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Recuerda haber limpiado con delicadeza las pequeñas gotas cristalinas de rocío que salían de esos maravillosos ojos verdes que lo miraron con tanta devoción como solían hacerlo en el pasado. También recuerda haber abrazado al español profundamente alejando de su persona todos esos fantasmas de tristeza y desolación que lo atormentaban después de descubrir por completo la verdad detrás de su huida hace más de trece años con una bebé en brazos.
Shura, el orgulloso caballero de Capricornio había sido sumamente valiente al aceptar sus errores del pasado para posteriormente presentarse en su templo y pedirle perdón de rodillas, algo sumamente innecesario, pues con su arrepentimiento sincero era suficiente, sin embargo, el caprino lo veía necesario.
Aioros suspiro, en medio de la noche de luna llena su vista estaba fija en el camino que llevaba hasta Capricornio donde quizá ahora mismo Shura descansa sin culpa alguna.
Después de mirar el décimo templo Aioros observa las estrellas que son opacadas por el brillo lunar, en el fondo se pregunta si su vecino finalmente ya logra ubicar con precisión las estrellas en el firmamento o si continúa confundiendo el planeta venus con una estrella de cualquier constelación como lo hacía cuando era pequeño.
Sagitario niega con la cabeza, es obvio que el décimo caballero ya no sigue siendo ese niño tímido y reservado que conoció, claro que no, ahora es todo un joven de aspecto atractivo y varonil con un sentido de justicia que antepone sobre cualquier cosa su devoción a la diosa Athena.
—¡¿Shura es un Omega?!— incrédulo exclama aquellas palabras.
—Sí, quizá yo tuve una reacción peor cuando me enteré en Asgard. Siendo sincero, siempre pensé que era un Alfa o un Beta, nunca indagué en su casta después de lo sucedido no quise saber ni el más mínimo detalle de su vida.— explica Aioria poniéndole una cucharada de azúcar a su café.
Aioros está sorprendido. Shura no le dijo ni una sola palabra sobre eso durante su conversación y bueno, cómo se lo iba a decir sí lo más importante en ese momento era demostrarle de cuán arrepentido estaba por su falta.
—¿Cómo te enteraste?
—Eso sucedió antes de entrar al ese misterioso bosque de Asgard llamado, Fimbulvetr.— responde, pero la mirada de Aioros le indica que quiere más detalles. —Luego de nuestra batalla, si se le puede llamar así, Shura le pidió unos supresores a Lyfia y se quedó de nuestro lado hasta llegar a Yggdrassil. Sentí levemente el olor a melocotón, pero yo supuse que sería de Lyfia, pero ella desprendía un olor a manzana, así que tuve que preguntarle directamente, a lo que muy apenado me respondió con una afirmación.
Así que no te acerques a él ni hagas ninguna tontería, eres un alfa que recién despierta de su letargo. Luego de lo sucedido hace años sería muy tonto que quisieras correr detrás de él como cuando éramos niños.
No, no me imaginó a mi hermano cortejando a su asesino.
—¡Ay, Aioria! ¡Qué cosas dices!— ríe de manera nerviosa.
Por supuesto que no quiere correr detrás de Shura, solo quiere conocerlo nuevamente para volver a ser los buenos amigos que fueron en el pasado, algo así como retomar su amistad.
—Pero gracias por decírmelo. Tomaré mis debidas precauciones sobre su casta.
Días después de haber conocido esa información sobre la casta de Shura, Aioros comienza a indagar más sobre si el Omega sufrió mucho durante su presentación, su periodo de apareamiento y sobre todo si ya tiene un Alfa a su lado.
Quisiera preguntarle tanto y a la vez no puede preguntarle nada. Shura no sale de Capricornio a menos que sea sumamente necesario, sus doncellas betas a su servicio se encargan de surtir la despensa o de hacerle cualquier mandado que él les encargué.
Y lo comprende, Shura siempre ha sido más de quedarse en su templo haciendo cualquier cosa, pero por lo menos debería acudir a algunos entrenamientos o salir a tomar aire… a divertirse.
Por eso se toma el atrevimiento de avanzar escaleras arriba, las advertencias de Aioria no le importan, solo quiere que Shura y él sean tan unidos como lo eran antes. Quiere recuperar a su amigo.
—Aioros de Sagitario.— su voz ha cambiado, ya no es dulce, pero sigue siendo igual de agradable al escuchar. —¿Requieres permiso para pasar por mi templo?
Su vista viaja por todo el templo de Capricornio que está decorado al gusto minimalista de Shura, al menos en ese aspecto no ha cambiado ni tampoco en tener su templo reluciente. Lo que le causa extrañeza es que no hay personas a su alrededor atendiendo al caballero.
—Sagitario.— ¡Oh! Llamarlo así es muy educado de su parte. —¿vas a ver a la ¹princesa Athena?
—Diosa Shura… Diosa.— lo corrige. —No quiero pensar que eso se debe a mi tonta explicación en el pasado. Lo siento, eras solo un niño y en tu país lo más cercano a una diosa era una princesa. Recuerdo que tú mismo me preguntaste si serías un caballero como los de las cruzadas o algo así. Fue una equivocación de parte mía tomar eso como ejemplo para explicarte el camino que debías seguir como caballero de la Diosa Athena.
Aunque no es la manera correcta de llamar a la diosa, Aioros siente nostalgia de que el Capricornio la llamé así.
Shura baja la mirada apenado, pero las palabras dichas con anterioridad son ciertas. Llama de esa manera a la divinidad porque de algún modo eso le recordaba a Aioros y a los excelentes días que pasaron juntos. —Lo siento. Así es, la diosa Athena.
—En cuanto a tu pregunta, no me dirijo hacia los aposentos de Athena o el patriarca. Estoy aquí porque quiero hablar contigo.
—¿Conmigo?— incrédulo el joven pelinegro se señala a sí mismo. —Pensé que ya habíamos aclarado todo entre nosotros.
—No es sobre eso. Es sobre nosotros.— Shura no lo comprende. —El asunto que quiero tratar contigo no es como caballeros que comparten una misma tragedia.— fuerza una sonrisa. —Más bien es sobre nuestra amistad.
Shura observa la réplica de la estatua de Athena que anteriormente tenía cuando todos lo llamaban "El caballero más fiel a la diosa Athena". Por palabras del propio Dohko de libra sabe que esa estatua ahora está aquí gracias a Shiryū. —¿Nuestra amistad?— una amarga sonrisa se revela en sus labios. —Dudo que aún quede algo de amistad entre nosotros dos cuando yo mismo me encargué de terminar con ella al desconfiar de ti.— sus ojos verdes no observan a Aioros directamente.
—Por favor, no digas eso.— el Alfa siente lastimar de alguna u otra manera con sus palabras al Omega.
—Tu perdón ya es suficiente para mí Aioros, pero desear recuperar nuestra amistad es…
—Shura, soy como alguien nuevo aquí, no conozco a nadie que no seas tú.
Con ningún otro caballero fui tan cercano como contigo, si alguien puede comprenderme ese eres tú y por eso me gustaría tratar de reconstruir esa amistad que teníamos.— le muestra una sincera sonrisa. —Para mí es difícil sentir que el tiempo ha pasado y que todo ha cambiado.
—Tal vez antes estaba bien que fuéramos amigos, pero ahora hay muchas cosas que cambian eso.
—¿Cómo cuáles?
Shura se da la media vuelta. —Hablemos de esto cómodamente.— invita al otro a adentrarse más al nuevo templo de Capricornio apenas reconstruido hace unos días antes de su regreso de Asgard.
Aioros lo sigue y luego de unos segundos toma asiento en una de las sillas de la mesa del comedor.
—¿No tienes servidumbre?— pregunta al ver como el capricornio sirve dos vasos de agua.
—No necesito a nadie, puedo hacer todo yo solo. A veces la servidumbre que ves pasar por tu templo es la de Camus y a ellas a veces les encargo lo qué necesito. Ha sido así poco después de que el falso patriarca Saga hiciera de las suyas.— responde.
—Entiendo.— toma el vaso ofrecido y espera a que Shura finalmente tomé asiento. —¿Por qué no podemos seguir siendo amigos?
Shura niega ante la insistencia de Sagitario que es igual de persistente como lo recuerda. —Hay varios factores. En primer lugar, sería algo doble moral de mi parte. ¿Cuándo has visto que un asesino conviva con su víctima o viceversa?
Aioros respira, debe mantener la calma para hacer entrar razón a esta cabra que se ha vuelto testaruda.
—Lo ves, tengo razón.
—No la tienes. No eres un asesino y aquí no hay ninguna víctima, solo somos dos caballeros de Athena.
Insistente que es.
—No aceptarás un no como respuesta, ¿verdad?
Los ojos verdes hacen contacto con los suyos nuevamente. Se siente feliz de que el Omega lo haya observado por unos segundos.
—Nunca lo hago.
—Aioros… Dame algo de tiempo, ¿quieres? Para mí ha sido muy difícil asimilar muchas cosas.
Tiempo, es un concepto que odia con toda su alma, pero puede ver la pesadumbre en el rostro español. Shura ha sufrido demasiado, puede notarlo, así que opta por no presionarlo. —Todo el que necesites.— si ya espero trece años en la oscuridad, esperar un poco más a Shura no lo matará. —Y ruego me disculpes por mi insistencia. No solo importan mis deseos por recuperar una amistad perdida, también importan tus sentimientos.
Shura lamenta no darle una respuesta positiva todavía, pero debe ordenar todas sus ideas en su cabeza primero antes de brindarle una afirmación. —No te disculpes. No has hecho nada malo.
Aioros sale del templo de Capricornio con la esperanza de que Shura le brinde esa oportunidad que tanto espera, para un caballero y para toda la humildad, la esperanza es lo último que debe morir.
Capricornio en cambio, se queda observando el lugar vacío que hay frente a él.
Trece años vivió así, buscando a su mejor amigo, queriéndolo sentir presente, pero todo lo que lo acompañaba era la inmensa soledad.
Aioros y él, solían ser muy unidos y recordaba vagamente pequeños fragmentos de su vida al lado del noble arquero, pero a pesar de los misericordiosos perdones, Shura tenía miedo, miedo de volver a dañar a Aioros hasta con la suave textura de las flores de algodón.
Y siendo un Omega, sus posibilidades para retomar aquella amistad eran sumamente nulas. Un Alfa y un Omega siendo amigos, ¡Qué tontería!
Sus ojos se clavaron en el vaso de cristal con agua a menos de la mitad. Nunca esperó recibir el perdón de ese ángel de alas doradas, pero sin pensarlo lo había obtenido. Aioros era alguien sumamente misericordioso, inclusive más que un dios omnipresente. Sagitario no estaba al nivel de ningún ser terrestre ni mucho menos de cualquier ser celestial. Aioros simplemente era Aioros, el sinónimo perfecto de la bondad.
Los impulsos de los recuerdos compartidos en las frías montañas de los Pirineos cuando Aioros lo encontró lo llevan a levantarse y salir corriendo de su templo en busca de aquel que le ha brindado tanta felicidad a su vida así como tristezas.
Sus piernas han sido entrenadas, no para ser las más veloces dentro del Santuario, pero está vez siente correr a una velocidad que puede igualar la velocidad de Milo al correr.
Aioros apenas ha recorrido la mitad de las escaleras que separan sus templos, Shura agradece que el Sagitario siga siendo esa persona observadora que admira el paisaje del Santuario como si fuera la octava maravilla del mundo.
Sus piernas se detienen a un cuarto de escaleras recorridas, la escena es tan similar a aquella vez que corría detrás de él para darle fin a su vida. Los fantasmas han regresado para atormentarlo.
Aioros se da la media vuelta al escuchar como algo se desploma escaleras arriba. —¡Shura!— regresa por el camino que ya había recorrido para observar a su amigo de rodillas observando el suelo. —¿Te has lastimado?— teme por su integridad.
Sus ojos verdes se iluminan con los rayos del sol y Aioros puede ver qué no siguen siendo esos ojos normales que admiró cuando el otro caballero era un niño. Antes esos ojos tenían un precioso iris de color verde y aunque todavía lo conservan, el iris se ha hecho más pequeño, pero siguen luciendo bien al ser iluminados por el sol.
—Aioros.— se levanta sacudiendo sus rodillas y no teniendo palabras que expresen lo que también desea, decide hablarlo con acciones.
Sus brazos pasan por encima del cuello de Aioros. La sensación es tan reconfortante como cuando regresó de su entrenamiento en los Pirineos y abrazó a su amigo luego de años de no verlo.
Aioros corresponde la muestra de afecto, acariciando suavemente la espalda del caballero de la décima casa. —Sigues siendo un niño que ama abrazarme.
Shura lo niega, ya no es un niño, ahora es un joven deseoso de que esos brazos lo protejan no del frío sino de los fantasmas que lo atormentan.
—¿A qué se debe esto?— aspira el suave aroma a melocotones frescos.
—A que… Estamos recuperando nuestra amistad.— susurra ocultando su rostro en el hueco del cuello y el hombro izquierdo de Aioros.
—¿Y te has caído por venirme a seguir?
No. —Algo así.— miente, pero no por completo.
Sagitario se siente plenamente feliz de sentir nuevamente la calidez del cuerpo español entre sus brazos. —Permíteme conocerte de nuevo Shura, déjame saber todo lo que ha cambiado y lo que permanece en ti.
Y sus deseos son como órdenes o plegarias escuchadas por cualquier dios que sienta misericordia de ellos dos.
Con el paso de los días, Capricornio es como un libro en manos de un amante de la literatura. Aioros presta atención a cada gesto de Shura al hablar o la manera en la que todavía su lengua tropieza torpemente al pronunciar algunas palabras en griego.
Ambos se dan la oportunidad de conocerse, Shura es arrogante y presumido, pero inclusive eso le resulta interesante al arquero y piensa a qué se debe a su casta como Omega y la manera no tan correcta en la que Saga siendo patriarca alimento el ego de su amigo haciéndolo pelear con rivales más fuertes que podía derrotar al sentirse superior a ellos, claro hasta que llegó Shiryū.
Con miles de trabajos, después de dos meses pudo sacar a la cabra dorada de su templo para que se dignara a observar los entrenamientos de los santos de plata y bronce.
—¿Así que han vuelto a ser amigos?— Aioria le dirige la palabra al Capricornio.
—Arreglamos los asuntos del pasado y ya retomamos esa amistad que teníamos antes.
—Nunca creí decir esto, pero me alegro de que ustedes estén bien.— el Alfa con olor a menta sonríe mientras observa el desempeño de Marín de Águila y Shina de Ofiuco.
Finalmente los tres están juntos como antes, pero Aioria se siente excluido de esa amistad que ha resurgido y no le importa, siempre ha sido así desde que eran niños y no le molesta. Aioros fue quien trajo a un extraño a convivir con él, no al revés.
A lo lejos Shura observa al discípulo de Dohko, así que dejá a los dos hermanos solos para ir con el joven caballero de Dragón.
—Es raro verlo fuera de su templo.
—Sí. Me costó mucho traerlo hasta aquí y ahora se va con el discípulo del maestro Dohko.— niega con la cabeza.
—Tal vez Shura luego te sorprenda con que será el nuevo maestro de Shiryū. El maestro Dohko de libra parte a misión en tres días y Shura puede quedarse al pendiente de los entrenamientos de Shiryū, no sé si estés enterado, pero Shura cuando murió a manos del Caballero de Dragón le heredó su Excalibur y lo protegió con la armadura de Capricornio.
—Shura me lo contó. No hay secretos entre nosotros.
—¡Oye! Eso sonó muy sugestivo.
Aioros sonríe. —Malinterpretas mis palabras, Aioria.
Y ojalá hubiera tenido razón y su hermano menor estuviera completamente equivocado.
Dos meses se convirtieron en cuatro y esos cuatro meses en siete y cuando recordó finalmente había pasado un año.
Un maravilloso año en el que su amistad con Shura se había hecho tan fuerte como lo era hace años.
Así como las constelaciones de Sagitario y Capricornio que permanecían una al lado de la otra en el universo, así estaban ellos dos, juntos. Tan juntos que para Aioros no fue imposible comenzar a sentir atracción por el lindo Omega en el que Shura se convirtió. Y es que se necesitaba estar ciego para no ver la belleza que el caballero de Capricornio poseía, una belleza sin igual de un cutis terso al tacto y más de una vez tuvo que controlar sus impulsos de acariciar esas suaves mejillas.
Aioros estaba cayendo por un precipicio, un precipicio que era prohibido. Shura era como la apetecible manzana de la diosa Eris al provocar toda una discordia entre su mente y corazón.
Infinidad de veces se había quedado embelesado mirando fijamente esos labios de un suave color rosa y ni qué decir cuando observaba a Shura entrenar la destreza de sus piernas y brazos.
Su amigo Omega causa muchas revoluciones de sentimientos en su interior.
Si solo se tratará de una simple atracción pasaría todo eso por alto y continuaría siendo ese mejor amigo que el español necesita en su vida, pero no puede hacer como si nada pasará. Le agrada la compañía de Shura más de lo que debería, quizá últimamente ambos han sobrepasado las normas de la amistad.
—¿En qué tanto piensas?— pregunta el dueño de todos y cada uno de sus pensamientos.
Ambos están bajo la sombra de un árbol de manzano, su cabeza del griego está recostada sobre las piernas del español mientras esté pasa sus largos dedos por los mechones de su cabello castaño.
—En nada. Solo intento encontrarle forma a las nubes.— miente.
Shura observa hacia el cielo y efectivamente hay nubes que parecen gigantes figuras de algodón, luego sus ojos verdes se fijan en el rostro varonil de Sagitario creando contacto visual.
—¿Puedo preguntar algo?
—Ya lo estás haciendo.— Shura habla sarcasmo fluido, es una característica propia del santo de oro que ha descubierto.
—¿Por qué el iris de tus ojos se ve opacado por grandes pupilas?
Shura observa hacia otro lado. —Es sobre eso…— sonríe y Aioros siente una flecha entrar directamente en su corazón. —Se trata de una enfermedad en los ojos, Aniridia.
El Alfa se endereza inmediatamente y recarga su espalda en el tronco del árbol. —¿Es grave?
—Se caracteriza por la pérdida total o parcial de iris, pero no te preocupes, estoy bien. Hay muchas personas que no son capaces de ver bien con esta enfermedad, pero no es mi caso, soy un caballero de Athena y como sabrás el cosmos me es suficiente para controlar problemas de salud.
El enigma de esos preciosos ojos verdes finalmente ha sido resuelto, pero no puede evitar pensar en que el cosmos no puede ser suficiente para tratar una enfermedad de tal magnitud.
—Es algo hereditario y por lo que sé, hay más personas con este padecimiento en España, personas a las que en verdad compadezco.— el Omega lo observa y baja la mirada apenado.
—No tienes por qué sentirte avergonzado, tus ojos son hermosos Shura.— con delicadeza sostiene el mentón contrario para que esos bonitos ojos lo observen, pero cuando sus propios ojos bajan de observar los verdes, se ve atraído por los suaves labios a los que se acerca peligrosamente, pero desiste en medio del camino.
Ya una vez sintió el poder de Excalibur en su cuerpo, no quiere volver a repetirlo.
Los dos se separan, Shura no habla del tema y cuando comienza a oscurecer los dos regresan al Santuario sin portar su armadura. Ambos son de la idea de solo utilizar dicha protección cuando es requerida, así que prefieren pasear por el Santuario con su ropa habitual de entrenamiento.
Esa misma noche Aioros no puede dormir ni cerrar los ojos porque el rostro de Shura lo persigue junto con un hormigueo en su corazón, hormigueo que no significa más que la alegría de sentirlo cerca de él como cuando eran unos niños.
—¿Qué debo hacer?— su espalda se recarga en uno de los pilares de la entrada de Sagitario y la pregunta se la hace a los miles de estrellas que brillan en el cielo nocturno.
La respuesta es sencilla, siendo un Alfa puede comenzar a cortejar a su mejor amigo Omega, pero teme perder absolutamente todo lo que ya tiene construido, le da miedo perder su sólida AMISTAD, pero el es Aioros de Sagitario, un hombre que lo arriesga todo así gane o pierda en el proceso.
Por eso en medio de la noche estrellada pone manos a la obra sin importar si en todo el Santuario su templo es el único que tiene la luz encendida.
Al día siguiente, Shura recibe a una de las doncellas encargadas de la limpieza del noveno templo.
—Buen día, caballero de Capricornio, mi maestro le envía este presente.— dice de manera muy amable una rubia.
A Shura le causa extrañeza, naturalmente Aioros sube las escaleras hasta su templo para entregarle esas galletas con chispas de chocolate que desde niño le han encantado y más si son preparadas por el centauro dorado.
—Gracias.— recibe la caja y con ella una nota.
"Tu celo está cerca Shura, cuídate debidamente y perdona mi osadía por enviarte también unos supresores que compré no hace muchos días cuando recordé que tu ciclo estaba cerca. Espero puedan servirte, no sé de cuáles utilices. :)
Atte: Aioros de Sagitario."
Así que esa era la justa razón por la que el hombre moreno no había arribado hasta su templo. Aioros es tan buen amigo y tan buen Alfa que se preocupa por no marearlo con su olor a granos de café tostado días antes de que su temporada de apareamiento se presente.
—También dale las gracias a tu maestro y dile que sus galletas son mis favoritas.
Con gusto lleva las galletas para tomarlas con un té mientras observa las pastillas y parches que el Alfa le ha enviado para controlar sus calores.
Dos semanas después.
—... Mi maestro le ha enviado este presente joven caballero de Capricornio.
¿Un vino?... ¿Aioros le ha enviado un vino?
—Gracias, pero puedes decirle que ya puede subir a verme y que los supresores que me ha enviado con anterioridad son muy efectivos.— recibe la botella de vino decorada con un moño rojo y una tarjeta.
"Querido Shura, recuerdo que alguna vez me mencionaste que te gustaba el vino tinto, así que me he tomado la libertad de enviarte está botella para que la disfrutes de manera responsable. :)
Atte: Aioros de Sagitario."
Debajo de la firma del noveno caballero hay un dibujo de una flecha, Shura ríe inconscientemente.
Y todo iría bien si los regalos en esa semana no hubieran sido tantos viniendo del caballero más poderoso de todo el santuario, pero a la botella de vino se le unieron figuras de porcelana fina en forma de cabras, luego algunos libros de su interés y por último las benditas galletas que igual a todo lo interior traían una nota.
"Disfruta de estas galletas que yo mismo preparé, espero alégrate el día. :)
Atte: Aioros de Sagitario."
Camus terminó de leer la última nota. Mayormente cuando a Shura le llegaban sus celos, el acuario acudía a su templo para atenderlo adecuadamente, ya que en los celos de los omegas hay veces que sus capacidades motoras se ven afectadas y deben ser alimentados por alguien más, pero ahora el caballero de Acuario estaba presente en el templo de la cabra montés porque a través de vía cosmos, Shura le ha contactado para debatir de manera presencial sobre el tema de los obsequios recién traídos por la misma doncella al servicio de Sagitario.
—Es obvio Shura, Aioros te está cortejando y lo dejó claro desde que te envío los supresores. Como Alfa no quiere que ningún otro se atreva a ponerte una mano encima, por eso mismo envío supresores de excelente calidad.— explica de manera sería.
El pobre Santo de Capricornio no puede evitar sonrojarse ante las palabras de su amigo Omega.
—El vino es de una buena cosecha y las figuras de las cabras son de cerámica fina, esculpidas a mano tal vez.
No, esto no puede estar pasando. Aioros no puede estar cortejándolo.
—Todo esto son ofrendas Shura, OFRENDAS que Aioros envía con su sirviente para demostrar su afecto y sus intenciones hacia tu persona.
—No, eso no es posible Camus. Aioros y yo somos muy buenos amigos.
La cara de Camus permanece inexpresiva. —El comportamiento entre ustedes dos no es el de unos simples amigos, Shura.— responde.
—¿A qué te refieres?
—A que sin darte cuenta, tanto tus sentimientos como los de Aioros han escalado a un nivel más grande que una simple amistad.
—Te equivocas Camus, yo respeto a Aioros, nunca lo he visto como algo más que un buen amigo.
—Digamos que te creo, ¿qué pasa si Aioros si tiene sentimientos por ti?
La interrogativa lo hace pensar detenidamente lo que eso significa, Aioros ha pasado de verlo como un simple amigo a verlo como un Omega.
—Después de todo, Aioros es un Alfa y tú un Omega, ¿qué esperabas?
—Mantener la amistad que teníamos cuando éramos niños.
—Shura, las personas crecen, las cosas y los sentimientos cambian, nada está sujeto a lo que alguna vez fue.
Shura observa los obsequios que ha recibido y luego relee con calma cada nota escrita por la magnífica caligrafía del griego.
—Si me aceptas un consejo. Es mejor que hables con Aioros.
Luego de una extensa plática, Camus se retira a su templo y Shura se queda en Capricornio, deseando que estos regalos sean simplemente eso, regalos que Aioros le da en gratificación a su amistad y no una ofrenda de cortejo.
El Alfa no puede sentirse atraído por un Omega como él, simplemente no puede, sería una completa ironía que se tratará de eso. Aioros no puede estar enamorado de la misma persona que lo asesinó en el pasado.
Sus inseguridades del Omega son su peor enemigo, pues no se siente merecedor de tales atenciones, así que debe marcar un alto entre ellos dos antes de que esto continúe creciendo.
Sus sentimientos no importan, importa que Aioros sea feliz con otro Omega con el que no comparta un doloroso pasado, porque sí, Shura a pesar de todo no puede olvidar sus acciones cuando era solo un niño de 10 años.
Con gran pesadez y el corazón queriendo salir de su pecho, el Omega se dirige hacía el noveno templo que es iluminado por los rayos del sol de las 05:00 p.m.
El olor a comida puede sentirlo en el aire, Sagitario o sus sirvientes han de estar cocinando la cena, pero eso no es de gran importancia. Solo desea verlo y aclarar las cosas.
—Aioros…— lo llama, esta vez no quiere entrometerse en el noveno templo sin obtener una aprobación… debe marcar distancia.
El vino, las figuras de porcelana y los libros están sumamente acomodados en una bolsa, planea regresarlos.
—Shura, ¿qué haces aquí?— los ojos interrogativos de Aioros lo recorren con la mirada.
¿Por qué se siente tan nervioso?
—Necesito hablar contigo.
Aioros esperaba este momento, estuvo ansioso durante tres largas semanas que para él fueron toda una eternidad.
Con caballerosidad le indica al espadachín que lo siga hasta el comedor, donde no se encuentra ningún sirviente.
Shura agradece eso, ya que si van a hablar de cosas sumamente importantes lo mejor es tener privacidad.
—Y bien, ¿De qué se trata?
El Alfa toma asiento y Shura decide quedarse de pie. —¿Qué significa esto?— en la mesa pone los obsequios recibidos y su mirada verdosa se fija en el caballero de Sagitario.
Su entrecejo está fruncido y toda su persona exige una explicación.
Aioros sonríe y al mismo tiempo sus mejillas toman un bello color rojizo como la cinta de su frente. No esperaba que Shura se presentará en su templo exigiendo respuestas, creyó que sus intenciones eran claras, el tonto de Milo de Escorpio fue quien le aconsejó sobre cortejar al Omega que le gusta enviándole ofrendas, regalos que supiera le gustarán al Omega.
—Son obsequios de mi parte, Shura. ¿No te gustaron?
Se siente tonto, tal vez debió enviar regalos más costosos que fueran del interés del Omega. Su mirada se ve invadida por una gran tristeza.
—No es eso.
—¿Entonces?
—¿Qué pretendes con esto, Aioros?— su voz se escucha dolida.
Sagitario se pone de pie y llega hasta donde el Omega lo observa con enojo.
—Pensé que eras más listo Shura, te estoy cortejando.
Aioros no posee la espada más poderosa dentro del santuario, pero ahora mismo corta esa expresión de enojo del rostro de Shura quién parpadea un par de veces y se muestra incrédulo ante sus palabras.
¿Dónde está su amistad?
Shura finalmente toma asiento procesando el sentido que evocan esas palabras, Camus tenía razón. —¿Qué diablos estás diciendo?
Su corazón se siente alegre, los sentimientos dormidos en su interior son correspondidos, pero no puede dejarse llevar por ello, debe pensar con la cabeza fría. Él no se merece a Aioros, nunca lo ha merecido.
—Yo… yo no planeaba decírtelo de esta manera, pero Shura, eres un Omega muy lindo.— Capricornio odia ser llamado así. —A lo largo de un año te he estado conociendo nuevamente, hemos sido amigos y hay muchas cosas en ti que no han cambiado, sigues siendo dulce y atento con las personas que realmente te importan. Eres responsable, cálido y… muchas cosas más. Eres realmente maravilloso en todos los aspectos Shura y yo, no puedo evitar sentirme atraído por ti, por tu belleza y por todo lo que significas para mí.
Aioros está arrodillado observándolo tal y como lo hacía cuando le curaba las rodillas raspadas o las heridas de sus arduos entrenamientos los días que duró en el Santuario antes de regresar a los Pirineos.
—Shura eres más que el hombre rudo y arrogante que intentas mostrar.— sus manos frías son tomadas entre las manos cálidas y un suave beso es depositado en sus nudillos. —Shura, ¿permíteme cortejarte?
Los ojos jade lo observan esperando que alguna palabra salga de sus labios, pero el español no dice nada a pesar de sentirse afortunado de que su héroe lo vea de esa manera.
—Shura.— vuelve a llamarlo y está vez su mano sostiene su mentón.
Sagitario es un santo de paciencia, pero ahora parece que su ansiedad por obtener una respuesta es más grande.
—Lo siento.— aquí viene otra vez a causarle dolor al maravilloso hombre que a pesar de todo quiere seguir permaneciendo a su lado. —No puedo aceptar nada que venga de ti Aioros.— de manera abrupta se pone de pie.
Gotas saladas salen de los ojos del Alfa que siente su corazón hacerse mil pedazos. —¿Por qué?
—Porque te mereces un Omega mejor que yo y porque no puedes tener estos sentimientos hacia tu asesino.— su voz se quiebra y antes de que sus propias lágrimas comiencen a salir, el Omega sale corriendo.
Nuevamente ambos quedan con el corazón roto, como aquella vez en la que se despidieron por última vez, uno cargando con el peso de una vida y el otro cayendo en una eterna oscuridad.
Aioros se detiene justamente cuando está a punto de seguirlo, comprende el por qué Shura le ha dicho todo aquello. Su amado ha cerrado las heridas del pasado, pero las cicatrices no se han borrado.
Con desánimo observa los obsequios que compró con gran ilusión de que pintarán una sonrisa en el bello rostro del español, pero al contrario solo dibujaron lágrimas.
—Shura.— siente la amargura del momento.
Nunca supuso que Shura rechazaría su cortejo, así que decidió arriesgarlo todo y ahora el resultado le sabe a puro dolor.
Bueno, al menos Capricornio se comió las galletas de chispas de chocolate.
Shura se abraza a sí mismo y entra a su habitación, la garganta le arde por retener las palabras que quisiera gritar a los cuatro vientos. El mismo no sabe con exactitud cuando comenzó a desarrollar sentimientos por su mejor amigo, solo sabe que aquí están y que Aioros siente lo mismo. Sin embargo, desea que ese Alfa sea feliz con otra persona.
Aioros llega al templo del escorpión de oro y su ánimo no pasa desapercibido por el griego de cabellos azules que inmediatamente le ofrece una lata de cerveza.
—Fui rechazado, Milo.— toma asiento sintiéndose patético al contarle sus problemas amorosos al joven que cuando era niño era sumamente berrinchudo.
—Tu cara me lo dice todo.— alza los hombros. —¿Él te ha devuelto todo?
—Lo acaba de hacer unos minutos atrás.
—Tal vez no le gustaron tus regalos.
—Él dijo que me merecía a un Omega mejor y no a un asesino como él.— da unos cuantos tragos a su cerveza. —Dijo que no podía aceptar nada que viniera de mí. Soy un tonto, Milo.
Milo analiza la situación. —Es que tú también Aioros, ¿cómo se te ocurre ir a cortejar al Omega que hace más de trece años te mató?
—¡¿QUÉ!?— una tercera voz hace eco en el templo del escorpión. —¡¿Aioros está cortejando a Shura?!
Aioria siempre tan inoportuno.
Aioros solo puede bajar la mirada, después de todo es un soldado caído en la batalla del amor. —Sí Aioria, escuchaste bien. Yo estaba cortejando a Shura, pero él me rechazó.
El joven león abre los ojos, en el fondo esperaba que algo así sucediera, pero de igual manera se encuentra sorprendido más por el hecho de que Aioros no le haya contado nada y prefiriera hablar del tema con Milo.
—No puedo creerlo.
—Aioria yo…
—Si, Milo te ha ayudado con eso de cortejarlo puedo entender por qué has sido rechazado.
—Bueno eso ya no importa, Shura me ha rechazado por los asuntos del pasado.
El recién llegado mueve la cabeza en signo de desaprobación. Entiende a su hermano y comprende que esté enamorado del Omega del décimo templo, pero igual no deja de ser sorprendente. —¿Y te das así por vencido?
—Tengo que aceptar su decisión, él no siente nada por mí.
Aioria se ríe, solo un ciego puede creer esa mentira. —Aioros no te des por vencido.— trata de animarlo. —Vamos dejá de poner esa cara de tristeza.— sonríe. —Debes conquistar a esa cabra a como dé lugar.
—Pero Aioria tú dijiste…
—Sé lo que dije y bueno, yo no quisiera a Shura como cuñado, pero eres tú quien elige a quien amar y yo como tu hermano tengo que apoyarte.— le da unas cuantas palmaditas en el hombro. —Vamos Aioros, eres un griego, no nos dejes en ridículo, nosotros sabemos las artes del amor porque lo traemos en las venas. Anda conquista a ese español y muestra de qué está hecho un Alfa como tú.
Aioros niega de manera divertida. —Aioria, debo respetar su decisión.
—Shura se encuentra todavía sanando consigo mismo, pero le haría demasiado bien que estés a su lado en ese proceso. Tú continúa enviando a su templo regalos y sube a verlo de vez en cuando, no importa cuántas veces te rechacé. Yo sé que Shura corresponde a tus sentimientos, solo que le cuesta aceptarlo.
—Si alguien me hubiera dicho que este día llegaría, yo seguramente me estaría riendo, Aioria.— Milo se burla, pero no sé entromete mucho en la conversación de los hermanos.
—Y yo doy gracias al cielo de que no se te ocurriera recomendarle a Aioros que le hiciera un baile de apareamiento a Shura con la armadura de Sagitario puesta así como los pavo reales.
—¡Anota eso, Aioros!— exclama Milo.
Cinco días después, la misma doncella lleva consigo los regalos anteriores acomodados en una canasta con frutas.
Shura se queda sin palabras, más porque la joven no le da alternativas, solo le entrega el presente y se marcha.
Aioros no se da por vencido.
"Shura, respeto tu decisión, pero estos regalos los compré solo pensando en ti, nadie más podría tenerlos. Por favor, acéptalos. :)
Atte: Aioros de Sagitario."
El dibujo de la sonrisa y la flecha debajo de la firma de sagitario, siguen siendo su marca personal.
Resignado, Shura termina aceptando nuevamente la ofrenda de Aioros.
Con el paso del tiempo vuelven a entablar pequeñas conversaciones y por ese periodo Shura no recibe ningún regalo,
La botella de vino sigue intacta, pero los libros ahora permanecen en un estante después de ser leídos y las figuras de cerámica reposan en su pequeño buró
Justamente cuando espera Aioros haya comprendido sus palabras, llegan más regalos, está vez más costosos y todos son estudiados en detalle por Camus.
Cuadros de paisajes, más botellas de vino, cinturones de piel sintética, zapatos, perfumes y demás piezas de decoración se están apilando en su habitación, pero lo que más le llama la atención es el brazalete de oro que tiene grabadas las estrellas de la constelación de Capricornio y Sagitario.
"Shura, no olvides que Sagitario siempre permanece al lado de Capricornio y que las estrellas no solo son simples puntos de luz. :)
Atte: Aioros de Sagitario."
Si anteriormente recibía todos esos regalos no era por su valor o por alimentar las esperanzas del arquero, lo hacía porque Aioros hacia un gran esfuerzo en comprarlos para él y lo menos que podía hacer era recibirlos, pero este brazalete de oro con piedras incrustadas es demasiado.
—Me pregunto, ¿qué te enviará mañana?
—Nada, en este momento voy a ir a su templo y le diré lo mismo que la vez anterior. Esto es una locura, hay cosas aquí que son un derroche de dinero.
—Lo olvidaba, eres más de ponerle atención a esas notas cursis que te envía. Tal vez deba bajar y decirle que se ahorre su dinero, que bien te puede conquistar con un trozo de papel y poesía barata.— una delgada sonrisa se asoma en los labios del caballero de los hielos.
Shura se encuentra sonrojado, realmente si, le toma más importancia a las notas que al regalo en sí.
—Debo entrenar a Shiryū, tal vez cuando regrese pueda hablar con Aioros para marcarle un alto de una buena vez.
—Mejor acepta el cariño sincero que te ofrece y deja de sufrir en silencio. Tú también lo amas o debo recordarte que le dijiste a Pandora que le entregarías a Athena, pero que a cambio querías que le devolviera la vida a Sagitario, ¿lo recuerdas?
Shura pensó que nadie recordaría aquel momento bochornoso, pero Camus parece recordarlo. —Estaba actuando, Shion dijo que debía ser convincente.
—Lo creo en la parte de entregar a Athena, pero no en la parte en la que pedías que devolviera a Aioros a la vida.— el de cabellos aguamarina toma asiento en la cama del pelinegro. —Solo piensa que si hemos vivido hasta ahora es porque ningún dios ha amenazado a Athena, pero si apareciera uno de imprevisto declarando la guerra, nosotros podríamos perecer en esas batallas, así que tú eliges, eres feliz dándote una oportunidad con Aioros o simplemente continúas como hasta ahora, maldiciendo tu propia suerte.
Camus es sabio, pero Shura sabe exactamente que responder. —Si al igual que tú has tomado tu propio consejo, ¿no es así?
•
La noche estrellada lo recibe al subir por las escaleras para llegar al templo de Sagitario. El entrenamiento de Shiryū portando la sagrada espada Excalibur se prolongó más de lo esperado.
El brazalete de oro lo supo ocultar debidamente entre sus ropas y la armadura de Capricornio, siendo cuidadoso de que no se le cayera.
Siente muchos nervios al estar finalmente en el último escalón que lo ha llevado hasta la entrada de la casa de Sagitario.
Aioros observa las estrellas con detenimiento y el anhelo puede verse reflejado en sus ojos. Tal vez, el centauro ha sufrido tanto como él al saber sobre sus sentimientos y rechazarlo.
—Santo de Sagitario.— muestra sus respetos y capta la atención del Alfa que huele a café.
—Shura.— sus ojos se iluminan al llamarlo y verlo presente vistiendo la sagrada armadura de Capricornio.
—Necesitamos hablar.— pide y de entre su armadura saca el preciado objeto que el arquero reconoce.
—Ni siquiera pienses en devolvérmelo.— se precipita.
Shura retiene la respiración y luego sencillamente exhala. —No vas a cansarte de enviar regalos a mi templo, ¿verdad?— Aioros asiente. —¿Por qué?
—Mi propuesta sigue en pie Shura. Continúo cortejándote y no me importa si un día tengo que presentarme en tu templo con la armadura de Sagitario para tomarte en mis brazos y llevarte a dar un paseo por los aires.— el Alfa deja de observarlo para poner toda su atención en esos puntos luminosos.
—Aioros, esto es un regalo muy caro, no puedo aceptarlo aun si en este tiempo he considerado la idea de convertirme en tu Omega.
Esas palabras hacen magia en Aioros que inmediatamente voltea a ver al Omega que se ve majestuoso con su armadura de oro. —¿Tú lo has considerado?
El leve aroma a melocotón llega a sus fosas nasales del Alfa. Shura se ve lindo con sus mejillas sonrojadas.
—Yo… yo debí ser sincero esa vez que te devolví los regalos.— su mirada verde baja a observar el césped.
Aioros acorta la distancia entre ellos y levanta la mirada de Shura. —Ahora puedes ser tan sincero como quieras, yo te escucharé.
El español sonríe. —No puedo evitar sentirme culpable por lo ocurrido en el pasado entre nosotros dos, pero tampoco puedo sufrir eternamente por ello.— el peso sobre sus hombros se hace más ligero. —Yo te quiero Aioros y gustoso aceptaré todo lo que quieras darme, pero por favor omite los regalos caros, me sentí ofendido cada vez que un regalo era más caro que el anterior. No soy un interesado como el idiota de Deathmask.
La sonrisa del griego es gigante. —Te mereces esos regalos y mucho más, si pudiera darte el universo te lo daría sin dudar, Shura.
Esto se siente tan bien para el español, el Alfa lo ha rodeado con sus fuertes brazos y deposita un suave beso en su frente.
Los consejos de Aioria hoy han dado frutos.
—Me gustas mucho, Shura. Realmente me gustas tanto que mi corazón se alegra de saber que es correspondido. ¿Puedo besarte?
La sola pregunta puede hacer que sufra una desviación del cosmos. —Tú puedes.
Cierra los ojos y siente como sus frías mejillas son cobijadas por las manos tibias de Aioros, después solo siente pequeños movimientos sobre sus labios que le causan cosquillas.
Así se siente un beso, un beso del Alfa al que desea tener a su lado por el resto de su vida.
