Actions

Work Header

Un Cuento de una Araña, una Bestia y Espirales

Summary:

Al principio parecía ser solo el destino y la ironía burlándose de ambos, uno no podía morir seleccionado por un ególatra para contar su historia por la eternidad incluso después de que los hombres-bestia hubieran desaparecido y la otra era una especie de viuda negra, a la que nadie nuevamente se atrevería a besar ya que eso traería al hombre que se atreviera una muerte rápida.

Y por más ridículo que fuera ese rumor, tal vez ella misma realmente lo creía un poco.

¡Ahora con Podfic!

Notes:

cover-GLC.png

Work Text:

 

Download Podfic: 12

 

 

 

Había comenzado cuando la silueta de Kittan desapareció en esa explosión. El pensamiento ya estaba en la mente de Yoko, junto con la certeza de que ella también lo lloraría por siempre como lo hizo con Kamina y la pesadez que eso causaba en ella.

   Había sido murmurado por otros, principalmente hombres, después de que Simon derrotara a los Antiespirales. Ahora, junto al deseo en la mirada masculina que atraía su belleza, también había miedo, en algunos más que en otros.

   No debería haber sido un problema, no era como si ella quisiera que se le siguieran acercando, ya que ella misma tenía miedo de que eso volviera a suceder. Así que hizo lo mismo que la última vez y en lugar de quedarse en la recientemente reconstruida Ciudad Kamina, nuevamente tomó sus gafas y su personalidad de maestra, volviendo con sus niños, dispuesta a fingir que el pasado no existía.

   Los sueños eran dolorosos, con Kamina y Kittan apareciendo por turnos solo para estar allí y cuando ella estaba a punto de engañarse creyendo que él, cualquiera de los dos, se iba a quedar, él le decía cuánto lamentaba no poder haber sido capaz de cumplir su promesa.

   Era típico de Kittan hacer eso, incluso si en realidad él no le prometió nada y solo le pidió poder conocer a sus hijos.

   Para Yoko era difícil saber quién le dolía más y le parecía de mal gusto incluso intentar pensar en ello. Entonces se centró en sus niños, quienes realmente la amaban, así que fue suficiente, incluso si eso no desterró el deseo de tener otro tipo de vida que sus sueños insistían en mostrarle.

   Como antes, nunca visitó realmente Ciudad Kamina, incluso si Rossiu y Simon a veces le enviaban mensajes, y casi se había olvidado de su involuntario título de viuda negra cuando consiguió algunos libros de historia nuevos para la escuela y las partes que la mencionaban tenían el apodo burlón impreso en las páginas.

   Yoko se preguntó si Rossiu intentaba incitarla a regresar a la ciudad, aunque solo fuera para darle una paliza, pero decidió ignorarlo. Ella ya no era Yoko sino Yomako, y si la historia quería recordar a Yoko como la viuda negra más patética de todos los tiempos, sin siquiera lograr llegar a tercera base con ninguno de los hombres que la amaron, que así fuera.

   Yoko sentía que se merecía eso un poco.

   La única forma que ella hubiera regresado era si los Anti-espirales regresaban; de lo contrario, ella estaba bien lejos de sus viejos amigos, de esa ciudad y de las estatuas de Kamina y Kittan, que le recordaban demasiado las falsas esperanzas.

   Deseaba envejecer como una solterona, simplemente cuidando a sus niños y tal vez muriendo de vejez. De esa manera, en el más allá podría burlarse de esos dos idiotas por no lograr algo tan sencillo como eso y mostrarles su rostro envejecido.

   Pero ella no envejeció.

   Ella vio a sus niños graduarse y tener niños y luego enseñarles a esos niños, cuando fue demasiado obvio que ella no estaba siguiendo el guión que debía, incluso si las personas que la rodeaban la amaban demasiado como para decir algo al respecto.

   Presa del pánico, ella llamó a Leroon, todavía sin querer poner un pie en Ciudad Kamina, y se quedó tan muda al verlo viejo y gris como él al verla a ella igual que antes. Pensó en estar celosa de él, pero su nieto estaba allí para acompañar a Leroon y recordarle a Yoko que estaba más atrapada en el pasado que nadie al no envejecer más.

   Su viejo amigo la revisó y le mostró algunos diagramas en una pantalla flotante, diciendo un montón de palabras a las que no le prestó tanta atención como debería, siguiendo el espíritu de la Brigada Dai Gurren incluso después de todos esos años, pero si entendió que ella era así porque su poder espiral se negaba a fluir normalmente.

   Leeron sugirió intentar superar su duelo de otra manera para poder seguir adelante y Yoko le lanzó una mirada asesina, justo como en los viejos tiempos. Leeron suspiró y le sugirió al menos buscar a Simon, quien parecía estar en una situación similar a la de ella para no estar sola más, pero Yoko ya no lo escuchaba.

   Sus niños y el pueblo la amaban demasiado como para importarles, pero aun así se decoloró el cabello para que pareciera que estaba canosa, y después que los nietos de sus niños comenzaron a mirarla con menos amor y más miedo, y comenzaron a compararla con antiguos cuentos de demonios araña, Yomako también tuvo que dejar de existir y murió en un misterioso incendio en la escuela.

   Entonces Yomiko comenzó a viajar por el mundo, su vieja motocicleta tenía su arma cuidadosamente escondida, y anduvo por allí haciendo algunos trabajos ocasionales, siendo cajera, enfermera y hasta azafata por un corto tiempo.

   Pero una y otra vez tuvo que irse, su apariencia juvenil después de algunos años era demasiado sospechosa como para esconderse en un solo lugar. Y los libros de historia todavía llamaban a Yoko Littner viuda negra, y el pueblo donde sus niños solían ser todo su mundo, todavía tenía algunas leyendas urbanas extrañas sobre arañas demoníacas inmortales.

   Se volvió buena fingiendo morir y pasando su dinero a su única nieta, y después de un tiempo se preguntó si se quedaría sin nombres similares a Yoko.

   Se sentía cansada y, después de sobrevivir a un accidente aéreo solitario que no fue un accidente en absoluto, ya que estaba tratando de quitarse la vida, con todas sus heridas sanando demasiado rápido y demasiado bien para un humano, ella decidió no pensar mucho en ello para evitar perder más su cordura, fue a Ciudad Kamina y finalmente buscó a Simon.

   Él parecía la versión envejecida de Kamina, la versión que ella nunca llegaría a ver, y Yoko quería darse la vuelta e irse tan pronto como lo vio, pero sus ojos todavía eran sin duda los de Simon, así que se quedó.

   Aliviaron la soledad el uno del otro por un tiempo, sin siquiera molestarse en preguntarse por qué les estaba pasando esto, más allá de su suposición de que el poder Espiral podía ser así de loco, y Yoko finalmente podía abrazar a alguien sin temer que su maldición de viuda negra se lo llevara lejos, pero demasiados fantasmas se interponían firmemente entre Simon y ella, Simon siempre había anhelado a Nia de una manera que Yoko nunca se había atrevido a hacer por Kamina, y no podía fingir que Yoko era una sustituta lo suficientemente buena, ya que ella era tan diferente a la mujer-hada.

   Un día, Simon no estaba cuando se despertó por la mañana por cuarta vez y ella decidió no intentar seguirlo nuevamente. Regresó y se quedó en Ciudad Kamina, usando la casa de Simon como propia ya que él no estaba, y se consiguió otro trabajo como cajera en una tienda cercana solo para matar el tiempo. A veces pasaba junto a las estatuas de Kamina y Kittan y permanecía junto a ellas durante horas, preguntándose si la estaban castigando por no morir en la batalla con ellos.

   A veces la gente bromeaba con ella diciendo que se parecía mucho a la Yoko Littner de los libros de historia. Entonces agradecía el no haber tenido nunca su propia estatua porque entonces sería más frecuente que eso sucediera, y le desagradaba que le recordaran sus antiguos nombres. Pero afortunadamente cuando era cajera y usaba el uniforme verde casi nadie se lo mencionaba, como si usar el delantal le diera una capa de invisibilidad que la convertía en algo tan aburrido, y tal vez incluso inhumano, como la máquina expendedora de afuera.

   Era un bonito disfraz hasta que esa apatía también terminó metiéndose dentro de ella.

   Yoko estaba tan fuera de sí y aburrida de la vida misma que la mayoría de la gente no se molestaba en tratar de charlar con ella, lo cual, considerando lo harta que estaba de que los hombres le coquetearan, era un rayo de luz para ella.

   Por supuesto, los hombres eran hombres y Yoko seguía siendo hermosa, así que siempre había un tipo al que no le importaba en absoluto su expresión antipática y trataba de probar suerte. En aquellos momentos Yoko echaba de menos su mala fama de viuda negra.

   Por eso, cuando escuchó una voz masculina llamándola por su nombre en un turno de noche, su primera reacción fue pensar “otra vez no” solo por un segundo, solo para sentir su corazón congelarse un instante después ya que el hombre la había llamado Yoko, no su nombre falso de turno, con una certeza diferente a la de cualquiera de los turistas que la comparaban con estatuas corroídas.

   Además, su voz ronca la había transportado a tiempos muy antiguos cuando todavía usaba un bikini como ropa de todos los días.

   Volteó hacia arriba y vio a Viral, usando jeans, una camiseta y una chaqueta de cuero como lo haría cualquier otro humano, mirándola muy sorprendido. La confusa línea de pensamiento de Yoko comenzó a pensar que su estilo era exactamente como ella imaginaba que Kamina se vestiría si viviera en esos tiempos, mientras se reprendía por seguir viviendo con el fantasma de Kamina en su cabeza y preguntándose qué estaba haciendo él en la ciudad.

   Los hombres-bestia tenían vidas largas, pero el único inmortal era Viral gracias al deseo narcisista de Lord G de ser recordado por la eternidad, por lo que con el paso del tiempo había cada vez menos hombres-bestia.

   De hecho, había pasado un tiempo desde la última vez que había visto uno.

   Yoko incluso había pensado en ir a una aldea de hombres-bestia donde probablemente sería menos frecuente que su eterna juventud causara sospechas, pero descartó esa idea ya que verlos siempre le recordaría los momentos en que conoció a todos los de la Brigada Dai Gurren.

   Viral todavía se quedó mirándola estupefacto, y Yoko se preguntó si podría engañarlo haciéndole creer que estaba imaginando cosas.

   Él la tomó por el cuello y la olió largamente, provocando en ella una reacción que no esperaba, sonrojándose y alejándolo.

   —¿Qué diablos haces, Viral?— Ella lo maldijo, arreglándose el uniforme para ocultar la piel que él había expuesto hacía un momento.

   —Ese olor; eres tú, realmente eres Yoko…— Viral todavía parecía aturdido. —¿Cómo? ¿Cómo sigues aquí?

   Yoko lo miró con amargura. ¿Realmente él había recordado su olor después de tantos años? Él solía decir siempre alguna estupidez sobre el hedor de los monos desnudos, pero esto era demasiado.

   —No sé.— Respondió secamente la pelirroja.

   —¿Estás con Simón? Vine a verlo.— Preguntó Viral, bajando la mirada al notar que la mirada de ella no era precisamente amistosa.

   —No.

   —Perdón por agarrarte así.— Viral se disculpó y Yoko lo miró un poco sorprendida.

   —Está bien.— Ella realmente no sabía qué más decir. Una parte de ella quería desesperadamente hablar con él, quien era probablemente la única persona, además de Simon, que podía entender el tipo de problemas que su eterna juventud le daba, pero al mismo tiempo, a diferencia de Simon, ellos nunca fueron tan cercanos, comenzaron como enemigos y terminaron como compañeros de guerra, respetando la fuerza del otro y nada más. —¿Vas a llevarte algo más?

   Viral reaccionó tardíamente, pues no entendió que ella se refería a los snacks que iba a comprar, antes de darse cuenta quién estaba en la caja.

   —No.— Él respondió y un silencio incómodo llenó el aire mientras ella usaba la caja registradora y empacaba sus cosas en una bolsa reutilizable.

   —Gracias por su compra.— Yoko no se molestó en hacer contacto visual con su único ojo visible mientras le entregaba la bolsa.

   Viral tomó la bolsa, que parecía chistosamente pequeña en sus grandes manos y se preguntó qué podría decir para convencerla de que realmente hablara con él.

   —¿Puedo volver a verte?— Preguntó Viral, sintiendo que era un intento muy poco convincente.

   Silencio de nuevo, Yoko le había dado la espalda, fingiendo estar arreglando algo del inventario en el estante detrás de la caja. Viral la miró muy frustrado, pero se dio vuelta para salir de la tienda.

   —Pues no se si puedas, pero por mi está bien. —Viral escuchó a Yoko murmurar detrás de él y miró hacia atrás para verla medio sonriéndole.

   Él simplemente asintió y salió.

   -

Viral se encontró nuevamente en la tienda de Yoko al día siguiente y al día siguiente y así sucesivamente. Ella estuvo un poco menos a la defensiva con el tiempo y a veces él lograba invitarla a salir a comer algo en sus descansos.

   Ella seguía siendo la misma Yoko, pelo largo y un cuerpo increíble. Tenía el mismo aspecto con el que la vio la última vez, siglos atrás, en la boda de Simon. Pero ella había cambiado un poco. Viral supuso que era normal, los humanos no estaban hechos para vivir tanto como ella y ya había visto el efecto que los años tuvieron en Simon, incluso si él realmente envejecía.

   Si bien Yoko parecía joven por fuera, por dentro ella parecía tener serios problemas, no toleraba hablar del tiempo en años y meses reales y se resentía profundamente cuando su entorno cambiaba y cuando caminaban por la ciudad podía perderse en su mente durante demasiado tiempo, especialmente si pasaban por un sitio histórico o una estatua de sus antiguos camaradas.

   Viral estaba preocupado por ella, así que en lugar de regresar a su casa, él se quedó y después de un tiempo ella le permitió visitarla a veces en su casa, que en realidad era una de las antiguas casas de Simon.

   Después de algunos años, tuvo que dejar su trabajo de cajera, ya que la gente empezó a notar que ella nunca cambiaba y empezó a murmurar sobre un fantasma de algún empleado. Ella parecía realmente cansada de ese ritmo, por lo que Viral le propuso regresar con él a una aldea de hombres-bestia y pretender ser una mujer-bestia para no tener que pretender su muerte tan a menudo.

   Le costó menos convencerla de lo que pensaba y se preguntó si Yoko había empezado a acostumbrarse a él.

   Viral era consciente de que él podría desagradarle bastante a ella, ya que era un recordatorio ambulante del pasado del que nunca logró escapar. Él podía entenderlo ya que a veces se sentía de esa manera por ella.

   Pero como hombre-bestia, él veía el tiempo de manera diferente, por lo que si las rápidas ciudades humanas cambiaban tan rápido como lo hacían, no le molestaba tanto como parecía molestarle a ella y, aparentemente, realmente estaba hecho para vivir mucho más tiempo, ya que ella a veces incluso actuaba demasiado fuera de lugar para poder vivir con otros humanos, su mente comenzando a perder la noción del tiempo.

   Entonces cuando ambos regresaron a su casa, Viral agradeció que ella hubiera decidido vivir con él porque Yoko a veces era lo suficientemente extraña que incluso con los hombres bestia le resultaba difícil encajar, especialmente cuando había mencionado cuánto extrañaba a sus niños.

   Ese era un tema doloroso para Viral y otros hombres-bestia, toda su especie condenada a desaparecer lentamente sin descendientes, afortunadamente los demás asumieron que se refería a algunos niños humanos adoptivos que ella habría perdido, creyéndola una mujer bestia muy parecida a un humano, por lo que no lo tomaron personal cuando ella mencionó la falta de niños en el pueblo, mientras soñaba despierta que estaba en un viejo poblado humano, y tal vez era exactamente eso lo que ella extrañaba. Aun así, a Viral no le agradaba cuando hablaba de ellos, ya que él deseaba poder tener hijos y ella, que tuvo esa oportunidad, nunca la aprovechó, siempre cuidando a los hijos de los demás.

   Tampoco le ayudó personalmente a Viral que ella todavía se viera exactamente como antes. Ser estéril, al menos para Viral, no le quitaba el instinto de querer reproducirse y ella aún tenía esa costumbre de usar la menor cantidad de ropa posible dentro de casa. No es que se atreviera a intentar coquetear con ella cuando su mente vagaba por el pasado en lugar de por el presente.

   Yoko no estaba por encima de eso, la maldita. A veces se le trepaba de una manera que era muy difícil de ignorar, e incluso se había atrevido a besarlo un par de veces, aparentemente confundiéndolo con un recuerdo de Kittan. Entonces, para evitar que eso sucediera, Viral se dejó crecer el cabello nuevamente y lo dejó desatado, lo que ayudó.

   Afortunadamente, después de un tiempo en la aldea, donde el paso del tiempo parecía ser mucho más lento que en el mundo humano, su mente pareció empezar a mejorar. Ella dejó de confundirlo con sus fantasmas y Viral solo pudo estar eternamente agradecido cuando un día ella decidió nuevamente trepársele sugerentemente llamando su nombre.

   Entonces Viral aceptó felizmente sus insinuaciones.

   Fue una experiencia nueva para Viral estar dentro de una mujer y fue agradable ver a Yoko sonreír así. Ella parecía feliz y era agradable tener ese tipo de afecto, incluso si Viral nunca antes lo había intentado con su propia especie, ya que muchos lo encontraban inútil, incluso si hacía que sus largas vidas fueran menos solitarias.

   A veces era extraño cuando se abrazaban, sus ojos mostraban las espirales que Viral había pensado era normal que los humanos mostraran en sus ojos durante la guerra, solo para descubrir en tiempos de paz que no eran en absoluto tan comunes. Viral se preguntó qué significaría eso para su larga longevidad si lo que Yoko le había dicho era que ella no envejecía porque su poder espiral estaba actuando de manera extraña.

   A veces, su poder se filtraba hacia él, haciendo que toda la experiencia con ella fuera más fuerte y a veces Viral todavía lo sentía latir en su piel y músculos después. Se preguntó por qué Yoko ahora parecía tan feliz, con su mente firmemente fija en el presente y en él, incluso si se negaba a regresar a las ciudades humanas.

   Su olor comenzó a cambiar un poco, oliendo demasiado a él y eso fue lo único que pudo evitar que pensara que lo había engañado de alguna manera cuando resultó estar embarazada. Aun así, no podía creerlo cuando el bebé salió reflejando sus propios ojos de gato y cabello rubio, y algunos años más tarde, cuando el siguiente bebé que salió de su unión tenía cabello rojo y ojos de gato, ya no se sorprendió, simplemente se puso feliz.

   El poder de la Espiral había realizado otro milagro, esta vez para los hombres-bestia. Desde el nacimiento de sus hijas, los demás que tenían pareja también tuvieron descendencia propia, teniendo algunos la misma suerte con sus consortes humanos.

   Muchos hombres-bestia le estaban agradecidos a Yoko por esto, considerándola a ella la que había iniciado todo de alguna manera. Yoko parecía simplemente feliz de tener su propia familia con Viral y él sólo podía estar agradecido una vez más por haberla encontrado ese día.

   El último de sus milagros fue cuando, una década después, mientras veían jugar a sus hijos, Yoko le señaló que tenía una cana escondida dentro de uno de sus mechones rubios y cuando se acercó para mostrárselo, Viral le dijo que ella tenía arrugas en el rabillo del ojo.

   Y con la esperanza de que algún día su felicidad terminara para dejar espacio para los cuentos de sus hijos, se abrazaron fuerte y decidieron compartir el tiempo que les quedaba.

 

   Fin.