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Friendly Kissing

Summary:

Cellbit no está enamorado de Roier.

No puede estarlo. Solo son amigos que se besan. Al menos eso se dice a sí mismo mientras sale a recibir a Roier en la entrada de su castillo. Lo saluda, como suele hacer, y Roier besa su saludo contra sus labios. Cellbit tira de él al interior del castillo y sus miradas se cruzan por un momento, una timidez poco común adornando la sonrisa de Roier mientras lo mira con ojos brillantes. Roier se lame los labios y Cellbit se pregunta cómo sería besarlos mientras aún están húmedos. ¿Serían más suaves de lo normal?

Es como la gravedad, piensa mientras se inclina para besarlo de nuevo. Tira de él, lo atrae, y él queda indefenso, incapaz de resistirse.

O; Roier y Cellbit comienzan a besarse, Cellbit no entiende muy bien qué está pasando. Una versión alterna de los inicios de Guapoduo.

Notes:

Hola! Esta es la versión en español de "Friendly Kissing", un oneshot de guapoduo que venía juntando polvo en mis drafts xd. Después de tanto angst y sufrimiento, creo que es necesario un poco de guapoduo fluffy para desestresar jsjsjs

Enjoy :D

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El caso es que comienzan a besarse.

 

Todo empieza de manera relativamente inocente, cuando, tras un largo día de aventuras y exploración, Roier lo despide con un abrazo. Sorprendido, Cellbit se ve envuelto en los brazos de Roier, sus manos posándose instintivamente en la cintura del chico. La mejilla de Roier roza la suya cuando se aparta y, por un instante, Cellbit piensa en lo sorprendentemente suave que es su piel. Siente el impulso irracional de inclinarse de nuevo, solo para confirmarlo, pero antes de que pueda siquiera analizar el pensamiento intruso, unos labios cálidos presionan contra su mejilla. Un beso rápido, fugaz, que lo deja ligeramente confundido mientras Roier se aleja alegremente sin decir una palabra.

Cellbit no piensa en ello el resto de la noche, para nada. Después de todo, Roier es conocido por su personalidad amigable y afectuosa con quienes considera cercanos. Cellbit se convence de que no es más que una señal de su nueva amistad, consecuencia de todo el tiempo que han pasado juntos últimamente.

No es gran cosa. En serio.

La siguiente vez que sucede es un completo accidente, y Cellbit definitivamente lo atribuiría al alcohol si alguien llegara a preguntar. Aunque nadie lo haría, por supuesto, es sólo cosa de amigos.

Es después de una de las fiestas de Maxo en Casualonas, cuando han bebido más tequilas de los que Cellbit pudo contar, que ocurre el segundo incidente. Jaiden había estado cuidando de un muy borracho Roier y evitando que se desnudara sobre el escenario del club cuando Cellbit, compadeciéndose, se ofreció a llevarlo a casa.

Ambos se adentran en la noche, Cellbit arrastrando a un Roier quejoso fuera del Casualonas mientras Jaiden le dedica una sonrisa de agradecimiento. Se ríe de las payasadas ebrias de Roier y de sus bromas sin sentido, sintiéndose un poco mareado él mismo, pero logra que lleguen en una pieza al castillo de Roier.

Es cuando un Roier risueño, con el rostro enrojecido por el alcohol, se gira hacia él en la entrada del castillo para despedirse que Cellbit se encuentra incapaz de resistirse. En su defensa, tenía la intención de apuntar a la mejilla, pero en su estado de embriaguez logra atinar un torpe beso en la comisura de su boca. Por poco.

Cuando Cellbit se aparta, un torbellino de pensamientos se arremolina en su mente, amortiguado por la euforia inducida por el alcohol. Una mezcla extraña de regocijo y preocupación lo atormenta, amplificada por la mirada de los ojos grandes y temblorosos de Roier que logra captar mientras se adentra en la noche de camino a su hogar.

Ninguno de los dos vuelve a mencionarlo. Y de hecho, para la próxima vez que se despiden con un beso, ya no sorprende.

Cellbit se dice a sí mismo que realmente no estaban pensando. Pero justo antes de despedirse después de jugar la última ronda del nuevo juego del escondite de Pac y Mike, euforia y adrenalina aún flotando en el aire, Roier se lanza a un abrazo y sus rostros de repente están un poco demasiado cerca. Un roce fugaz de sus labios, y así, sin más, ahora son personas que se besan.

 

No hay vuelta atrás después de eso.

 

Se besan para saludarse y despedirse, besos castos y pasajeros; tan natural como la caída de las hojas en otoño. No lo mencionan o hablan al respecto, ya que no hay nada de qué hablar. Son amigos que se besan cuando se saludan, igual que hacen muchas familias. No tiene por qué significar nada.

Y Cellbit realmente no quiere pensar en ello. No quiere pensar en lo suaves que son los labios de Roier o en cómo se sonroja adorablemente desde la nariz cada vez que se acercan un poco más de lo debido, cuando se demoran un segundo más en apartarse. No quiere pensar en ello porque es solo un saludo amistoso, y los amigos no deberían fijarse en esas cosas. Así que finge que no lo hace.

La próxima vez que se besan, Roier le roba un beso extra, lo que despierta la curiosidad de Cellbit. ¿Roier besa a todos sus amigos dos veces? La idea se asienta amargamente en el fondo de su mente y pesa en su corazón, pero la ignora. A quién bese Roier no es asunto suyo, decide, y ese pensamiento desde luego no es el catalizador para que Cellbit comience a besarlo un poco más a partir de entonces.

Roier está visitando a Cellbit en su castillo, algo ya cotidiano. Esto también es nuevo para ellos. No es que no pasen mucho tiempo juntos ya, pero la presencia de Roier se ha convertido en un cambio agradable –y ruidoso– en la rutina monótona de Cellbit. Ayuda a Cellbit con enigmas, le trae café cuando está demasiado absorto en sus frenesíes nocturnos inducidos por puzzles y es una fuente de risas cuando Cellbit se encuentra abrumado.

Escuchan música. Mucho. Cellbit ha descubierto que tienen gustos similares, y pueden pasar horas tirados en la cómoda alfombra de su habitación, inmersos en acaloradas discusiones sobre sus artistas favoritos y subiendo los altavoces a todo volumen cuando suenan las canciones preferidas del otro.

Cuida de Richarlyson cada vez que Cellbit se pasa la noche en vela trabajando y está demasiado cansado como para ser algo más que un alma en pena durante unas horas. No puede evitar notar el vínculo que se forma entre Roier y su hijo después de una tarde soleada cuando los encuentra en la preciada sala de arte de Richas, cubiertos de pintura de todos los colores y consumidos por risas contagiosas.

Cellbit no está enamorado de Roier.

No puede estarlo. Solo son amigos que se besan. Al menos eso se dice a sí mismo mientras sale a recibir a Roier en la entrada de su castillo. Lo saluda, como suele hacer, y Roier besa su saludo contra sus labios. Cellbit tira de él al interior del castillo y sus miradas se cruzan por un momento, una timidez poco común adornando la sonrisa de Roier mientras lo mira con ojos brillantes. Roier se lame los labios y Cellbit se pregunta cómo sería besarlos mientras aún están húmedos. ¿Serían más suaves de lo normal?

Es como la gravedad, piensa mientras se inclina para besarlo de nuevo. Tira de él, lo atrae, y él queda indefenso, incapaz de resistirse.

Roier responde al beso, sus brazos rodean el cuello de Cellbit mientras lo arrastra, cada vez más, hacia el encanto de su boca acogedora. Cellbit entreabre los labios con un suspiro, inclinando la cabeza hacia un lado, la boca de Roier encajando en la suya como la pieza perfecta de un rompecabezas.

Cellbit se permite el lujo de explorar, la lengua húmeda de Roier encontrándose con la suya, un matiz dulce abrumando sus sentidos. Cuando finalmente se separan, están jadeando y ligeramente sin aliento. Los ojos de Cellbit viajan por el rostro sonrojado de Roier, deteniéndose en sus labios hinchados por el beso, mientras Roier, viéndose ligeramente aturdido, pasa el pulgar sobre ellos.

Pero antes de que pueda decir algo sobre lo que acaba de suceder, cualquier cosa, Roier rompe el hechizo con una risita y levanta una bolsa de plástico de aspecto pesado que ni siquiera notó que llevaba.

"¿Tacos?" dice, y eso es todo.

Sigue a Roier escaleras arriba mientras éste divaga sobre lo difícil que es conseguir ingredientes mexicanos auténticos en esta "pinche isla culera", y aunque parte de él desearía haber abordado lo que acaba de suceder, mayormente siente una oleada de alivio descomunal.

Porque, para ser completamente honesto consigo mismo, Cellbit ni siquiera está seguro de qué decir al respecto.

Hay algo agradable en la situación en la que están, increíblemente cómodo y dulce. Y Cellbit no quiere perderlo, incluso si no puede expresar con palabras qué es exactamente lo que ronda por su mente. Roier es su mejor amigo y, últimamente, la persona con la que más disfruta pasar sus días. Le aterra pensar en lo que podría desvelar esa conversación, cuál podría ser la reacción de Roier. Eso es algo que puede admitir.

Así que lo evita.

O al menos lo intenta, hasta una fatídica noche en la que el momento llega en forma de sus peores pesadillas personificadas: Maximus y Pac.

 

Están en la favela, descansando en el campo de fútbol y disfrutando de una cerveza fría tras un largo día construyendo y decorando la nueva zona en el área brasileña. Se había propuesto preparar algo para la tan esperada Festa Junina, y todos estuvieron de acuerdo en que sería una gran idea agregar un nuevo lugar recreativo, lleno de juegos y comida típica brasileña.

El comentario sarcástico de Maxo interrumpe los pensamientos de Cellbit, sacándolo de sus cavilaciones sobre cierto mexicano que disfrutaría de las nuevas actividades y los manjares brasileños.

"...y Cellbo incluso podría casarse con su nuevo novio", estaba diciendo, Pac asintiendo, riendo como si esa afirmación tuviera algún tipo de sentido.

"Max, ¿de qué diablos estás hablando ahora?" gruñe Cellbit, pellizcándose la nariz, sintiendo ya los indicios de un dolor de cabeza.

"Oh, ya sabes, comentaba la idea de montar una capilla para que la gente se case durante Festa Junina. Estoy seguro de que Roier y tú sabrán sacarle provecho", codea bruscamente a Cellbit, la sonrisa más irritante que ha visto jamás impresa en el rostro de su amigo.

"¿Qué tiene que ver Roier en todo esto?" replica Cellbit con un bufido cansado, atribuyendo el repentino calor en sus mejillas al par de cervezas que se había tomado.

"¿Con quién más te casarías en Festa Junina sino con tu novio?" interviene Pac, rodando los ojos como si Cellbit fuera el que estuviera siendo denso y no ellos sugiriendo que está en una relación romántica con su mejor amigo.

Cellbit jura que puede sentir la vena en su frente latir.

"Roier no es mi novio", refunfuña con dientes apretados, las palabras dejando un tinte amargo en su boca.

Maximus y Pac intercambian entonces una mirada que hace pensar a Cellbit que se está saltando algo importante. Frunce el ceño cuando ambos se giran para mirarlo con la misma expresión indescifrable, casi como si lo hubieran ensayado, y Cellbit ahora está definitivamente seguro de que no están en la misma página.

"Macho", comienza Maxo, "literalmente los hemos visto besarse. Varias veces". Pac imita ruidos de beso para reforzar el punto.

"¡Solo para saludarnos!" protesta Cellbit, enderezándose y sintiéndose cada vez más acorralado. "Y despedirnos. Solo en la mejilla, al principio. Y, bueno, de vez en cuando en los labios. ¡Muy superficial, casi imperceptible! Y— no significa nada, ¿de acuerdo?"

Bueno, puede que Cellbit haya —convenientemente— pasado por alto algunos detalles y haya balbuceado el 90% de sus palabras, pero piensa que ha ofrecido una explicación completamente racional y sensata.

"Esa es la explicación más idiota que he oído en mi vida", sentencia Maximus con una expresión incrédula, mirándolo como si hubiera perdido la cabeza.

"¡No puedes ir por la vida besando a Roier y decir que no significa nada!", exclama Pac, agitando los brazos con frustración y volteándose hacia Maxo en busca de apoyo.

"¿Cuánto tiempo llevan besuqueándose?" interroga Maximus con tono serio, ofreciendo a Pac una palmadita tranquilizadora en el hombro.

Cellbit piensa que su descenso a la locura podría no estar del todo descartado.

"Meu deus", se lamenta, frotándose el rostro con cansancio. "No estoy... ¡no lo sé! Simplemente pasó, ¿de acuerdo? Fue de la nada y en el momento me dejó algo confuso. Y luego se me ocurrió que Roier era del tipo que besa a sus amigos, así que no le di importancia. Son besos amistosos, es todo."

"Bueno... Si es superficial, supongo que podría pasar por amistoso", musita Pac con un tono más ligero, rascándose la barbilla pensativamente. Maxo vocifera algo acerca de que Cellbit es un idiota con media neurona funcional y “qué demonios quiere decir con ‘besos amistosos’”, pero la mente de Cellbit desconecta del sermón por el bien de su cordura.

Hay una pausa y Cellbit se muerde los labios, sus ojos fijos en un parche de hierba que repentinamente luce muy interesante.

"No es para nada ‘superficial’, ¿verdad?" Pac dice, rendido.

Cellbit siente su rostro incendiarse, rojo de vergüenza. "Casi siempre es superficial", dice a regañadientes. "Pero a veces... puede haber algo de... profundidad".

De repente, otra cerveza suena increíblemente apetecible.

"¡¿Profundidad?!" Maximus mira boquiabierto a Cellbit.

"Oh, wow", interviene Pac.

"¿Hay lengua?" Maxo interroga con ojos penetrantes.

Cuando Cellbit no puede articular palabra alguna, Pac deja escapar un sonido estrangulado. "Oh, wow", repite.

"Le has estado metiendo la lengua a Roier, ¿y aún piensas que podría ser amistoso?" Maximus eleva la voz, enunciando cada palabra como si estuviera tratando con un niño pequeño.

Cellbit se limita a asentir y un lamento exasperado colectivo resuena en la tranquila noche.

Maximus tiene la vista fija en la distancia, con la mirada perdida, mientras Pac emite sonidos de confusión por un minuto completo. "Tal vez podríamos poner esto en palabras que nuestro Cellbo pueda entender", sugiere finalmente, hablándole a Maxo como si Cellbit no estuviera literalmente frente a él.

Cellbit frunce el ceño. Ahora sí que se siente como un niño siendo regañado por sus padres.

"Eh, no soy idiota", protesta indignado.

"¡Entonces deja de actuar como uno!" responde Maximus, y Pac tiene que físicamente retenerlo para que no se abalance sobre Cellbit como un perro rabioso.

"Quizás deberías hablar con Roier, Cellbo", resopla Pac mientras forcejea con un Maxo desquiciado. "Creo que podría ayudarte a aclarar las cosas."

Cellbit decide seguir el consejo de Pac cuando la retahíla de insultos comienzan a incluir amenazas más explícitas que involucran a su trasero.

Cuando llega a casa de Roier, está convencido de que sabe cómo manejar la situación.

Es muy sencillo, en verdad. Solo se acercará a Roier, sacará casualmente el tema de sus besos amistosos y Roier sin duda confirmará que es solo su forma de saludar, algo estándar entre mejores amigos. Todo está perfectamente.

 

Perfectamente mierda, piensa mientras Roier lo recibe en la puerta con una sonrisa coqueta y rodea su cuello con los brazos, cerrando la puerta de una patada.

Roier lo absorbe por completo, una fuerza a la que Cellbit no puede resistirse. Y mientras se funden el uno en el otro en medio de la sala de Roier, todo lo que pretendía preguntar se esfuma de su mente.

Después de todo, ¿qué podría ser mejor que esto? ¿Qué podría ser mejor que los suaves y carnosos labios de Roier moviéndose contra los suyos? ¿Qué es mejor que la succión húmeda y ferviente invitando a la lengua de Cellbit a explorar su boca?

Roier lo presiona contra la puerta y arrastra una mano cálida por la parte delantera de su cuerpo. Cellbit sujeta la cabeza de Roier firmemente, manteniéndolo cerca mientras lo devora, y separa las piernas para que el cuerpo de Roier encaje cómodamente contra el suyo.

Las yemas de los dedos de Roier están jugueteando con el borde de su cinturón cuando Cellbit suelta un suspiro vacilante.

Roier retrocede ligeramente, mirándolo con el cabello alborotado y los labios hinchados.

"Yo..." Cellbit grazna, boca seca y palmas sudorosas. Su mente recita el nombre de Roier como un mantra, su corazón latiendo rápido. Todo lo que planeaba decir ahora se siente vacío, insincero. No con la forma en que se le eriza la piel por el deseo irrefrenable de besar a Roier otra vez. No con el miedo a que la más mínima insinuación por parte de Roier de que su relación es meramente platónica pueda destrozarlo.

Mierda.

"He oído que querías hablar conmigo", dice Roier, ladeando la cabeza, una sonrisa juguetona adornando su rostro.

Cellbit se toma un momento para desear internamente la muerte más dolorosa y horrible a sus amigos idiotas antes de tomar una bocanada de aire temblorosa y aclararse la garganta.

"Yo... Creo que tal vez sea hora de hablar sobre lo que hemos estado haciendo".

"Hemos estado besándonos", afirma Roier con completa naturalidad.

"Ah, sí", balbucea Cellbit, su respiración entrecortándose cuando los dedos de Roier recorren su nuca, jugueteando con su cabello. Un tironcito en un mechón le hace cosquillas en la oreja.

"Probablemente no sea necesario decirlo", Cellbit se apresura a decir, intentando reprimir las mariposas que se agolpan en su garganta. "Pero los amigos normalmente no hacen eso".

"Interesante", murmura Roier, con los ojos fijos en el rostro de Cellbit.

"¿Lo es?" responde Cellbit, sintiéndose un poco frustrado.

Roier presiona las yemas de sus dedos suavemente contra la mejilla de Cellbit, trazando el débil contorno de una vieja cicatriz. "Probablemente no sea necesario decirlo", repite Roier. "Pero no me importaría ser algo más que amigos".

En pocas palabras, Cellbit entra en cortocircuito. Las alarmas suenan en su mente, rojas y estridentes, su cuerpo sintiéndose como si fuera a apagarse en cualquier momento.

 

Más que amigos.

 

No podía ser así de fácil. "Lo has malinterpretado, él nunca te amará", se burla la traicionera voz interna de Cellbit, la que a menudo arruina sus raros momentos de felicidad. Hasta ahora, ha tenido bastante éxito.

"Pero... pensé, pensé que solo eran besos amistosos", murmura Cellbit, sintiéndose impotente y algo ridículo. Empieza a comprender por qué Max quería arrancarle la cara tan fervientemente.

Roier parpadea, ojos cálidos y brillantes, antes de estallar en carcajadas. Cabeza echada hacia atrás, lágrimas en los ojos y todo. Cellbit simplemente lo observa, sintiéndose como el circo entero y definitivamente no pucherea.

"Pinche pendejo", dice Roier, con una enorme sonrisa en su rostro mientras sostiene las mejillas de Cellbit, acercándolo. Cellbit prácticamente puede contar cada una de sus pestañas de lo cerca que están. "¿De verdad crees que ando por ahí besándome con todos mis amigos?"

Cellbit vacila, su cara enrojecida. Suena absolutamente ridículo cuando lo dice en voz alta.

Roier sacude la cabeza, riendo como si hallara la situación adorable y no un acontecimiento que hace temblar al universo mismo, como sin duda es el caso de Cellbit.

"Cellbo, pendejo", dice lentamente y notablemente más suave. "Te deseo. Te quiero".

"¿Me quieres?" La voz de Cellbit definitivamente no se quiebra.

", pendejo", resopla Roier, "pensé que era bastante obvio por la forma en que prácticamente te metí la lengua hasta la garganta", bromea, su pulgar dibujando círculos reconfortantes en la mejilla de Cellbit.

"Es solo que... supongo que nunca imaginé que realmente tú fueras a..." 

Cellbit es interrumpido por la boca de Roier contra la suya, haciéndolo callar. La respuesta de Cellbit es vergonzosamente predecible mientras se derrite con el beso, sus manos instintivamente buscando las caderas de Roier, acercándolo a su cuerpo una vez más.

"Deja de decir mamadas, gatinho", murmura Roier contra sus labios y Cellbit cede con una risa entrecortada.

"¿Y ahora qué?", pregunta, sus narices rozándose.

Roier se echa hacia atrás, saca la lengua y adopta su pose característica, un hábito que Cellbit ha aprendido a reconocer como "la postura pensante de Roier". Entonces se ilumina de repente y aplaude triunfante.

"¿Tacos?"

Cellbit se ríe entre dientes, felicidad pura brotando de sus poros.

"Por supuesto, guapito".

Y mientras se dirigen hacia la cocina, Cellbit sabe que todavía tienen mucho de qué hablar, muchos de sus propios demonios contra los que necesita luchar. Sin embargo, en este momento, hay una cosa que está muy clara en su mente: está irrevocable y perdidamente enamorado de Roier y, tal vez, su final feliz no sea un sueño lejano después de todo.

 


 

“Conque 'por supuesto', ¿eh? ¿Es porque soy mexicano, pendejo? Tacos, sombreros y tequila, ¿verdad, culero?”

“Guapito, se você não parar, eu vou me matar na sua frente.”

Notes:

cellbit modo "gay or european?", es que está chiquito

guapoduo ya vuelvan a mí :c

acá mi twitter por si quieren llorar por lore de cubitos juntos <3