Chapter Text
El dolor y los gritos de ayuda era lo que un pequeño gatito atigrado de color rosa escuchaba a diario, ese maldito lugar el que pensó que iba a ver un lindo hogar donde tendría muchos amigos para jugar pero resultó ser un maldito infierno, el era el unico gato de entre todos ellos que estaba más "entero" ya que con las constantes pruebas que hacían en su pequeño cuerpo habían hecho estragos en el pobre animal principalmente el hecho de que su pelaje cambio de un hermoso color gris a un rosado brillante que por suerte a el lo había provocado un dolor más allá de las primeras pruebas, no como sus demás amigos gatunos la mayoría de ellos habían muerto a causa de eso porque los seres gigantes de blanco y ojo cuadrado no pararon de aplicar ese líquido raro sobre el pelaje de sus amigos sin importarle que todos ellos gritaban que por favor pararan que serían gatitos buenos pero aún así era como si no los escucharán.
Los días pasaban y las torturas seguían continuando, el pobre gatito rosa estaba echado dentro de su pequeña jaula soportando el dolor que tenía ahora en los ojos ya que le había puesto una extraña agua en cada uno de sus pequeños ojos gatunos, le dolían y demasiado pero por lo menos no corrió con la misma suerte que su compañero que estaba en la jaula de arriba se la llevaba peor que el, ya que solo en el se la pasaban poniendo esa agua extraña en sus ojos, llegó a tal admiración de los gigantes de blanco que escuchaba que decían que los ojos de ese gato eran de "arcoiris" pero él no sabía que significaba eso pero penso que era algo horrible ya que miraba mucho a ese gato y no podía creer que solo al principio solo se le erizaba la cola pero al poco tiempo estaba en plena calma como si no pasará nada, no lo entendía, simplemente no lo entendía, cómo podía estar tan tranquilo después de que le pusieran esa agua extraña si dolía demasiado ya que el aún estaba maullando de dolor y ese gato solo le escuchaba decir que ese dolor no era para tanto.
—No puedo creer que ese gato pueda soportar eso—penso el minino abriendo un poco sus pequeños ojos—Me duele, duele mucho no entiendo porque los gigantes me castigan si soy un buen gatito.
Cuando pudo ver mejor simplemente se levantó a tomar un poco de agua y comida, eso hacía que se calmara el dolor y pudiera dormir por lo menos con menos dolor justo después, pero antes de que tocará el agua o la comida uno de de esos gigantes se acercó nuevamente a su jaula, eso lo asusto mucho porque pensaba que lo iban a castigar de nuevo y solo pudo encogerse en el mismo lugar ocultando su cola entre sus patas, quería llorar no entendía nada. ¿Acaso tenía que ser un mal gatito para que no lo castigarán? Simplemente no lo sabía pero en ese momento el gigante hablo.
—Parece que ya despertaste 003, tus ojos al parecer no resistieron a la fórmula te pondré un calmante —dijo en tono neutral el gigante sujetando con algo de fuerza por detrás del cuello al gatito rosa para ponerle la medicina que necesitaba para sanar por lo menos sus ojos—Y también te descargaremos de las pruebas de cambio de color ocular al parecer solo 002 y 001 son capaces de resistir.
Sin detenerse a mirar si el gatito rosa estaba bien o no el gigante simplemente se fue al escuchar una alarma, olvidando cerrar con seguro la jaula, el pobre minino sabía que al escuchar ese fuerte sonido los castigos terminaban y era hora de dormir pero el ya no lo soportaba más quería escapar de ese sitio a como dé lugar ya que no quería seguir siendo castigado por los gigantes que nunca le hablaban con amor y que siempre lo castigaban día con día a parte de darle un nombre demasiado extraño a su parecer, cuando el gatito rosa pudo ver con claridad nuevamente se percató del error cometido por el gigante esto lo vio como una oportunidad y con su pequeña cabeza empujó la puerta de su jaula, no se preocupo si habia hecho ruido al abrir su jaula ya que todos estaban profundamente dormidos, bajo con cuidado hasta el piso ya que el dolor en su pequeño cuerpo todavía estaba muy presente pero eso no detuvo que se acercara hasta esa puerta blanca, dicha puerta tenía una pequeña abertura suficientemente grande para que pueda meter su cabeza un pequeño cachorro.
—Si puedo meter mi cabeza entonces si podré pasar
Entonces lo intento, el gato rosa con algo de esfuerzo logro pasar al otro lado de la puerta a pesar de que sus patas traseras por un momento se quedaron atoradas pero se las ingenio para salir, al observar detenidamente por primera vez al otro lado de la puerta pudo ver un pasillo que tenía una pequeña ventana abierta no sé lo pensó mucho y fue lo más rápido que pudo hasta la ventana y salió, por fin salió de ese lugar y estaba muy emocionado pero también demasiado asustado era la primera vez que miraba algo tan grande en todos sus años gatunos pero sintió tan gratificante oler algo que no fuera los olores fuertes de las cosas con que lo castigaban a diario, se armó de valor y dio sus primeros pasos pasando por varias cajas enormes que tenían una especie de gusanos gigantes que escupían algo negro que volaba al cielo, iba aparentemente tranquilo hasta que vio a otro gigante pero está vez era de colores oscuros.
—¡Hey como escapaste de ahí, ven acá gato tonto!—grito al ver al gatito rosa en uno de los techos.
El gatito rosa se asustó mucho pero está vez no iba a solo a encogerse a que lo castiguen, está vez iba a huir y corrió lo más rápido que pudo hasta bajar por fin al suelo, pensó que estaba a salvo pero se alarmó al escuchar ese sonido fuerte que está vez sonaba repetidas veces por todo el lugar y escucho a varios gigantes iguales a otro acercándose rápidamente a el, no lo pensó mucho y corrió, se fue lo más rápido sin detenerse o esconderse de ellos porque su instinto le gritaba que si lo hacia lo atraparian, por fin logró escapar a pesar de que casi estaba muerto de cansancio y con mucha hambre siguió caminando hasta llegar cerca de un vecindario y cerca de un jardín ahí fue donde encontró un lugar seguro y cómodo para dormir cayendo rendido de tanto correr.
—Solo espero que cuando despierte no esté de nuevo en mi jaula—dijo el gato para caer profundamente dormido.
A la mañana siguiente despertó bastante tarde pero cuando vio a su alrededor supo que no era un sueño,había escapado estaba realmente feliz y por primera vez se sentía con energias estaba decidido a seguir adelante pase lo que pase pero había un problema no sabía dónde estaba y que eran las cosas que había ahí, así pasaron los días y meses entre intentos de caza fallidos y otros exitosos que los aprovechaba al máximo pero aún el gato rosa era muy inocente y no sabía casi nada, eran casi cumplidas las dos semanas de la temporada de primavera cuando se topó con un gato negro un tanto mayor a él, al parecer era un adulto, el gato era alguien muy bien cuidado pero se puso muy alerta al ver que ese gato se estaba acercando a el cuando recién había conseguido por suerte un hueso de pollo con carne de la basura.
—¡ALEJATE ES MI COMIDA!—siseo el gato rosa ante al amenaza que miraba del mayor.
—Oye oye tranquilo cachorro —se acercó con mucha calma y confianza al gato más joven—No quiero tu comida, solo que me pareció raro ver a un gato como tú, puedes comer tranquilo chico yo te cuido.
—Como si fuera a confiar en ti—replico el gato rosa—mi pelaje es lo de menos sé que quieres robar mi comida—dijo para después masticar rápido la poca carne que quedaba en el hueso.
—Ustedes los callejeros siempre desconfiados, pero lo entiendo la vida afuera es difícil —le contrato el gato mayor moviendo la cola suavemente.
El.joven gato rosa después de que rápidamente termino de comer quiso irse de ahí ya que por los meses que llevaba en las calles supo muchas cosas y ahora no le interesaba pelear por territorio lo único que quería era comida y un poco de agua pero el gato mayor de una forma u otra pudo convencerlo de que lo siguiera hasta la que era su casa, le mostró como era la vida de un gato casero y invito a beber al joven gato algo de agua fresca y este no denegó la oferta.
—Se nota de que llevas sediento mucho tiempo cachorro —dijo para después tratar de acicalarlo pero el otro gato se negaba—Quedate quieto
—¡N..no!, No quiero que me bañes
—Estas demasiado sucio hay que lavarte
—No —le respondió tratando de huir—No confío en ti.
Ambos gato no paraban de perseguirse pero el gato mayor logro atrapar al más joven y comenzó a acicalarlo con suavidad así paso hasta que se escucharon unos pasos en el piso de madera para después dejar ver a un joven de cabellos negros y profundos ojos azules que al ver a su gato "bañando" a un extraño gato rosa se acercó con cuidado y llamo a su mascota.
—Oye Keizo, ¿Quien es tu nuevo amigo?—dijo muy desconcertado al ver el color de ese gato
—¡Oh amo! Este cachorro es nuevo en el vecindario —respondio el gato negro balanceando suavemente la cola—Pero no podía dejar que estuviera solo en la calle, así que lo traje para que lo cuidarás.
—¿Keizo?—pregunto el gato rosa—co...como sea, ¿Que es eso y porque le dices amo?—dijo muy nervioso ya que era la primera vez que miraba a un gigante con dos ojos.
—oh te refieres a mi amo, a ellos se les llama humano y no es malo es muy agradable a pesar de ser muy callado, es un muy buen sirviente, también cuida de otros animales.
El humano solo recibió un montón de maullidos por parte de los gatos pero sentía que su mascota trataba de explicarle algo, pero aún así no le entendía nada ya que no sabía hablar el lenguaje gatuno, pero con cuidado se agachó y espero que el otro gato se acercara mientras que su gato se acercaba frotando su cuerpo con él, al principio el gato rosa solo quería huir ya que no confiaba en los gigantes o humanos como les llama Keizo había aún recuerdos horribles de cómo lo castigaban a pesar de ser un gatito bueno pero al escuchar las palabras de Keizo de que estaría a salvo y que si algo pasaba sacaría las garras entonces confío solo un poco por esta vez ya que necesitaba ayuda con urgencia, se acercó con mucha cautela mientras tenía erizada la cola, lo primero que hizo al estar cerca del humano fue olerlo estando atento al más mínimo movimiento.
El humano al ver que el gato era desconfiado tuvo paciencia y al verlo más de cerca pudo ver que el pobre animal tenia signos de maltrato físico muy grave no solo por su pelaje si no las múltiples heridas que se miraban en su cuerpo y las pequeñas pústulas de su pequeño par de ojos, ese pobre gato estaba vivo de milagro, maldijo internamente a la persona que había hecho algo tan cruel y tan salvaje con ese pobre animal, ahora entendía lo que su gato quería decirle y era obvio que actuaría rápido una vez que ese minino le diera la confianza y cuando menos lo espero el gato rosa se dejó acariciar y espero un poco más de tiempo un par de días para ser exactos, donde el gato iba y venía de cualquier rincón de la casa escondido, ya que su gato no lo dejaba salir de la casa incluso cuando se iba a su trabajo en la veterinaria, para que le diera la suficiente confianza ideó algo que nunca fallaba con los gatos en el consultorio estando bastante quieto tenía en sus manos una golosina para gatos una de las favoritas de su mascota,al poco rato el gato a pesar de ser bastante huraño se acercó a comer muy a gusto lo que le parecía un manjar, al terminar estuvo frotando su cuerpo en el del humano como vio que lo hacía Keizo dejando que el humano de diera unas cuantas caricias al poco rato el otro gato negro se unió a el jugando con las manos de su amo junto con el gato rosa que por primera vez se sentía amado, a los minutos estaba dormido tranquilamente junto al gato negro sobre las piernas de ese humano.
—Por fin me tiene un poco de confianza —dijo en voz baja el humano acariciando a ambos gatos— Pobre pequeño debió sufrir mucho pero descuida amiguito yo sanare tus heridas.
Después de un rato el humano despertó a ambos gatos, ahora el minino rosa al ver que el humano se levantanva y se iba para otro lugar no dudó en seguirlo ya que no quería que se fuera.
—¡Espera no me dejes solo!—dijo el gato corriendo tras el humano bastante desesperado.
—Jeje descuida cachorro de seguro va a otra parte de la casa a buscar algo—respondo keizo siguiendo al gato rosa—El humano siempre vuelve
—No quiero que se vaya—contesto muy triste bajando las oreja al detenerse en un pasillo—quiero que me dé más cosas deliciosas como esa.
—Claro que lo hará pero tienes que ser un gatito bueno y yo te enseñaré como.
El gato rosa se asustó mucho al escuchar la palabra "bueno" ya que esa palabra la usaban mucho los gigantes cuando lo castigaban, miro fijanme al humano de cabello negro ahora con terror, el cual estaba dentro del cuarto de baños preparando el que sería una pequeña tina con agua caliente para el nuevo integrante de la casa.
—Lo primero que deberías hac...
—¿N..no me castigará todos los días con agua extraña en los ojos o poner algo raro en mi pelaje?—interrumpio al gato mayor muy asustado de pasar lo mismo.
—El amo nunca haría eso, el solo te dará un baño de vez en cuando cuando vea tu pelaje sucio —dijo Keizo quien comenzó a frotar su cabeza contra el gato rosa para calmarlo—te cepillara y cuidará mucho hasta curar tus heridas, tranquilo estarás bien aquí.
Las palabras del gato mayor lo tenían muy calmado pero aún así internamente decidió ser precavido por si algo pasaba, al poco tiempo vio como el humano los cargaba con sumo cuidado a ambos para meterlos al cuarto de baño y lavar el pelaje de ambos con suma delicadeza, al principio el gato rosa se asustó mucho y le dio un zarpazo en la cara al humano pero recibió un buen regaño por parte de Keizo y por fin se quedó quieto dejándose bañar por primera vez con agua caliente no como la que caía del cielo a veces y que cuando caía tomaba toda el agua que podía para estar hidratado, el gato rosa al sentir como era lavado con sumo cuidado comenzó a ronronear se sentía muy a gusto a pesar de que como casi todo gato odia el agua pero al estar a una buena temperatura se sentía muy cómodo, después del baño el humano lo seco con cuidado curando de paso sus heridas y vendado algunas otras partes del cuerpo lastimado del gato rosa, al terminar parecía una pequeña momia, una momia bastante tierna pero venía la parte más difícil y era limpiar los ojitos del gato que en un principio se volvió a asustar encogiéndose temblando de miedo pero el humano supo cómo calmarlo para curar con algo de dificultad los ojos del animal para después darle otra de esas cosas que le había encantado comer al gato rosa, después de eso el minino recordó lo que le había hecho en el baño y espero a que el humano se acostara boca abajo en lo que Keizo le había dicho que se llamaba "sofá" y se subió a su espalda, al principio el humano y el otro gato se quedaron extrañados por el comportamiento del gato rosa, pero antes de que alguno fuera a decir algo el humano sintio en su espalda como era amasado por las patitas del gato rosa y se sintió muy relajado.
—Nunca me espere que me pidieras perdón —dijo el humano sintiéndose soñoliento —Pero eres tan dulce pequeño que te perdono.
El gato rosa seguía en lo suyo tratando de ser delicado con el humano, una vez lo dejo dormido dio una pequeña lamida en la mejilla del humano ante la atenta mirada orgullosa de Keizo que estaba muy feliz al ver que el joven gato había hecho y ambos se se fueron a dormir acurrucados a la casita de felpa que le humano había comprado para Keizo, el minino rosa se sentía muy feliz y seguro ya que comprobó que no todos lo gigantes eran malos se sentía querido no solo por parte del humano si no que también por parte de Keizo el gato que lo salvó de seguir en la calle viviendo por su cuenta.
