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Las olas surcaban la arena lisa de la playa, el cántaro de las gaviotas predominaba en el ambiente amplio del cielo azul mientras que en la misma se podía observar una gran cantidad de gente disfrutando del resplandeciente sol sobre sus pieles desnudas.
La playa. Una extensión de tierra que las olas bañan y desocupan alternativamente hasta donde llegan en las más altas mareas.
Para algunos es un lugar excelente para poder despejarse, y quizás, para encontrar el amor. Pero ese no era el caso de Hanagaki Takemichi.
— Me quiero ir a casa.
— Oh vamos Takemichi, no seas aguafiestas.— comentó Chifuyu burlón, siendo ignorado por el mencionado al haberse quejado por quinta vez en el día.— En serio eres un otaku aguafiestas.
— Mira quien lo dice, el otaku que colecciona mangas shoujo desde los doce años.— respondió Takemichi con una sonrisa ladina para así cruzarse de brazos.
— ¡Pero al menos yo si estoy dispuesto a divertirme!.— exclamo el rubio con un leve rubor extendiéndose desde sus mejillas hasta las orejas.
— Ya, ya pero no te enojes... Solo estaba jugando Fuyu
— Ajá
Takemichi al estar finalmente fuera del transporte público soltó un jadeo al sentir plenamente los rayos del sol sobre su cabeza, calentándola debido que a esas horas el mismo irradiaba mayor calor e intensidad. Observó el panorama que podía ofrecerle la playa Saho y para ser su primera vez allí no estaba nada mal, incluso le habían dado ganas de bañarse.
Chifuyu le hizo un gesto con las manos indicándole que le siguiera, y sin queja alguna lo hizo, al estar bajando hacia el lugar concurrido fue que finalmente al acercarse cada vez más, el olor a agua salada inundo sus fosas nasales.
— Ahora si me dirás el porque estamos aquí.— preguntó el rubio teñido al lanzarse sobre la arena seca, sin importarle en lo más mínimo ensuciarse.— Simplemente me llamaste, y me dijiste que viniera con mi traje de baño pero nunca me comentaste el porque de todo esto... Se suponía que hoy terminaríamos nuestra revancha en la play 5.
— Bueno, fue porque... ¡Oh por Kousuke! ¡Allí esta!
Ni tiempo le dio al de ojos azules preguntar porque su mejor amigo se quitó inmediatamente la camisa para así quedar en un short verde neón y salir corriendo hacia la orilla del mar, Takemichi parpadeo confundido pero luego de visualizarlo junto a un chico de cabello largo y lacio de color negro fue que lo comprendió todo.
— Maldito traidor...— musitó al fijar su mirada en su amigo, quien no dejaba de sonreír al lado del otro chico que parecía ser un surfista por su vestimenta y tabla en mano.
El rubio teñido al ver que había sido abandonado por su acompañante, decide simplemente terminar de recostarse en la arena para así admirar las olas y centrarse únicamente en el sonido que la misma podía ofrecerle.
Al quedar mirando un tiempo pequeño la corriente del mar trazarse entre sí y desaparecer en la orilla entre tierra mojada y pies descalzos, Takemichi recordó por un instante un poema que había leído antes.
El mar mantiene su vaivén
Variable, e invariable.
Una brisa ligeramente fresca chocó inevitablemente en su rostro, y al sentirlo sus parpados se cerraron disfrutando de la agradable sensación. Sus ojos al abrirse nuevamente se centró únicamente en una ola grande.
Miro las aguas espumosas
Y luego transparentes,
suben y bajan en la playa,
Se estrellan en las rocas.
De ella pudo ver una sombra hacerse paso entre la ola en forma de tubo, y al agudizar su mirada un chico en una tabla dominaba la gran ola como si no fuese gran cosa. Una coleta rubia ceniza bailaba contra el viento mientras que su mano derecha dibujaba una línea recta en el agua.
A pesar de la distancia Takemichi fue capaz de visualizar una pequeña sonrisa en los labios finos del chico.
Tragó seco al no ser capaz de apartar la vista del mismo.
En apariencia son uniformes
En su movimiento,
pero la diversidad reina
En todos sus gestos.
El chico nadaba a la orilla sobre la tabla de surf a paso pausado y al mismo tiempo el chapoteo de la misma marcar de forma efímera el agua, al estar a poco de llegar a la orilla se levantó para así caminar hacia tierra firme y en el proceso coloco su tabla bajo el hombro de su lado derecho. Mientras más se acercaba, a los ojos de Takemichi se veía cada vez más perfecto, y lo que terminó por matarlo fue que apenas sus pies tocaron tierra, en un movimiento se zafó del moño que tenía para después dejar suelto su melena rubia contra el viento que pasaba.
Los ojos azules de Takemichi no podían estar más grandes, mientras que sus mejillas se sonrojaban con el pasar del tiempo.
El chico se acercó a otro chico alto con una trenza y tatuaje a su costado rapado, parecía muy entretenido hablando con el mismo porque hizo un mohín para así inflar sus mejillas pareciendo muy adorable a la vista del rubio teñido.
Soltó un suspiro suave sin darse cuenta de que ni siquiera hacía el esfuerzo de disimular su mirada, la misma que fue detectada al instante.
La mirada oscura del chico y la mirada azul del rubio teñido se encontraron, y apenas Takemichi recibió una sonrisa del mismo tomó lo primero que estaba a su alcance para después esconderse y morirse de la vergüenza detrás de un libro que estaba visiblemente al revés.
Takemichi escuchó una risa melodiosa a la lejanía, y al apartar un poco el libro fue que nuevamente visualizó que le saludaba en un pequeño gesto, sin querer ser descortés y quedarse como bobo mirando al mismo fue que le correspondió el saludo con nerviosismo presente.
Quizás, no fue tan mala idea el haber ido aquel día a la playa.
Una gaviota se escuchó sobre su cabeza e inevitablemente algo pegajoso le cayó en la cabeza, soltó un chillido disgustado mientras se tocaba buscando quitárselo, todo mientras escuchaba la misma risa melodiosa de hace un rato siendo acompañada de otra ajena, a lo mejor era del chico con trenza, y nuevamente Takemichi quiso que la tierra lo tragara.
FIN.
