Work Text:
Si hay algo de lo que carece Doflamingo es de decencia, y no, no es que el hombre fuera un idiota que no se sabía comportar, el cabrón era hasta cierto diplomático y tenía ese aire aristócrata tal vez producto de su infancia cuando le inculcaron modales antes de que su padre perdiera la cabeza y cometiera estúpides tras estúpides, era educado, refinado, sumamente carismático y tenía una lengua que sabía usar muy bien.
Suspiro disimuladamente cerrando los ojos mientras apretaba las piernas bajo la mesa y fingía indiferencia mientras la mano de él rubio subía por su muslo en caricias nada tímidas ir directo a su entrepierna mientras charlaban de negocios con un nuevo par de inversionistas en aquella cena.
Sonrió y dio un sorbo a su copa de vino deteniendo la mano de su prometido y obteniendo una sonrisa socarrona de su parte antes de que este volviera nuevamente a dirigir su atención al beta frente a él hablando de números y dejándolo en paz por otros cinco minutos exactos antes de volver a las caricias.
Bufo y conto mentalmente mientras abría lentamente las piernas y sintió los dedos moviéndose ágilmente por su ingle hasta la entrepierna.
Autocontrol.
Tuvo que morderse el interior de su mejilla mientras la palma del rubio hizo una ligera presión sobre su miembro y tembló con disimulo.
—La vida es corta, somos ricos ¿Por qué no correr riesgos? ¿Qué es lo que puedes perder? —
Tal vez para el beta con el que charlaban pasara desapercibido, pero el tono que uso Doflamingo tenía esa entonación grave que usaba cuando ambos estaban en pleno coito sin contar el doble sentido y la sonrisa fugaz que le dedico mientras fingía hablar de negocios. Dio otro sorbo a su bebida y miro hacia otro lado manteniendo silencio la mayor parte de la cena hablando solamente cuando le dirigían la palabra.
—Vamos a bailar—
El alivio vino con aquel ofrecimiento y tomo la mano del rubio que le guío a la pista de baile justo cuando comenzaba una nueva melodía.
—¿Quieres comportarte? —
Le riño al menor que solo sonrió divertido alegando que esa fiesta era demasiado aburrida y solo buscaba distraerse.
—No es como si fueras a saltar sobre la mesa e hiciéramos algo indecente—
Respondió jovial siendo guiado por la música que se escuchaba fuerte y clara en aquel salón moviéndose con soltura entre los demás bailarines que seguían el mismo ritmo que ellos.
—Después de todo eres un caballero… ¿O no? Sir Crocodile de Arabasta—
No supo si gruño o suspiro, este mocoso tenía bastantes agallas y pudo sentir un roce nada discreto en su entrepierna que lo congelo unas milésimas de segundo haciendo reír al rubio.
La idea de darle una lección al omega paso por su cabeza, pero más allá de ese “accidente” el baile transcurrió sin problemas hasta que tuvieron que regresar a la mesa ahora sola.
Sabía que tal vez asistir a aquella cena no había sido lo más sensato de su parte, pero era el primer evento al que asistía junto con Doflamingo como una pareja de forma oficial y a Doffy le gustaban las fiestas… Eso le había dicho su hermano menor, sin embargo, se le olvido agregar que no ese tipo de fiestas y si le sumaba el hecho de que al parecer el rubio estaba lo suficientemente aburrido como para estar provocándole en cada mínima oportunidad mientras él estaba en pleno estro…
—Bien te daré un respiro, mantendré mis manos quietas—
La promesa fue sincera después de que soltara un gruñido lo bastante molesto como para que el menor se estuviera quieto.
“Contrólate”
Se dijo a si mismo veinte minutos después cuando detecto el aroma del omega del otro lado del enorme salón mientras charlaba con otras personas, sus miradas se cruzaron unos segundos y lo vio sonreír con ese descaro que lo caracterizaba y le guiño un ojo.
Nunca había tenido problemas en controlarse, ni siquiera había requerido de usar algún tipo de supresor, pero desde que conociera a Doflamingo todo su mundo había dado un giro de 180° y es que el menor era una tentación andante y se había descubierto mas de una vez no solo anhelando más contacto sino propiciándolo el mismo, sobraba decir que el menor estaba bastante complacido de ser el causante de todo eso.
Doflamingo era un joven omega proveniente de una familia en decadencia (gracias a su padre y sus estúpidas decisiones financieras y de vida).
El rubio y su hermano apenas habían logrado mantener la reputación de la familia y todos sabían que se debía al mayor que sabía jugar muy bien las cartas de seducción y tenía una mente brillante para los negocios, sin contar que era uno de los omegas mas solicitados desde que el chico se presentara como tal… después de todo ¿Quién no querría tener a un dragón celestial en su familia? Poco importaba que la fortuna familiar casi hubiera desaparecido, no dejaba de ser un diamante entre todas las demás rocas sin valor.
Su encuentro no había sido ni por asomo una coincidencia, tal parecía que el menor ya le tenía en la mira y si bien pudo rechazarlo el aroma que desprendía a canela y cereza le hizo agua la boca y movió algo dentro de el que le hizo aceptar la oferta de una relación que era mas de negocios que sentimental.
—Si me disculpan—
Se levanto de su asiento observando como el rubio desaparecía entre la gente saliendo del salón y el le siguió guiado por el sonido de una suave risa y el olor tentador entre los pasillos.
“Contrólate”
Volvió a repetir su cerebro, pero su alfa interno mando al carajo la orden gruñendo y sus ojos se adaptaron a la oscuridad del lugar para ver la silueta moverse hasta adentrarse a una de las habitaciones desalojadas del lugar, entro segundos después y unas manos le empujaron contra una pared.
—Pensé que eras mas fuerte que un par de truquitos de seducción—
La voz de Doflamingo iba cargada de burla, pero no le dejo reírse de el un momento mas cuando sus labios chocaron contra los del más alto.
—Te daré una lección—
Al diablo el autocontrol y la fiesta, Doflamingo se había buscado esto.
