Chapter Text
"Parece que lloverá hoy, Young Hoon-ah... Por fin, Shin ha decidido madurar y darme un respiro". La mirada del presidente Nam sobre él estaba cargada en satisfacción y tranquilidad.
Young Hoon no se imaginaba un escenario en el que la felicidad del presidente significara la de Shin así que con preocupación preguntó: "¿Shin ha decidido qué...? ¿A qué se refiere señor presidente?"
"Nam Shin ha decidido casarse con Seo Yena. Se casará con ella en una semana".
Shin...
Se casará.
Y con Seo Yena.
En menos de una semana.
Shin se casará...
Su querido Shin...
Había estado repitiendo esa tan sencilla frase en su cabeza durante todo el día tras haber sido despedido por el presidente para que se encargara de algunos arreglos de la boda.
Le había encargado contratar al servicio de catering y al de los arreglos florales mientras él se encargaba de invitar a todas las personas importantes que tendrían que estar sí o sí en la boda de su único nieto.
Young Hoon había estado intercalando sus llamadas a los servicios de catering más reconocidos de Corea con sus insistentes llamadas a Shin.
Y Shin nunca le contestó.
Suspiró con cansancio y con el terror gritando dentro de él. ¿Cómo podría Shin casarse?
Ok, sabía que el presidente había insistido con eso los últimos años y que Seo Yena era la candidata perfecta, pero el joven había rechazado fuertemente la idea y había hecho de todo para que su abuelo lo dejara en paz al respecto.
¿Entonces por qué demonios acababa de recibir la noticia sobre una boda tan repentina y apresurada? Y no de parte de Shin... No, él no le había mencionado nada al respecto. Había sido el presidente Nam.
Young Hoon se sintió desfallecer sobre su silla mientras más pensaba al respecto y mientras más avanzaba el tiempo en el reloj sobre su escritorio, cada vez más cerca de ese fatídico día.
Esto debía tratarse de una mala broma. Pero el presidente Nam no hacía bromas.
Cuando había accedido mudarse a la mansión y cuidar de Shin como una sombra a pedido del presidente Nam, nunca imaginó un escenario así. Creyó que tendría que soportar al menor y a su rebeldía y sobrevivir a su petulancia... Pero se había encariñado con él... Se habían vuelto amigos y cuando menos se lo esperaba, se había enamorado de él.
Estuvo rechazando la idea por años, pero al final esa verdad seguía ahí... Latente en su corazón agitado cada mañana que veía a Shin llegar a la cocina, cada noche que lo encontraba rodeado de otros brazos en un bar, después de las reuniones de la compañía en donde le pedía que le explicara las cosas porque se había quedado dormido, cada vez que Shin bromeaba con él sobre cualquier cosa... Y cuando Shin lo defendía de su abuelo con ferocidad en sus ojos.
Se había enamorado del nieto de su empleador, de quien debía cuidar y a quien debía guiar en este mundo tan duro y atento a cada uno de sus pasos. Se había enamorado de la peor persona posible.
Pero Young Hoon era experto en el hermetismo y así como resultó ser una obviedad sus sentimientos por Shin, también lo resultó el hecho de que tendría que llevarlos hasta la tumba con él.
Porque nada bueno podría salir de confesarse. Shin se reiría en su cara y se alejaría de él debido a la incomodidad que se instalaría sobre ellos y para empeorar el escenario el presidente Nam se enteraría y luego de un buen golpe lo echaría de la casa lejos de su nieto.
Y Young Hoon no podría vivir con eso. Porque había aprendido muy bien sobre cómo ser una sombra.
Porque si era la sombra de Shin, pertenecía a él. Una sombra no puede existir sin algo que la genere. Y Young Hoon tenía la certeza de que no podría existir sin Shin.
Por eso se resignó a mantenerse a su lado y amarlo en silencio con sus cuidados y constante preocupación. Se había hecho a la idea de que aceptaría verlo casarse algún día con alguien que amara y lo felicitaría con una sonrisa en el rostro al verlo al lado de esa otra persona.
Pero Shin no amaba a Yena, lo tenía claro. Hace apenas 2 semanas Shin se quejaba sobre lo infantil que era y le preguntaba qué excusa podría darle para evitar acompañarla al recital de ballet.
Esa vez Young Hoon se había jactado en silencio al comprobar una vez más que Shin detestaba la compañía de la joven y que preferiría hacer cualquier cosa junto a él antes de estar con ella.
Young Hoon suspiró por milésima vez en el día tras terminar de concretar el servicio de floristería y se reclinó sobre su silla.
Si Shin no amaba a Yena y aun así se casaba con ella, su molestia provenía de eso, ¿no? De que el joven no se casara por amor. ¿Young Hoon estaría más tranquilo si Shin se casara con alguien que amara? Probablemente sí... Tan sólo un poco, porque el vacío en su corazón seguiría ahí al tener que soltar a Shin de una vez por todas.
Se frotó con frustración su ceño fruncido y maldijo a Shin por no darle ni siquiera tiempo para asimilarlo... Una semana... Quedaba una maldita semana y Shin seguía sin contestar sus llamadas.
En lo que quedaba del día, el presidente siguió asignándole cosas que hacer y cuando Young Hoon tomó el valor de preguntarle en dónde se encontraba su nieto, el anciano tan sólo respondió que tras haber confirmado su boda con Yena había desaparecido con la promesa de volver a tiempo para la ceremonia.
A Young Hoon le pareció sospechoso que el presidente confiara tanto en la palabra del revoltoso de Shin teniendo en cuenta sus antecedentes... ¿Qué le había dicho o de qué forma le había prometido que estaría a tiempo en la boda para que confiara en él y lo dejara irse a quién diablos sabe dónde?
No podía comprenderlo.
Durante esa ajetreada semana continuó con los preparativos de la boda junto con sus insistentes llamadas a Shin y sus búsquedas en los bares preferidos del joven.
Young Hoon se apresuraba a culminar lo que sea que le hubiera pedido el presidente y corría hacia un nuevo bar a probar suerte.
Y no lo consiguió.
Era como si la Tierra se hubiera tragado a Shin.
La impaciencia lo asfixiaba conforme más se acercaba el sábado de la ceremonia y cuando creyó que había llegado a su límite y colapsaría si no veía a Shin, Shin por fin apareció.
"El presidente Nam me pidió que le dijera que el señor Nam se encuentra en su habitación y que lo ayudara a elegir un traje adecuado para mañana". Le había dicho una sirvienta de la mansión cuando lo interceptó recién entraba a la casa por la tarde.
Young Hoon la observó por un momento analizando sus palabras y le preguntó incrédulo: "¿Que el señor Nam se encuentra en casa, me dice?"
"Así es". Contestó antes de extenderle unas tres bolsas negras en las que supuso estarían guardando las opciones de trajes para mañana. "Estos son los trajes que tiene que llevarle, secretario Ji".
Se obligó a salir de su estupor, tomó las bolsas entre sus manos y se dirigió a paso apresurado a la habitación de Shin con el corazón latiéndole con dureza contra su pecho.
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Shin lanzó con desinterés a la estantería más cercana el reloj que llevaba en la muñeca y dejó caer su chaqueta de cuero en el suelo a sus pies.
Levantó la vista y se observó en el espejo: tenía los ojos rojos e irritados por todo el alcohol ingerido esta última semana y por llorar en los rincones más oscuros de su último escondite. Su cabello era un desastre y daba mala pinta, pero todo eso era habitual en él tras salir de copas.
Pero la mirada ausente que le devolvía la mirada en el espejo no era algo común.
La ausencia dentro suyo había sido una constante desde hace mucho, pero había logrado ocultarlo por medio de la arrogante indiferencia tan característica de él.
Pero la realidad es que había vivido estos últimos 20 años en la mansión paso a paso. Día a día. Cada mañana era un reto levantarse de su cama y hacerle frente a esta vida tan desgraciada que le había impuesto su abuelo.
Al inicio creyó que sería tan sólo por un tiempo y que al cumplir la mayoría de edad sería completamente libre de escapar de sus garras. Ah, pero al presidente Nam no se le escapaba nada y no fue necesario construir murallas físicas a su alrededor para mantenerlo cautivo.
Porque tan sólo le bastó amenazarlo una vez con la vida de su madre para que Shin construya su propia muralla. Nunca podría irse de esa agobiante prisión porque eso sería a costa de la vida de la persona que más amaba... Su madre.
Una mujer a la que no veía desde hace casi 20 años, pero a la que amaba con intensidad. Una mujer a la que aprendió a proteger a la edad de 7 años al mentirle cruelmente a la cara sobre no quererla a su lado.
Pero qué mentira tan estúpida. Shin se preguntaba a menudo si su madre la había creído.
Esperaba que no, que confiara y conociera a su hijo lo suficiente para no creer algo así. ¿Pero entonces por qué nunca había ido a rescatarlo? La opción era que le hubiera creído a esa mentira...
Shin negó bruscamente con la cabeza ante el pensamiento reincidente en el que había caído. Se llevó las palmas a la cara e inhaló y exhaló con prisa hasta que logró calmar su agitación.
Tenía que centrarse en su próxima misión: casarse mañana con Yena.
Siempre creyó que nunca llegaría a hacer algo así y que lograría escaparse de su abuelo antes de que el anciano lo obligara de una vez por todas a contraer matrimonio, pero fue demasiado ingenuo al suponer que le daría tregua por más tiempo. Porque el presidente Nam se había cansado de él y quería atarlo aún más a sus responsabilidades con la Compañía.
Fue por eso que hace apenas una semana lo había citado en su oficina personal en la mansión y lo había acorralado...
Shin cerró de un portazo la puerta a sus espaldas y sin siquiera saludarlo se lanzó sobre el sofá frente a su abuelo.
Levantó una ceja en su dirección y soltó: "¿Y bien? ¿Qué tiene para decir esta vez?"
El hombre frente a él lo observaba con tranquilidad y Shin pudo distinguir el inicio de una sonrisa maliciosa en sus labios.
"Cásate con Seo Yena. Ya estás en edad suficiente y tendrás que hacerlo en algún momento. Hazlo ahora, Shin-ah".
Shin apretó los labios para contener la carcajada que pensaba escupir ante tal ridiculez. Estaba harto de que le insistiera con el tema y ya le había dicho claramente que no lo haría. ¿Por qué pensaba que aceptaría ahora?
"¿O qué? ¿Me echará de la mansión y me desheredará?" Contraatacó sin inmutarse. "¡Por favor hágalo! Nos haría un favor a los dos".
La sonrisa petulante en su rostro le duró poco tras la próxima declaración del anciano: "Cásate con Seo Yena, o hazte cargo de lo que le pasará a tu madre si no lo haces".
Las comisuras de Shin bajaron lentamente mientras asimilaba lo que acababa de escuchar. No. No podía ser cierto. No se atrevería...
"No se atrevería..."
"Pruébame. No tuve ningún remordimiento al alejarte de esa mujer, no lo tendré al deshacerme de ella". Su abuelo bebió un poco del vaso con licor en su mano y carraspeó. "Al final, tú decides Nam Shin".
El inicial desconcierto terminó para dar paso a una furia incontrolada mezclada con terror puro corriéndole por las venas. Shin se levantó, arrancó el vaso de la mano del anciano y lo lanzó contra la pared detrás de él.
El estruendo apenas inmutó al señor quien se dedicó a darle vueltas con la mano a una fotografía que acababa de sacar del bolsillo interior de su saco.
"¡He hecho todo lo que me ha pedido! ¡Me he quedado viviendo en este infierno y seré su sucesor!" La voz de Shin salía expulsada en gritos desenfrenados y hacía un esfuerzo descomunal en no saltar en llanto frente a él. "¿¡ENTONCES CÓMO SE ATREVE SIQUIERA A PENSAR EN HACERLE DAÑO A MI MADRE!?"
El hombre interrumpió sus próximas palabras y colocó sobre la mesa entre ellos, una fotografía. Shin bajó la mirada y en ella encontró a su madre.
Su madre... Viva y sonriendo. Se encontraba acuclillada sobre el césped mientras plantaba flores al costado de una casa.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
"Está viva, por ahora. Cásate con Seo Yena y seguirá estando así". Observó con desagrado la fotografía sobre la mesa y después levantó la vista hacia su nieto y lo señaló con el índice: "Atrévete a desobedecerme esta vez y no garantizaré su seguridad por mucho más".
Shin sintió que le drenaban la energía del cuerpo y a su alma escapar de él. No pudo pensar más allá más que en salvar a su madre. Una vez más.
Porque Shin podía parecer indiferente, pero en realidad no lo era. Al menos no con las personas que le importaban. La lista era muy corta, en ella tan sólo había dos personas. Pero Shin haría lo que fuera por protegerlas.
Tomó aire y decidió: "Me casaré con Yena. Lo más pronto posible. ¿Este sábado está bien para usted?" Ya no tenía asco que escupir a su abuelo. Ya no tenía energía para algo como eso, sus palabras estuvieron cargadas de resignación.
El anciano sonrió complacido. "Muy bien. Buena decisión. Le avisaré a los empleados y a Young Hoon-ah que preparen todo lo más pronto posible".
Young Hoon... Shin no había pensado en esa cuestión.
Como si adivinara el curso del pensamiento del menor, advirtió: "Y no pienses ni por un segundo hablarle de esto a Young Hoon. Si no él también pagará las consecuencias de tu rebeldía. Recuerda, Young Hoon está a tan sólo una llamada mía para ser castigado por mi propia mano por cualquier estupidez que pretendas hacer. No me obligues a hacerle daño".
Shin tragó saliva ruidosamente e hizo lo posible por mantenerse firme: "No se preocupe por eso. Pero debe mantener su promesa, nada malo tiene que sucederle a mi madre o a Young Hoon-hyung".
El anciano asintió con los dedos de la mano posados en su barbilla, pensativo. "Puedes retirarte... Ah, y conserva la fotografía de tu madre. Creo que tú la apreciarás más que yo. Un recordatorio de nuestro trato".
Shin recibió la fotografía de su madre y sin siquiera despedirse caminó hacia la puerta. "Estaré fuera estos días. Pero estaré a tiempo para la boda. Sólo tienen que enviarme la información".
Soltó antes de cerrar la puerta tras él.
Después de eso Shin se había escondido en un bar de mala muerte a las afueras de Seúl y evitó pensar en lo inevitable. Incluso había apagado su celular porque el insistente tono de llamada destinado a Young Hoon no hacía más que partirlo en dos.
Fue un buen escondite, porque Young Hoon nunca lo encontró, ya que Shin siempre se escapaba a lujosos lugares y el lugar en el que se había refugiado era cualquier cosa excepto lujoso.
Una parte de él esperaba que lo encontrara... Otra parte de él no quería verlo en lo absoluto. Pero tenía que suceder en algún momento y ese viernes en el que por fin se había dignado a volver, la sirvienta le había recordado que tenía que elegir un atuendo adecuado y que enviaría a Young Hoon para ayudarle en la tarea.
"Haz lo que quieras". Le había espetado antes de encerrarse en su habitación.
Estaba dolido. Estaba furioso. Odiaba a todas las personas relacionadas con su abuelo. Young Hoon era la excepción... Porque lo que sentía por él era todo lo opuesto al odio.
Fue como una pequeña chispa dentro de su oscuridad. Un susurro en los momentos más inesperados del día. Un buen sueño recurrente dentro de tantos malos sueños. Era Young Hoon en su vida.
Una constante y un cinturón de seguridad, una sombra que parecía más un rayo de luz.
Shin estaba seguro de que se mantenía en este mundo porque había alguien como Young Hoon a su lado.
Pero no fue hasta que accedió a casarse con Yena que la verdad le explotó en la cara como una broma de mal gusto. Se había intentado convencer entre botellas de tequila de que el molestar en su pecho era ocasionado debido a tener que casarse con Yena. Que los alaridos que soltaba su corazón al revisar la hora en su reloj eran debido a que una vez más, su abuelo había conseguido lo que quería. Que la ausencia de un corazón en su pecho era claramente porque estaba asustado por el bienestar de su madre.
Y sí, era por esas cosas. Pero había algo más.
Y ese algo más era Young Hoon.
Shin tuvo que verse obligado a casarse para aceptar que todo esto era la peor pesadilla posible porque en realidad estaba enamorado de su secretario.
De Young Hoon. Del buen Young Hoon.
¿Cómo podría atreverse a enamorarse de alguien tan bueno y puro como él? Si él tan sólo era una mancha en este mundo. Una masa indistinguible de traumas sin resolver, furia incontrolada, malicia y arrogancia por doquier.
Y una persona como él, amaba a Ji Young Hoon.
Shin rio para sus adentros justo cuando alguien abría la puerta de su habitación. Contuvo la respiración y levantó la vista de sus zapatos para toparse con los ojos oscuros de Young Hoon en el espejo.
Se observaron cuidadosamente sin saber por dónde empezar. Fue una batalla por ver quién era el más valiente en romper el intenso silencio de la habitación y Young Hoon ganó.
"Estás aquí". Empezó con una voz incrédula ante la idea de tener a Shin, por fin, frente a él.
"Ajá... Estoy aquí". Contestó con obviedad e inició con su teatro de fingir que todo estaba bien cuando en realidad no lo estaba. "¿Esos de ahí son las opciones de esmoquin? Tráelos aquí, quiero ver si son lo suficientemente buenos".
Young Hoon lo observó con incredulidad ante la tranquilidad con la que Shin estaba tomando el asunto y se acercó cuidadosamente a él. Extendió las bolsas y Shin las arrebató de su agarre.
Se dedicó a examinar los vestuarios dentro y se decidió por uno gris oscuro con diseños en color negro. Le dio una patada a la chaqueta de cuero a sus pies para alejarla de él y mientras se desabotonaba la camisa rayada que llevaba puesta sintió los dedos de Young Hoon sobre su muñeca desabotonando los botones de ese pedazo de tela.
Ok, Young Hoon se encargaría.
Bajó su mirada a los largos y delgados dedos pálidos de su secretario sobre la tela ajustada de su camisa y el hueco en su interior volvió a arder con ferocidad.
No quería casarse...
Tan sólo quería ocultar su rostro en el cuello de Young Hoon y dejar que lo envolviera en la firmeza de sus brazos.
"Shin-ah... ¿Hay algo que quieras decirme?" Sus ojos oscuros se mantuvieron fijos en la tarea de desabotonar su camisa por frente pero su voz denotaba tensión.
"¿Qué quieres que te diga?"
Young Hoon terminó con la tarea reteniéndose por más tiempo del necesario en el último botón, pero lo soltó al fin. Shin se apartó de él y se quitó la camisa lanzándola a donde permanecía arrugada su chaqueta de cuero.
El hombre suspiró y recogió la ropa tirada para comenzar a doblarla en la canasta de ropa sucia. Shin decidió ignorar las acciones del mayor y se probó el primer traje.
"Nunca pensé que el día en el que te casaras ocurriera tan repentinamente..." Young Hoon terminó de acomodar la ropa en la canasta y lo encaró en el espejo con una expresión que ocultaba dolor.
Shin chasqueó la lengua restándole importancia. "Así sucedieron las cosas. Soy una persona impulsiva y lo sabes. Además... Era algo que tenía que ocurrir en algún momento, ¿para qué atrasarlo?"
Young Hoon dejó de ver su reflejo en el espejo y se entretuvo ordenando la estantería de relojes de Shin, el reloj que recién había lanzado con descuido había desordenado al resto. El joven desde el espejo observaba como el mayor colocaba en su lugar con brusquedad cada reloj y la forma tan peculiar en la que apretaba los labios.
"No te ves muy feliz". Shin se apretó con más fuerza de la necesaria la corbata y recorrió el reflejo de Young Hoon en el espejo con mirada calculadora. "¿Qué sucede? ¿No quieres que me case?"
"No digas tonterías Shin-ah... Como dijiste, es algo que tenía que pasar en algún momento, es bueno que hayas decidido sentar cabeza respecto al asunto".
"Debes creer que al casarme me convertiré en un hombre de casa, obediente y fiel a mi esposa".
Young Hoon levantó con escepticismo una ceja. "Nunca me atrevería a pensar semejante tontería. Pasarán los años y seguirás siendo el mismo". Estas últimas palabras prácticamente fueron escupidas con enojo por Young Hoon. "Lo bueno es que el presidente dejará de insistirte en que trabajes activamente en la compañía por un tiempo ya que estará feliz por tu matrimonio. Será mejor que te esfuerces en ello". El mayor intentaba mantener a raya lo que creía de este matrimonio, pero Shin no era tonto y sabía leerlo como a un libro: estaba molesto.
Shin dejó su lugar frente al espejo y caminó en su dirección, apartó con fuerza la mano de Young Hoon ordenando sus relojes y lo jaló hacia él. "Si tienes algo que decir, dilo ahora... No te atrevas a tratarme con condescendencia. No tú. No ahora".
Shin estaba desesperado. Su cabeza era un caos y estaba fuertemente dividida en dos. Una parte de él estaba dispuesta a abandonar cualquier posibilidad al lado de Young Hoon al casarse con Yena para salvar a su madre, pero otra parte de él, la parte que él había denominado como egoísta, deseaba mandar todo a la mierda y simplemente escapar con Young Hoon a un lugar del mundo en el que su abuelo nunca pudiera encontrarlo y amenazarlo.
Podría hacerlo... Al escapar probablemente su abuelo no le haría daño a su madre al no tenerlo a él presente para ser testigo del daño que le infligiría. Incluso, pensaba esperanzado Shin, podría escapar con Young Hoon y encontrar a su madre. Los 3 huirían y podrían ser felices. Si tan sólo tuviera el coraje de tomar ese camino tan riesgoso a costa del bienestar de su madre... Si tan sólo Young Hoon le pidiera que no se casase... Él podría, tendría el valor de tomar el camino complicado.
¿Pero Young Hoon escaparía con él? Sabía que era estimado por el mayor a pesar de todos los dolores de cabeza que le había ocasionado a lo largo de los años y sabía que solía ponerse de su lado, pero... Escapar era otra cosa. ¿Abandonaría todo y renunciaría a los beneficios de ser el protegido del presidente Nam sólo para estar con él? ¿Él lo quería de esa forma? No estaba seguro y podría saberlo si se atreviera a preguntar, pero era como si las palabras indicadas lo abandonaran en ese momento.
Quería gritarle a la cara que lo salvase de esta situación, pero la amenaza de su abuelo martillaba en su cabeza: "Y no pienses ni por un segundo hablarle de esto a Young Hoon. Si no él también pagará las consecuencias de tu rebeldía. Recuerda , Young Hoon está a tan sólo una llamada mía para ser castigado por mí por cualquier estupidez que pretendas hacer. No me obligues a hacerle daño".
El miedo lo invadió.
Young Hoon comenzó a estresarse por la actitud inmadura, impulsiva y grosera de Shin. Solía soportarlo con la paciencia que había cultivado por años en su interior, pero esta vez no estaba dispuesto a ceder.
"¿Quieres que sea sincero contigo? Muy bien... No entiendo cuál es tu prisa por casarte con Seo Yena. Has hablado pestes del matrimonio y de la idea de casarte con ella y ahora vienes y organizas un matrimonio apresurado sin siquiera comentarme nada al respecto..." Young Hoon interrumpió sus palabras que iban en incremento de volumen para regañarse mentalmente por ser tan obvio respecto a su desagrado por esta boda. "Dime, ¿qué pretendes con esto?"
"Pensé que estabas feliz con esta decisión ya que por fin sentaría cabe..."
"¡Sí! ¡Pero no de esta forma!" El mayor se soltó del agarre de Shin y frotó con impaciencia su ceño fruncido.
Shin meditó por un momento la mejor opción a proceder y decidió cruzar la línea, tentando a Young Hoon: "Lo haces ver como si mi matrimonio fuera tu ruina. ¿No lo crees?"
Shin se acercó peligrosamente hacia Young Hoon, como un depredador acechando a su presa. Tantos años de anhelo ignorado, esta vez probablemente sería la última vez en la que podría conseguir una respuesta de Young Hoon. Estaba desesperado.
"Shin... Cuida lo que dices".
"¿Me equivoco? Eso es lo que quieres ¿no?" Sus palabras sonaban esperanzadas. "Que no me case con Yena... ¡Admítelo!"
Young Hoon cerró con fuerza sus ojos ante la insistencia pintada en los rasgos de Shin. Así no era como tenía que transcurrir la noche. Sólo iría a ayudar a Shin con su ropa y se tragaría sus sentimientos por el joven porque él no era más que su secretario y no tenía ningún derecho a reclamar algo más de él... Pero no había soportado su desagrado por la boda y había abierto la boca y ahora Shin lo atormentaba de esta forma.
"Estás siendo insensato en este momento. Has llevado hasta el final esto de la boda así que cumple con ello". Young Hoon disfrazó con indiferencia aquello que no deseaba que sucediera y emprendió camino hacia la salida. 'Bien... Esto es lo correcto. Es lo que siempre supe que pasaría y es lo mejor para ti' pensó.
"¡Pídemelo!" Fue el grito agonizante de Shin lo que lo detuvo cuando estaba a punto de salir por esa puerta. "Sólo tienes que pedírmelo... Sólo di esas palabras y yo... No me casaré, Young Hoon-hyung".
'Rescátame de esto... Rescátame de esta maldita boda y de mi abuelo'.
Young Hoon apretó con fuerza el picaporte de la puerta estando de espaldas a Shin. Sería tan fácil voltearse y pedirle que no se casara al día siguiente, tomarlo en sus brazos y besarlo por fin. Decirle lo mucho que lo amaba y todo el tiempo en el que solamente su imagen había estado impregnada en su corazón.
Pero Young Hoon nunca había tenido lo que deseaba. Nunca había tenido una familia y unos padres. Nunca había tenido el afecto sincero del presidente y ahora mismo sus inseguridades le gritaban que lo que Shin aparentemente sentía por él no era más que una ingrata burla de su subconsciente.
Una ilusión.
Una mentira.
Una broma de mal gusto de Shin.
Y él estaba dispuesto a caer en esa broma. Así que volteó a verlo dispuesto a pedirle que cancelara el matrimonio, pero en ese mismo momento supo que jamás se recuperaría de eso. Verlo a los ojos le gritó en la cara y en todas sus ilusiones que algo como lo de ellos, jamás sería posible. Y que él... Lo pagaría caro. Porque no soportaría que Shin lo abandone después de darle una muestra de la verdadera felicidad.
Su corazón se encogió y una vez más dio vía libre a su racionalismo a costa de su sentimentalismo: "Detén lo que sea que estés haciendo en este momento. No es gracioso Shin-ah. Tú... Nunca cancelarías ese matrimonio aunque te lo pidiera de rodillas. No sabrías que hacer conmigo si me tuvieras y para serte sincero... Yo tampoco sé qué demonios haría contigo".
El silencio inundó la habitación. Young Hoon calculó que podría aguantar sólo un rato más antes de derrumbarse por completo y llorar como un niño pequeño mientras le suplicaba a Shin que lo perdonara por semejante mentira.
La mirada anhelante de Shin se rompió junto a todas sus esperanzas. El dolor y la decepción se apoderaron de cada rincón de su cuerpo y sintió como lo zanjaban en dos por dentro. Lo que tuvo que haberle entregado en ese momento fueron lágrimas, pero en el último instante se decidió y le regaló una mirada cargada de resentimiento al hombre apoyado en la puerta.
"Muy bien". Shin apartó con violencia su mirada de los ojos lejanos de Young Hoon y maquinó con todo el resentimiento su respuesta. "Entonces abre bien los ojos y observa como uno mi vida a la de Yena mañana. Quiero que observes detenidamente en primera fila cómo juro ante todos amarla en cada momento de mi vida y espero que no te pierdas ni un detalle de la forma en que la bese... ¿Creíste que tendrías tiempo libre al irme de luna de miel? Cambio de planos, ¡irás conmigo y serás testigo de la forma en que la besaré con pasión frente a tus ojos en cada rincón del hotel! Cada día del resto de tu vida me seguirás y presenciarás como entrego mi corazón a una persona que no eres tú y tendrás que vivir con es... "
Young Hoon dejó su lugar frente a la puerta, caminó a grandes zancadas hacia donde estaba Shin y levantó ambas manos para colocarlas en las mejillas del joven cerca de sus orejas con fuerza, no la suficiente para hacerle daño, pero sí para callarlo de golpe.
Sus ojos eran un mar turbulento de ese fuego indignado y del dolor más crudo existente. La respiración de Shin se detuvo repentinamente al ser observado de esa forma por Young Hoon por primera vez durante todos los años que llevaba de conocerlo.
Los ojos de Young Hoon siempre le habían inspirado calma y consuelo, pero esta vez las cosas eran distintas... Era como si el hombre nunca hubiera imaginado que Shin pudiera dañarlo de esa forma.
Shin sorprendido por su reacción, pero anhelante por lo siguiente que haría el mayor apretó con fuerza los puños a sus costados.
Young Hoon tomó aire y con voz estrangulada susurró: "Eres... Tan cruel". Desvío su mirada de los ojos marrones de Shin que lo observaban con añoranza a sus labios entreabiertos. "Después de todo lo que he hecho para cuidarte... Vienes y me pides algo así..."
Era una tortura para ambos ese momento de incertidumbre respecto a lo que sería de su relación después de esta declaración de sentimientos aprisionados por las circunstancias de sus miserables vidas. Se sintieron romper en pedazos al unísono.
Young Hoon no pudo continuar hablando debido al nudo de su garganta que no hacía más que crecer conforme pasaba más tiempo al lado de Shin. Bajó con lentitud las manos de las mejillas teñidas de una rosa pálido y tras darle una mirada significativa se largó apresurado de la habitación.
Shin aturdido se fue para atrás, chocó con la pared de su vestidor y exhaló tembloroso. El esmoquin de novio sobre él lo encerró como duras ataduras y se sintió decaer al repetir en su cabeza las palabras de Young Hoon.
"Eres tan cruel".
'Sí, lo soy'.
"No sabrías qué hacer conmigo si me tuvieras".
'Tienes razón. No sabría bien qué hacer. No podría hacer nada teniéndote'.
"Y para serte sincero... Yo tampoco sé qué demonios harían contigo".
Fue como una puñalada a su corazón...
Y en ese momento Shin supo... Supo que no tenía otra alternativa que casarse con Yena.
Porque era un ser demasiado cruel para Young Hoon. Y si se atrevieran a huir juntos, no haría más que hundirlo con él.
Su plan de huir era egoísta. Incumplía con su misión de proteger a su madre de su abuelo y condenaba a Young Hoon.
Y no podía hacer eso. Porque Young Hoon era la otra persona a la que anhelaba proteger. Incluso si se trataba de protegerlo de él mismo.
