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Te Amare... Aunque Me Cueste La Vida

Summary:

Él lo amaba. Habían sido mejores amigos desde que su profesor lo llevase a la escuela de hechicería. Sin embargo, era plenamente consciente de que el ser al que albergaba también guardaba un sentimiento aún más intenso, casi posesivo por Fushiguro. Y que esto era todo, excepto amor. Y lo que era peor, este, en última instancia, podría conducirlo a él mismo a la muerte.

Notes:

Un Montón de Besos

Fase III

Difícil

Título: Te Amaré... Aunque Me Cueste La Vida

Fandom: Jujutsu Kaizen

Ships: ItaFushi, SukuFushi (muy secundaria)

Personajes: Gojo Satoru, Nobara Kugisaki, Maki Zenin, Inumaki Toge, Shoko Ieiri, Kento Nanami

Advertencias: AU. What If. Romance BL. Vi0l3nci4. S4ngr3. Posesión y Mu3rt3 Posterior de Personaje. Onirismo. Angst.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Se sentía extraño. Casi como si alguien intentara entrar en él por la fuerza, y no precisamente en el acto sexual. Entonces se preguntó qué habría sentido su novio, Yuji Itadori, cuando aquel ser maldito quedara encerrado, por así decirlo, dentro de su cuerpo después de que tragara uno de sus dedos. justamente, a la fuerza y ante sus ojos y los de su sensei. Intento gritar, pero nada salió de sus labios. Sin mencionar que su cuerpo dolía como el infierno y, una vez más, no se debía sólo a que, de hecho, estaba herido y sumamente débil. Cuando finalmente, y tras largos y agónicos minutos, logró abrir sus orbes azules visiblemente borrosos, Megumi Fushiguro se encontró recostado precisamente en su habitación en la escuela de hechicería, aunque la escena ante él era ciertamente Dantesca. No era Yuji Itadori la persona sobre él, sino Sukuna; por otra parte, tenía el torso desnudo y cubierto por gruesos vendajes.

—Oh, veo que estás despierto, Fushiguro...

Dijo aquel ser maldito, porque no podía ser nombrado de otra manera, en su habitual tono sardónico mientras se acercaba al hombre tendido en la cama. Megumi intentó alejarse, pero Sukuna fue mucho más rápido -y más fuerte-, sujetándolo por los hombros y manteniéndolo quieto.

— ¿Qué...? ¿Qué me has hecho? ¿Dónde diablos está Itadori?

—Oh, ¿te refieres a ese pobre idiota? Creo que no lo verás en mucho, mucho tiempo. Así que tendrás que empezar a acostumbrarte a que yo te haga compañía... Y quizá un poco más también. Después de todo, eso es lo que quieres de ese chico todas las noches, ¿no?

Megumi solo miraba en completo horror como Sukuna se inclinaba cada vez más sobre él y, cuando prácticamente estaba rozando sus labios y su aliento pútrido llenaba las fosas nasales del hechicero de cabello negro, este exclamó, casi en un hilo de voz:

—Bésame... Bésame o mátame. Decidas lo que decidas, hazlo ahora. No puedo... no puedo soportar más esto...

El pecho de Megumi se apretó dolorosamente cuando se dio cuenta de que algo más que la lengua de Sukuna estaba siendo introducido en su boca. No supo nada después de eso, porque la oscuridad literalmente lo tragó, solo para regresar cuando sintió unas manos que conocía muy bien sacudiendo sus hombros y dos voces desesperadas, la masculina incluso más que la femenina, rogándole que despertara.

 ¡Fushiguro, por Dios, despierta! ¿Qué sucedió?

—I-Itadori... Yuji, por todos los cielos, estas... Estas a salvo...

Megumi ignoró categóricamente la sensación de electricidad que atravesó su espalda apenas comenzó a incorporarse. Estaba tan desesperado como el muchacho frente a él, o como lo había estado la mujer a un par de pasos de ambos, quien sólo entonces pudo ofrecer a su amigo una pequeña, aunque genuina sonrisa de alivio que de todos modos no ocultaba su preocupación por el estado de Fushiguro.

—Creo que ambos necesitan un momento a solas ahora, Itadori... —dijo entonces Shoko Ieiri —Pero volveré en un par de horas a cambiar esos vendajes. Luego deberás descansar al menos por lo que resta del día, Megumi, ¿entiendes?

—Por supuesto, Shoko-san... Muchas... Muchas gracias. Y por favor, dele las gracias también a Nanami-san...

Tanto Yuji como la médica de cabello castaño café se sorprendieron de que el joven de ojos azules pudiera recordar quien lo había hallado en el sitio de la batalla para luego llevarlo allí. Gojo Satoru no había llegado a tiempo, después de que dos sujetos se interpusieron en su camino y el de Maki Zenin justamente para asistirlo. Aunque, pensándolo bien, aún estaba consciente cuando el hechicero rubio de gafas llegó a donde se encontraba oculta, junto a Toge Inumaki, quien le estaba sirviendo de 'custodia'. El joven albino de ojos púrpuras se había marchado poco después. Sin embargo, sacudiéndose sus pensamientos, Shoko una vez más se despidió de sus amigos y le pidió a Yuji que le hiciera saber cualquier cosa que pudieran necesitar. La pareja asintió en agradecimiento y, un momento después, se fue.

—Me asustaste hace un momento, Megumi. ¿Estás seguro de que estás bien? Parecía una pesadilla bastante desagradable...

—No estoy... no estoy seguro de nada más en este momento, excepto que necesito... te necesito, Yuji...

El hechicero de cabello rosado sabía lo que significaban esas palabras. Y con mucho gusto cumpliría el deseo de su amado. Así, inclinándose lentamente sobre él, tomó el rostro de Megumi con una de sus manos para luego plantarle un beso que parecía demasiado ansiado por ambos, pues no se apartaron durante un largo tiempo. Fushiguro incluso colocó una mano en la nuca de Itadori para acercarlo aún más a su rostro y profundizar el beso. Mientras lo hacían, un suave rubor rojizo coloreó sus mejillas. Un momento después, fue Yuji -el que inició el beso- quien decidió terminarlo, todavía sosteniendo el rostro de su novio entre sus manos pero dándole suficiente espacio para respirar. El rostro ligeramente sudoroso de Megumi tenía una amplia sonrisa plasmada en él. Después de esa horrible pesadilla, delirio febril o lo que fuera, el beso de su novio siempre era lo único que podía aliviarlo.

—Muchachos...

Ieiri llamó desde la entrada de la habitación, haciendo que ambos amantes dejen escapar una exclamación de sorpresa al darse cuenta de que llevaban casi dos horas besándose. Como si hubiera adivinado sus pensamientos, la hechicera médica sonrió, cubriéndose parcialmente los labios, para luego explicar que había terminado sus otras tareas más temprano y por eso había decidido tomar esa limpieza y reparar las heridas de su 'paciente' en ese momento.

—Sin embargo... —señaló mirando a Itadori —no es necesario que te vayas. Después de todo, no sólo ustedes dos están juntos ahora, sino que también estuvieron juntos en mi pabellón cuando eran más jóvenes, ¿no? En otras palabras, no haré nada diferente a lo que ya me has visto hacer cientos de veces...

Yuji asintió con una sonrisa. No sabría por qué, pero un nudo amenazaba con formarse en su garganta desde que encontró a Fushiguro en el estado en el que lo había encontrado al llegar. Era una sensación opresiva como si algo pudiera ocurrirle si lo dejaba solo. O tal vez era la culpa de saber quién era el responsable de las heridas de su novio. Ese era él; o mejor dicho, Sukuna. Fue bruscamente sacado de sus pensamientos por la voz de Megumi llamándolo bastante débilmente y con su voz bastante ronca. Cuando Yuji se acercó a él, tomó un vaso de agua de la mesita de noche y se lo entregó al hechicero de cabello negro mientras colocaba una mano sobre su espalda desnuda y recién vendada.

—No hables ahora; bebe esto. Tendremos mucho tiempo para hablar, pero en este mismo momento necesitas dormir...

 Tendremos mucho tiempo para hablar, pero en este mismo momento necesitas dormir

El sueño llegó pacíficamente para Megumi esa noche. Aunque puede que haya sido en parte porque un par de brazos lo mantenían cerca del corazón rítmico de su dueño, por el contrario, despierto. El hechicero de ojos azules se despertó alrededor de las 9 de la mañana, con el sonido de la lluvia cayendo afuera y, sin saber por qué, sonrió. No creía en eso de que la lluvia pudiera traer recuerdos nostálgicos a la mente pero, por alguna razón, sucedió en su caso. Recordó su primer beso, precisamente, bajo una llovizna que luego se convertiría en una lluvia bastante intensa. Y lo que además llevaría a uno de ellos a guardar reposo en cama durante una semana. Pero esa era otra historia, al menos para ellos.

Flashback

— ¿Sabes que?

Dijo Fushiguro mientras se acercaba a Yuji lentamente y, curiosamente para él, de manera bastante seductora. Sobre sus cabezas, la llovizna que caía hasta ese momento se intensificó lenta pero seguramente.

—Besarnos bajo la lluvia sería muy romántico si uno de los dos no acabará con neumonía...

Esas palabras no detendrían a Itadori. Tampoco detuvieron a Fushiguro. ¡Al diablo con las posibles consecuencias que su audacia pudiera traerles! Anhelaban demostrarse mutuamente cuánto se amaban, ahora que habían encontrado el coraje para confesar sus verdaderos sentimientos.

Sin embargo, la advertencia de Megumi se haría realidad. Y él mismo terminaría siendo víctima de sus propias palabras, ya que, después de pasar la noche juntos, sin detenerse siquiera a bañarse y quitarse la ropa mojada, Itadori fue despertado por un sonido no demasiado agradable a su izquierda.

— ¿Mmmm? ¿Megumi? ¿Estás bien?

—Y-yo creo... creo que lo estoy...

Un repentino y fuerte ataque de tos lo asaltó en ese momento y siseó. Cuando el hechicero de cabello rosado le preguntó una vez más si se encontraba bien, el de ojos azules no respondió, tratando desesperadamente de recuperar el aliento. Sin embargo, un par de agonizantes segundos después, se recostó con una mano en el pecho y susurró:

—Yo... creo que mis propias palabras se volvieron en mi contra, ¿verdad?

Yuji sólo le pidió a Fushiguro que no forzara aún más la garganta, ya que estaba claro que le dolía demasiado. Luego, se levantó de la cama y anunció que le traería algo caliente para comer, pues ya era casi la hora del almuerzo.

—Está bien... Itadori... Una taza de té estará bien por ahora. No tengo mucho apetito...

Durante el resto de la semana, Yuji cuido diligentemente de su novio. Aun a pesar de las sugerencias de sus amigas Maki y Nobara, e incluso de Gojo Satoru, su sensei, para que le permitieran relevarlo al menos un par de horas para que también él pudiera descansar.

Fin del Flashback

Fushiguro suspiró profundamente en sueños cuando ese recuerdo cruzó por su mente. Un momento después, decidió levantarse, aunque no despertó a Yuji y, en cambio, decidió bajar solo al comedor para desayunar con sus amigos. Sus heridas, la mayoría bastante recientes, todavía dolían, pero el dolor era un poco más soportable después de una buena noche de sueño como la que había tenido. Especialmente, en compañía de su persona más importante.

—Fushiguro...

Llegó la voz siempre alegre de su sensei mientras el hechicero de cabello blanco-azulado, con sus ojos ocultos esta vez tras gafas oscuras, lo saludaba levantando una mano. Con él estaban todos los miembros restantes de su grupo habitual. Incluyendo a Nanami Kento y el Panda gigante que siempre acompañaba a Maki Zenin y Toge Inumaki. Sin embargo, el usuario del Discurso Maldito de cabello albino y ojos morados y el hechicero rubio de primera clase con gafas se fueron poco después de que Megumi decidiera agradecer personalmente su ayuda:

—Estoy bastante seguro de que tú o Yuji hubieran hecho lo mismo por cualquiera de nosotros... —dijo Nanami antes de darle la espalda a Megumi —De todos modos, eso es lo mínimo que podríamos haber hecho bajo esas circunstancias...

En ese momento, todos -incluido Kento- se dieron cuenta de que Fushiguro estaba solo. Por ende, incapaz de ocultar su preocupación, Nobara Kugisaki le preguntó al hechicero de cabello negro por Itadori. Más bien, si estaba bien, señalando que era extraño por su parte no unirse a ellos en su primera sesión de entrenamiento. Megumi sacudió la cabeza y suspiró antes de responder:

—Él está bien, no te preocupes. Es solo que... aparentemente se quedó despierto hasta altas horas de la noche conmigo otra vez. Entonces déjalo descansar por hoy, ¿de acuerdo?

Maki y Kugisaki abrieron enormemente los ojos. Sin embargo, Gojo decidió 'cortar' ese ambiente antes de que se volviera deprimente y, batiendo palmas un par de veces, sugirió que comenzaran de inmediato el entrenamiento. A menos, claro, que Fushiguro necesite aún unas horas más de descanso.

—Solo siento algo de dolor aun, pero necesito algo de aire en este momento. Deberíamos volver a entrenar con armas malditas, ¿no es así?

Maki le devolvió una mirada significativa, arqueando una ceja. Como nuevo líder del Clan Zenin era, junto a ella, el único autorizado a ingresar en los depósitos en los que estaban guardadas dichas armas. Aunque era extraño en el utilizarlas en batalla mientras pudiera recurrir a su técnica de Diez Sombras. A cualquiera de sus shikigami.

Un berrinche patético e infantil

Un berrinche patético e infantil. Esa fue la única manera que Megumi, y Nobara también, pudieron encontrar para describir la escena que hizo Itadori cuando, a mitad de su entrenamiento, apareció solo para darse cuenta de que habían comenzado sin esperarlo. El hechicero de cabello negro miró de su amiga de ojos almendrados a la mujer con gafas a su izquierda y asintió, señalando que él se encargaría de esa situación. A eso, y en un tono bastante irónico, Maki respondió diciendo que tenía una idea de cómo lidiaría con eso, para luego ofrecerle una sonrisa y pedirle que fuera al depósito de armas a buscar las armas que usarían para entrenamiento una vez que ese breve descanso terminara.

Durante todo el camino hasta el almacén del Clan Zenin, dentro de la propia academia de hechicería, Yuji continuó protestando contra su novio por no haberlo despertado para entrenar, alegando que bien podría ser físicamente más fuerte que él, pero que eso era mayormente gracias a la energía maldita de Sukuna. En otras palabras, todavía necesitaba entrenamiento físico. Fushiguro suspiró, profunda y ruidosamente, como para hacerle notar a su novio que estaba cansado de que le recordaran eso. Hasta que, en una actitud que tomó completamente por sorpresa a Itadori, lo arrinconó contra el grueso tronco de un árbol cercano y, con la boca peligrosamente cerca -o quizás no tanto- de la de su novio, exclamó con fingida ira:

—Si no te callas ahora, ¡te voy a besar!

Y, de hecho, intentó hacerlo, aunque rápidamente se abstuvo y, en cambio, dándole la espalda a Yuji, dijo:

—Vamos, antes de que venga el sensei o Maki-san y descubran por qué tardamos tanto...

Una vez dentro del almacén, y mientras Megumi miraba las armas, buscando las más apropiadas para llevar, Itadori se le acercó por detrás y, apoyando la barbilla en su hombro, le dijo, en voz baja, casi seductora:

—Podríamos aprovechar ahora, ¿no crees? No hay nadie aquí, nadie se enterara...

Megumi habría reiterado su advertencia anterior si no fuera por el hecho de que él también quería lo mismo en ese momento. Siempre sería Yuji quien tomaría la iniciativa, y él lo prefería así. Por eso, importándole muy poco el desastre que pudieran causar, Fushiguro volvió a arrinconar a su novio contra una pared, esta vez, besándolo profundamente, sin siquiera detenerse a tomar aire. A decir verdad, lo necesitaba; ambos lo necesitaban. Sólo el sonido del teléfono celular de Megumi los detuvo, lo que provocó que Yuji le hiciera un puchero mientras se alejaba de él, protestando porque siempre llevaba el dispositivo con él.

—Es Kugisaki. Creo que deberíamos irnos ahora. Después de todo... —dejó un último beso, más rápido y breve, en los labios de su novio —Podemos seguir con esto en la noche, ¿no?

—De eso no hay duda... —respondió el hechicero de cabello rosado —No te dejaré escapar, Fushiguro...

— ¿Quién dijo que lo haría?

Se dio la vuelta antes de que Yuji notara el rubor que comenzaba a asomar en sus mejillas naturalmente niveas.

Regresaron junto al resto del grupo, solo para encontrarse con Nobara y Maki de pie, viéndolos fijamente con sus manos en las caderas y una ceja arqueada. Luego, haciendo ademán de mirar la hora en su reloj (algo que jamás utilizaba), la hechicera de cabello castaño inquirió si esas eran horas de llegar, señalando con evidente sarcasmo que estaban a punto de abandonar el entrenamiento, considerando que no podrían continuar sin el instrumento principal. Es decir, las armas malditas.

—En fin... —dijo Nobara tras mantener esa misma postura ante sus amigos por un largo tiempo — ¿Comenzamos de una vez?

La pareja asintió, acompañando a las dos mujeres hacia donde se encontraba el resto del grupo.

Estaban a mitad de su entrenamiento cuando Gojou lo interrumpió y anunció que cambiarían el método de la práctica individual a combates uno a uno. Megumi, obviamente, fue emparejado con Itadori y cada uno sostenía una espada. Aunque vacilante al principio, su práctica extrañamente se volvió un poco más tensa a medida que pasaba el tiempo. Y pronto todos se dieron cuenta del porqué; especialmente Megumi, Gojou y Nobara. Cuanto más se acercaban durante la práctica, más adrenalina recorría el cuerpo de Itadori. Hasta que, ya fuera con su conocimiento o inconscientemente, Sukuna tomó el control de su cuerpo. Imbuyendo el arma en su mano con energía maldita, apuntó deliberadamente a Fushiguro, quien, conmocionado (y paralizado) como estaba, no pudo reaccionar a tiempo y recibió un corte recto en el pecho y el hombro izquierdo.

— ¡Fusiguro!

Maki exclamó desesperadamente mientras caminaba hacia el pelinegro que estaba de rodillas. Presionando una mano contra la herida que sangraba profusamente, sin importarle muy poco la sangre que manchaba su ropa, se acuclilló junto a su amigo y dijo, con la desesperación aún más evidente en su voz:

— ¡Resiste, por favor! Te llevaré con Shoko-san ahora mismo, o no llegaremos a tiempo...

Antes de irse, miró hacia donde estaba Itadori y se dio cuenta, para su total sorpresa, de que había vuelto a ser el mismo de siempre. Y que, por otro lado, se quedaba mirando estupefacto -más bien, aterrado- la escena.

— ¿Yuji? —Llamó Megumi, mientras intentaba sentarse —Yu-Yuji, por favor... no... no te preocupes por esto, yo... estaré bien...

Fue una fracción de segundo. Antes de que pudiera siquiera darse cuenta, y mucho menos sisear por la presión aplicada sobre su herida demasiado reciente, Megumi estaba siendo llevado de regreso al interior de la academia en los brazos de su novio, cuya respiración y pulso eran extremadamente irregulares. Casi como si fuera a quebrarse en cualquier momento.

Entrando al edificio a toda prisa, a pesar de la advertencia de Fushiguro de que mantuviera la calma, el hechicero de cabello rosado corrió hacia la oficina de Shoko Ieiri. Cuando la mujer de cabello castaño lo vio y, especialmente, cuando vio a Megumi en sus brazos, jadeando por aire y presionando fuertemente su herida con una mano ensangrentada, rápidamente le indicó a Yuji que lo recostara en la camilla y se fuera, señalando que, esta vez, realmente necesitaba estar concentrada para poder examinar a fondo las heridas del hombre de ojos azules y encontrar la mejor manera de curarlo.

—Sin embargo... —dijo mirando fijamente a Itadori —Puedo ver claramente que se trata de una herida contundente muy grave. Pero todos ustedes, especialmente Megumi, son muy hábiles en el uso de esa clase de armas. Tendrás que explicarme cómo pasó esto, Yuji...

El hechicero de cabello rosado bajó la cabeza y asintió, suplicándole, en una voz no sólo apenas por encima de un susurro, sino también quebrada, ronca, que hiciera lo mejor que pudiera para salvar a Megumi.

—Por supuesto que lo haré... —aseguró la mujer, asintiendo gravemente —Ustedes son mis amigos y, además, es mi deber...

Saliendo rápidamente de allí, Itadori se recargó en la pared contigua como si sus fuerzas se hubieran desvanecido de pronto y, cerrando su mano derecha en un puño, golpeó con fuerza la pared.

—Resiste, Megumi, por favor... No se... No se que haría sin ti...

Algo se sentía extraño con él

Algo se sentía extraño con él. Nuevamente, como sucedió hace un par de días, tuvo la extraña sensación de que alguien había intentado penetrar su cuerpo por la fuerza. Aunque esta vez había algo diferente. Megumi no podía sentir ni oír nada a su alrededor. Y cuando abrió los ojos, se dio cuenta de que parecía estar flotando en medio de un vacío oscuro. ¿Qué estaba pasando? Un momento después, una voz que conocía muy bien llegó a sus oídos, repitiendo la misma frase que había escuchado la última vez. Que no volvería a ver a Itadori. Aunque la voz ahora añadió que él mismo ahora era propiedad de quienquiera que fuera ese misterioso ser. Más bien, que su cuerpo, su alma y, obviamente, su energía maldita le pertenecían. Y en ese momento Fushiguro entró en pánico. Esa voz sólo podía pertenecer a una persona y sus palabras sólo podían significar una cosa. Era Sukuna, y el peor de los casos que tanto había temido que ocurriera finalmente se había hecho realidad. El demonio se había apoderado de su cuerpo. Intentó gritar pero, apenas abrió la boca, otra mano, esta más delgada y femenina, le abofeteó la cara, mientras su dueña exclamaba que simplemente estaba delirando y que nada de lo que había vivido había sido cierto. Y nunca lo sería. Luego, un par de brazos fuertes y cálidos lo sostuvieron contra el pecho de su dueño. Y Megumi finalmente fue libre de quebrarse mientras abría los ojos lentamente.

—Sí... —Dijo Itadori, mientras sus propios ojos se llenaban de lágrimas aún no derramadas —Sí, Megumi; llora, grita todo lo que necesites. Fue solo una pesadilla. Él nunca te hará daño de esa manera; y si alguna vez lo intenta, terminaré con mi vida antes de que él siquiera piense en ello...

—Tampoco dejaría que nada te pasara a ti ni a Itadori... —intervino Satoru, su voz inusualmente seria para como solía expresarse —Y, por cierto, deberías agradecerle por traerte aquí, Fushiguro. Yuji estaba desesperado, debiste haberlo visto cuando te vio sangrando en el suelo...

El hechicero de cabello negro miró a su novio y, colocando una mano en su mejilla, le dijo, con la voz aún cansada y temblorosa:

—Gracias... Gracias por salvarme la vida...

Sus rostros se acercaron más y más cuando su sensei y Shoko finalmente decidieron dejarlos a solas. Un momento después, Yuji le ofreció a Megumi una sonrisa arrepentida que el otro cubrió instantáneamente con un breve y casto beso, hasta que el hechicero de cabello rosado tomó el rostro de su novio con ambas manos y, eliminando la escasa distancia entre ellos, dijo prácticamente con su labios sobre los de Fushiguro, con sus respiraciones mezclándose entre sí:

—Perdón por todo. Pero... no me disculparé por esto...

Y en ese momento le dio a su novio el beso más sincero, sentido y, sobre todo, apasionado que jamás le había dado. Hacer el amor podría esperar. No sólo hasta el día siguiente, una vez que Megumi haya descansado bien. En lo que a ellos respectaba, bien podría esperar meses, o incluso años. Esos besos les bastaban por el momento. Rompieron el beso después de unos minutos, cuando Nobara entró a la habitación, llevando una bandeja con té y algo de fruta para ambos, señalando que Shoko había mencionado que, al menos hasta que se recuperara en su mayor parte, sería mejor que Megumi comiera alimentos ligeros y saludables. Y las frutas eran sin duda la mejor elección en ese momento. Cuando la joven hechicera volvió a dejarlos solos, decidieron comer al estilo de una película bastante famosa. Así fue que Itadori se metió un trozo de fruta bastante grande en la boca y, acercándose a su novio, lo instó a comer por el extremo opuesto. Hasta que sus labios se encontraron pero, a diferencia de la escena de la película, ellos sí se besaron. No tendrían mucho tiempo juntos en esa ocasión, ya que Itadori había sido convocado para acompañar a Maki y Nanami a una misión. Así, cuando se puso de pie, y antes de darle la espalda a Megumi, lo besó por última vez.

— ¿Y eso por qué fue, Itadori?

Preguntó el de ojos azules sin una pizca de curiosidad en su tono. Yuji sonrió y dijo:

—No quería irme sin saber a qué saben tus labios...

Le guiñó un ojo y luego se fue sin decir mucho.

Notes:

¡Mis amores! He llegado al final de este reto, el cual ha sido maravilloso escribir.

DustySunflower44, DarkLoveEmpress, GONSY23, Alei_sama89, Duplica_Bishop y Rox, realmente ha sido un placer, por una vez, completar uno de estos retos. Solo espero que haya cumplido las reglas.

Nos vemos en el próximo!

PD: La pequeña referencia cuando están comiendo y se besan es de 'La Dama y el Vagabundo', si alguien recuerda esa escena o vio la peli.

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