el agua transparente pasando día tras día por el mismo sitio tiñe las piedras de rojo brota caliente como la de un caldero o entumece mis pies de frío?

¿No es magia la emoción desbordante que anida en el pecho al observar la belleza que te rodea, aceptar la muerte en la vieja tea ya podrida bajo el musgo, alejar la pena con la infusión de una planta que brota al despuntar el verano?

A él le parece magia el olor del agua que ha tomado las flores durante toda una noche dulce y limpia su rostro.

La libertad, el valor y la euforia de exponerme al frío del amanecer de las montañas. El cariño de reunir las hierbas que tanto le han enseñado en un pequeño ramo y agradecer.

Como no va a creer que funcione si ya lo ha hecho, si el camino ha silenciado las dudas, le a inspirado, fortalecido y llenado de valor, si le ha enseñado a confiar y a dejar atrás lo que no necesita.

Una lección de amor, esfuerzo y aceptación.
De su aventura se quedó con todo esto, esperando que ustedes también.

━━━━━━━━━『✝』━━━━━━━━

Durante los meses siguientes, fueron cada vez menos al río. Se quedaban sentados en cualquier lugar que tuviera hierba y casi no hablaban. Hasta que un día, una ráfaga de aire fresco despeinó el cabello de Max y éste sintió frío por primera vez.

- Tengo frío - Dijo una noche -. ¿Te importaría calentarme un poco?

Sergio o más bien dicho la muerte sonrió asintiendo. Paso sus manos por su cuello y le abrazo quedando así por un par de horas. A pesar de que sus charlas eran limitadas cada uno parecía entender lo que el otro intentaba decir.

Aquel día la muerte había dado su primer beso después de siglos algo que no recordaba.

Incluso aunque los dos terminaron recostados en esa hierba Sergio extrañamente no pudo dormir al contrario de Max.

La nieve caía aquel noviembre. Los copos eran tan finos que incluso se quedaban suspendidos en el aire. Algo había ocurrido. La muerte miró al chico.

Había dejado de respirar. Se había quedado muy quieto.

Le acarició la mejilla para colocar un par de flores ligeramente alborotadas, lo tomó en brazos y se lo llevó al gran río.

Allí, lo acostó con mucho cuidado sobre el agua y le dio un suave empujoncito.

Se quedó mucho tiempo mirando cómo se alejaba.

Cuando le perdió de vista, la muerte se sintió incluso triste.

Pero así era la vida...
.
.
.

Notes:

Pero así era la vida
Bueno... Feliz día de muertos. Espero la pasarán lindo en estas fechas.

Este one shot es uno con la temática de la muerte, ¡¡¡no pude dejar de pensar como Sergio siendo la muerte y ufas!! ya saben, por el mes y todo.
Está basado un vídeo de Alanna.

Y la idea surgió del libro infantil de "El pato y la muerte" se los recomiendo demasiado, ahora es mi cuento infantil favorito.
Díganme que les parece, estoy emocionado de saber que opinan, son las tres de la mañana ay dios...
En fin...
Gracias por todo.
Nos vemos en la próxima historia o one shot.