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Language:
Español
Series:
Part 1 of Historias Sagicornio
Stats:
Published:
2023-11-22
Words:
4,013
Chapters:
1/1
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16
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166

PATRIARCA

Summary:

La pequeña Athena se da cuenta de los sentimientos entre dos de sus caballeros dorados justamente antes de que uno ascienda al puesto de PATRIARCA.

Notes:

Shura tiene 18 años y Aioros 22 <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Shura da vueltas en la cama buscando conciliar de nuevo el sueño luego de que una espantosa pesadilla lo despertara en medio de la madrugada.

Una pesadilla que lleva soñando con regularidad. Dos caballeros dorados enfrentándose entre sí y uno muriendo en el acto. 
Los destellos del choque de cosmos le indicaban que uno de esos caballeros era él y el otro su mejor amigo, el inconfundible Aioros de Sagitario por sus majestuosas alas doradas propias de su armadura.
Luego en el transcurso de su pesadilla, Shiryū el caballero de Dragón y discípulo del anciano maestro de Libra se tomaba el atrevimiento de cortar su brazo derecho para después elevarlo en los cielos y darle una muerte segura.

Su corazón palpita fuertemente y su respiración es irregular. Para su fortuna en el sueño Aioros es un adolescente de 14 años y él, un niño de 10 años. Así que no debe preocuparse pues ya no son unos niños, ahora son jóvenes caballeros al servicio de Athena, y Shiryū continúa su entrenamiento en las altas montañas de los cinco picos en China.

Respira profundamente y toma la decisión de abandonar su habitación en el segundo piso de casa de Capricornio para bajar e ir directo a la cocina por un vaso de leche.

Su pesadilla no es más que una advertencia de que Hades está próximo a resurgir y que sus súbditos, como los dioses del sueño ya están moviendo sus hilos para hacerlos flaquear antes de que comience su misión más peligrosa que es proteger a Athena y a la Tierra de los malévolos planes del Dios del inframundo.

A su vaso de leche se le unen tres galletas con chispas de chocolate, es bueno degustar un manjar dulce después del mal sabor de boca que le ha dejado esa espantosa pesadilla. 

Bostezando y con su estómago un tanto lleno, regresa a su habitación, la armadura de Capricornio luce reluciente y al lado de esta descansa el conjunto de sus mejores ropas para presenciar en unas horas el nombramiento de Aioros como el nuevo patriarca del Santuario. 

 

La competencia por las vestiduras papales estuvo muy reñida entre los dos candidatos, Saga de Géminis era una buena opción, pero en el fondo siempre apoyo a Aioros, no solo porque fuera su amigo.
El gran maestro ni siquiera tuvo que ver mucho con la elección del ganador a su puesto, Athena no lo dejó decir ni una sola palabra y eligió a Aioros sobre Saga porque así lo había leído en las estrellas. 
Saga no se opuso a los designios de la pequeña diosa, por lo cual vistió nuevamente la armadura de Géminis que compartía con su hermano gemelo Kanon y se formó nuevamente en las la fila que le correspondía estar, entre Mu de Aries y el león dorado, Aioria de Leo.

 

Las manecillas del reloj de fuego sin sus llamas encendidas siguieron su curso y acompañaron a Apolo a dar la primera luz del sol marcando un nuevo día, exactamente un 12 de enero con una mañana soleada.

Los soldados entrenan con gusto y jubiló desde la llegada de Athena hace 8 años. Todo es paz y tranquilidad en el santuario, pero en la tierra se libra una Guerra bélica entre potencias mundiales en las que por desgracia el poder de Athena no puede interferir directamente porque es parte de la historia humana y desde la época del mito, algunos dioses estuvieron de acuerdo en darle a su creación más semejante el poder del libre albedrío, aunque esto último enfureció a Hades y cada 243 años busca el exterminio de la Tierra y sus mortales.

—¡Shura, despierta!— una voz dulce y angelical lo invita a abrir sus ojos. —Hoy es tu cumpleaños.— la pequeña diosa lo mueve con sus pequeñas manos. —Shura, Aioros...

—¿Dónde?

Athena se ríe, el truco de mencionar el nombre del caballero de Sagitario siempre funciona con el caballero de Capricornio. 

—¡Felices 18 años!— lo felicita la pequeña Athena abrazándolo.

En la puerta está Aioros mirándolos con una amplia sonrisa, así que la niña no mintió del todo.

—El patriarca Shion puede molestarse, Athena.

—Le pedí permiso antes de venir aquí. Este año quería ser la primera persona en felicitar a Shura, ya que en sus cumpleaños anteriores tú siempre me quitas ese privilegio, Aioros.

Aunque la pequeña Saori es la reencarnación de la diosa Athena, sus poderes divinos todavía no despiertan en su totalidad por lo que la diosa experimenta su infancia humana como la de cualquier otro niño de su edad. Shion así lo dispuso desde que la infanta cumplió tres años de edad.

—Lamento mucho eso.— Sagitario se siente apenado de ser descubierto por su diosa. —No sabía que Shura significará tanto para usted.

—Es mi caballero más fiel, Shion me lo ha dicho.

—¿Es eso o es por qué siempre te da lo que le pides? 

—Ambas cosas.

Shura se siente como si estuvieran hablando a sus espaldas a pesar de estar siendo abrazado por la divinidad.

—Shura es muy bueno conmigo, me preguntó si a veces eso tiene que ver con su deber de protegerme o si es cálido como un hermano mayor.

—Y yo me preguntó si en un dado caso Shura y yo nos enfrentamos en un duelo por usted, ¿con quién decidiría irse?

—Elegiría a Shura.— responde de manera directa y el corazón de Shura siente una linda calidez.

—Eso duele.— Sagitario finge sacarse una estaca del corazón.

Cansado de ser el tema central de una conversación en la que no tiene participación, Shura decide ponerse en acción. —Los dos dejen de ponerme en medio de sus discusiones. Señorita Athena agradezco que sea la primera en desearme un feliz cumpleaños eso significa mucho para mí.— hace una ligera reverencia y Saori hace un puchero de desagrado.

—Shura, no me hables con esas formalidades, solo sé como un hermano mayor o un amigo.

Con gran dificultad Aioros termina convenciendo a la diosa que espere en el comedor del templo de Capricornio para recibir un digno desayuno que él no realizará.

 

—¡Feliz cumpleaños, Shura!— dice con una gran sonrisa y sus brazos extendidos invitando al español a acortar la distancia.

Shura se pregunta si acaso este será su último cumpleaños siendo felicitado de esta manera debido a que dentro de unas horas Aioros ya no seguirá siendo un caballero dorado. 

—No era necesario que vinieras, deberías ocuparte de tus propios asuntos, amigo mío.— sus brazos dejan de corresponder el abrazo de Aioros.

—Todo está listo. El gran patriarca lo ha organizado todo, yo solo tengo que asistir a mi nombramiento. No sé por qué que la señorita Athena me eligió a mi sobre Saga sí... Hasta se lleva mejor con él que conmigo.

—Ella lo dijo, lo leyó junto con Shion en las estrellas. Sobre lo otro, ella te admira en secreto, tal vez no seas su caballero más fiel ni el más cercano, pero eres su principal protector.— Shura siempre tiene las palabras adecuadas para hacer que su confianza aumente. —Y en unas horas su representante ante todo el santuario. 

Aioros niega con la cabeza, en el fondo no quiere tomar esa gran responsabilidad debido a que debe dejar todo atrás incluso su vida como caballero, a su hermano y a su mejor amigo.

—Shura.

—Dime.

—Prométeme que cuando yo sea patriarca no vas a lanzar Excalibur directamente a mis aposentos como lo hiciste cuando recién regresaste de España.— añade aquella anécdota a su conversación y Shura se sonroja de vergüenza.

—En mi defensa yo no lo sabía, solo quise probar mi filosa Excalibur en la montaña que me pareció la más alta del Santuario.

Ambos ríen recordando ese día en el que después de dos años se volvieron a reunir como dos caballeros dorados y no como un alumno y su mentor. 

—Está bien, no te culpo, tal vez yo hice algo peor cuando mi cosmos despertó.— le da una ligera palmada en el hombro. —Debo irme y tú debes alistarte antes de que nuestra diosa de la sabiduría se impaciente de esperarte en el comedor. Te veré después en mi nombramiento. 

Shura lo despide con una sonrisa, al parecer este año los regalos no pasarán más que de unas palabras de felicitación.

 

—¿Qué pasa? ¿El desayuno no es de tu agrado?— pregunta observando a la joven degustar el yogur natural con fresas picadas en pequeños cuadros.

—Le gustas a Aioros.

Shura casi se atraganta con su propio desayuno que consiste en un licuado de fresas con proteína en polvo. —¡¿Qué?!

—Te mira de manera especial.— admite la niña. —Es muy atento contigo.

—No es eso, pequeña. Así se tratan los amigos.

—No, yo no trato a Jabu o a Shun de esa manera.— responde. —Y yo te lo voy a demostrar.

El joven nacido bajo el signo zodiacal de la cabra siente como su corazón late de manera acelerada como si estuviera en una de las absurdas competencias de carreras con Milo de Escorpio.

—O al menos él te gusta a ti.

Las fresas se quedan cortas con el color del rostro de Shura y la sabiduría de Athena es grande.

—Si salimos victoriosos de la Guerra Santa contra Hades... ustedes pueden casarse.

—Athena... No es lo que piensas, solo somos amigos.

—Si mi arquero favorito te escucha decir eso, su corazón se hará pedacitos.

—Pensé que tu arquero favorito era el niño de pegaso que de vez en cuando se escapa de Marín para pedirle a Aioros unas clases particulares de tiro con arco.

—Sh...— lo silencia. —Aioros es mi arquero favorito, pero no se lo digas o se sentirá tan importante como Aioria cuando le dije que su poder del plasma relámpago era impresionante.

—Aioros no lo hará, pero de alguna manera si busca tu aprobación.

Los cortos cabello lilas de la niña se mueven a la par que mueve su cabeza de manera negativa. —Pero él es lo suficientemente bueno, las estrellas lo han elegido como el Patriarca y yo también. ¿No es eso suficiente para que lo sepa?— sus ojos azules miraron con tristeza su desayuno.

—Tal vez lo sea, pero no estaría de más que se lo dijeras directamente. A los mayores nos gusta que nos hagan sentir especiales.

—Él te hace sentir especial, siempre te hace cumplidos, ¿Por eso te gusta? 

¡Zeus baja del cielo y cuida a tu propia hija! —No es lo mismo.

Athena sonríe, finalmente ha podido hacer que Shura acepte sus sentimientos hacía el santo de Sagitario. —¿Por qué te gusta? 

El santo de Capricornio viéndose como un roedor atrapado en una ratonera decide responder la infinidad de preguntas que una diosa curiosa le hace.

 

Aioros se observa por una última vez al espejo vestido con su armadura dorada. Las alas están resplandecientes como la primera vez que les dio uso. 
La nostalgia lo invade, este día tendrá que decirle adiós a su compañera de misiones para aceptar la sagrada túnica diseñada especialmente para su persona por las amazonas del Santuario.

Teme no poder dejar todo lo que lo rodea para encerrarse en la oficina del el décimo tercer templo. Si pudiera elegir, desearía quedarse al lado de Aioria quien todavía tiene mucho que aprender sobre ser un caballero de Athena y también quedarse al lado de Shura para poder seguir entrenando juntos y caminar hacia el futuro que les depara la Guerra Santa.

Con resignación se desprende de Sagitario y suspira al ver la armadura en forma objet. En ella se quedan tantos recuerdos que vivió entre sus primeras misiones en las cuales viajaba de país en país en busca de los caballeros dorados para que estos atendieran el llamado del santuario y fuesen entrenados.
De entre todos sus destinos, España fue el país que más llamó su atención y por qué no debería de hacerlo si ahí se encontraba no solo el caballero de Capricornio, sino también el niño que creció a su lado convirtiéndose en un joven guapo que más de una vez le ha robado suspiros. 

No sabe con precisión cuando fue el momento exacto en el que Eros lo flechó, firmando así su condena de amar a su mejor amigo, pero al menos sabe que ese sentimiento es puro y sincero.

 

—Pensé que ya estarías listo, hermano.— Aioria el joven león ha llegado de manera cautelosa. —¿Te despides de la armadura? 

—Algo así.

El recién llegado dirige su mirada por la habitación de Aioros, todo está en orden y sus maletas están hechas.
Hay un ligero vacío como si Aioros partiera al extranjero y no solo a unos cuantos templos arriba. 

El rostro de su hermano será cubierto por la máscara plateada del patriarca, así que esta es la última vez que verá el rostro de su hermano mayor.
Aioria desearía que todo siguiera igual, pero esto es lo que estuvo previsto desde ocho años atrás solo que con la llegada de Athena todo se retrasó.

—Entonces es el momento justo para darte las gracias por todo lo que me has enseñado. Sin ti nunca hubiera podido ser digno de la armadura de Leo. Gracias a tus entrenamientos y enseñanzas ahora soy todo un caballero.— dice con el pecho hinchado de orgullo. —Me hace muy feliz que ahora pases a ser el Patriarca del Santuario.— suspira. —Nuestros padres estarían muy orgullosos de ver en lo que te has convertido, Aioros.

—Si, seguramente ahora lo están en donde quiera que estén.  

Los dos hermanos se sumergen en un abrazo fraternal en el que se desean lo mejor en sus caminos.



El nombramiento de Aioros como patriarca para Shion es significativo porque de esta manera podrá dedicarse a tiempo completo a entrenar a Saori para que pueda controlar su cosmos divino.
Y después de años el mismo puede dejar de lado la ostentosa máscara plateada y el pesado casco rojo.

Por primera vez en toda su vida, Saori lleva en su mano derecha el báculo de la victoria que es la representación de Nike, la diosa de la victoria.
Su vestido blanco está libre de impurezas al igual que sus guantes, sus doncellas a cargo se encargaron de vestirla apropiadamente para la ocasión.

Delante de ella los caballeros dorados forman dos filas, la de su derecha de números par y la de la izquierda de números impar. Incluso el viejo maestro Dohko está en la fila impar ocupando su puesto.

Aioros está al frente justamente en medio de las dos filas vistiendo sus ropas tradicionales de entrenamiento y su característico listón rojo sobre la frente.

Un ayudante del patriarca sostiene un cojín de terciopelo rojo en el cual reposa la máscara plateada en conjunto con el casco rojo del dragón para el nuevo patriarca y dos amazonas sostienen los ropajes sagrados azul marino con bordados en colores rojo, verde y oro.

—Hoy nos hemos reunido para llevar a cabo el nombramiento del nuevo Patriarca del Santuario, el mismo que nos llevará a la victoria contra Hades en cinco años.— Shion habló fuerte y claro. —Las estrellas y la propia Athena han elegido de entre sus compañeros a Aioros de Sagitario para convertirse en ese hombre que nos lleve a la paz.

El castaño se puso de rodillas ante la diosa y su excelencia. 

—Aioros de Sagitario, prometes llevar estás sagradas vestimentas con honor y respeto.

En medio del silencio del décimo tercer templo, Aioros llevo su mano derecha directamente sobre su corazón. —¡LO PROMETO!— su grito resonó en toda la sala patriarcal.

—Prometes seguir el camino de la justicia, el amor y la verdad, sin anteponer tus asuntos personales.

—¡LO PROMETO! 

—Prometes alumbrar con estrategia y raciocinio el camino que los caballeros de Athena deben seguir en la próxima Guerra Santa.

—¡LO PROMETO! 

Saori dejó a Nike al cuidado de Shion para bajar con cuidado los escalones que la llevaban a estar frente a Aioros y las amazonas de plata.

Con cuidado tomó la túnica y la desdobló.

Con su cabeza agachada y una lágrima traicionera escurriendo por su mejilla, Aioros dejó que la niña con ayuda de las amazonas pusiera sobre su cuerpo arrodillado la túnica de fina seda. 

—Eres el único entre los doce que merecía estar en este lugar. Gracias por cuidarme hasta ahora y por continuar a mi lado en el futuro, eres mi arquero favorito.— con voz dulce habló la pequeña diosa. —Shura dijo que debía decírtelo.— sonrió. —Así como debes decirle lo que sientes.— con delicadeza limpió las lágrimas de su patriarca. —A Shura le gustas.

El corazón de Aioros tuvo un colapso y después su ritmo cardíaco comenzó a acelerarse. Saori era demasiado cercana al décimo guardián que no podía desconfiar de sus palabras.

—No me juzgues, no eres quién para hacerlo, Patriarca.— dijo en voz bajita. Suficiente había sido con que las amazonas escucharán sus declaraciones como para qué escucharán sus regaños para el castaño. —Shura te quiere y yo no veo ningún motivo por el cual deban seguir ocultando lo que sienten. 

¿Acaso Athena había notado sus sentimientos por Shura?

Los ojos de Saori pasaron de ser de un color azul como el mar a un color verde como el jade. Su poder se potencializó e inmediatamente todos los caballeros dorados y los demás presentes se pusieron de rodillas al contemplar la calidez de su divino cosmos.

—El deber de Athena es comprender los sentimientos humanos y aprender de ellos.— sus manos tomaron el casco rojo. —Como diosa no voy a interferir entre ustedes y tu puesto como patriarca tampoco debería, siempre y cuando cumplas con tu deber.— con un poco de brusquedad coloca el casco sobre la cabeza de Aioros.

El griego siente el cosmos cálido de Athena bendiciendo su nombramiento. —Gracias por habérmelo dicho.

Los ojos de Saori regresan a ser de color azul. —Shura es demasiado cobarde para decirlo el mismo, solo no le digas que te dije.— susurra y termina por colocar la máscara plateada que oculta el rostro del patriarca. —Creo que te ves mejor sin máscara.— la pequeña sonríe y se aleja regresando de nuevo con Shion.

Aioros se pone de pie, sus antiguos compañeros siguen arrodillados, pero segundos después están de pie por órdenes de Athena y todos aplauden.

Las felicitaciones no tardan en llegar una por una de la misma manera que las despedidas debido a que los santos deben regresar a custodiar sus templos y Dohko debe regresar a los cinco picos.

—¡Felicidades, gran patriarca!— la sonrisa de Shura es genuina e incomparable. 

—Gracias, caballero de Capricornio.

Shion los deja solos llevándose a Saori para darle sus primeras lecciones sobre el manejo del cosmos.

—Athena se me acercó hace un momento, justamente cuando Mu de Aries te felicitaba. Ella dijo que querías hablar conmigo.

Aioros sonríe, si Athena tiene la capacidad de trazar planes estratégicos como este seguramente podrán salir victoriosos de la Guerra Santa. 

—Acompañame.

El patriarca entrelaza su mano con la de Shura para llevarlo fuera de la sala patriarcal. Exactamente al balcón donde se pueden apreciar todos los templos zodiacales y su vegetación.

Es un día tranquilo y soleado. 

—Tengo algo que debo decirte.

Los ojos olivos dejan de admirar el paisaje para fijarse en la máscara plateada de Aioros. Verlo de esta manera le resulta algo incómodo.

—Te escucho.

Sabiendo que sus expresiones no llegarán por completo al caballero dorado, Aioros decide retirar el casco y su máscara plateada. Infla sus mejillas con aire y luego resopla, este gesto no pasa desapercibido por Shura. —Yo... ¿Por dónde debería empezar?

—Tú decides. 

El ex Sagitario comienza a organizar sus ideas, no quiere que su declaración suene precipitada y por ende Shura salga corriendo. —Nos conocemos desde hace tiempo y hemos pasado por muchas cosas juntos. Te conozco desde que eras un niño, fui tu mentor y tu amigo.— Shura asiente. —Debes saber que con el tiempo muchas cosas cambian.— muerde su labio inferior, su vista cae al suelo y sus manos sudan. —Shura yo...— sus palabras se atascan en su garganta. —Yo me siento feliz cada vez que estás cerca de mí.— sus ojos viajan rápidamente del suelo al caballero y vuelven a bajar. —Esto es difícil.— susurra y decide dejar el casco y la máscara plateada sobre el suelo para tomar las manos del Capricornio entre las suyas. —Shura... Ya no puedo seguir viéndote como mi amigo, mi cariño a cambiado y la propia Athena me hizo ver mis verdaderos sentimientos hacia ti.— sintiendo que Shura no se aleja levanta su mirada para verlo sonreír como nunca antes lo había visto.

—Storgé y Philia nos ha abandonado a ambos, ¿Cierto? 

Aioros reconoce aquellos términos, Storgé para referirse al amor de una amistad que se ha ido construyendo con el paso de los años en la cual destaca el compromiso y la lealtad entre amigos o algo fraternal como el cariño en una familia. Por otro lado Philia, un amor desinteresado que se basa en el compañerismo.

Para los griegos existen cuatro tipos de amor y entre ellos están Storgé y Philia. 

—¿Tu acaso...? 

—En la mañana cuando estaba desayunando con Athena ella dijo "Le gustas a Aioros" y después comenzó a hacerme preguntas.— admitió con las mejillas rojas. —Después de hablar con ella me di cuenta de que Ágape y Eros habían tocado a mi puerta.

—¿Yo te gustó?— Aioros quiere estar seguro de las palabras de Shura que no le importa si debe hacerle muchas preguntas.

Capricornio guarda silencio. —Si no fuera así, yo no me hubiera quedado a escuchar tus palabras después de que dijiste que las cosas cambian.

Shura es directo.

—¿Qué hacemos ahora?

Los dos son tan inexpertos en cuestiones del amor que no saben que pasó dar hacia adelante.

—Somos parte del ejército de Athena, tú ahora eres el Patriarca y yo soy un caballero dorado, ambos lucharemos contra el ejército de Hades, ¿acaso puede existir una oportunidad entre nosotros?

Aunque esas palabras son crueles también son ciertas en su totalidad, no son simples humanos que puedan vivir un tórrido romance hasta la vejez.

—Y si no lo intentamos, entonces está conversación no habrá valido la pena.— su mano derecha sostiene con suavidad el mentón de Shura. —No perdemos nada con intentarlo.

En dado caso de que uno falleciera en combate, el otro sufriría su perdida, pero este resultado sería igual si lo intentan o no.

Shura cierra los ojos al sentir las manos de Aioros acariciar sus mejillas. 
El sentimiento es mutuo y sincero como para cortarlo de tajo pensando en el futuro, así que por primera vez decide arriesgarlo todo. 

—Intentemos está locura propia del Dios Eros.— susurra abriendo los ojos, pero de inmediato los vuelve a cerrar al sentir los labios de Aioros sobre los suyos en una caricia lenta e insegura, pero lo suficiente poderosa como un trueno atómico recorriendo cada célula de su cuerpo.

Es su primer enamoramiento de ambos, su primer beso y su primera experiencia sintiendo como su corazón toma conciencia sobre sus movimientos.

A los ojos de Aioros, Shura se ve muy lindo con ese suave rubor natural en sus mejillas. —¿Quieres ser... lo más especial en mi vida?— intenta pegar su frente con la del Capricornio, pero la careta de cuernos dorados propios de la armadura de la cabra montés se lo impiden por lo que se conforma con acercar más al Español a su cuerpo posando sus manos sobre la delgada cintura.

—Es una pregunta tonta después de que me besaras.— sus brazos rodean el cuello del mayor.

—Discúlpame, no sabía exactamente el orden de los factores en que debía organizar mis acciones.— bromea.

Athena logra obtener un permiso de Shion para regresar y observar como los dos jóvenes se abrazan frente al balcón.
En el fondo de su corazón, la diosa espera entrenar lo suficiente para hacerle frente a un enemigo que todavía no muestra su rostro, pero al que está dispuesta a enfrentarse y salir victoriosa sin perder a ninguno de sus fieles caballeros.

Para no interrumpir su momento, la pequeña niña regresa con Shion más decidida a aceptar su misión como la reencarnación de la diosa Athena.

 

 

 


• Fin •

 

Notes:

Realmente esto era parte de un fanfic que tenía previsto publicar en 2019 por medio de Wattpad, pero termino siendo parte de esta serie de OS.

Y todo esto llegó a mi mente porque me gusta mucho el momento del anime en el que muestran como la bebé Athena gatea en dirección a Shura eligiendo ir a su lado antes de estarse quieta en el lugar donde Aioros la deja, y la manera tan suave con la que Shura le acaricia la mejilla.
En sí, el momento es Shura protegiéndose con la bebé de un posible ataque de Aioros (??, pero para mí es un momento donde puedo imaginar miles de escenarios fantásticos que no involucren peleas entre ellos dos.

 

¡Feliz inicio de la temporada Sagicornio! 

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