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Hielo muy fino

Summary:

Solo iba a llevar a su sobrino a patinar un ratito.

Chapter 1: ¿Eres tú?

Chapter Text

Ese era el día que menos frio había hecho en toda la semana, le había prometido a su sobrino que lo llevaría a la pista de patinaje que se ponía por la época, Yuuji no había dejado de enviarle mensajes para confirmar que sí irían ese día, el más que nadie estaba todo emocionado de ir a patinar juntos, después de todo no siempre se tiene como tío a un ex medallita de patinaje sobre hielo, tras abrigarse bien y meter las cosas necesarias a una pequeña bolsa, aseguró su casa y mientras bajaba en el elevador contestó la llamada entrante en su teléfono 

- Nanamin! - Solamente con escuchar la vocecita podía identificar que claramente no era Jin el que llamaba, como decía el identificador de llamadas.

- Hola pequeño ¿Ya estás listo? - El cariño con el que le hablaba se podía escuchar incluso a través del teléfono 

- ¡Si nanamin! Gumi me dijo que ya estaba por llegar allá 

- Esta bien, sabes que no tardó nada en llegar por ti

- Oki, aqui te espero, te quiero, bai bai 

- También te quiero Yuuji. - El timbre del elevador no logró distraerlo para no sonreír mientras caminaba hacia su auto. 

 

Ya tenía cerca de 7 años retirado del patinaje, tras una lesión que casi le causa la vida de su compañera en la pista a mitad de una presentación, sin embargo apenas era el segundo año que llevaba a Yuuji a patinar con él, sabía que el pequeño se divertía al estar sobre el hielo, Jin siempre se preocupaba por que el pequeño a veces solía ser un poco torpe, pero estando bajo el cuidado del  rubio las cosas se calmaban un poco. 

Tardó aproximadamente unos 10 minutos en llegar a la casa por su sobrino y después de saludar con la mano desde su auto a Jin, vio que una bolita de color rojo con gorrito blanco corría hacia el auto, se apresuró a abrir la puerta, subió al copiloto y tras ponerse el cinturón miró vibrando de la emoción a su tío, quien solo soltó una risita, le revolvió el cabello que no atrapaba el gorrito y arranco para ir al centro, usualmente cerca de la temporada navideña, se instalaba esta enorme pista de patinaje con un ambiente familiar, claramente Yuuji desde que vio a su tío en televisión siempre le pedía que lo llevara a patinar al hielo, cosa que Nanami no podía negarse sin embargo los patines usualmente eran bastante pesados para el pequeño, así que de inicio lo cargaba en sus brazos o en sus hombros y se daba algunas vueltas con el, hasta que tuvo la edad de 7 años, aceptable para poder patinar el solito, fue que le empezó a dar clases sobre lo básico, siempre agarrándose de la mano del mayor mientras se deslizaban y el menor soltaba pequeños grititos divertido, hasta que poco a poco se soltaba y andaba el solo, el mayor solamente se quedaba cerca de el para cuidar que si se caía se pudiera levantar nuevamente, o simplemente para complementar el patinaje del menor, sabía que le daba más confianza tenerlo cerca cuando le estaba enseñando algún movimiento nuevo, eso con el tiempo lo olvidaría pero el tiempo que pasaban juntos era lo mejor, le estaba tomando gusto tanto como parecía que su tío lo tenía. 

Después de aparcar el coche en alguna de las orillas del parque, el menor se apresuró a quitarse el cinturón y ya teniendo la mano en la manija de la puerta, Nanami lo detuvo poniendo los seguros impidiendo que este se apresurara hacia afuera, el menor se giró extrañado y el rubio solo murmuró.

- ¿Cuáles son las reglas? 

-El chiquillo de cabello rosado apretó sus labios en un puchero, pero recitó como si de una matra se tratara- No me meto en el camino de los demás, no hago figuras y me mantengo alejado de las cuchillas. 

- Muy bien, vamos. 

Desbloqueo ambas puertas y salieron para dirigirse a donde estaba la pista, estaba al aire libre así que había unas gradas alrededor para los que solo miraban o los acompañantes, ellos fueron directamente al stand donde se alquilaban los patines y como Yuuji aun no tenía los suyos, se formaron por algo alrededor de unos 5 minutos, ambos se pusieron los patines y dejaron sus abrigos grandes y sus mochilas en un pequeño locker antes de entrar a la pista, para el rubio era llenarse de recuerdos de todos los entrenamientos y competencias pequeñas, el hielo había sido su niñez, su adolescencia y su vida. 

Mientras que el pequeño Yuuji le costaba agarrar el ritmo y se aferraba al pantalón de su tío, este patinaba con tanta fluidez, como lo hacía cuando caminaban, este era su segundo elemento, era parte de él, pronto escucho un pequeño grito y después tenía a otro niño aferrado a su otra pierna, miro hacia abajo y reconoció los cabellos alborotados del mejor amigo de su sobrino.

- Fushiguro pequeño ¿Como estás? – Con mucho cuidado le tomo del brazo para que este se pudiera acomodar en sus mismos patines y de pasó poder guiarlo.

- Bien, señor Nanami, que bueno que llegaron, ya me empezaba a sentir como bicho raro aquí solo - Dijo mientras se incorporaba sobre sus patines y le soltaba para hacer una reverencia un poco temblorosa. 

- ¿No viene tu mamá o Satoru? 

- No, señor… el tío Satoru vino a dejarme y en un rato más viene mi tío Suguru - El rubio negó en desaprobación, patearía a Satoru en cuanto lo viera, al parecer el desubicado no sabía que no debía dejar solito a un menor. 

 

Tras un par de minutos más vio como el par de pequeños ya patinaban uno junto al otro frente suyo, el mismo se había encargado de enseñarles a ambos lo básico para que no sucediera un accidente, así que estaba tranquilo el flujo de las mismas personas los guiaban y se dejaban llevar, cuando menos lo espero ya veía los veía cada vez más lejos, con un pequeño suspiró empezó a patinar pero un poco más rápido, esquivando gente con la elegancia de un ex patinador, siempre con cuidado y con la vista al frente, no se atrevía a andar de espaldas, no con tanta gente dentro de la pista, un rato más tarde ya tenía a ambos niños sujetos en trenecito de su pantalón mientras que el los llevaba, los escuchaba soltar risitas y el mismo sonreía, después, cargó a uno en cada brazo y daba suaves vueltas mientras avanzaba, teniendo que parar porque muy cerca de ellos pasó alguien demasiado rápido, eso descolocó al mayor, quien se acercó a una orilla para darle una checada con una ceja alzada 

- Nanamin… ¿Qué pasa? 

- No es nada, pequeño es solo… 

Estaba tratando de enfocarse en la persona que iba tan rápido, ya debieron de haberle llamado la atención, era peligroso sobre todo por los niños y las familias que estaban ahí, le perdió de vista pues se acercó a ellos una figura bastante conocida, era el otro tío de Megumi, Suguru, quien se acercaba con el flujo de personas. 

El pequeño de cabellos negros quiso apresurarse hacia él, soltando la barda sin que el rubio lo notara y apenas estando dos metros lejos de el, el rubio se apresuró a ir tras suyo pues lo vio venir nuevamente, al tarado que creía estar solo en la pista, estaba tan cerca pero su pie flaqueo haciendo que cayera de rodillas en el hielo, aun se deslizaba pero no alcanzaría al niño, sin embargo una figura vestida completamente de negro alcanzo a atrapar al menor antes de que algún accidente sucediera apenas por un par de segundo pues el idiota de cabello largo iba con un pie en el aire y de espaldas. 

En cuanto se pudieron acercar a donde estaba el menor, Suguru lo tomó entre sus brazos revisando que el menor estuviera bien, todos se orillaron a los bordes de la pista y Nanami hizo una muy marcada reverencia hacia la persona

- Lo siento mucho el inconveniente, no pensé que fuera a correr tan de la nada y por intentar estar al pendiente de ese chico- Fue interrumpido por una mano en su hombro, este se sorprendió y por primera vez miro directamente a la persona

- No te preocupes Nanami - La voz fue bastante conocida para él y lo reconoció enseguida, Hiromi Higuruma - Ese loco no debería estar haciendo figuras aquí, debería estar en una pista particular, podría herir a alguien por estar queriendo lucirse.

Nanami por alguna razón dejó de escuchar los ruidos a su alrededor, su mirada estaba enfocada en el hombre que estaba frente suyo y que había salvado de un accidente muy feo al amiguito de su sobrino, pero el hombre no solo era eso, Higuruma en su momento fue con quien más tuvo química en la pista en sus años de juventud, el único que en su momento lo podía tomar por la cadera y lanzarlo en el aire mientras él daba vueltas, le recibía y después lo manejaba como si no tuviera dificultad alguna, a pesar de ser hombre, no siempre fue el adulto de espalda ancha que era en ese momento, muchos años antes de que conociera las sincronizas de su cuñado, le parecía imposible que el hombre le haya reconocido desde antes que él mismo lo hiciera, no era que hubiera cambiado mucho pero si habían sido muchos años sin verse desde que se había mudado a otra prefectura , ambos habían cambiado mucho con el tiempo.

La mano fría de Yuuji le sacó de sus pensamientos y rápido tomo el hilo de la conversación, Suguru estaba con una mano en la cabeza del menor y este estaba haciendo una reverencia hacia él.

- Enserio no se preocupen, no pasó nada, mientras el pequeño esté bien, no hay problema conmigo - decía mientras agitaba sus manos

- Por favor acepta nuestras disculpas y agradecimientos, ya hacía yo al enano en el hospital - insistía Suguru

-Lo bueno es que no pasó nada, muchas gracias por la ayuda, Higuruma. - Nanami en cuanto terminó de asimilar la conversación 

- No pasa nada, Señor Geto, Nanami, además ya corrieron al loco, ¿Que les parece si seguimos dando paseo?

Todos asintieron y procedieron a reincorporarse al flujo de gente que daba vueltas, los tres mayores iban detrás mientras que los menores apenas un metro delante de ellos, al principio Nanami solo alternaba su vista entre los niños y los otros dos adultos, estaba atento a la conversación, pero porque quería evitar que le pasara lo mismo que hace un rato, así que en cuanto los escucho dejar de hablar decidió interceder. 

- Yo pensé que te quedarías en Sendai, Higuruma ¿Que te hizo volver? - La curiosidad era real, le había perdido la pista justo antes de empezar sus competencias de patinaje profesional. 

- En realidad solo venia por un periodo corto, me ofrecieron un puesto como instructor para el gimnasio que está cerca de la estación de Shibuya, pero aún no se si aceptarlo o no ¿Sabes algo al respecto?  - el hombre, su ex amigo, dirigió toda su atención a el y en ese momento por alguna razón se sintió incluso un poco más chico en su lugar, enderezo su espalda y con la mirada al frente intentó mantener la calma en si mismo pues el gimnasio del que hablaba era el mismo donde el instruía, arrugó un momento su nariz intentando no hacer muy notorio su pequeño pánico, no era justo que simplemente con volver a verlo después de tantos años de que el creyó ya haber superado esa extraña "conexión" que tenían, no podía creer que incluso cuando ya es un adulto de 36 años, siga sintiendo que su estómago revolotea como si fuera un adolescente enamorado, "Kento por favor comportate", se decía a si mismo repetidamente. 

- Es bastante grande, esta techado y los alumnos no son tan pesados como pudieses creer, pese a que es escuela privada a mí por lo menos no me ha tocado lidiar con alguna diva, la paga es decente y si lo que buscas es tranquilidad puede ser una buena opción - Las palabras salían casi en automático, hablar de su trabajo siempre le había sido fácil, . 

- Perdón que los interrumpa, pero no tenía idea de que se conocieran - Nanami le miró con una pequeña sonrisa torcida, Suguru se había dado cuenta, se golpeó internamente y espero a que el otro respondiera por él, simplemente porque no confiaba en sí mismo para poder dar una respuesta en la cual no se escuchara como suspiraba como una colegiala enamorada de su compañero.

- Si, conozco a Nanami desde hace aproximadamente... 18 años ¿Verdad? - La sonrisa con la que volteo a mirarle le hizo sentir un escalofrío que el creyó que estaba ocultando suficientemente bien.

- ¿Cuándo tenían 18 entonces? – El rubio sabía que era pura curiosidad, pero en ese momento lo que menos necesitaba era recordar todo aquello.

- Si, nos conocimos cuando estaba practicando para mis primeras competencias de Tokio. – Le dedicó una mirada para que ya zanjara el tema, pero Suguru solo le sonrió como le había enseñado Satoru, eso solo significaban problemas y preferiría evitarlos

- Se conocieron en la flor de la juventud, no tenia idea de que Nanami fuera otra cosa más que alguien lo suficientemente callado como para que tuviera un amigo

- De hecho, era bastante difícil trabajar con él, era demasiado brusco con sus movimientos y siempre terminaba panza arriba en el hielo después de intentar hacer alguna pirueta y en más de alguna ocasión tiro también a algunas compañeras con la que lo emparejaban, incluyéndome a mí - Nanami de solo escucharlos ya sentía su rostro caliente y no era por el frio que hacía, el sonrojo que adornaba su rostro lo intentó ocultar con la bufanda que llevaba puesta.

-Es eso… Tiene sentido entonces que estes solt - Nanamin! – La voz de su sobrino interrumpió cualquier intento de burla por parte de su amigo, El rubio agradecido internamente al chiquillo prometió que le compraría sus primeros patines personalizados al menor por haberle salvado. Lo recibió en sus brazos levantándolo sin esfuerzo alguno y este enseguida le abrazó por el cuello. – Perdón por interrumpirlos – Siempre tan bien educado el niño- Gumi y yo queríamos ir por una bebida caliente, ya tenemos mucho frío

Nanami miro hacia donde estaba el otro niño quien asintió mientras se le prendaba a su tío del pantalón, temblaba ligeramente y luego asintió bajando al niño- A mi me parece una idea buena, hay una cafetería muy buena cerca de aquí, podríamos ir ahí –Habló enseguida Suguru- Por favor, permíteme invitarte un café o algo por el estilo, en compensación por salvar a Megumi - Higuruma soltó una risita y asintió una sola vez.

-Está bien, acepto, pero porque me estoy helando también yo – Los niños celebraros bajito y procedieron en conjunto a salir del flujo para acercarse a la puerta por donde entraron, caminaron hacia las banquitas donde podían quitarse los patines, devolvieron los prestados, se envolvieron nuevamente en sus abrigos y caminaron hacia el café del cual habían hablado.