Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandoms:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2023-12-09
Updated:
2024-09-09
Words:
99,632
Chapters:
10/11
Comments:
21
Kudos:
187
Bookmarks:
17
Hits:
4,749

Asesino (Goyuu - omegaverse)

Summary:

Gojo Satoru un alfa que es un asesino a sueldo por pasión, su diversión es asesinar y jugar con omegas y betas que termina botando al día siguiente, un día se topa con Yuuji, un adorable omega.

¿Será un juguete más para Gojo?

Historia chico x chico si no es de tu agrado te invito a no leer y así no causar problemas.
Hablará escenas +18, así que lean bajo su propia responsabilidad.

La idea de esta historia no es mía, sino que la vi en un doujinshi en Facebook y su creadora es: Pudin Muack en el grupo de Facebook: Goyuu Paradise (Gojo x Itadori) Dejaré el link de la publicación en el primer comentario del primer capítulo.

También aviso que este es el primer omegaverse y que a lo sumo tendrá un máximo de 10 capítulos, quizás menos.

Chapter Text

Gojo Satoru se encontraba en una cafetería a la espera de que llegase su mejor amigo y mano derecha. Habían quedado en verse ahí para concretar algunas cosas, pero Satoru estaba de lo más aburrido. A decir verdad se aburria con facilidad y lo único que conseguía estimularlo lo suficiente era cuando le arrebataba la vida a alguien, pues ni cuando tenía encuentros sexuales con algún omega o beta se quedaba satisfecho y eso lo traía de muy mal humor. Mucho más al ver que Geto, su mejor amigo, se estaba retrasando.

Gojo Satoru era un alfa dominante de 28 años, y el próximo líder del clan Gojo, uno de los clanes más poderosos en el bajo mundo, pero al decir verdad todo el tema del clan le traía sin cuidado. Desde muy pequeño fue instruido para que cuando cumpliera la mayoría de edad tomase el cargo como líder, pero hasta ahora se negaba a aceptar el cargo y seguiría negándose. No era porque no se sintiera capaz, al contrario. Satoru era más que capaz de tomar el cargo y seguir con el legado de su abuelo, pero la verdad era que no le interesaba lo más mínimo. A él le gustaba la adrenalina, pelear y arrebatarle la vida a su contrincante u objetivo. Por eso mismo se había convertido en un asesino a sueldo, aunque a decir verdad el dinero le sobraba. Su abuelo no había accedido a que no tomase el control de la empresa familiar, la cual consistía en varias cadenas de joyería. Su abuelo, el actual jefe del clan Gojo, fue un gran inversionista cuando Oyuki, la madre de Satoru, le pidió a su suegro permiso para poder trabajar. El hombre mayor no se negó y así fue como la empresa Infinito surgió. Oyuki se encargó de todo, e hizo crecer la empresa con la ayuda de su esposo, pero desgraciadamente ambos murieron cuando Satoru tenía 7 años y todo fue por culpa de un clan enemigo, o más bien la rama de un clan enemigo, los cuales ya no existían. Satoru se encargó de destruirlos a todos en cuanto cumplió los 18 años y fue en ese momento que descubrió lo excitante que era arrebatarle la vida las personas, pero no era un loco que mataba por simple capricho, por lo menos no la mayor parte del tiempo.

La paciencia de Satoru estaba llegando a su límite. No es que le molestase estar en esa cafetería rodeado de dulces, con los cuales se le hacía la boca agua, pero lo que ahora mismo quería era comenzar con el trabajo que tenían entre manos, pero para hacer eso necesitaba que Suguru llegase con la información que les faltaba.

Llevaban más de un mes detrás de unos tipos, los cuales estaban interfiriendo con el contrabando de omegas. Por lo general eso le importaría muy poco a Satoru, pero su abuelo lo había contratado para que así uno de sus negocios no se viniera abajo. A decir verdad eso sorprendió mucho a Satoru, ya que el clan Gojo era el que estaba en la cima, pero siempre podría llegar alguna persona para derrocar al rey, y se trataba de una organización nueva, la cual había surgido hacía unos cuantos meses, y eso no tenía contentos a los demás clanes, pero hacía cosa de dos meses esa nueva organización se atrevió a ir en contra del clan Gojo, allanando el lugar donde estaban todos los omegas y se los llevaron. Ese fue un gran golpe, ya que eran omegas de muy buena calidad, con los cuales iban a conseguir grandes sumas de dinero. Fue ahí cuando Shiro, el abuelo de Satoru, se puso en contacto con él. Necesitaba que acabase con esa organización lo más pronto posible y recurrió a su nieto porque sabía lo letal que era. Además, también le proporcionó a sus mejores hombres, aunque Satoru rechazó esa oferta, alegando que él junto a su mejor amigo y mano derecha podrían encargarse solos.

- Siento haber tardado – se disculpa Suguru con esa típica sonrisa suya.

Eso molesta un poco a Gojo, pero lo deja pasar por el momento ya que cuando acabasen con el trabajo tenía previsto patearle el trasero a su amigo.

- Pienso cobrarte esto – dice Gojo.

Suguru se lo queda mirando sin borrar su sonrisa. Era una sonrisa tranquila y despreocupada, y a decir verdad esa era la vibra que el azabache daba, de un alfa tranquilo el cual no le haría daño ni a una mosca, pero en el fondo se encontraba una bestia que solo se saciaba con la sangre de sus víctimas, algo que también le pasaba a Gojo, pero este no tenía la apariencia de un alfa tranquilo y manso, sino más bien todo lo contrario, pero eso no quitaba que más de un omega o beta suspirasen por él.

Satoru era muy apuesto, según le habían dicho muchas mujeres y omegas varones. Era alto, ya que medía 1,90, y su cuerpo hacía babear a más de una persona, pues incluso mujeres alfas se giraban para mirarlo detenidamente, pero lo que más cautivaba, según le habían dicho a Geto, era la cara de Satoru. Sus fracciones estaban bien definidas, pero lo más impresionante de él eran sus ojos, los cuales eran de un azul imposible. Más de un omega había caído ante el imponente alfa, cautivado por esos ojos azules que hipnotizaban y a su vez intimidaban. Muchos otros también habían alabado el cabello blanco de Gojo, también se habían quejado de que este ocultase sus ojos tras esas gafas de sol oscuras, las cuales siempre traía puestas para proteger sus ojos de la luz del sol. Sus ojos eran demasiado sensibles.

- Vamos, no te enfades, ¿sí? – pide Geto sin borrar su sonrisa -. Me he entretenido con Shoko.

- ¿Estabas con Shoko? – eso sorprende al peliblanco.

- Sí – asiente el azabache -. Me ha conseguido información muy buena, justo lo que necesitábamos – Gojo no entendía como es que Shoko, su amiga alfa, le había proporcionado la información que necesitaban. Ella era una doctora, la cual trabajaba en secreto para el clan Gojo.

- Tu abuelo envió la semana pasada a unos cuantos de sus hombres a atacar uno de los locales de la nueva organización – explica Suguru viendo que tenía la atención de Gojo -. Hubo heridos en ambos bandos, pero más del lado de las "Maldiciones", como se hacen llamar.

- Ve al punto – gruñe Satoru por lo bajo.

- Hace dos días se llevaron a Shoko del hospital en el que trabaja – dice el azabache -. Shoko hizo todo lo que le ordenaron, pero sabes que ella es muy lista. Oyó varias conversaciones y gracias a eso sabemos dónde estarán el día de hoy. Hoy es el día, Satoru.

- ¿Y a qué esperamos? – dice el peliblanco con una sonrisa mientras se ponía en pie -. Dime lo demás de camino.

Tras eso ambos se marcharon de esa cafetería, ansiosos de comenzar con la matanza.

Un poco lejos de ahí se encontraba un joven omega de cabello rosa, el cual estaba yendo al hospital para visitar a su abuelo, y mientras iba caminando estaba hablando por teléfono.

- ¿Y me lo dices ahora? – dice un hombre al otro lado de la línea -. Yuuji, ¿por qué no me lo has dicho antes?

- ¿Para qué interfirieras y estropeases mi entrevista? – dice el pelirosa -. Choso-niisan, sé que te preocupas por mí, pero ya soy mayorcito y puedo trabajar.

- ¿Mayorcito? – dice Choso indignado -. Acabas de cumplir los 18, Yuuji.

- Exacto, y por eso soy mayor de edad – dice el joven con una cálida sonrisa -. Además, no tienes de qué preocuparte. Fushiguro y Kugisaki estarán conmigo. Además, sabes que el dinero me vendrá muy bien para la universidad y solo será un trabajo a medio tiempo en una cafetería cerca de esta. Por eso los tres hemos querido trabajar ahí.

- Sabes bien que yo puedo costear con tus gastos – dice Choso -. Y no solo yo, Sukuna opina lo mismo.

- Suku-nii ya tiene suficiente con cubrir sus gastos en la universidad – dice el pelirosa.

- ¿Por qué te cuesta tanto aceptar nuestra ayuda? – pregunta Choso tras dejar salir un suspiro.

Yuuji se sintió mal por eso, pero estaba decidido a costearse él mismo sus estudios. No quería depender de sus hermanos, pues aunque los amaba mucho él quería ser independiente y demostrarles que a pesar de ser un omega, podía ser independiente.

- No es eso, Choso-niisan – susurra el pelirosa -. Pero quiero hacer esto por mí mismo.

- Está bien – dice el azabache -. Pero ten en cuenta que Sukuna no va a estar para nada contento cuando se entere.

Yuuji pone los ojos en blanco. Ya sabía eso, y estaba preparado para plantarle cara a su hermano.

Yuuji era el menor de tres hermanos. Choso era el mayor de todos, el cual tenía 28 años. Después iba Sukuna, el cual tenía 23 años y por último estaba Yuuji, con 18 años. Los dos hermanos del chico eran alfas, y él un omega, lo cual solo causó que ambos fueran demasiado sobreprotectores con él, pues no solo era el pequeño, sino también un omega, aunque a decir verdad sus hermanos nunca le habían menospreciado, sino todo lo contrario. Le habían enseñado defensa personal para que así Yuuji pudiera defenderse de ser necesario. Siempre le dijeron que por ser omega no significaba que fuera débil, pero que siempre habría algún imbécil que lo menospreciaría por su segundo género. Choso le aconsejó no darle importancia si eso llegaba a pasar, Sukuna en cambio le aconsejó que golpease hasta a el cansancio al imbécil, o la imbécil, que se atreviera a menospreciarlo. Yuuji normalmente seguía el consejo de Choso, pero en unas pocas ocasiones había seguido el consejo de su hermano Sukuna.

Yuuji por lo general era una persona pacifica, el cual le gustaba ayudar a los demás. Tenía un gran corazón y también era un poco ingenuo, pero también tenía un fuerte temperamento, el cual heredó de su familia. Pues ahí donde estaba Yuuji, con ese gran corazón que poseía, cuando se enfadaba había que temerle, al igual que sus dos hermanos. El pelirosa no soportaba las injusticias y que se aprovechasen de los más débiles, ya que eso le sacaba de quicio y salía a la luz su "lado Sukuna" como lo llamaba él, ya que su hermano tenía muy mal genio, y quien no lo conociera podía decir que era un maleducado que solo buscaba problemas, y aunque la mayor parte del tiempo era así, Sukuna tenía su lado bueno, el cual muy pocas personas lo habían visto.

- Tengo previsto ir a visitarlo para contarle – dice Yuuji deteniéndose frente al hospital -. Le pedí a Fushiguro que no le comentase nada, ya que sé que Suku-nii pondrá el grito en el cielo.

Tras eso Yuuji se despide de su hermano, pues estaba por entrar al hospital para visitar a su abuelo, el hombre que crió a los 3 hermanos después de que sus padres murieran en un accidente automovilístico cuando él solo tenía un año de vida.

Sukuna se encontraba en su apartamento, el cual había comprado hacía unos cuantos meses. Él seguía en la universidad, en su último año, pero eso no le importaba. No tenía previsto incorporarse en el ámbito laborar y mucho menos ejercer como abogado, ya que eso era lo que estaba estudiando. Había seguido con los estudios por su abuelo y hermano mayor, los cuales le había insistido hasta el cansancio que siguiera estudiando, ya que tenía muy buena cabeza, así que Sukuna accedió, pero hacía unos cuantos meses empezó a hacer lo que verdaderamente le apasionaba. Se metió en el bajo mundo, creando así una organización, la cual había crecido bastante e iba viento en popa. Pero Sukuna no era un estúpido, ya que durante este tiempo se había ganado bastantes enemigos de los clanes que manejaban el bajo mundo, y por eso mismo nadie sabía quién era el líder de las Maldiciones. Muy poco sabían quién era el líder, y los pocos que sabían creían que el líder era Nanami Kento, el mejor amigo de su padre y antiguo miembro de la Yakuza. Fue gracias a él que descubrió que la muerte de sus padres no fue un accidente como siempre pensó, sino que fue el clan Komo y Zenin quien ordenó la muerte de ambos. De eso se enteró hacía dos años, cuando Nanami lo invitó a tomar unos tragos. El rubio bebió de más y se fue de la lengua, algo que Sukuna ahora agradecía. Fue por eso mismo que creó la organización Maldiciones, para acabar con los Komo y los Zenin por haberles arrebatado a sus padres. Y lo peor de todo fue el motivo por el que mataron a sus padres. Años atrás, había otro clan a parte de los tres grandes, los cuales son: El clan Komo, el clan Zenin y por último el Clan Gojo, el cual siempre había estado en la cima, al igual que la actualidad, pero hacía casi unos 30 años, eran cuatro los clanes que manejaban el bajo mundo, solo que el clan quedó disuelto por órdenes del líder y cabeza de la familia. Ese clan era el clan Itadori, y fue su abuelo el que decidió acabar con todo cuando Jin, su hijo, se negó a tomar el puesto como cabeza del clan. Wasuke al final tomó la decisión de acabar con su clan, y así desaparecieron del bajo mundo, pero los Komo y los Zenin eran muy avariciosos, además de que Jin hizo algo que no les gustó, lo cual les hizo enfurecer. Jin se enamoró de Komo Kaori, la cual iba a contraer matrimonio con un miembro del clan Zenin pero eso jamás pasó. Años después de que el clan Itadori abandonase el bajo mundo Kaori abandonó todo por amor y se casó con Jin. Consiguieron mantenerse ocultos de ambos clanes, consiguiendo así tener a sus tres hijos. Eran felices, pero al final los terminaron encontrando y los mataron. Lo bueno era que el clan Komo no se había enterado de la existencia de sus tres hijos, y solo por eso pudieron morir tranquilos. Sabían que Wasuke cuidaría bien de sus hijos.

- Sukuna, no me gusta nada de esto – dice Nanami acercándose al pelirosa -. ¿Por qué demonios tuviste que ir a por el clan Gojo? Ellos siempre fueron grandes aliados de tu abuelo.

- Necesito poder, Nanami, y no tengo intención de aliarme con ninguno de los clanes – gruñe el Itadori. Odiaba a los tres clanes, en especial a los Zenin, ya que fueron sus hombres quienes mataron a sus padres y todo porque Kaori se había marchado rompiendo el compromiso, pero también estaba furioso con el clan Gojo. ¿Si tan aliados eran con el clan Itadori, por qué no hicieron nada cuando sus padres murieron? ¿No era Shiro muy amigo de su abuelo? Por esa razón atacó ese almacén y se llevó a todos esos omegas llevándose una gran cantidad de dinero -. Además, no te preocupes si el clan Gojo va a por ti. No dejaré que se acerquen.

- No me preocupo por mí, sé cómo moverme en este mundo y no me tiembla el pulso si tengo que matar – dice Kento muy serio -. Pero no deberías de haberte metido con el clan Gojo. ¿Mira lo que pasó? Mucho de los nuestros acabaron muy mal, varios murieron – Nanami deja salir un suspiro -. Además, sigo pensando que debería decirle a tu abuelo.

- El viejo está mal de salud – dice Sukuna mirando a Nanami -. No quiero ser el causante de su muerte.

- Créeme, Wasuke se alegrará de que sigas sus pasos – dice Nanami con una pequeña sonrisa -. Puede que te maldiga e incluso quiera golpearte, pero en el fondo estará orgulloso.

- Me lo pensaré – dice Sukuna -. Ahora agradecería que te marchases. Megumi va a venir.

- No te pases con él – dice el rubio dirigiéndose a la salida -. El otro día vi que no podía caminar bien.

Sukuna simplemente sonríe mostrando sus dientes. Fushiguro Megumi, el mejor amigo de su hermano Yuuji, y un omega dominante que durante años lo ha traído loco. Megumi era desafiante y nunca se doblegó ante él, algo que a Sukuna le encantaba. Además, el olor de Megumi... era lavanda con un ligero olor a hierba recién cortada. Le encantaba ese olor, pues no era un olor dulzón o empalagoso.

A Sukuna le costó mucho cortejar al omega, pero al final cayó y ahora llevaban casi un año de estar juntos. Megumi seguía como siempre, plantándole cara y sin doblegarse, aunque esto último no ocurría cuando estaban en la cama, ya que Megumi se volvía sumiso y eso le encantaba a Sukuna. Solo ante él, en la intimidad del dormitorio es que Megumi mostraba esa faceta suya y eso solo hacía que su ego subiera por las nubes.

- ¿Por qué tienes esa cara de pervertido? – pregunta Megumi, el cual había entrado al apartamento sin llamar, pues tenía una llave que Sukuna le dio.

- Por nada importante – dice el pelirosa acercándose a su omega, aunque aún no lo había marcado -. ¿Dónde está el mocoso de mi hermano?

- Sí sabes que Yuuji y yo tenemos la misma edad, ¿no? – dice el azabache mirando a su alfa con una ceja alzada.

- Yuuji para mí siempre será un mocoso – dice el pelirosa inclinándose para acercarse al cuello del azabache y así disfrutar de ese magnifico olor, el cual se había convertido en una droga para él -. ¿Y bien, dónde está? Me ha enviado un mensaje diciendo que quería hablar conmigo.

- Ha ido a ver a tu abuelo – dice el azabache alejándose un poco para mirar los ojos carmesí de Sukuna. Megumi se preguntaba qué demonios le había visto a Sukuna para acabar perdidamente enamorado de él. El alfa era un maldito que disfrutaba del dolor ajeno. Le encantaba hacer sufrir a las personas, pero con el tiempo descubrió que también tenía cosas buenas, y una de ellas es que era sobreprotector, y aunque su forma de mostrar cariño era un poco rara, con el tiempo se fue acostumbrando -. Tengo hambre.

- Lo supuse – dice el pelirosa con su clásica sonrisa arrogante, esa que lo caracterizaba y en un parpadeo se abalanza para devorar la boca de Megumi, el cual se quedó momentáneamente sin aliento, pero enseguida siguió el beso -. Vamos, de camino aquí he comprado cerdo salteado con jengibre.

Megumi sonríe al oír eso, ya que de verdad estaba hambriento. Ambos se dirigen a la cocina, y en el camino el azabache tuvo que golpear al pelirosa, ya que este parecía un maldito pulpo.

- Ah, casi se me olvida – dice Fushiguro en cuanto llegaron a la cocina -. He conseguido un trabajo.

La sonrisa desaparece de la cara de Sukuna y toda la felicidad se fue al traste. No iba a consentir que su omega trabajase, no cuando él perfectamente podía pagar sus estudios y los de su hermanos sin que fuera un problema. Y justo en ese momento comenzó una pelea entre esos dos, y ninguno iba a dar su brazo a torcer.

Yuuji se encontraba haciéndole compañía a su abuelo, el cual no había parado de echarlo de la habitación ordenándole que se marchase a casa, pero el pelirosa hizo oídos sordos. Su abuelo estaba muy mal de salud y ese día una de las enfermeras le había llamado para informarle de que Wasuke había tenido un micro infarto y que lo más seguro es que no pasase de esa noche. Por eso mismo Yuuji estaba ahí, no dejaría a su abuelo morir solo.

Yuuji intentó entablar conversación con su abuelo, pues incluso le dijo que había conseguido un trabajo a tiempo parcial, pero el hombre simplemente le decía que se marchase y dejase de perder tiempo con un viejo como él. El pelirosa no entendía a su abuelo. Él sabía que le quedaba poco, estaba demacrado. Su piel había perdido color, dándole apariencia enfermiza, también había perdido mucho peso, lo cual causaba que sus pómulos se notasen más, e incluso le costaba respirar, pero se había negado a que le pusieran oxígeno. Estaba más que claro que Wasuke quería morir, pues había firmado una orden de no reanimación, lo cual causó que sus nietos se enfadasen, pero el hombre dijo que era su cuerpo y él decidiría que hacer.

- Yuuji – habla Wasuke notando una gran punzada en su pecho. Su fin estaba próximo -. No seas como yo. No mueras solo.

- Abuelo...- susurra el omega mientras sentía una gran opresión en el pecho. No quería perder a su abuelo, ya que él era el hombre que lo crió. Yuuji no tenía recuerdos de sus padres, así que para él su abuelo era su referente paterno.

- Ayuda a los demás – dice el hombre -. Eres fuerte, Yuuji. Ahora vete, que quiero dormir.

Yuuji asiente y sale de la habitación, pero nada más salir oyó un pitido constante, lo cual hizo que se congelase. Enfermeras corrieron a la habitación de su abuelo, pero él no podía moverse. Su abuelo acababa de morir y ahora mismo Yuuji no sabía qué hacer. Se sentía perdido.

Gojo y Suguru se encontraban cerca de un edificio. Se habían acercado y ahora estaban ocultos en un callejón oscuro. Su trabajo estaba por comenzar, así que sin pensarlo dos veces entraron y comenzó la matanza. Ellos dos fueron los primeros en disparar, y en tan solo tres minutos cinco hombres habían caído al suelo con una bala en la cabeza. Los disparos del otro bando no tardaron en llegar, lo cual causó que ambos alfas sonrieran como los psicópatas que eran. Era hora de que el olor a sangre impregnase el lugar. Pronto ambos alfas se quedaron sin balas, pero eso no les importó, pues también llevaban encima cuchillos, pero eso implicaba una pelea cuerpo a cuerpo, aunque a decir verdad no les molestaba a ninguno de los dos.

En algún momento Satoru y Geto se separaron, aunque ninguno se preocupó por el otro. Ambos eran unos sanguinarios y demasiado buenos en lo que hacían, pero debían admitir que en ese edificio había demasiados hombres, más eso no era impedimento para los sicarios más reconocidos en el bajo mundo.

Yuuji estaba en shock. Su mente se había quedado completamente en blanco, no sabía que pensar o hacer. Su abuelo, aquel que consideraba un padre para él había muerto. Ahora el pelirosa se encontraba sentado en una silla en una sala de espera del hospital. Sus hermanos habían llegado, ya que las enfermeras los llamaron para darles la mala noticia.

- Yuuji – lo llama Megumi.

El azabache había llegado junto a Sukuna, ya que estaba con él cuando llamó la enfermera. La fuerte disputa de la pareja había quedado atrás por la noticia, pero Megumi no iba a dar su brazo a torcer. Aun así no quería pensar en eso, ya que debía centrarse en su amigo, el cual estaba muy callado y con la mirada perdida, pero lo que más le preocupaba era que no había ni rastro de las feromonas de su amigo, aunque no era de extrañar, ya que Yuuji era un omega recesivo, pero aun así, en una situación como esa debía haber algún indició.

- Yuuji – el pelirosa vuelve en sí y alza la cabeza para mirar a Sukuna -. Vamos, te llevo a casa.

- No hace falta – dice el menor de los Itadori poniéndose en pie -. ¿Ya está todo arreglado?

- Choso se encargará del resto – dice Sukuna muy serio. Le dolía la muerte de su abuelo, pero desde hacía tiempo se mentalizó de que este moriría pronto -. Venga, levanta que te llevaré a...

- Prefiero ir solo – le interrumpe Yuuji poniéndose en pie -. Nos vemos más tarde.

Tras eso el pelirosa menor empieza a alejarse. A decir verdad no quería estar con nadie ahora mismo, solo quería estar solo y pensar en lo que había ocurrido, pues aunque le doliera haber perdido a su abuelo, aún no había derramado ni una lágrima.

Gojo se encontraba rodeado de muertos. El lugar estaba cargado de feromonas con olor a miedo y estas se mezclaban con el olor de la sangre fresca, algo que le agradaba al peliblanco. Suguru llegó con una sonrisa en su cara viendo el desastre que había causado su amigo.

- Nada mal – comenta el azabache con una sonrisa -. Voy a dar una vuelta por fuera, a ver si alguien se acerca.

- Yo me encargaré de rematar a los que queden – dice Gojo alzando la pistola que tenía en la mano, la cual se la había arrebatado a uno de los tantos cadáveres que había en el suelo, y presiona el gatillo matando a un hombre que había en el suelo.

Suguru se marcha tranquilo, aunque tenía ganas de marcharse para darse una ducha y disfrutar de una buena copa mientras buscaba a un omega con el que pasar la noche.

Gojo se paseó por el edificio, y solo tuvo que rematar a dos más. Ahora sí que estaban todos muertos, así que satisfecho comenzó a salir del edificio, pero justo cuando iba salir, vio como un hombre entraba. Este mira al peliblanco con ojos desorbitados por el miedo, reconociendo a Gojo. Satoru sonríe al verlo y supo enseguida que se trataba de un beta, ya que a él no llegaron feromonas algunas.

El peliblanco da un paso al frente y es ahí cuando ve a ese hombre reaccionar para salir corriendo, pero Satoru no le iba a dejar ir muy lejos. Llegó al callejón oscuro por el que entró junto a Suguru, y en un rápido movimiento golpea al beta, el cual cae al suelo. Este retrocede hasta toparse con la pared del callejón mientras miraba a Gojo más que asustado.

- No... - susurra el hombre viendo como Gojo se cernía sobre él -. ¡No, no! – grita de lo más asustado cuando la mano de dedos largos de Satoru se acercaba a su cuello -. ¡Ayuda, por favor!

- Muere, escoria – gruñe el peliblanco apuntando al beta con el arma y dispara sin ningún miramiento -. Otro más – dice Satoru guardando el arma -. Me estoy volviendo lento – en seguida comienza a reír, pues ese beta idiota pensó que podría escapar de él.

Pero su diversión acaba pronto al oír un crujido y sin pensarlo miró tras él, donde estaba la entrada del callejón. Sabía que nadie podía ver nada por lo oscuro que estaba, pero él desde su posición podía ver claramente a un joven.

- ¿Hola? – dice Yuuji algo preocupado. Había estado caminando por la calle, rumbo a su casa, cuando oyó a alguien gritar y las últimas palabras de su abuelo resonaron en su cabeza. Por eso mismo se acercó a ese callejón oscuro como la boca del lobo -. Vine porque escuché a alguien pedir ayuda...

Satoru no estaba para nada contento de ver a ese chico ahí. ¿Se trataba de otro miembro de Maldiciones? De ser así eso lo enfurecería más, ya que se suponía que Geto se estaba encargando de vigilar el perímetro y limpiar cualquier desastre.

- ¿Hola? – vuelve a hablar Yuuji, el cual estaba temblando por el olor tan fuerte que llegaba. Sabía que ahí debía haber alguien, y sus feromonas potentes lo estaban asfixiando -, está todo oscuro, no veo nada.

Satoru se movió muy rápido, colocándose tras ese chico. Lo miraba con atención, y supo que no sería una amenaza, pero lo más extraño de todo era que algo en ese chico le había llamado la atención, pero aún no sabía qué era.

- Oye – habla el peliblanco haciendo gritar al pelirosa, el cual se gira para mirarlo con los ojos muy abiertos -. Demonios, no grites tan fuerte, es de mala educación – gruñe Satoru chasqueando la lengua.

- L-lo siento... - se disculpa Yuuji alzando un poco la cabeza para poder mirar al peliblanco. Se quedó impresionado por lo apuesto que era, y esos ojos... esos ojos eran hipnotizantes -. Pensé haber escuchado pedir ayuda a alguien...

- ¿En serio? – pregunta Satoru viendo como ese chico le mantenía la mirada. Eso nunca le había pasado, ya que por lo general todo el mundo desviaba la mirada cuando veían sus ojos -. Qué raro, solo estoy yo.

- Mis oídos estarán fallando... - comenta Yuuji algo avergonzado. Pensó que su oído había fallado, ya que estaba en shock por lo que había pasado con su abuelo.

- ¿Viste algo o solo escuchaste el grito de ayuda? – interroga Gojo. Debía ser cuidadoso y saber a ciencia cierta si ese chico había visto algo, y de ser así... no tendría más remedio que acabar con él.

Ese último pensamiento hizo enfurecer a su alfa, algo que le extrañó demasiado. ¿Ahora qué demonios le pasaba?

- No... - responde Yuuji más que tenso, ya que ese alfa intimidaba demasiado, pero aun así él no apartaba la mirada.

- Perfecto – dice el peliblanco con cara de fastidio.

- Bueno... lo siento por el malentendido – dice el pelirosa bajando la mirada por la vergüenza que sentía -. Supongo que adiós.

Tras eso Yuuji se gira para marcharse bajo la atenta mirada de Gojo, el cual captó una esencia que lo invadió, aunque a decir verdad esa esencia había estado presente en todo momento, pero no se había percatado de ella. Era olor a manzanas, esas manzanas rojas y dulces con ligeros toques de canela. Se le hizo la boca agua y ahí supo que ese delicioso olor provenía de ese chico, el cual era un omega.

- Mmm adiós... - comenta el peliblanco disfrutando de ese delicioso olor, pero su cerebro hace clic y frunce el ceño, pensando que tal vez ese chico estaba mintiendo y quizás si había visto algo. Quizás se estaba marchando para reportarle con la policía, y la verdad es que no quería tener que lidiar con la maldita policía -. Oye, espera – lo llama el peliblanco -. No te puedes ir, aún.

- ¿Eh? – murmura Itadori girando su cabeza para mirar al peliblanco.

- Me debes algo, ¿sabes? – dice Satoru de lo más tranquilo -. Me hiciste perder tiempo con tus sospechas – con eso mira a Yuuji directamente a los ojos mientras en su cara se formaba una sonrisa seductora, esa que siempre usaba para engatusar a los omegas y betas -. ¿Qué tal si salimos a cenar? Si lo haces, entonces te perdonaré – Satoru no sabía por qué demonios estaba haciendo eso, pero ese omega le había llamado la atención, y no solo por su delicioso olor, sino que también era muy bello. Rasgos delicados, cintura estrecha y unas caderas bien dotadas, y que decir de su delicioso trasero... Ese joven era un manjar, y si resultaba que estaba diciendo la verdad, y no había visto nada, entonces se podía convertir en un juguete para Satoru, algo que no le vendría mal. Hacía una semana que no tenía sexo y ya era hora de desahogarse un poco.

- ¿Eh? – murmura el pelirosa, el cual se había girado para mirar a ese alfa tan imponente -. ¿Yo? ¿A cenar? – un ligero sonrojo se había formado en las mejillas de Yuuji, lo cual causó que Satoru quisiera morder esos cachetes, aunque ahí también se percata de las dos cicatrices que el chico tenía bajo sus ojos. ¿Cómo se las hizo? Itadori baja la mirada algo nervioso, aunque eso no tenía nada que ver con el alfa que tenía delante. Estaba pensando si sería buena idea aceptar la invitación de ese desconocido justo cuando hacía pocas horas que su abuelo había fallecido. ¿Estaría bien? ¿Su abuelo se molestaría? Fue ahí que Yuuji recuerda una conversación que tuvo con su abuelo, el día que este fue hospitalizado. El hombre le dijo que no tenía por qué estar ahí acompañándolo, le insistió para que se marchase y sociabilizase más. Además, le recordó que ya estaba en edad de tener una pareja. Wasuke quería que su nieto encontrase a un alfa o beta que hiciera feliz a su nieto, pero también le decía que estaba bien disfrutar un poco de la vida. No le preocupaba que algún imbécil intentase aprovecharse de su nieto, ya que este sabía cómo defenderse, pues Yuuji podía perfectamente plantarle cara y salir airoso si se enfrentaba a un alfa. Fue ahí que Yuuji tomó una decisión, sabiendo bien que a su abuelo no le molestaría que aceptase ir a cenar con ese desconocido, aunque sus dos hermanos se transformarían en basiliscos si se enterasen -. Supongo... que está bien. No tengo nada que hacer y... suena bien.

- Bien – dice Satoru con una sonrisa triunfante -, te va a gustar. Sé dónde están los buenos restaurantes.

- Está bien... - dice el pelirosa no muy convencido, pues en el fondo sabía que no estaba bien ir con un desconocido justo cuando su abuelo había muerto.

- Vamos – dice Satoru sacando su móvil para enviarle un mensaje a Suguru, avisando de que se marchaba -. Por cierto, me llamo Gojo Satoru.

- Itadori Yuuji, un gusto, Satoru – se presenta el menor mientras caminaba junto el peliblanco.

- Eres algo atrevido al no usar los honoríficos – comenta Gojo algo divertido. Yuuji se tensa y pide disculpas avergonzado -. No tiene importancia – ahí el peliblanco lo mira de reojo -. Eres un omega, ¿no?

- Mmm... sí – responde el pelirosa un poco cohibido y asombrado, ya que por lo general lo solían confundir con un beta -. ¿Se nota?

- No – miente Satoru -, pero por tu actitud lo asumí.

- ¿Los omegas tienen una personalidad definida? – pregunta Yuuji algo confundido.

- La gran mayoría suelen ser muy sumisos – comenta Gojo.

Eso molesta un poco a Yuuji, pero no dijo nada. Fue entonces cuando comenzaron una plática tranquila, en la cual Satoru pidió su número. No sabía qué demonios le pasaba, ya que por lo general jamás le pedía el número a ninguna de sus conquistas. Yuuji se lo dio y así ambos intercambiaron números. Justo ahí llegaron donde estaba el coche de Satoru, pero junto a este se detuvo un coche que Yuuji reconoció enseguida.

Se trataba de Sukuna, el cual iba acompañado de Megumi. Ambos habían salido en busca de Yuuji, y Sukuna enfureció al ver a su hermanito junto a ese alfa alvino. La ira se apoderó de él, frenando de golpe para salir del auto.

- Mocoso, sube al coche – ordena Sukuna iracundo, pero Yuuji ni se inmutó. Estaba acostumbrado al malhumor de su hermano.

- ¿Y tú eres...? – pregunta Satoru pasando un brazo por los hombros de Yuuji de forma protectora. No sabía quién demonios era ese alfa furioso, pero no iba a consentir que se acercase a Yuuji.

- Es mi hermano – dice el pelirosa menor mientras notaba un aroma que lo relajaba y atraía a su vez. Era un olor a sándalo y pomelo. Supo enseguida que eran las feromonas de Satoru, nada parecido a lo que había olido en el callejón, pues antes esas feromonas lo habían asfixiado hasta el punto de querer huir, en cambio ahora era todo lo contrario. Ahora solo quería acurrucarse en el pecho del alfa y disfrutar de ese olor tan relajante y atrayente -. Sukuna, ya te he dicho que quiero estar solo.

- ¿Solo? – el mediano de los Itadori estaba a punto de saltar sobre ese maldito alfa, el cual estaba marcando a Yuuji con su olor. ¿Quién demonios se creía ese imbécil? -. ¿Entonces que demonios haces con este imbécil? Es un maldito desconocido, mocoso. Jamás lo había visto – ahí Sukuna posa sus ojos rojos en Gojo -. Quita tu asquerosa mano de mi hermano y también esas apestosas feromonas – ahí Sukuna agarra a su hermano del brazo y de un tirón lo aparta de ese alfa alvino -. Sube al coche.

- Pero... - Yuuji iba a replicar, pero Gojo lo interrumpe.

- Está bien, Yuuji – dice Satoru con una sonrisa -. Otra vez será.

El pelirosa menor se lo queda mirando unos segundos y en su cara se forma una pequeña sonrisa. Entonces asiente y se dirige al coche, en el cual estaba Megumi. El pelinegro no había salido porque se había quedado muy confundido al ver al alfa peliblanco. ¿Qué demonios hacía Yuuji con ese sujeto? Fushiguro lo conocía, ya que vivió con ese hombre por dos años. Su padre lo dejó a cargo de Satoru, prometiendo volver en dos años, y así lo hizo.

- ¿De qué conoces a ese tipo, Yuuji? – pregunta Megumi.

- Lo acabo de conocer – dice el pelirosa -. Se ve que es buena persona.

Fushiguro pone los ojos en blanco. Gojo no era buena persona, sino todo lo contrario. Megumi sabía a qué se dedicaba Gojo, e incluso sabía que pertenecía a uno de los 3 grandes clanes, al igual que él. Megumi pertenecía al clan Zenin, algo que su padre le dijo después de volver durante esos dos años que pasó con Gojo. Toji le contó el motivo por el que lo dejó con Gojo, ya que tuvo que enfrentar al clan Zenin. También le dijo a su hijo que jamás dijera que era un Zenin. Toji no quería que su hijo se viera involucrado con ese maldito clan, el cual odiaba con todo su ser.

- Lo mejor será que te mantengas alejado de él – comenta Megumi -. No te conviene.

- ¿Cómo sabes eso? – pregunta Yuuji con el ceño fruncido -. ¿Es que lo conoces, Fushiguro?

- Algo así... - comenta el pelinegro y mira por la ventanilla. Sukuna seguía sin volver al coche, y estaba mirando a Gojo como si quisiera matarlo -. ¡Sukuna, volvamos a casa!

Esa voz hizo que Gojo posase su mirada en el coche, encontrando ahí una cara que se le hacía muy familiar.

- ¿Guminola? – dice Gojo con una gran sonrisa -. Que sorpresa volver a verte.

- ¿Guminola? – Sukuna estaba a punto de explotar. ¿Quién demonios era ese maldito sujeto y cómo es que conocía a Megumi?

- No me llames así – dice el pelinegro, el cual había salido del coche para acercarse a Sukuna. Pronto comenzó a soltar un poco de sus feromonas, con la intención de relajar al alfa pelirosa -. Aléjate de Yuuji. No le convienes.

- ¿Así me vas a tratar cuando nos reencontramos después de 8 años? – pregunta Gojo haciendo un puchero -. Por cierto, ¿cómo está tu padre? Hace tiempo que no sé nada de él.

- Adiós, Gojo – dice Fushiguro girándose y llevándose con él al alfa pelirosa, el cual pareciera que iba a matar a alguien.

Satoru sonríe viendo como esos dos subían al coche, pero pronto el peliblanco pone su atención en Yuuji. Sin pensarlo le hace una señal para que supiera que lo llamaría. Eso causa que Yuuji sonría y sus mejillas se tornaran rosadas. Eso le gustó a Gojo, el cual vio como el pelirosa asiente.

Gojo quedó pronto solo y no podía sacarse de la mente a Yuuji. La verdad es que ese chico lo atraía mucho. Ahí es cuando piensa en el hermano de Yuuji. Era un alfa, pero Satoru no le tenía miedo. Lo que sí le extrañó era que Megumi fuera tan cercano a ese alfa pelirosa. ¿Cómo se conocieron? ¿Toji sabría algo sobre ese Sukuna? Le intrigaba mucho ese alfa, además de que Gojo quería saber más sobre Yuuji.

- ¿No se suponía que te marchabas? – el peliblanco se gira para mirar a Suguru, el cual se acercaba a paso tranquilo -. Todo está bien. Hemos acabado.

- Bien, entonces vamos con mi querido abuelo – dice Gojo -. Es hora de que nos pague el resto del trabajo.

- Te lo encargo a ti – dice Geto comenzando a alejarse -. Que te vaya bien, Satoru.

Gojo sonríe y entra en su coche. Ya en el asiento busca el número de Toji y le envía un mensaje, pidiendo encontrarse con él mañana en la noche. El alfa pelinegro le responde con un "ok". Con eso hecho Satoru pone rumbo a la mansión Gojo. No tenía muchas ganas de encontrarse con su abuelo, pero quería su dinero. Además, cabía la posibilidad de que no tuviera que ver a su abuelo, ya que era demasiado tarde y de seguro ya estaba durmiendo. Ijichi sería el encargado de darle el resto del dinero. Así que de buen humor puso rumbo a la mansión Gojo.

Nanami se había enterado de la muerte de Wasuke. Sukuna le había llamado para decirle y ahora el rubio se encontraba saliendo del hospital en compañía de Choso. El azabache parecía muy cansado y triste así que le dijo que se marchase a casa y descansase. Choso aceptó, pero solo porque quería ir con Yuuji. Le preocupaba su hermano menor, ya que su abuelo había sido un padre para él.

Nanami se despide del mayor de los Itadori y cuando estuvo solo buscó su móvil. Nanami trabajó un tiempo para la Yakuza cuando solo tenía 12 años, pero solo estuvo 4 años, ya que Shiro Gojo se encontró con él y lo acogió en su clan. Le dio estudios, también lo enseñó a pelear. Shiro le salvó la vida y estaría eternamente agradecido, pero tiempo después, cuando recién cumplió los 17 conoció a Jin, y aunque este fuera 10 años mayor que él se hicieron buenos amigos, hasta el punto en el que Nanami pidió abandonar el clan para poder vivir una vida tranquila al igual que Jin. Shiro aceptó su propuesta con gusto, pero a cambio le pidió que mantuviera un ojo en la familia y ahí le contó que Jin pertenecía a un clan que dejó el bajo mundo. Nanami aceptó vigilarlos tal y como le pidió Shiro, ya que le había tomado mucho aprecio a Jin y Kaori, además de que cayó rendido ante los dos hijos que estos tenían, los cuales eran Choso y Sukuna.

No quiso pensar más en eso, ya que poco tiempo después de abandonar el clan Gojo fue que Jin y Kaori fueron asesinados por el clan Zenin. Sin pensarlo más llama a Ijichi, el asistente de Shiro, era importante que supiera sobre la muerte de Wasuke, pues después de todo ellos dos siempre fueron muy buenos amigos, aunque cuando Wasuke decidió abandonar el bajo mundo cortó toda relación, más ambos siempre se preocuparon por el otro.

- Nanami-san, ¿a qué se debe tu llamada? – pregunta Ijichi cuando aceptó la llamada.

- Dile a Gojo-sama que estaré ahí en unos 30 minutos – dice el rubio muy serio -. Debo hablar con él sobre algo relacionado con los Itadori.

- Enseguida le digo – dice Ijichi y finalizó la llamada.

Con eso hecho Nanami pone rumbo a la mansión Gojo.

Yuuji llegó a casa en compañía de su hermano Sukuna, el cual no estaba para nada contento al haber encontrado a su hermano con ese maldito alfa. Había estado regañando a su hermano durante todo el camino y también quiso saber cómo es que Megumi conocía a ese maldito alfa. El omega azabache le dijo que Gojo cuidó de él durante dos años, ya que este era amigo de su padre. Sukuna se quedó conforme con eso, pero aun así odiaba a ese alfa, al cual había apodado como rata albina.

- Como descubra que te vuelves a ver con esa rata albina te ataré a la cama para que no vuelvas a salir de aquí – gruñe Sukuna.

- Soy ya mayorcito para saber lo que hago y si quiero ver a Gojo-san lo veré – dice Yuuji caminando para ir a su habitación.

- Este maldito mocoso... - gruñe el alfa pelirosa con una vena palpitante en su sien.

- ¿Quieres hacer el favor de tranquilizarte? – pide Megumi -. Y controla tus feromonas.

A Fushiguro le gustaba mucho el olor de Sukuna, ya que olía a Jengibre con toques de cúrcuma, pero cuando este enfurecía ese olor que le agradaba se tornaba asfixiante, tal y como estaba pasando ahora. El azabache intentaba tranquilizar al alfa con sus feromonas, pero parecía que no estaba surgiendo efecto.

- Lo siento – dice el pelirosa intentando controlarse y se dejó envolver por las feromonas de su pareja.

- Deja que yo me ocupe de tu hermano – pide Megumi. Él en verdad no era una persona entrometida, pero le preocupaba el bienestar de Yuuji y sabía que Gojo no era bueno para su amigo. Este era un libertino, y no quería que usase a Yuuji como a un juguete.

- Gracias – dice Sukuna abrazando a su omega para empaparse bien del olor de este -. ¿Quieres que te lleve a casa o prefieres quedarte?

- Llamaré a mi padre para decirle que me quedaré aquí a dormir – dice el azabache.

- Ya lo hago yo – dice Sukuna con una sonrisa dejando un beso en los labios de Megumi -. Tú ve con el mocoso a ver si consigues que entre en razón.

Megumi asiente y se marcha a la habitación de Yuuji. Ya estando solo Sukuna saca su móvil y llama a su suegro. Este no tardó en contestar.

- ¿Ocurre algo? – quiere saber Toji.

- Megumi pasará la noche conmigo – dice Sukuna.

- ¿Para eso me has llamado? – pregunta Fushiguro -. Si mi hijo es como si viviera ya contigo.

- Estamos en casa de mi abuelo – informa el pelirosa -. Hoy mi abuelo a muerto.

- Vaya, mi más sentido pésame – dice Toji -. El viejo Wasuke me agradaba.

- Gracias – dice Sukuna -. Por cierto, hoy me he encontrado con un maldito alfa... Megumi lo conocía porque era amigo tuyo y que cuidó de él durante dos años.

- ¿Has conocido a Gojo Satoru? – Toji ríe -. Por lo que veo no te ha agradado.

- ¿Desde cuando tienes amigos en el clan Gojo? – quiere saber el pelirosa.

- Tengo amigos en todos lados, Sukuna – dice Fushiguro -. Pero no te preocupes, Gojo no le hará nada a Megumi.

- Esa maldita rata albina está interesado en mi hermano – gruñe Sukuna -. Y aun encima es un maldito miembro del clan Gojo.

- Se supone que iba a ser el líder del clan, pero declinó la oferta – comenta Toji el cual ya estaba atando cavos en su cabeza. Ahora ya entendía porque Satoru le había enviado un mensaje para verse el día de mañana, el muy maldito querría información -. Es un asesino a sueldo. Es muy bueno en lo que hace. Nunca falla.

Eso le gustó mucho menos a Sukuna, pero no pudo decir nada más ya que llegó Choso preguntando por Yuuji. Ahí el pelirosa se despide de su suegro y empieza a hablar con su hermano. Debían preparar todo para el funeral, avisar a los conocidos de su abuelo y hablar con el abogado de este para la lectura del testamento y sabían que había uno, ya que Wasuke los amenazaba con desheredarlos, aunque a decir verdad ninguno de los tres necesitaba dinero, ya que Choso tenía un trabajo fijo como doctor en una clínica privada, en la cual Wasuke no quiso ser internado, Sukuna estaba ganando toneladas de dinero y tenía previsto invertir en la industria de la coctelería para así poder lavar el dinero, y Yuuji... bueno él no trabajaba, pero tampoco lo necesitaba, ya que sus dos hermanos estaban más que dispuestos a darle todo lo que necesitaba.

Gojo llega a la casa en la que se crió. Era una casa enorme de estilo japonés antiguo, y la verdad es que le traía nostalgia volver a ese lugar, del cual se marchó apenas cumplió los 18. Desde ese día había ido muy pocas veces, pero aun así le gustaba.

Unos guardias en la puerta hicieron una pequeña reverencia, pero Satoru lo ignoró y simplemente entró en la casa. En el genkan se quita los zapatos y una de las sirvientas pone frente a él unas pantuflas.

- ¿Dónde está Ijichi? – pregunta el peliblanco.

- Ijichi-san se encuentra reunido con Gojo-sama, Satoru-sama – responde la sirvienta con la mirada gacha, no atreviéndose a mirar a Satoru a los ojos.

- ¿El abuelo sigue despierto con lo tarde que es? – eso sorprende al peliblanco -. ¿Están en el despacho, verdad?

La sirvienta asiente y con eso Satoru comienza a caminar por los largos pasillos yendo directo al despacho de su abuelo. En cuanto llegó entra sin llamar, lo cual causa que ambos hombres que estaban en el despacho lo mirasen.

- Satoru, te enseñamos que hay que llamar antes de entrar – dice Shiro -. ¿Qué te trae por aquí?

- He venido para que me des el resto del dinero – dice el peliblanco tomando asiento en uno de los sillones que su abuelo tenía en el despacho -. Hoy Suguru y yo terminamos el trabajo por el que nos contrataste.

- ¿Acabaste con todos? – pregunta el mayor.

- Su líder no estaba por ningún lado, pero hemos acabado con todos sus hombres – responde Satoru -. Así que págame.

Unos toques en la puerta hicieron que el líder del clan Gojo dejase de mirar a su nieto. Sin pensarlo Shiro dejó pasar al visitante, el cual sabía quién era.

Satoru sonríe al ver de quien se trataba, pues era Nanami. Lo conoció cuando llegó a vivir a la mansión después de la muerte de sus padres. Ese chico era 9 años mayor que él, y también era muy cercano a su abuelo. El jefe del clan lo acogió como si fuera su nieto, y a decir verdad a Satoru le agradaba el rubio, pero le gustaba sacarlo de quicio y esa era la razón por la que Nanami no lo soportaba.

- Siento venir tan tarde – se disculpa Kento haciendo una reverencia, y cuando se yergue se percata de que cierto peliblanco también estaba ahí -. Que sorpresa verte aquí, Satoru-sama.

- Vamos siempre te he dicho que me llames Satoru, no hace falta los honoríficos – se queja el peliblanco -. Además, es más raro verte a ti aquí, Nanamin.

Shiro mira con atención al rubio y logró ver una vena palpitante en su sien al igual que un tic en el ojo. No pudo evitar reír. Shiro sabía cómo era su nieto, pues su mayor pasatiempo era molestar a quienes los rodeaban, y eso le incluía a él, pero con Nanami era otro caso, ya que desde que se conocieron su nieto se encargó de hacerle la vida imposible al rubio.

- Satoru, compórtate – pide la cabeza del clan mirando severamente a su nieto -. Ijichi se encargará de darte el pago, así que déjanos solos.

- Pero tengo curiosidad – dice el peliblanco con una sonrisa mirando a Kento, y este estaba intentando mantener la calma, ya que Nanami deseaba golpear a Satoru hasta el cansancio -. ¿Por qué Nanamin está aquí? ¿De qué van a hablar?

- Esto no te incumbe – habla Shiro -. Decidiste no tener nada que ver con el clan, así que no debería importarte.

- Ahora siento más curiosidad – Satoru se acomoda mejor en el sillón -. Vamos, abuelo, deja que me quede, ¿sí?

Shiro deja salir un suspiro. Su nieto era incorregible y de verdad que lograba sacarlo de quicio. Desde que cumplió los 15 años, y se supo cuál era su segundo género, este se negó a tomar el cargo del clan. Siempre dejándolo en vergüenza con su mal comportamiento y en cuanto cumplió los 18 se marchó de casa, renegando de su sangre. Shiro no podía aceptar eso, así que lo buscó, más no llegaron a nada, su nieto seguía sin querer ocupar el cargo. Por eso mismo le molestaba que ahora quisiera estar presente en esa reunión.

- Mantente callado – dice Gojo mirando a su nieto con severidad -. Si abres la boca yo mismo te sacaré de aquí, ¿entendido? – Satoru sonríe radiante al haberse salido con la suya y asiente -. Bien, Nanami... ¿Qué ha ocurrido con Wasuke?

- Itadori-sama ha fallecido – dice Nanami bajando la vista.

Shiro se queda estupefacto tras oír eso, su amigo había fallecido. ¿Cuándo ocurrió? ¿Tan mal estaba de salud? El corazón del hombre se llenó de arrepentimiento, pues en innumerables ocasiones había querido visitar a su viejo amigo, más no lo hizo para respetar su decisión de alejarse del bajo mundo. Le costó mucho alejarse y mantener a salvo a su hijo y nuera... Lo que también le molestó fue que Wasuke no aceptó su ayuda... Y ahora él había muerto.

Satoru alza la cabeza rápidamente con el ceño fruncido. Era la segunda vez en menos de una hora que oía ese apellido. ¿Itadori? ¿Ese hombre que su abuelo y Nanami habían mencionado sería pariente de Yuuji? Tenía demasiadas preguntas, pero se mantuvo callado. Después bombardearía a su abuelo con preguntas y más le valía que respondiera a todas.

- Fue hace un par de horas – sigue contando Nanami.

- ¿Cuándo será el funeral? – quiere saber Shiro -. ¿Y sus nietos? Supongo que no estarán para nada bien, primero pierden a sus padres y ahora su abuelo... - Shiro se pasa una mano por la cara.

- Ellos están bien – dice Nanami -. Dentro de lo que cabe, claro. Choso-kun se ha encargado de todo el papeleo, mientras que Sukuna se encargaba de vigilar a Yuuji-chan.

Satoru abre mucho los ojos al oír eso. Así que el abuelo de Yuuji... ¿Por eso había notado un toque amargo cuando el pelirosa llegó a ese callejón? Satoru quería golpearse por haber sido tan insensible con el chico, pues Yuuji estaba de duelo y a él se le ocurrió invitarlo a cenar, aunque él no sabía que el abuelo del pelirosa había muerto... Por un momento Satoru se queda en shock. ¿Qué era ese sentimiento? Se sentía culpable, ¿él? ¿Cómo era posible? ¿Por qué debía sentir culpa si él no había hecho nada malo? Solo invitó a ese chico a cenar para poder llevárselo a la cama. ¿Qué le importaba a él si Yuuji estaba en duelo?

- Quisiera ponerme en contacto con Choso – habla Shiro -. Quiero ayudar en el funeral, aunque sea económicamente.

- Hablaré con él mañana – dice Nanami -. Gojo-sama, los chicos no saben...

- Descuida, no diré nada – lo interrumpe Shiro -. Sé bien que Wasuke no les contaría nada para protegerlos, pero ahora están desprotegidos. Además, tengo entendido que el más joven es omega – el rubio asiente -. No es por menospreciarlo, pero él es quien corre más peligro.

- No se preocupe por eso, Yuuji-chan está bien protegido – asegura Nanami.

- Igual quiero que todos sepan que los Itadori están bajo mi protección – sentencia Shiro -. Además, el clan Zenin y Komo se enterarán de la muerte de Wasuke, y si indagan un poco descubrirán a sus tres nietos... No quiero correr riesgos.

Saturo no estaba comprendiendo nada, pero sabía que su abuelo y Nanami estaban hablando de Yuuji, el chico que había conocido hacía apenas una hora, el mismo que por extrañas razones le había encandilado. Y su olor... de solo recordarlo, se le hacía la boca agua.

- Mañana le llamaré después de hablar con Choso-kun – dice Nanami haciendo una reverencia -. Que pase una buena noche, Gojo-sama.

Y con eso Nanami se fue, quedando el despacho completamente en silencio. Shiro miró a su nieto sorprendido, ya que de verdad había estado en silencio, algo asombroso, y eso le dio curiosidad.

- ¿Quién era Itadori Wasuke? – pregunta Satoru mirando directamente a los ojos de su abuelo.

- Un buen amigo, y el último líder del clan Itadori – responde Gojo.

- ¿Clan Itadori? – el peliblanco estaba confuso, ya que jamás había escuchado de ese clan, además tenía entendido que solo eran 3 los clanes.

- El clan Itadori fue disuelto hace casi 30 años – responde el mayor poniéndose en pie -. Ijichi, ve a por el dinero de mi nieto, no quiero que siga perdiendo su tiempo – Ijichi asiente y sale tras hacer una reverencia -. El clan Gojo e Itadori siempre estuvieron en buenos términos, y eso fue por mi amistad con Wasuke.

- También habéis mencionado a un chico... - comenta Satoru -. Itadori Yuuji.

- ¿Qué pasa con él? – pregunta el mayor con el ceño fruncido. Su nieto estaba preguntando demasiado, algo raro. Por lo general no se preocupaba por los demás, era un desinteresado arrogante que solo pensaba en sí mismo.

- Creo que lo conocí hoy – comenta Satoru poniéndose en pie metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón -. También conocí a Sukuna, y por lo que pude ver creo que tiene una relación con el hijo de Toji.

- Lo sé – dice Shiro con el ceño fruncido. El hombre no era tonto, y sabía que su nieto estaba actuando raro.

- En fin... - comenta Satoru tras un suspiro y se encoge de hombros -. Me aburren los temas del clan. Iré a buscar a Ijichi y me iré.

Tras eso Satoru abandona el despacho, pero el líder del clan Gojo se quedó ahí unos instantes, analizando lo que acababa de pasar. Su nieto jamás se interesaba por alguien, y solo preguntaba cuando quería información de su siguiente víctima... ¿A casó...?

- ¡Satoru! – lo llama Shiro saliendo del despacho. Su nieto se detiene y gira para mirarlo con rostro confuso -. Ni se te ocurra hacerle nada a los Itadori, ¿queda claro? No importa lo que te hayan pagado...

- ¿De qué hablas? – Satoru estaba más confuso.

- ¿No te han contratado para acabar con los Itadori? – pregunta Shiro.

- No – responde el peliblanco -. Y si lo hacen, créeme que no lo haría. ¿O tal vez sí?

Satoru sonríe al decir eso y se marcha siendo observado por su abuelo, el cual estaba muy serio. No iba a permitir que nada malo le pasara a los nietos de Wasuke. Aun así había visto algo raro en su nieto, un brillo en sus ojos, uno que no veía desde hacía años, y ese brillo apareció junto cuando había mencionado al menor de los Itadori.

Aun no sabía que estaba pasando, pero tenía intención de descubrirlo.