Work Text:
El mayor de los Sakuma acarició con su pulgar la temblorosa mano de Mayoi. Sus ojos verdes eran igual de trémulos que su vivir, pues el miembro de Alkaloid siempre había temido a la familia de Rei por las macabras leyendas que las habladurías dejaban caer. Pero ahí estaban ellos dos, acompañados por la música que compuso Tatsumi el día de antes. Mayoi miraba a Rei con un semblante contrariado, el pecho se le aceleraba y en sus manos brotaba un valiente sudor que le impulsaba a seguirle el ritmo al autoproclamado vampiro; se hubo dado cuenta muy tarde de lo que sentía, y, temiendo equivocarse, no dijo nada, mas Rei no iba a perder la ocasión de zanjar ese recorrido tortuoso que finalmente lo llevó hasta Mayoi.
El joven de hebras lilas tomó una bocanada de aire, recordando las hebras de color menta que lo alentaban a ser más osado, de modo que tomó un rostro mucho más determinado. Rei sonrió con cierto orgullo por eso, y, finalmente se acercó peligrosamente a Mayoi, permitiendo que el susodicho termine la acción. Mayoi y Rei se besaron mientras sus manos afianzaban el enlace y Tatsumi seguía tocando, con una sonrisa en su semblante por lo que Mayoi, su amado Mayoi, había conseguido.
Mayoi sintió ese beso arder en lo más profundo de su garganta, al punto en que parecía sofocarlo y gritarle que huyera, pero no quería. Notó la mano de Rei —bajo el guante— acariciando su rostro con una delicadeza superlativa. Besar a Rei era distinto de besar a Tatsumi. Por un lado, Tatsumi era cálido en todo momento, sus labios reflejaban ese calor y lo cobijaban con mimo, haciéndole saber, aunque fuera por un momento, que todo estaba bien; por otro lado, los labios de Rei eran lo contrario: gélidos y amenazantes, pero que al mismo tiempo lo llenaban de un calor extraño. Amaba esa sensación, amaba esas sensaciones. Los amaba a ambos.
Tatsumi dio fin a la canción justo cuando su mirada se centró en los dos jóvenes que empezaban a separarse de su extraña unión. Los tres conectaron miradas un poco nerviosos, Tatsumi era el más relajado del triunvirato, Rei, empero, pese a que temblaba un poco, se mantenía constante con su habitual serenidad, lo extraño era Mayoi, quien, pese a la situación vivida, no estaba hecho un manojo de nervios y ansiedad. Temblaba un poco, sí, pero se sentía relajado y esbozaba una sonrisa tímida que escondía una profunda felicidad. No mediaron palabra, simplemente Tatsumi caminó hacia ellos y tomó ambas manos, para salir de la sala los tres juntos, como una nueva relación recién creada.
