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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-12-01
Words:
1,262
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
28
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2
Hits:
177

Spiced

Summary:

Nishinoya descubre quién desprende el aroma que tanto le gusta y que ha seguido por un año.

 

Esta historia participa en el reto #Omegacember de la fanpage @EsDeFanfics en Fb.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

(Aroma)

Ω♥ Spiced ♥Ω

 

A partir de su segundo año, Yuu comenzó a percibir que un aroma inquietante se instalaba en el gimnasio nada más terminar la práctica. Era tan esquivo e inconstante, que no se atrevía a señalar su existencia con los otros miembros del equipo. O quizá no quería compartirlo. Si conseguía ser más astuto que nadie llegaría el momento en que descubriese su misterioso origen y sería sólo para él. ¿El qué? Bueno, ello era parte del emocionante relato que se contaba a sí mismo.


Podía tratarse de muchas cosas, provenir de muchos lugares. Tal vez una casa en el vecindario, las oficinas de la escuela o del taller de teatro —que tenía jornadas tan largas como las del club de vóley—. Nishinoya no lo sabía todavía, pero con el tiempo adivinó sus ingredientes: café dulce y especiado y nuez moscada.


Una tarde, interrumpido su entrenamiento de tajo por orden de Ukai, volvió a sentirlo con redobladas fuerzas, tan denso que casi podía ver su vapor. Sin embargo quiso dejar el tema para otro día, pues había sido un día difícil para su estrella.


Nishinoya se apresuró a llegar con él a las bancas para hablarle, quizás acompañarlo a casa u ofrecerle algún consejo. No contó con que éste diese un paso hacia atrás instigado por Sugawara, que le propinó un golpe con la toalla. 


Nishinoya no tuvo ocasión de disminuir el ritmo de su paso y acabó impactándose en la espalda transpirada de Asahi.


—¡... L-lo siento! —exclamó Azumane volviendo, en una fracción de segundo, los dos brazos hacia atrás en un vertiginoso reflejo, sujetando a quien fuese contra su propio cuerpo.— ¡Suga! —lo reprendió avergonzado ni bien recuperó el equilibrio.


— Ah, es solo Noya —contestó el aludido, riéndose.


Asahi, aterrado de haber lastimado a su pequeño líbero, giró sobre sus talones para cerciorarse:


—¡Noya... Noya! —lo llamó reclinándose un poco, tocándole los hombros con cautela, pues Yuu trastabilló llevándose las manos a la boca.— ¿Estás bien?, ¿te traigo algo de hielo?, ¿quieres sentarte?


Nishinoya parpadeó, incrédulo, con el corazón a un enloquecido trote. El aroma se le había quedado prendido en los dedos, en la punta de su nariz y en el surco de los labios. 
Era Azumane. Siempre tuvo al responsable frente a él.


Tal revelación le arrebató el agotamiento entero del cuerpo. Una descarga de adrenalina le atravesó el rostro con una ansiosa y trémula sonrisa. Estaba listo para saltar al cuello de su estrella y zambullirse sin retorno en él. Miró a Asahi allí delante con una rodilla plantada en el suelo, palpando sus brazos y costados para buscar un signo de dolor:


— Te encontré —dijo Yuu, radiante de felicidad, revelando un hilo de sangre bajo sus palmas.


Azumane no lo comprendió y, al advertir el estado de Nishinoya su sobresalto hizo que reservara toda pregunta de inmediato. Voceó por el auxilio de Yachi, quien se ocupó diligentemente de traer de regreso a Ukai y hacer que Yuu sostuviese un paño frío tendido en una banca:


— L-lo lamento mucho, entrenador —escuchaba, sin embargo, Yuu desde su lugar junto a la mánager— he intentado toda clase de inhibidores, pero aún no encuentro el adecuado...


Ukai se frotó el entrecejo con una mano en la cadera. Estaba habituado al bullicio de sus discípulos, mas nada le preparó para una situación parecida. Compaginar la floreciente adultez  de Asahi y las expectativas académicas y del club sobre su puesto como estrella iba a convertirse en una tarea faraónica:


— Voy a necesitar que mañana traigas a tus padres...


La discusión con el entrenador se prolongó. Tenía muchas preguntas y Asahi poquísimas respuestas. Sopesó la probabilidad de que, a esas horas, en el gimnasio serían sólo él, los balones desperdigados y la fregona. 


Se equivocó.


Nishinoya cerraba ya las puertas del almacén cuando sus ojos se hallaron desde el otro lado de la cancha:


— ¿Estabas esperándome? —quiso saber Asahi, ruborizado—, ¿cómo te sientes?


— Mejor que nunca —se carcajeó Yuu, guardándose las llaves del recinto en un bolsillo del pantalón corto—, ¿nos vamos?


Ambos subieron apremiados por la noche a donde las taquillas para cambiarse. Yuu abrió el compartimento que le correspondía y alargó una mano a su camisa puesta sin cuidado allí:


— Cuando dijiste "te encontré", —murmuró Azumane quien, después de ser confrontado por el entrenador debido a su evidente aroma, necesitaba escuchar la verdad de su líbero— ¿...te referías a ...? 


— Síp —contestó Nishinoya, abotonándose—, he seguido tu olor por algún tiempo... realmente me gusta.


— ¿C-cómo, te gusta? —Azumane opinaba distinto. Un aroma atado a ineludibles reminiscencias del mundo adulto no favorecía a su aspecto intimidante y serio.


— Mucho —rió—. Y estoy muy feliz de que te pertenezca, Asahi.


La estrella de Karasuno mordió su labio inferior, apoyando el mentón en su pecho. Yuu le miró de soslayo, resistiendo sus ganas de abalanzársele:


— ¿Por qué...? —dijo, soltándose un mechón de cabello sobre la frente.


— Eres mi estrella, —obvió dedicándole una de esas inmensas sonrisas— ¿cómo no voy a sentirme así? 


Asahi, inmóvil, oyó acercarse los pasos de Nishinoya. 


— Oh, ahí está de nuevo.


— ¡Noya! —le increpó Azumane con el semblante encendido. El lenguaje de su esencia no le permitía mentir, y él estaba contento de oír los halagos de su líbero.— No te rías... —dijo, contagiado de ella.


— Ey, ¿quieres practicar un rato más? Conozco un lugar en- 


— ¿Seguro? —respondió acariciando su cabeza.— Hoy no me parece que esté en forma...


Nishinoya saltó de la mano de su estrella, pleno y radiante: no iba a permitir que se marchara a casa después de aquel desastroso día de práctica pues, aunque no se lo dijera, Yuu podía intuir su desasosiego con el resultado de ésa tarde.


— ¡Sí, yo te animaré, Asahi!  


Azumane acabó pronto de cambiarse, se caló su mochila al hombro y anunció:


— De acuerdo, estoy listo.


—  Oye, Asahi —dijo Nishinoya señalando el interior de su taquilla, cuya portecilla seguía entornada a espaldas de su estrella— ¿te importa si yo... me la quedo?


— ¿Qué cosa...? —Asahi se giró para averiguar el motivo de su petición. Era ésa playera blanca del entrenamiento vuelta una pelota como recordatorio de su estado— T-te daré una limpia, ¿sí? —resolvió cerrando con estruendo.


— Pero yo quiero ésa —objetó Yuu.


— Está usada y-


— Ya lo sé, no soy idiota.


Asahi se las apañó para sacarle de allí sin la prenda, depositando sus esperanzas en que se le olvidaría tras un rato de juego y apuestas, sin embargo Nishinoya se percató de sus planes y sentenció:


— Muy bien, entonces tendré la que llevas puesta justo ahora.


Azumane se detuvo un momento para desprenderse del coletero en su cabello, tomar una mano de Nishinoya y así calzárselo como una pulsera; Yuu, inmovilizado por la sorpresa, no podía precisar qué había sido más cautivador, si la imagen de su estrella con el pelo abajo o la gentileza con que colocó la cinta violeta en su muñeca.


— ¿... Qué te parece esto? 


Nishinoya miró el obsequio de Asahi con el arrobo en que se contempla una maravilla de la naturaleza. Tragó, ruborizándose. Se acercó la mano al rostro para olfatearla, los ojos cerrados. Asahi apartó la vista, las piernas trémulas e implorantes. Quería escapar, distanciarse, nunca ser encontrado de nuevo. 


— Es perfecta, Asahi —sonrió Yuu, levantando la mirada a su estrella— puedo traerla conmigo siempre... gracias.


Azumane, transpirado y con el cuello colorado, asintió mecánicamente.


— Quise decir que no voy a regresártela, ¿eh?


— ¡E-está bien, Noya, yo-! —balbuceó dándose cuenta de su audacia con el pequeño líbero.


Nishinoya rió, invitándole a seguirle por el camino al sitio prometido:


— Entonces, ¿preparado para rematar?

 

 

Notes:

alch quedó bien cursi, pero eso no me quita lo punk ♥