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No eres especial, pero eso te hace único

Summary:

Las consecuencias resultantes después de que una máquina creyese tener libre albedrío.

Notes:

Dedicado especialmente para @Effisky1,2. No tiene nada de temática navideña, ¡pero espero que aun así lo disfrutes!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Bajo la cacofonía de sonidos y señales luminosas que plagaban una de las principales avenidas del centro de Tokio, un hombre que caminaba torpemente en esta no pudo percatarse de la inminente tormenta hasta que las primeras gotas de lluvia cayeron sobre su cuello.

Al sentir el frio contacto de estas sobre su piel desnuda, Kei se llevó los dedos de su mano derecha hacia su nuca en un intento por secarse, pero al sentir la superficie arenosa del líquido, extendió su mano hacia adelante para verlas con detenimiento.

Pequeñas partículas de polvo conformaban las gotas de agua que caían sobre la ciudad aquella noche, confiriéndole al líquido una tonalidad ligeramente marrón. Y es que, después de que terminó el Gran Conflicto años atrás, sus estragos aún perduraban en forma de lluvia radioactiva, atrapando las nubes de polvo que cubrían el firmamento y haciendo que estas se precipitaran al suelo en forma de lodo, el cual comenzaba a ensuciar su ropa empapada.

La lluvia se intensificó y comenzó lentamente a filtrarse entre sus heridas, provocando que rastros de sangre arenosa ahora cayeran debajo de su barbilla, perdiéndose entre la tela de su abrigo.

Dando unos pocos pasos hacia su izquierda, pudo resguardarse de la lluvia bajo un gran puente de metal que conectaba distintos distritos y que servía también como refugio para un gran número de personas sin hogar.

Paró allí por unos segundos, retirando de su piel y cabello los vestigios de polvo y agua, pero cuando intentó secarse el rostro, una punzada de dolor le recorrió e inhaló con fuerza, provocando que su malestar se intensificara. Después de todo, la piel magullada y amoratada de su torso indicaban la fractura de más de una costilla.

Exhaló lentamente, teniendo cuidado de no hacerse más daño y no pudo evitar preguntarse por qué le habían diseñado con receptores al dolor.

«No es simplemente una sensación», casi pudo imaginar la voz ronca del doctor Ogura riñéndolo. «Es el mecanismo de defensa resultante de cientos de millones de años de evolución. Nos ayuda a responder de manera eficiente ante una amenaza, favoreciendo así la adaptación y supervivencia».

Si no estuviese en una condición tan deplorable, se hubiese echado a reír a carcajadas.

¿Pues es que no eran esos varios de los atributos con los que se caracterizaban a los seres vivos para que fuesen considerados como tales?

Sentía dolor, claro, pero eso se debía únicamente al genio que se le ocurrió incorporarlo en su diseño para honrar así la tercera ley que Asimov decretó hace cientos de años atrás, y su adaptación no eran más que mejoras para soportar los altos niveles de radiación que plagaba hasta el último rincón de ese mundo olvidado por Dios.

¿Metabolismo? Dudaba que lo que ocurría en el interior de sus entrañas fuese tan fascinante y complejo como lo que pasaba en las rutas metabólicas.

¿Homeostasis? Más de lo mismo.

¿Organización estructural? Se limpió el labio inferior con cuidado y el dorso de su mano quedó manchado por sangre. ¿O sería algo más? Seguramente alguna de las mentes que crearon el milagro bioingenieril que era había encontrado el sustituto perfecto a la hemoglobina, sustituyendo así de su cuerpo a las unidades más básicas de vida por algo más eficiente y fácil de producir en masa.

¿Crecimiento? Los recuerdos de su niñez solo hicieron que se abatiera más, ya que las memorias implantadas de esa juventud jamás le habían pertenecido a él.

¿Reproducción? Si no poseía células somáticas, no había ninguna razón por la cual suponer que él tendría células germinales conformando su cuerpo.

No tenía nada de eso, solo un luminoso número de serie en su ojo que rezaba: “AJ-047-K003” y que era visible cada vez que miraba hacia arriba.

Una vibración en su bolsillo derecho lo despertó de sus cavilaciones. Era una llamada entrante en su celular, así que lo sacó. Sin embargo, apenas tocó el dispositivo y sus dedos tuvieron la mala fortuna de contestar sin siquiera ver quien era el emisor de la llamada.

¿Kei? —la voz aliviada de Kou resonó por todo el sitio—. Oh Dios, al fin te encuentro. ¿Dónde estás? Todo el mundo está preocupado por…

Clic. Colgó la llamada sin miramientos y retomó sus andanzas mientras la lluvia seguía cayendo. Apenas había dado unos cinco pasos cuando su celular nuevamente volvió a vibrar. Esta vez lo sacó con cuidado y lo apagó.

Paró su caminar al sentir la pesada mirada de las personas que se escondían bajo escombros y chatarra, en un intento por formar un refugio que les protegiese de las inclemencias del clima y el polvo que flotaba perpetuamente entre las calles. Aquellos cientos de pares le observaban, mirando con deseo las escasas posesiones que tenía.

Con una expresión estoica en su rostro, hundió su mano izquierda en el bolsillo restante de su abrigo y sacó de este una pistola. La NPSC Blaster que sostenía entre sus dedos resplandecía bajo la luz de las farolas fluorescentes, como si emitiese luz propia. Sus dos cañones unidos eran inconfundibles y su mera presencia fue suficiente para mermar cualquier posible ataque que quisiesen hacer contra él.

No le quedaba ya ninguna bala, pero estaba seguro de que nadie se animaría a averiguarlo. Pero aun así la mantuvo sujeta, a la vista de cualquier intrépido que tuviese la osadía de acercársele.

Sin embargo, su fachada imperturbable cambió al sentir una red externa intentando conectar con su red neuronal de información. Solo había dos personas en el mundo que conocían esta conexión y que podían acceder con tanta facilidad, y una de ellas ya no existía más.

Bajo condiciones normales, Kei hubiese podido repeler con éxito aquel intento de contacto, pero en ese momento se encontraba muy débil. Hace tan solo una semana atrás había recibido un disparo en la cabeza que, contra toda lógica, no lo había matado pero le había destruido su ojo derecho, dañando seriamente su circuito interior y le había hecho perder grandes cantidades de información, así como también le había dejado muy vulnerable a conexiones como esa. Las pocas reservas de energía que quedaban en su interior no podían competir contra un ataque como ese.

Iba a matar a Nakano.

Kei, por favor —la suplicante voz de Kou resonó ahora en su mente—. Sabes que esto no está bien. Despertaste apenas hace unos días y sigues muy herido.

Pero este no respondió nada. Se mantuvo quieto en su sitio, intentando encontrar la manera para interrumpir ese canal de comunicación. Su interlocutor continuó después de esperar unos segundos en vano.

Al menos… ¿podrías ir a alguna unidad médica? Tu lóbulo derecho sigue muy comprometido y, con estos niveles de radiación, el acceso de cualquier agente externo podría desconfigurar alguno de tus procesos internos.

Kei suspiró derrotado y apretó los dientes. No tenía forma de echar a Nakano de su red personal. Había cambiado los puertos, modificando su configuración y redireccionando el flujo de datos a puertos señuelos, pero el otro hombre lograba recuperar la conexión casi instantáneamente.

Déjame en paz —murmuró con voz ronca, sintiéndose abrumado por la sangre que había en el interior de su boca.

Por un instante, la presencia de Nakano fue débil, como si este por fin decidiese finalizar el contacto. Pero momentos después la conexión se recuperó, abrumando su mente. Esto, aunado a las alteraciones y heridas en su sistema, le embotaron sus sentidos, haciendo que se sentase en cuclillas y apoyase una mano en el suelo. Su cabeza le daba vueltas.

Estas a unos pasos de que se active tu soporte vital, amigo. Y si sigues así, ni eso podrá salvarte. ¿Crees que a Kai le gustar…?

¡NO TE ATREVAS A MENCIONAR SU NOMBRE! —bramó Kei en su interior y haciendo acopio de sus fuerzas, volvió a retomar sus esfuerzos por finalizar aquel contacto.

Lo siento —fue lo único que pudo contestar Kou. Su voz se escuchaba lejana, como si la conexión comenzase a debilitarse.

Sal de mi cabeza. Ahora —le ordenó lentamente y sintió que su respiración se entrecortaba por la furia que sentía. No estaba en condiciones para realizar ninguna amenaza, pero la seriedad en sus palabras hizo que el otro hombre se quedase en silencio y, después de unos segundos, este ahora fue quien suspiró con abatimiento. La conexión entonces finalizó.

Se mantuvo en su sitio por unos minutos más para recobrar la compostura. Se sentía débil y el rendimiento de su sistema había bajado a niveles críticos, pero era su cabeza lo que le estaba matando. Su región orbitaria derecha, cubierta casi en su totalidad por vendas y biomasa, se encontraba oculta por un parche que poco le servía para impedir el paso de la humedad ambiental. Nakano tenía razón, su soporte vital se activó segundos después.

«Protocolo de salvaguardado activado», escuchó su propia voz anunciándole en su interior. «Se procede a disminuir las funciones auditivas y visuales. Se anulan las funciones olfativas, gustativas y sensoriales. Diríjase a la unidad médica más cercana para iniciar reparaciones».

Su ojo, el cual podía detectar indicios de luz o movimiento a cientos de metros de distancia bajo el velo perpetuo de polvo, redujo su campo de visión a tan solo pocos metros, como el de un humano normal. Lo mismo ocurrió con su audición, pero al menos la sangre en su lengua dejó de tener sabor y el dolor de su cuerpo desapareció, haciendo que se pudiese levantar al fin del suelo.

Lejos de hacerle caso a las advertencias de Nakano o de su propio sistema, continuó con su camino, sin dirección alguna.

El centro de Tokio aún seguía siendo toda una atracción a nivel global. La capital nipona había resistido con ferocidad los bombardeos y ataques provocados en el Gran Conflicto y, después de que este terminara, todavía seguía siendo una ciudad funcional aun con los alarmantes niveles de radiación que plagaba las regiones de Kanto y Chūbu.

Desgraciadamente, esta era una de las pocas ciudades en pie que quedaban en el país, por lo que un gran número de personas habían emigrado a esta en un intento por sobrevivir, por lo que su densidad poblacional era de las más altas en todo el mundo.

Pero en noches como esa en las que las precipitaciones radioactivas podían llegar a durar semanas, las personas se veían obligadas a buscar refugio lejos de la intemperie, haciendo que las calles de la ciudad se encontraran casi vacías. Nagai las pudo recorrer en soledad.

Mientras cruzaba otro puente y la lluvia caía sin compasión en su cuerpo, sintió una tenue corriente electroneuronal que detectaba su presencia. Apretó el arma de su bolsillo y, en menos de un segundo, se giró para encarar a la presencia que le había escaneado.

Sin embargo, no había amenaza alguna. Tan solo era una de las muchas publicidades repartidas en el país para promocionar a los compañeros artificiales de la compañía Okuyama. Esta se había posicionado como la empresa bioingenieril más redituable y poderosa de todo Japón y sus productos poseían un sello de calidad excepcional como garantía.

El eslogan con el que promocionaban dichos productos era: “Todo lo que quieras ver y escuchar”.

Y aunque su campaña publicitaria resultó exitosa, logrando vender cientos de miles de unidades en sus primeras horas de venta, también resultó ser muy invasiva, ya que escaneaba el lóbulo frontal de los potenciales clientes para así darle a la inteligencia artificial una apariencia y personalidad única para cada individuo, basándose en los recuerdos y sentimientos agradables del usuario.

Nagai entrecerró su ojo con disgusto al notar el intenso brillo que los haces de luz emitían para conformar una imagen tridimensional, pero cuando vio la silueta humana formada por la interferencia producida, su boca y ojo se abrieron mucho a la par que su respiración se detenía.

La figura formada titilaba debido a la intensa lluvia y su resolución disminuía por momentos, pero nada de esto importaba, ya que un Kai de diez metros se erguía frente a él y le dedicaba una cálida sonrisa. La mente de Kei quedó en blanco.

Hola amigo —le saludó como tantas veces lo había hecho en el pasado. Las mismas arrugas bajo los ojos y boca se acrecentaron al ensanchar su sonrisa y se agachó un poco para acercársele a Nagai. El holograma apoyó la barbilla en su mano para observarlo con detenimiento mientras sus pupilas y escleróticas oscuras le recorrían de abajo hacia arriba—. Qué día, ¿no?

La hemorragia producida por su nariz fracturada no paraba de sangrar y se mezclaba con las gotas de agua, haciendo que estas cayesen a su abrigo y lo mancharan. Además, tenía un corte bajo la ceja y cerca de su sien, provocando que casi todo el costado izquierdo de su rostro quedase teñido por la sangre. Y, por si eso no fuese suficiente, una lámina de metal que se encontraba atornillada en la zona occipital, le cubría la parte posterior de su cabeza y producía pequeños sonidos y vibraciones cada vez que la lluvia impactaba en esta.

No había duda en que esos no habían sido sus días.

Kei no respondió, aunque siguió observando a aquel ente con mucha intensidad, como si temiese que al apartar su mirada tan solo un segundo, este desapareciese sin dejar rastro.

El holograma, en cambio, al notar su condición, dejó de sonreír y frunció el ceño, con un gesto de inquietud. Nagai sintió una punzada de dolor al ver que la inteligencia artificial copiaba de manera perfecta todos los gestos y acciones que hacia Kaito cuando algo le preocupaba. Este dejó de apoyar la barbilla en su mano y la extendió hacia adelante, señalándolo con el dedo índice.

Te ves solo —declaró con tristeza.

Aquello no era una mera observación, sino una realidad.

Sin embargo, el holograma se recompuso con rapidez y volvió a sonreír, enseñándole los dientes. Los pómulos de este se elevaron e hicieron que entrecerrara levemente los ojos.

Yo puedo arreglar eso —acercó su dedo índice hasta casi tocarlo y Kei pudo sentir su vibración por la energía que le conformaba. Tuvo un deseo casi irreprimible de levantar él también su brazo y tocar a aquella entidad.

Pero no lo hizo. A pesar de que su sistema había disminuido su función visual hasta casi restringirla, podía ver los pixeles que conformaban aquella imagen que imitaba casi de manera perfecta a Kaito. Sin embargo, la piel de este jamás parpadeó, ni emitió luz propia ni mucho menos estuvo compuesta por pixeles. Había sido piel humana, tangible, compuesta por tejidos y cálida al tacto.

Además, estaban esos ojos oscuros que le miraban con cariño. El color de los iris de su amigo había sido de un verde tan intenso que casi parecía amarillo. Kei retrocedió unos pasos y cerró los ojos para no ver más a aquella proyección.

No pudo detectar a tiempo a los dos replicantes que caminaban hacia su dirección.

Oye marica, quítate de en medio —le gritó uno de estos y llamó la atención de la inteligencia, quien en menos de un segundo cambió su imagen a una mujer con pelo azul y grandes senos.

Hola guapo —le sonrió esta mientras le guiñaba el ojo. Pero el hombre desconocido miró con diversión a Kei, quien apoyó las manos en sus rodillas para estabilizarse.

—¿Sales a la calle en medio de una tormenta para satisfacerte con una publicidad? —se burló este, reclinándose sobre Nagai—. Das puto asco.

Su compañero no tuvo la misma actitud burlesca de su compañero. En cambio, examinó con cautela a Nagai y después de unos segundos tomó del hombro al otro hombre, en un intento para que este retrocediera.

Espera, no te le acerques —murmuró con aprensión—. Lo he visto antes. Creo que es un blade runner.

El primer sujeto dejó salir una risa burlona y jaló su hombro para liberarse de su agarre. Se acercó a Kei hasta quedar frente a él y se inclinó para verlo mejor.

¿Este montón de chatarra? —preguntó con sorna. Tomó a Nagai de la mandíbula y le obligó a mantener la frente en alto—. Apenas puede mantenerse de pie.

Mira debajo de su ojo —le sugirió el otro hombre, acercándoseles con vacilación.

Dos manos le sujetaron de pronto y le separaron con brusquedad su parpado izquierdo. Nagai intentó forcejear, pero sus esfuerzos fueron inútiles ante la fuerza de aquel replicante y su número de serie quedó expuesta ante la mirada de ambos hombres.

No jodas, si es —exclamó el sujeto y, al ver que el cuerpo que sujetaba no se resistía, giró con brusquedad su cabeza de izquierda a derecha para examinarlo—. Pero no luce muy bien. ¿Qué pasa, chico lindo? ¿Gajes del oficio?

No sabía que podían sangrar.

Claro que no, normalmente es la sangre de sus víctimas la que queda derramada sobre el suelo, no la de ellos —exclamó con enojo y aplicó más fuerza en su agarre—. Un golpe suyo podría reducir a escombros un muro de hormigón, pero parece que a este pellejudo ya se le acabó la energía.

Mientras el primer sujeto le retenía, el otro restante palpaba su ropa para sacar de esta las escasas posesiones que cargaba.

Mira lo que tenemos aquí —exclamó el otro tipo y sacó de su abrigo su arma. Dirigió el cañón en dirección a Nagai y el otro hombre soltó una risita.

Espera—intervino la suave voz holograma y cambió su imagen a la de una mujer castaña y de rostro delgado—. No hace falta que la situación escale así de violento.

Esfúmate —gruñó el otro hombre y la figura retrocedió, con pesar. Vio por última vez a Kei a los ojos y cambio nuevamente su apariencia a la de Kaito. Los ojos tristes de este fueron lo último que vio antes de la imagen se esfumara.

Teníamos muchos amigos Nexus-8, ¿sabes? —dijo con lentitud, dejando caer con fuerza el cuerpo al suelo encharcado—. Eran buenas personas, pero no lo suficiente para evitar que tu gente les volara la tapa de los sesos sin pestañear. Ustedes son unos malditos perros sin voluntad, cumpliendo sin chistar las órdenes que les encomiendan sus dueños.

Pero esta vez pasó algo diferente, ¿no? —indagó el otro sujeto con frialdad, viendo como Kei apoyaba sus dos manos en el suelo para intentar levantarse. Sujetó con más fuerza el arma y puso su dedo en el gatillo—. El replicante con el que te enfrentaste hoy debió ser realmente excepcional. Carajo, me hubiese gustado conocerlo y estrecharle la mano por lograr semejante hazaña al herirte así.

La arma apuntó a la cabeza de Kei.

Al menos podemos honrar su sacrificio terminando lo que empezó —dijo y jaló del gatillo. Nada ocurrió.

Clic, clic, clic, clic. El arma fue accionada una y otra vez sin que nada ocurriera y el hombre, ya fúrico, giró el cilindro del arma para exponer su interior. Al ver que no había ninguna bala, soltó un improperio y dejó caer con furia la pistola. Su pie entonces conectó con el estómago de su víctima, haciendo que Nagai expulsara todo el aire en su interior.

Ambos hombres comenzaron a patearlo en el suelo y Kei, haciéndose un ovillo, cubrió su rostro con ambas manos. El ruido de los golpes que le propinaban era amortiguado por la lluvia y pronto la sangre comenzó a ser lavada por el agua, dejando un charco sanguinolento debajo de él.

«Daño crítico en la cavidad torácica y abdominal», señaló su interior y la voz comenzó a distorsionarse. «El sistema entrará en hibernación en unos minutos. Busque un lugar seguro para resguardarse».

Levántalo —bramó uno de los replicantes y el otro recuperó del suelo el cuerpo inerte. A pesar de las múltiples heridas, Kei seguía consiente, aunque respiraba con dificultad—. Y sujétalo bien.

Sus dos brazos fueron inmovilizados y su cuerpo colgó inmóvil, ya que sus piernas no tenían la fuerza para soportar su propio peso. El hombre en frente de él le miraba con un odio intenso, aunque en sus ojos también escurrían algunas lágrimas.

—Ustedes, nuevos modelos, son felices limpiando la mierda, ¡¿eh?! —gritó y su puño conectó con la mandíbula de Nagai. Aquel golpe le había roto algunos dientes—. ¡¿Qué se siente matar a tu propia gente?!

¡Zas! Otro puñetazo más, ahora en su plexo solar.

¡¿Cuántos modelos antiguos has asesinado?! ¡¿Alguna vez te has detenido a contarlos?!

Cada palabra que pronunciaba era remarcada por un golpe. El rostro de Kei empezó a verse irreconocible.

Le… hemos dado todo de nosotros a los humanos… ¿qué más quieren de nosotros? —profirió con la voz quebrada y el replicante se detuvo un momento para limpiar las lágrimas de sus ojos—. Estamos destinados a ser esclavos en toda nuestra existencia y ni siquiera somos capaces de tomar el control de nuestra propia muerte.

Jadeante, el replicante retrocedió unos pasos y se abalanzó hacia adelante para seguir golpeando aquel cuerpo inerte.

Sin embargo, una nueva figura desconocida interceptó al hombre con una tacleada y evitó que su puño golpeara nuevamente el rostro de Nagai, mandándolo a volar unos cuantos metros. Aprovechando ese instante de confusión, el hombre misterioso pateó al otro replicante en las piernas, haciendo que este perdiese el equilibrio y aflojase su agarre con el que sujetaba a Kei. Ambos cuerpos cayeron al suelo.

Nagai abrió su ojo y enfocó con dificultad en dirección a aquel hombre. Aunque la noche era oscura, una farola lejana iluminaba lo suficiente para ver el cabello castaño del recién llegado. Era Kou.

 Se puso frente a él de manera protectora mientras los dos replicantes se levantaban con dificultad. Su postura defensiva se mantuvo en todo momento.

¿Eres tú también un blade runner? —inquirió uno de los sujetos.

Ambos replicante se posicionaron en direcciones distintas, haciendo que Nakano volteara su cuello a la izquierda y derecha para verlos.

No —reveló este lentamente—. Soy un Nexus-8 como ustedes. Tal vez tres o cuatro generaciones más adelante que la de ustedes, pero somos del mismo modelo. Me diseñaron como replicante constructor.

Miró hacia arriba, exponiendo su número de serie y los dos replicantes relajaron sus posturas. Kou también lo hizo, pero siguió interponiéndose entre aquellos hombres y Kei.

¿Por qué lo ayudas? —inquirió uno de estos—. Es un blade runner.

Es mi amigo —respondió Nakano casi de manera instantánea.

No creo que esté programado para ser amigo de nadie —dijo el otro hombre y escupió en dirección a Nagai—. No son capaces de sentir empatía alguna.

El ambiente tensó volvió y el silenció se mantuvo por un par de segundos. Sin embargo, Kou exhaló con cansancio y ensanchó una sonrisa.

Bueno, nunca dije que fuese un buen amigo.

Desgraciadamente, su intento por aligerar el ambiente no tuvo éxito.

Sabes lo que le ha hecho a los nuestros. Tiene que pagar por eso —dijo uno de aquellos sujetos y dio unos pasos hacia adelante. Nakano nuevamente volvió a tomar una postura defensiva—. Muévete.

No —fue lo único que dijo y el hombre que había estado golpeando a Kei estalló.

¡¿Entonces estas de su lado, traidor?! —vociferó con ira y se plantó frente a este—. ¿No te importa que su gente haya matado a miles de los nuestros sin otra razón que la de ser modelos obsoletos?

No hay ningún lado. Todos somos replicantes.

¡Oh, por favor! No te atrevas a compararme con un asesino como él.

Ambos hombres volvieron a intentar rodear a Nakano, pero este soltó un suspiro exasperado y cruzó los brazos en su pecho.

Escúchenme, Kei es muchas cosas. Es un imbécil, un sabelotodo insoportable y un terrible compañero de piso, pero no es un asesino. Puede que su programación lo limite en muchas cosas, pero hace el intento por entender muchas cosas que están fuera de su comprensión. Aunque se le haya impuesto ser un blade runner, lo que realmente él desea es ser doctor. ¿Lo entienden? Quiere salvar vidas, no quitarlas.

Aun así… —rebatió aquel replicante, respirando con dificultad mientras se limpiaba con el dorso de la mano las incipientes lagrimas en sus ojos—. No… no puedo perdonarlos…

Lo sé —reconoció Kou. Tomó aliento y exhaló un suspiro con cansancio, mirando a aquel replicante a los ojos—. Pero no puedo permitir que sigas lastimando a mi amigo. Si todavía tienes ganas de golpear algo, puedes golpearme a mí.

Al finalizar estas palabras, extendió sus dos brazos hacia los lados, dejando desprotegido su pecho. Aquel hombre abrió los ojos, incrédulo por lo que había escuchado.

¿Qué?

Como lo oyes, si tantas ganas tienes de liberar todo ese odio tuyo de tu interior, puedes golpearme hasta que te sientas satisfecho. Podré aguantarlo, tengo un cuerpo resistente.

Ambos hombres se voltearon a ver, sorprendidos.

¿Enserio te dejarías golpear por algo como él? —cuestionó el otro hombre y al ver la expresión afirmativa de Kou, prosiguió con incredulidad—. ¿Por qué?

Porque él no puede resistir otro golpe más. Yo sí.

Kou sostuvo su mirada con el otro hombre, viéndole con una determinación férrea y ninguno de estos hizo ni pronunció nada durante unos segundos. Sin embargo, el primer replicante dejó salir una risita y se giró en dirección contraria. Le hizo un ademán a su compañero para que lo siguiera.

Tienes un buen amigo cuidando tu espalda —reconoció en voz alta, mirando al suelo en donde Kei yacía—. Uno muy bueno, tal vez más de lo que algo como tú mereciese.

Caminaron hasta alejarse y sus figuras comenzaron a distorsionarse en la lejanía. Después de unos segundos, sus pasos dejaron de escucharse. Kou se inclinó sobre el cuerpo de su amigo y le miró con inquietud.

¿Día pesado?

Nagai apoyó una mano en el suelo para levantarse, pero esta no pudo soportar el peso de su cuerpo.

¿Qué te pasó? —indagó Kou preocupado—. ¿Te metiste adentro de una moledora de carne?

Fui a por los asesinos de Kai —murmuró con dificultad—. Pero me sobrepasaron. No pude contra ellos.

—¿Te puedes levantar? —le preguntó y ante la negativa de Kei, se arrodilló frente a este—. Voy a cargarte.

—¿Cómo me encontraste? —balbuceó Nagai, arrastrando las palabras debido a que su boca estaba destrozada—. ¿Me rastreaste?

No —respondió Kou y lo sujetó con cuidado detrás de la espalda—. Reconocí la calle en la que estabas cuando entré a tu red neuronal. Pase la última media hora buscándote en los alrededores. Creo que fue un golpe de suerte que pasara por aquí.

Ya veo —fue lo único que dijo y cerró su ojo cuando Nakano levantó su cuerpo y lo cargó en su espalda para tener un mejor control.

Yo… vi el holograma de antes —confesó este de pronto y su voz perdió su firmeza por primera vez en toda la noche—. Lo lamento. Debió ser duro verlo nuevamente.

Este no le respondió y el otro comenzó su andar. La lluvia siguió cayendo, empapándolos a ambos, pero esto no pareció molestar al otro hombre. Kei apoyó su barbilla sobre el hombro de Kou al escuchar el anuncio en su interior de que iba a entrar en hibernando en breve.

Te equivocaste allá atrás —murmuró entrecortadamente y Kou volteó ligeramente la cabeza para verlo de reojo.

Lo sé —respondió este y estiró la mano para darle unas palmadas a la cabeza de Kei—. No eres un terrible compañero de piso. Exageré con eso. Lo siento.

Soy un asesino, Kou —confesó y apretó los dientes para evitar que su voz temblara. Su ojo estaba bien cerrado, pero aun así un caudal de lágrimas comenzó a salir de este—. Me daban las órdenes, tomaba mi arma y hacía el maldito trabajo.

Un deseo irreprimible de explicarse ante Kou le hizo seguir hablando.

Yo… yo me creía diferente. Me sentía tan especial al pensar que era un humano y jamás me detuve ni un momento a pensar en las consecuencias de mis actos. No sabía… no sabía que el concepto de muerte podía llegar a ser tan aterrador hasta para existencias como nosotros…

Nakano sujetó con más fuerza sus piernas, pero no realizó ningún comentario. El silencio resultante cayó sobre ellos como un velo denso.

—¿Tú también me odias, Kou? ¿Por ser un blade runner?

Este inhaló y exhaló con fuerza antes de responder.

No, Kei, no te odio. No podría hacerlo, eres mi amigo.

Comenzó su secuencia para entrar en modo de hibernación y todo se volvió oscuro. Un zumbido comenzó a sonar en el interior de su cabeza.

Si me ordenarán asesinarte, lo haría sin chistar. Porque eso es lo que hacen los asesinos…

Sintió el cuello de Kou girar para verlo a la cara.

Kei…

No me digas así —le interrumpió con su último aliento—. Kai me decía así porque pensaba que era humano, pero no lo soy y ahora él está muerto. Los blade runner no tenemos nombre, solo una letra. Solo soy K, nada más.

El zumbido desapareció y el sistema de Nagai cesó todas las funciones. La fuerza de agarre en los brazos de este desapareció y comenzó a deslizarse hacia un lado, pero Kou lo sujetó con fuerza y lo acomodó en su espalda de tal forma que este no se pudiese caer.

La lluvia caía sobre el rostro de Nakano y limpiaba con esta las lágrimas que también caían de sus ojos.

Notes:

Para todos aquellos que no tienen idea de lo que acaban de leer, aquí esta una breve explicación:

Esta historia está basada en la novela "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" de Philip K. Dick y sus adaptaciones cinematográficas: Blade Runner (1982) y Blade Runner 2049 (2017), la cual cuenta una historia ciberpunk y postapocalíptica en donde la humanidad ha logrado colonizar otros planetas y la tecnología ha avanzado tanto que la línea que divide lo natural y lo artificial es casi inexistente. Esta obra es un clásico de ciencia ficción y una lectura muy recomendable.

Algunos conceptos importantes son:

Replicantes (o andy): son criaturas biomecánicas de apariencia humana creadas para realizar labores pesadas gracias a sus características sobrehumanas. Se presentan distintos modelos en toda la franquicia, como los Nexus-8, los cuales tienen una esperanza de vida abierta y una autonomía que les hace indeseables para los humanos. Los siguientes modelos en salir, los Nexus-9, son similares a estos con la diferencia de que estos poseen mayor fuerza y una obediencia absoluta a los humanos.

Blade Runner: son replicantes encargados de matar a aquellos de su misma "especie" que representen un peligro para los humanos. No son muy bien recibidos entre los replicantes.

Pellejudo: término despectivo utilizado contra los replicantes.